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    November 29

    Blue Heaven 2 - Choose

    Dedicado a Ari Terduki por su cumpleaños. ¡Eres la mejor, Ari!

    -Elección-

    Un rayo de luz cruzó el cielo, abriendo un agujero en el suelo de 3 metros de radio. Saltando sobre el humo, lanzó la parte superior del bastón contra su cabeza, pero ella ya no se encontraba allí. Ari sabía que el relámpago blanco no había alcanzado su objetivo, pero entre la polvareda levantada y el brillo cegador, no veía demasiado bien. Cerró los ojos para concentrarse en los sonidos, y esperó.
    Una vibración en el aire hizo que se agachara, esquivando dos cuchillas lanzadas contra su cuello. Sin pensar, descargó un rayo lumínico en la dirección en la que habían venido las dagas, pero el bastón fue desviado por una ráfaga de aire.

    -¡Somos demasiados para ti, mujer! ¡No vas a poder pelear con todos al tiempo!

    Ignorando la amenaza, Ari volteó sobre sí misma el bastón, creando un círculo de luz en expansión. Tras unos segundos, la luz y el polvo se dispersaron, y allí estaban sus oponentes, esperando. Ligeia, Kahoru y Angelus la miraban sentados en una roca, con media sonrisa en la cara.

    -Eres demasiado lenta, ¿lo sabías? -dijo Ligeia, levantandose.- Y esto solo acaba de empezar.
    -No creas que por poner tierra de por medio
    - Ari se estremeció, saltó a un lado pero no pudo esquivar el tajo transversal de la espada sierra. Dain se había acercado por su espalda, silencioso, y había comenzado el ataque. Sangrando por un tajo no muy profundo, se giró para plantarle cara.
    -...Dain... -interpuso el bastón entre ella y su cuerpo, como defensa contra la espada, mientras su hermano atacaba incesantemente con la mirada perdida . Tras tres potentes golpes , la espada sierra se encendió, y las hojas de la parte mecánica comenzaron a emitir un zumbido en crescendo. Ari retrocedió un par de saltos, pues no quería dañar a aquél que era sangre de su sangre, y tampoco quería acabar partida en dos por semejante arma.

    -Me has enfrentado a mi hermano, has atacado al que más quiero en el mundo, y ahora... ahora te burlas de mi. Esta será la última vez que nos veamos, Ligeia. -el bastón Tempus brilló con fuerza, y el tiempo se detuvo para todos. Ari avanzó con esa calma que tienen aquellos que saben que tienen que hacer algo importante, que está mal pero que no pueden evitarlo. Una vez estuvo al lado de Ligeia, descargó con fuerza el nudo del bastón sobre su cabeza, acabando con su vida.

    Al instante, un flash la cegó. Al recuperar la visión, se encontraba atada de pies y manos frente a la mujer a la que acababa de matar, quien jadeaba de cansancio.

    -¿Qué ha pasado? -forcejeó para soltarse, pero no pudo.- ¿porqué estoy atada y tú sigues viva? ¡Acabo de matarte!

    Por toda respuesta, recibió una sonora bofetada. Angelus y su hermano se dieron la vuelta, apuntando con sus armas hacia una nube de polvo que se acercaba rápidamente. Ligeia la miró, con la mano aún latiendo del golpe, e hizo una seña. Al momento, el frío filo de una espada se situó bajo el cuello de Ari.

    -Dain, acaba con la vida de tu patética hermana. -el niño no movió ni un músculo- Hazlo, ¡ahora! -el cuerpo del pequeño comenzó a convulsionarse, dominada su mente pero no sus emociones. Las lágrimas corrían libres por su rostro, mientras levantaba la espada y encendía de nuevo la sierra. Instantes después, descargó el filo contra su hermana.

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    Una esfera ámbarina flotaba en el aire, entre nubes de humo. Con su media sonrisa típica, Preio miraba el contenido. Un chico joven yacía dentro, con una expresión de rabia infinita. Al ir a apoyar la mano sobre el cristal, una barrera rúnica se lo impidió.

    -Aléjate de la cárcel ámbar -una joven, vestida con una túnica marrón cerrada, había aparecido entre la niebla.
    -¿Y qué pasará si no lo hago?
    -Entonces me veré obligada a detenerte
    . -al acercarse más, Preio observó que sus ojos tenían los colores diferentes. Uno era verde esmeralda, el otro, azul cobalto.
    -Puedes intentar detenerme, pero no creo que tú a solas puedas. Si sabes quién es, sabrás qué es esto -dijo, mostrando un cristal negro como el carbón, pero con luz propia.
    -Así es. Es el cristal de Antares, el Fin de los Tiempos. Sin embargo, por mucho poder que esté desatando, aún está dormido.
    -¿De verdad? Interesante...
    -una ráfaga de oscuridad surgió de pronto de Preio, y azotó la cara de la chica. Esta, se repuso del golpe, mientras una loba blanca con un halo verde surgía de entre sus ropajes.
    -Voy a tener que detenerte. No puedes despertarle de nuevo, no mientras el mundo siga siendo mundo.
    -Ningún mortal puede detenerme
    -Preio apoyó su mano sobre el ámbar, que reaccionó al contacto. La cárcel entera brilló, y comenzó a introducirse en el cuerpo del líder de los Slayers.
    -Si tú te unes a él, serás el Adán de este mundo, y yo, como Eva, tendré que acabar contigo. Okami, adelante. -la loba se desvaneció en el aire, y ella se vió oculta por una neblina verde. Cuando todo terminó, Preio miraba con ojos color sangre hacia la mujer.
    -He vuelto... ¡y esta vez será definitivo!
    -Mientras yo esté aquí...
    -una brecha en la realidad se abrió de repente, y Preio empujó a la chica de un disparo adentro. Ahora, estaba solo, y pronto, muy pronto, consumaría su plan. 

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    El filo de la sierra soltaba chispas contra el brazo biónico de Dain. Su fuerza de voluntad había salvado a su hermana de la muerte, a costa de su propio brazo.

    -¡Maldito crío! ¡Tendré que hacerlo yo misma! -los disparos sonaban de fondo, cuando Fran apareció sobre un deslizador descargando ráfagas láser contra los dos hermanos. Un escudo de aire se levantó, desviando los ataques energéticos. Cambiando de arma a una más común, la ametralladora comenzó a soltar balas. Angelus saltó tras Ligeia, y a una velocidad sobrehumana detuvo todas las balas cortándolas con las dagas. Ligeia giró su cabeza para ver quién era el misterioso atacante, cuando de pronto algo acometió contra ella. Rodó por el suelo, un mar de brazos y piernas, deshaciendose de un tajo de Dain, su repentino agresor. Al ver a su hermano sangrar, Ari soltó un grito de rabia, sus ojos se encendieron como faros, y surgió luz de todo su cuerpo. Elevandose del suelo, las cuerdas que la ataban prendieron en llamas, al tiempo que el Tempus orbitaba el cuerpo de la chica girando sobre si mismo.

    -¡Esta tierra será tu tumba! -Ari había perdido el control de sus poderes. Fogonazos de luz salían disparados en todas direcciones, dejando negro el suelo ahí donde caían. Fran saltó a un lado al tiempo que uno destruía el deslizador, y la explosión lo dejó sin sentido. Angelus se dispuso a atacar, pero ni podía enfocar a Ari con tanta luz, ni era capaz de disparar mientras esquivaba los fogonazos. El teléfono de Ligeia comenzó a sonar, y apartandose a la carrera lo descolgó.

    -Ahora tan sólo quedan tres, señora.
    -Este no es un buen momento para que llames, estoy ocupada. Conseguid lo que habeis ido a buscar, y volved rápido a la base. Nosotros llegaremos...
    -la comunicación se cortó de pronto, por culpa de uno de los fogonazos de Ari.- Maldita bruja barata... ¡¡atención, retirada!! ¡Coged al crio, lanzad al otro bajo ella y apartaos!

    Kahoru lanzó el cuerpo de Fran bajo la chica, donde moriría seguro víctima de un fogonazo. Un dilema se planteaba: ¿salvar a su hermano a costa de la vida de su novio, o salvar a su novio y arriesgarse a perder a Dain? El corazón pudo sobre el instinto, y concentrandose, lanzaó el Tempus lejos de ella, con lo que la energía del arma dejó de fluir por ella. Levantando la cabeza de Fran del suelo, comprobó que estaba bien, y lo abrazó contra su pecho. Al incorporarse, ellos ya no estaban, y el Tempus, tampoco.

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    Troin corría por el bosque, buscando a Sophie sin éxito. Gritara las veces que gritara su nombre, no aparecía por ningún lado. Desesperado, se sentó a esperar al resto. Al rato, Paula apareció cargando en su espalda a Sophie, inconsciente y con heridas leves. Rápidamente la atendieron entre los dos, y su estado mejoró ampliamente. Las hojas de un arbusto se movieron, y Machause apareció entre la espesura, muy serio.

    -¿Dónde estabas? ¡Sophie está muy herida! Tenemos que... -la espada extensible de Machause hizo un tajo en el hombro de Troin. Este se llevó la mano a la herida, sorprendido de lo que estaba pasando - ¿qué significa esto?
    -Sólo lo diré una vez, chico. Dame el Thor últimus y nadie saldrá herido.
    -¿Qué? ¿Que te de el martillo así por las buenas? ¿Qué pretendes?
    -la espada chasqueó, y Paula cayó al suelo, con un tajo en el pecho. Sus ojos habían perdido el color, y varios chispazos salieron del corte. Los ojos de Troin se pusieron como platos.
    -Has... has matado a Paula... -levantandose, izó el martillo sobre su cabeza, y este comenzó a vibrar- ¡prepárate, maldito!

    Casi al instante, se derrumbó en el suelo. El aura de emolumento del martillo nada hacía sobre Machause, que dominaba la espada sin usar ningún poder antinatural. La sangre de Troin se derramaba en el suelo, con las piernas tajadas transversalmente, casi separadas del torso. Cayó inconsciente por el shock, bajo la atenta mirada de Machause. Este se acercó, recogió el martillo de entre sus manos, y se marchó junto a Belea.

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    La bestia rugió con fuerza, acosando a la ATS y a los niños. Gritando, los pequeños se abrazaban con fuerza los unos a los otros. Ella sin embargo, se mantenía firme, como única arma un trozo de valla de metal encontrado en el suelo. La cabeza de la criatura se fue precipitando sobre ellos, mientras el miedo les paralizaba a todos.

    -No te los llevarás mientras yo pueda evitarlo.

    Una pared de roca detuvo las fauces del monstruo. Willo abrió un agujero en el suelo allí donde la criatura se sostenía, tragandosela el suelo y cerrandose tras de si. La chica se dejó caer de rodillas, y comenzó a llorar. Él la abrazó tiernamente, y sonriendo le dijo:

    -Ya ha pasado todo, Cel. Ya ha pasado todo.

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    Sus compañeras estaban en un estado lamentable, y él se encontraba en un apuro. Disparó de nuevo el Folmalhaut, pero el cuerpo de Richard volvió a recomponerse.

    -¿Vas a seguir así mucho tiempo o tenemos que matarlas del todo? -Richard estaba en jarras. Andy mantenía la cabeza de Selene apretada contra el suelo, casi impidiendole respirar. Alejandro no sabía que hacer.
    -¿Cómo se que si te entrego el arma no nos matarás después?
    -Fácil, si quisiera mataros, ya lo habría hecho. Ahora déjate de tonterías, y suelta la Logia.

    Evaluando su situación, vio pocas alternativas a lo que el hombre le decía. Dejando el Folmalhaut en el suelo, subió el cuerpo de Ely al deslizador, e hizo que Andy subiera el de Selene. Una vez hecho esto, lanzó de una patada la Logia lejos, y de un salto, subió al deslizador y lo arrancó. Sus compañeras eran más importantes que el arma.

    -Buen chico -dijo Richard, una vez que estuvieron lejos.

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    Los comunicadores sonaron al tiempo.

    -¿Sí? -dijeron Alejandro y Ari a la vez.
    -Soy Elena, ¿me recordais? Venid rápidamente a Geocity, a las afueras del sector 9. Tenemos que hablar.

    Dos días mas tarde, estaban todos reunidos en un piso franco en el sector 9. Los heridos estaban todos en una sala, descansando, mientras que Alejandro, Sophie y Ari estaban reunidos con Elena, alrededor de una mesa.

    -Esta es la situación: nuestro grupo ha sido seriamente mermado, y no creo que vuestros compañeros se recuperen en menos de tres días. Troin ha estado al borde de la muerte, pero por suerte Paula se autoreparó con la suficiente velocidad como para evitar algo peor. Aun así, hemos perdido las tres Logias de las que disponíamos, y no sabemos nada de Preio desde hace un tiempo. No por ello podemos descuidarnos, asique debemos recuperarlas cueste lo que cueste.
    -Opino igual
    -dijo Alejandro- Tenemos que entrar allí donde las tengan, y recuperar lo que es nuestro.
    -¿Y como pretendes que hagamos eso?
    -Sophie le miraba, inquisitiva- está claro que tenemos que recuperarlas, pero.. ¿entrando por la fuerza o tienes un plan mejor?
    -Aunque sea por la fuerza, tenemos que entrar ahí. Mi hermano me está esperando, y no quiero pensar en las cosas que esa arpía puede estar haciendo sobre él. -Ari golpeó con fuerza la mesa- Hoy es miercoles. El domingo, que es cuando la vigilancia en la ciudad es menor, atacaremos su base.
    -¿Sabes donde se ocultan?
    -Sí. La torre central de GeoLabs. También la llaman La torre de la Justicia. Ahí es donde los dirigentes se reúnen siempre, y también es su arsenal y laboratorio de investigación principal.
    -¿Cómo sabes todo eso?
    -Conoce a tu enemigo para conocer sus puntos débiles. Es ley de vida.

    La puerta se abrió, y Fran entró en la sala.

    -Cuando ataqueis la torre, yo os haré de distracción. Así no tendréis que enfrentaros a toda la guardia antes de llegar.
    -Entonces está todo claro -dijo Elena, para terminar
    - El domingo les declararemos la guerra. Ojalá Alsan estuviera aquí para combatir a nuestro lado.

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    Un resplandor iluminaba la sala. Las paredes estaban destrozadas, el techo, caído. El viento corría entre los escombros, levantando el polvo. Los dos se miraban fijamente a los ojos, pero ninguno decía nada. Ella se apartó el pelo del rostro, y se rió por lo bajo.

    -Alsan -dijo ella. Un aura gris envolvía al joven.
    -Lilith -respondió. Cintas moradas serpenteaban a su alrededor, girando al compás de un vals silencioso.
    -Al final, has venido. -desenvainó dos espadas cortas. Lanz´una salva de relámpagos que él detuvo con facilidad. Extendiendo el brazo derecho, formó media cruz con su cuerpo, y una esfera de energía se materializó en la mano. Conocedora del movimiento, ella hizo lo mismo, y al ser disparadas las esferas, chocaron produciendo daños severos a la estructura ya caída del sitio.

    -Sí. Una vez fuimos los mejores, juntos, imparables. Ahora... he venido a afrontar que tú ya no estás. Te fuiste para siempre, pero aquí, dentro de mi cabeza, seguías viviendo.  -cruzaron las espadas. Destellos plateados surcaban el aire, iluminando el sitio allí donde se encontraban los filos. Corrieron perpendiculares a la pared, él por el suelo, ella desafiando la gravedad subida a la misma. En la esquina se encontraron, dejando surcos en la pared allí donde las espadas fallaban sus golpes.

    -Asique nunca llegaste a olvidarme, ¿eh? Siempre fuiste muy débil. Y ahora, te pasa factura, claro... -lanzó un par de tajos contra él. De un salto, pasó por encima de su cabeza y se puso a su espalda. El golpe estaba muy practicado, y el movimiento fue preciso. Elevando la espada sobre su cabeza y situandola a su espalda, Alsan desvió los dos tajos letales que se dirigían a su cuello desde su punto ciego. La tela cayó al suelo, troceada por la intensidad del combate.

    -Sin embargo, ahora soy fuerte. Tengo gente que me respalda. Ya no volveré a quedarme solo. -un movimiento rápido: una finta, la katana volando en un complicado giro de 270º, y la sangre de la chica manchó el suelo y las paredes. Él la agarró al caer, mientras ella sonreía.

    -Nunca quise... -un beso la silenció. Sus ojos se cerraron, para no volver a abrirse. Él la dejó en el suelo, poniendo sobre su cara un pañuelo verde sacado del bolsillo. Lentamente, salió de la casa, mientras las nubes se dispersaban dejando ver rayos de sol. El cuerpo de la chica se deshizo en volutas de humo.

    -Adiós para siempre.

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    En el espacio entre las realidades, dos figuras se encontraron. Ambas estaban perdidas, ambas con un objetivo en mente. Cruzaron una mirada, bastó para saber que no eran enemigos... de momento. Ella estaba herida, él, perdido. Juntos, podrían salvarse el uno al otro, pero todavía no lo sabían.

    -¿Cual es tu nombre, chica? -dijo Alsan, sosteniendola entre sus brazos.
    -¿Mi nombre?... he tenido muchos, pero imagino que por ahora puedes llamarme... Duare.