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Alex (Alsan)

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Soy una de esas personas que no saben nunca que poner aquí porque no hay palabras para decir como soy sin conocerme primero, asique ¡no tienes excusa! ¡Conóceme! xD

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The Flagstones of the new Trokair

...Where the Fantasy overlays Reality...
October 13

Siete minutos en el cielo

-Siete minutos en el cielo, capítulo final-

 

-Ya lo sabes. Toda historia… tiene un final, y aquí decidiremos el final de esta –dijo.

 

La bóveda estaba cubierta completamente por espejos, todos ellos con forma hexagonal, como un panal visto desde dentro. Preio, Helena y Alastor le miraban fijamente.

 

La espada de Asbestos flotaba en el centro de la sala, envuelta en un halo de luz.

 

-No puedes tú sólo contra nosotros tres. –dijo Preio, avanzando lentamente al tiempo que descolgaba la escopeta. El arma no había cambiado desde el primer día, nunca hizo falta. Él sería por siempre un sentimental.

 

Helena seguía emitiendo energía que la espada de Asbestos recibía gustosa. La Logia de los deseos necesitaba mucho poder para ser activada, y sólo ella podía alimentarla con la energía suficiente. Siempre lo supo, pero voluntariamente lo olvidó, preservando el poder del arma hasta que tuviera que ser utilizada.

 

-Pueda o no, os combatiré. Es mi destino. –los espejos de la cámara mostraron imágenes de otros lugares del castillo en el cielo, donde los compañeros que habían venido con Alsan hasta el final se enfrentaban a sus respectivos retos. Miró a Helena- Tú lo sabías, Los mercenarios como yo... se marchan cuando no se les necesita. Pero aún no, aún… aun no.

 

Alastor alzó la mano, y el sufrimiento, el miedo y la desesperación de todos los reflejados en las paredes fluyeron hacia Alsan, presionando su cuerpo contra el suelo. Intentó levantar la cabeza, pero no pudo. El poder de Alastor estaba desatado, y sin los demás él no podría vencer. Avanzó hasta la espada de Asbestos medio arrastrándose, llegando al tiempo que Preio. La herida de su costado se había abierto de nuevo, y la vista se le comenzaba a nublar. No quedaba tiempo.

 

Preio le apuntó a la cara con la boca de la escopeta.

 

-Es el fin. ¿Algo que decir antes de morir?

 

…Si no puedes tú sólo con el peso, combatamos juntos…

 

La escopeta abrió fuego. El tiempo se ralentizó, cuando el pañuelo negro de la muñeca de Alsan se desató, extendió delante de la bala y la hizo desaparecer. El color negro se separó del mismo envolviendo el arma, y una vez que no quedaba ni una pizca de color, se desvanecieron en una voluta de humo.

 

…Hasta otra vida, hermano…

 

-¡¡Ahí va tu último amigo!! -Preio levantó la espada de Asbestos sobre su cabeza, y la descargó sobre Alsan. Un haz de luz surgió de su otra muñeca, en la que un pañuelo blanco descansaba.

 

El bastón Tempus y la espada de Asbestos chocaron. Ari se alzaba frente a Preio, con el puño cerrado, amenazante. Dejó caer la capucha blanca sobre sus ojos.

 

-Acabemos con esto –danzaron. La espada y el bastón crepitaban cuando chocaban, emitiendo pequeñas vibraciones que cortaban las superficies al tocarlas. De pronto, ambos se vieron reflejados en uno de los espejos hexagonales, desapareciendo, para seguir el combate en otro lugar.

 

Alastor avanzó, desenvainando una espada roja.

 

-Estás sólo. Observa bien, tus amigos se marchan.

 

En un espejo, una arquera rubia había terminado con todos las criaturas, liberado a las mujeres cautivas y se retiraba, dejando caer dos trozos de papel mientras se iba.

 

…Las he salvado, cosa que tú no hiciste con ella. He cumplido mi parte. Ahora, me voy…

 

En otro, un joven con un martillo dorado destruía el cristal prismático generador de energía del castillo. A su alrededor, cientos de droides yacían con la cabeza aplastada o con trozos separados del torso, mientras se desvanecía la imagen.

 

…Sin el último cristal, no puede seguir funcionando. Ya no queda nada más por hacer…

 

Una joven tiraba sus katanas al suelo en otro, abrazándose a un chico moreno. Mirando las escaleras y las espadas en el suelo, cerraba los ojos y corría en dirección contraria.

 

…No puedo luchar para siempre…

 

Alsan se cruzó de brazos, pues otros espejos no mostraban mejores imágenes.

 

Una chica con una guadaña era abandonada por dos niños con espadas y partes biónicas, mientras ella sostenía con un campo magnético el techo de la sala.

 

…Nunca debí hacerte caso y seguir siendo malvada…

 

Uno distinto proyectaba a un chico que dudaba entre avanzar o retroceder y salvar a una joven rubia, y con la cara apenada daba la vuelta para salir junto a ella.

 

En otro, otro joven abría un hueco en una pared de piedra para rescatar a una pelirroja.

 

…Ésta es la elección...

 

Alastor reía abiertamente. En el último espejo con imagen, Ari caía víctima de un espadazo de Preio. La imagen se apagó. Helena abrió los ojos, y avanzó hasta el centro de la habitación, donde la túnica negra de Preio se materializaba, junto a la espada ensangrentada de Asbestos. Bajo la capucha, éste cogió la mano de la chica, y lanzó la espada al suelo.

 

-Sálvala –dijo Alsan. Alastor se giró sin comprender, y un rictus de sorpresa se le plasmó en el rostro. Ari sostenía a Helena, quien no comprendía la situación.

 

-¿Cómo? ¡La imagen no mostraba que hubieras ganado!

-Eso es porque los espejos sólo reflejan lo que ven, no lo que sucede realmente. –Dijo Ari, sonriendo- Si destruimos los espejos de la sala, lo que se haya visto en ellos no será mas que una mera ilusión.

 

Un fogonazo de luz más tarde, los espejos caían convertidos en arena, dejando un pasillo tras ellos, por los que uno a uno, todos los compañeros que habían ido abandonando el edificio fueron entrando, magullados, con la ropa sucia y heridos, pero desafiantes.

 

-¡No! –Alastor detuvo el tiempo. Únicamente él y Alsan podían moverse, cada uno portando una de las espadas gemelas de Asbestos en la mano. De pronto, Ari levantó a Helena del sitio y la llevó junto a los demás. El Tempus le daba movimiento limitado.

 

-Me los voy a llevar de aquí, para ponerlos a salvo. –Dijo.- ¿Estarás bien?

 

-Claro –contestó, sonriente- ¿de que sirve llegar al final si no puedes acabar con el malo?

 

-¿Volveremos a verte? –el Tempus actuó antes de que pudieran escuchar la respuesta, pero Ari lagrimeó mientras se desvanecía.

 

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-Mano a mano, tú y yo, como siempre ha sido. Ahora, acabemos de una vez.

 

Cruzaron las espadas en el centro de la sala.

 

-Veamos cuál de nuestros deseos es más puro. –Gritó Alastor- ¡Deseo la destrucción del mundo, el fin de esta vida sin sentido, acabar con las criaturas vivientes!

 

El cielo y la tierra temblaron, y el aire se calentó. Imágenes de volcanes y terremotos, tormentas eléctricas y maremotos llenaron sus mentes, reflejándose en la cúpula de la bóveda. La sonrisa de victoria afloró en su rostro.

 

-Yo…-recuerdos de sus viajes, de sus amigos, de sus sentimientos llenaron su mente. Las charlas con Sophie sobre los Zeddrix, los viajes con Willo a lugares remotos, las peleas graciosas con Troin, apuestas con Alejandro a las cartas, Ari, y los libros, los combates con Helena, Mita y Preio…- yo deseo

 

El reflejo de la cúpula cambió. Una ciudad, coches con ruedas, información escrita en papel, máquinas trabajando conjuntamente con el hombre, animales salvajes… océanos con agua. Su propio rostro, un ordenador, cigarros bajo la luna, un perro, el viento de levante, una ciudad de noche, una casa…

 

Todo se volvió blanco, la luz inundó la tierra y el cielo, y un susurro se escuchó mientras todo cambiaba.

 

…sin magia…

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Hay dos tipos de futuro. Un futuro brillante, y un futuro oscuro. Sin embargo, aún si

el futuro es oscuro, no hay nada de qué preocuparse. Todavía hay esperanza sin importar el futuro que sea. El futuro... está constantemente cambiando debido a la esperanza.

 

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…Una ciudad de noche, una casa, una fiesta. Todos sonríen, comen y beben cuando uno de ellos hace callar a los demás.

 

-¡Propongo un brindis! –todos vitorean la idea.

 

-¡¿Estamos todos!? –se hace el silencio. Todos se miran, extrañados -¿estamos todos?... –se preguntan.

 

El silencio vuelve mientras miran una silla pegada a la pared, vacía.

 

Uno de ellos descuelga su móvil, y llama. Lejos de allí, en un parque con una atalaya de metal, bajo la lluvia, un teléfono se ilumina.

 

Un joven mira al cielo mientras piensa “¿Sabes? He encontrado el Blue Heaven”

 

La lluvia se detiene, las nubes, se apartan dejando ver un cielo nocturno, estrellado.

 

Fin

 

September 29

Hace tiempo que dices...

Cinco minutos pa´amanecer y sigo escondido
Entre las dudas y las mitades que me han elegido
Para que pueda seguir volando entre mis recuerdos
Volar sin alas, volar sin aire, volar...muriendo

Volar sin alas, volar sin aire y seguir sintiendo
Una y otra vez que siempre vuelve a suceder, que poco cuesta seguir mintiendo
Qué ironía...tú no lo das, y nadie te lo quita a veces menos es más y sabes bien...

Que a ti ya no te queda nada, nada que perder
Hace tiempo que dices, tienes que volver a ver la tierra bajo tus raíces
Tu no necesitas echar de menos tanto y vuelta a empezar, dos, tres dime y ¿ahora qué?

Sigues viviendo con los milímetros que te quedan
Andando sólo sobre unos pies... que ya no te llevan
No sigas viendo sólo el final de las calles viejas
Que los principios suelen estar donde tú los dejas
Que los principios suelen estar donde tú los dejas...

...una y otra vez que siempre vuelve a suceder, lo que daría por entenderlo
qué ironía...si no lo das y quien diablos te lo quita
y tienes menos de más lo que no entiendes es...

...que ya no queda nada, nada que perder
Hace tiempo que dices, tienes que volver que no hay más que lo que tú eliges
y no necesitas echar de menos de menos tanto y sólo esperar ¿por qué?
¿No lo entiendes? Piensa y luego me dices si no sientes nada
Nada que perder, hace tiempo que dices...tienes que volver
Si no lo ves, la historia se repite y no lo necesitas,
Que nada vale tanto y queda olvidar, lo sé...que lo sientes
Dirán, diré, dirás que no y suerte... que no y suerte...

Con la cabeza entre los pies, a la fortuna pocas noches le quedan
Ya lo debes de saber, y que la luna salga por donde quiera
Pero sin correr, que no haya prisa, te convenceré con millones de sonrisas
Para que te despiertes de una vez y te des cuenta que no hay nada que perder
Hace tiempo que dices, tienes que volver que no hay más que lo que tú eliges...

Y no necesitas echar de menos tanto y solo esperar dos, tres y qué sientes
Dirán, diré, dirás que no tienes...haces tiempo que dices
Tienes que volver, si no lo ves perdona pero creo que me necesitas...
Solo para inventarte cuando no estás ya ves, como siempre, dejarás que te cuente
Dime cuando podría ser...
 
Cuidado que engancha.
September 25

The True Wolf

The true Wolf

 

Pasaban de las tres de la mañana cuando miró el reloj. En la ventana, sólo las nubes acompañaban el paso del tiempo, estáticas, tapando la luna. El cigarro en su boca se consumía despacio, la ceniza amenazaba con caer sobre la ropa.

 

“Pero me da igual”, pensó. Las colillas le rodeaban, un paquete entero de tabaco víctima de una noche larga, aburrida y sin color. Además, antes había llovido, y nunca nadie se alegraba porque el cielo llorase.

 

“Pues yo sí”, se contestó a sí mismo. El móvil volvió a vibrar, silencioso pero molesto,  dejando ver el mismo nombre que llevaba saliendo una y otra vez en la pantalla desde hacía horas. Levantó la botella, tragó su contenido y gruñó por lo bajo. El mp4 se había quedado sin pilas, una maravilla más que añadir a la lista. Al tiempo que la música paraba, el sonido de una respiración entrecortada le hizo levantarse. Sin ninguna prisa cruzó la habitación, llegó al pasillo y abrió otra de las puertas de la casa.

 

Allí dormía ella, inquieta, tal vez por una pesadilla o por el comienzo de una nueva etapa escolar. Un silbido leve, un hocico mojado frotándose contra su pierna y un gesto fueron suficientes para que la perra se subiera a la cama de la niña y se tumbara a su lado, produciendo sobre ella una sensación de seguridad tal , que consiguió calmarla sin despertarla de su sueño.

 

La luz del otro lado del pasillo le hizo sonreir. Asomándose por la puerta le vio tumbado con una rodilla sobre el interruptor, una postura común que noche tras noche se repetía incesantemente. “El orgullo de la familia, ¿eh?”, dijo, a sabiendas de que no despertaría. “Es mucho más probable detener un tren con las manos que hablar en voz alta y despertarte, enano”. Le cambió la postura, apagó la luz y entrecerró la puerta.

 

El pasillo seguía a oscuras, la cocacola estaba desventada, y había comenzado a llover otra vez. Pero ahora todo estaba bien, pues ellos dormían tranquilos. Pues los cachorros estaban a salvo…

 

…ya que un verdadero lobo cuidaba de ellos.

 

 

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Dedicado a esos dos enanos que probablemente nunca lean estas líneas, pero siempre han sido lo más importante de mi vida.

 

September 20

Nunca Ocurre Nada Bueno Después De Las Dos De La Mañana

Y morirías por...

"Será tu voz, será el licor,
Serán las luces de esta habitación
Será el poder de una canción,
Pero esta noche moriría por vos
Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
De ciencia ficción,
La última cena para los dos
Pero esta noche moriría por vos."


Amaral--- Moriría por vos.



Cómo dice Amaral, "esta noche moriría por vos", no será la primera vez ni la última que estas palabras llenen canciones, libros, declaracion...

Morir por vos... por alguien. Darlo todo. Renunciar a esas posibilidades que te depara la vida, por alguien querido y que tanto amas. Demostrar a ésa persona que si ella no está, tu no serías igual. Que es lo más importante en tu vida. Que tu existencia no tiene sentido sin ella.

Esto es un grano de arena en un inmenso mar, hay numerosos casos en los que se puede morir por una persona, y en algunos sin que apenas conozcas a ésta.

Y si fuera así, ¿por quién sería?
 
Porque yo moriría por ti, indiferentemente.
 

Garrada 5 litros

September 15

Nihilit - Comienzos

Ahora que hay un bonito parón en Bh porque no tengo la cabeza como para escribir eso, comienzo una nueva historia... quién sabe con qué final.
 

La llegada


Llovía. Mucho antes de retirase su capucha y el agua le diera en la cara, quitandole el sudor de la frente, y le obligara a seguir corriendo hasta encontrar refugio en aquella apartada esquina de la calle 33, ya sabía lo que iba a pasar. Sonriendo, esperó unos instantes, conteniendo la respiración nervioso, mirando la calzada.

Los cristales del comercio de enfrente estallaron hacia dentro cuando el coche alunizó contra él.

Todo sucedió muy deprisa: el capó se dobló sobre sí mismo, el copiloto salió despedido hacia arriba, el cartel se descolgó sobre el coche, la alarma saltó. De entre el humo y los restos carbonizados del motor, salió ella. Sangraba profusamente por una ceja, y cojeaba de la pierna derecha, con el pantalon rasgado a tres alturas diferentes, pero se reía a carcajada limpia. La morena de metro sesenta se dejó caer al suelo, soltó varios improperios hacia el cuerpo caido en la vitrina y se alejó arrastrandose del coche unos metros antes de desmayarse.

Corriendo antes de que llegase la policía, fue a rescatar a la chica. Esto es una locura, se dijo, pero no la puedo dejar aquí. Mirando de reojo que no viniera nadie, cargó con ella a hombros y se alejó callejeando hacia dentro de la ciudad, por una zona que nunca había visitado. El sudor, la lluvia y la sangre de la chica mezclados goteando sobre su cabeza le nublaban la visión, pero una luz a lo lejos le llamó la atencion. Era verde y un extremo brillaba a intervalos, como si de un neón estropeado se tratase. Dirigiendose hacia allí, empujó la puerta con fuerza y entró. Era una pequeña tienda, en la que no parecía haber nadie excepto el dependiente, un joven negro de pelo corto y rostro inexpresivo con la mirada fija en su ordenador.

-¡Ayúdame! -sin mostrar excitación o nerviosismo alguno, él le indicó con la cabeza una puerta al final del local, tras una vitrina. Tirando un par de cajas por el camino, llevó a la chica a la habitación, que resultó ser un cuarto de baño utilizado a modo de trastero. Apartando a una cucaracha de una patada, la dejó caer en el retrete, abrió el botiquin que colgaba de la pared a modo de armario, sacó alcohol y gasas y le limpió la fea herida de la ceja. Dejandola sentada descansando, salió a ver dónde se habían metido.

El local era más bien extraño. Parecía una tienda de juegos de rol y azar pero era más bien un pequeño bazar, pues en algunos estantes habían artículos raros, como catalejos y silbatos, que parecían desentonar totalmente con el resto de material en venta. Una esfera brillaba sobre el mostrador, y se acercó poniendo sus manos encima. Del centro, surgieron pequeños rayos de electricidad estática que se lanzaron contra sus manos, divirtiendole durante un momento.

-Si te gusta, está de oferta. -mirando intrigado al dependiente, apartó los dedos del orbe.

-¿No te extraña lo que acaba de pasar?
-¿Debería? Tanto tu como yo sabíamos que esto iba a volver a pasar.
-¿A ti también te pasa? ¿Desde cuando?
-Desde hace bastante tiempo, pero he aprendido a convivir con ello.
-Pues para mi es una jodienda increible.
-Pues haz eso, jodete.


Se miraron divertidos, como dos amigos que se conocen de toda la vida. Extendiendo sus manos, se presentaron:

-Mis amigos me llaman Black.
-A mi, mi gente me llama Alsan. Bienvenido a Nihilit, hermano.

 
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