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    March 12

    Blue Heaven 2 - Scream (last)

    -Grito (final)-
     
    ...La madera crepitaba por todas partes, siendo consumida por el fuego rápidamente. Una niña pequeña lloraba, mientras era arrastrada de la muñeca por un niño más mayor, que la sacaba de la casa en llamas. Ella forcejeaba para quedarse, pero él la agarraba tan fuerte que sólo conseguía hacerse más daño todavía.
     
    -¡¡Mamá, mamá!! -gritaba la niña desconsolada. Mientras, entre las llamas, una figura se levantó, toda empapada en sangre, emitiendo un rugido bestial con los dos ojos en blanco. La niña se calló, aterrorizada, y empezó a correr. Pronto la bestial figura se lanzó en su persecución, agitando la cabeza en todas direcciones al correr. El chico soltó la mano de la pequeña para encararse a la bestia mientras ésta corría, aún gritando pidiendo ayuda a su madre. Su único arma, un palo con la punta encendida, con el que atacó a los ojos del monstruo, cegandole con las brasas. La niña se gira para ver dónde se ha quedado su amigo, y, de pronto, se hace el silencio.
     
    El niño yace empalado en una de las garras de la bestia. Ella grita, grita tan fuerte que cae desmayada...
     
    Selene cerró los ojos, llorando. Ver el pasado nunca era divertido. Preio pagaría por esto.
     
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    Sus miradas se cruzan. Un rayo negro atraviesa la estancia, Preio ataca de nuevo, no alcanzando a su objetivo por centímetros, pues éste se aparta lo justo para no recibir daños. Una rágafa de rayos negros salen despedidos contra él, sólo para ver como los esquiva de nuevo.
     
    -¿Es que sólo sabes esquivar ataques? -dice Preio, mientras escupe en el suelo. Apuntando la escopeta hacia la cabeza de su rival, aprieta el gatillo y dispara. Con velocidad sobrehumana, éste coge la bala en el aire, y la hace pedazos al cerrar la mano en torno a ella. Una mirada de ira alfora en sus ojos, y unas marcas negras empiezan a aparecer por sus brazos y cara, dejando surcos en la carne a su paso, de donde la sangre mana, despacio, pero incesantemente. Se pone a cuatro patas, un aura bestial le rodea, unas garras y unas fauces espectrales aparecen a su alrededor y se lanza en carrera hacia Preio. Éste hace gala de poder, y genera un agujero dimensional, por el que se mete, aparece tras su oponente y le ataca sin piedad. La bala de la escopeta alcanza su espalda, y sale a través de la cintura, atravesando su cuerpo. Sin notar apenas el dolor, éste suelta un zarpazo en dirección sur-norte, atravesando la pared, el suelo, el techo, y alcanzando a Preio mientras cerraba el agujero y aparecía en otro lado.
     
    -...no es posible... -la sangre de Preio manchaba su ropa, dejando ver entre el desgarrón unas cicatrices muy muy antiguas, 4 en total, en su torso. Sus manos buscan rápidamente un bolsillo: no iba a perder éste combate.
     
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    Los ojos de la Paula se movían muy deprisa, intentando encontrar las fluctuaciones de energía que se estaban produciendo. El despertar de otra de las bestias era inminente, pero ésta vez iba a ser diferente. Mucha más energía se estaba concentrando en el mismo punto, demasiado bien conocido para todos. Se levantó, y apretando tres botones, abrió las tres cápsulas de regeneración en la que estaban metidas las tres chicas: iban a tener que luchar juntas, si pretendían ganar.
     
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    Una pared de piedra se interpuso entre ellos y la llamarada. El combate se había vuelto realmente tenso, ahora que Willo se había metido de por medio. Evan y el niño combatían codo con codo contra Ari, que no motraba cansancio alguno, y la chica pelirroja combatía contra Willo, un combate en el que éste no podía atacar sin dejar que Alejandro resultara herido, quien a pesar de estar recibiendo atención médica de parte de Troin, improvisada y escasa pero efectiva al parecer, no podía moverse, pues estaba casi en estado de shock.
     
    -¡¡VAMOOOS!! -la chica gritaba como una descosida. De sus manos, envueltas en llamas, ya no brotaba la sangre, pero aún así su rostro mostraba cansancio, pero ella no cesaba de lanzar llamaradas. Willo se cubría con escudos de piedra, que se derretían al contacto con las llamas, dejando ver que si eran alcanzados por alguna morirían sin remedio. Usando los huecos que quedaban tras los impactos del fuego, hizo una estimación del patrón de movimientos de la chica, e hizo surgir del suelo una pica que creció a toda velocidad en dirección hacia el próximo lugar en el que ella se iba a poner.
     
    Acertó.
     
    El niño, mientras, lanzaba tajos contra Ari, que ésta detenía con un sable de luz que había creado con sus poderes. Aún con la mirada de odio que el niño tenía, seguía siendo incapaz de hacerle daño. Con un gesto, desvió uno de los ataques de luz de Evan. Éste no era un niño.
     
    -Voy a terminar este combate por la vía rápida. -Ari encendió el transmisor, y habló por él con Ligeia- ¿me escuchas? ¡dispara contra mí el martillo del alba! -en el aerodeslizador, los ojos de Ligeia se abrieron de par en par. ¿Disparar el Martillo del alba de nuevo y contra Ari?
    -Hecho. -una ligera sonrisa apareció en su rostro- Preparada o no, allá va.
     
    Los cuatro haces de luz aparecieron en el cielo, atravesando de nuevo las nubes. El niño saltó a un lado, corriendo en dirección a Willo, para escapar del disparo. Ari permaneció quieta, mientras Evan la seguía acribillando con rayos de energía pura. Una vez juntos, el martillo del alba volvió a disparar. Ari miró al cielo, y con las manos creó un espejo de luz, con el que desvió el láser hacia Evan. Éste, tomado por sorpresa, levantó un escudo de luz, con el que contuvo el láser a duras penas. Sin embargo, el láser era demasiado potente, tanto para él como para ella, y los dos cayeron de rodillas al suelo, aguantando sus escudos respectivamente, con una cara de esfuerzo antinatural.
     
    -¡¡¡Calhiel!!! ¡¡Ayúdame!! -gritó Evan. La chica peliroja se giró, con un hombro sangrando: hacía un rato que Willo la había herido y no se había recuperado todavía, pero no iba a dejar escapar esa oportunidad. Como un rayo se planta al lado de Evan, dandole la espalda.
    -¿Sabes? Siempre me has caido mal -la mirada de Evan se crispó cuando una daga le atravesó la espalda, buscando su corazón. Todos los ojos se abrieron de par en par, Calhiel se apartó de la trayectoria del rayo, que carbonizó primero y desintegró despues del cuerpo moribundo de Evan, desequilibrando el combate.
     
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    Las chicas estaban listas. Ropas nuevas para las cuatro, ligeras pero resistentes, trajes de combate marca GeoLabs, de neopreno, ajustados pero flexibles. Armadas cada una a su manera, recuperadas prácticamente al completo, se situaron en la plataforma de teletransporte. Aún mirando con desconfianza a Paula, dejaron que la chica las guiara, pues sus compañero estaban en apuros. Algo grande estaba a punto de aparecer, e iban a necesitar toda la fuerza posible.
     
    -No murais, chicas -las palabras de Sophie relajaron los nervios, la anterior batalla había acabado bastante mal, y si en esta caían de nuevo.. no habría cámaras de regeneración para salvarlas. Paula terminó de preparar la máquina, y subió junto a las demás. Las cuatro se cogieron de las manos, y desaparecieron entre haces de luz.
     
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    Ligeia sonreía. Ahora mismo se dirigía hacia GeoCity montando el deslizador de emergencia, tras abandonar a Fran en el aerodeslizador, puesto que su trabajo había acabado... prácticamente. Unos cuantos minutos más, y llegaría a dónde ella quería. De momento, todo estaba saliendo a pedir de boca...
     
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    La muerte de Evan había sorprendido a todos por igual. Recogiendo los restos del cristal que éste llevaba, Calhiel miró hacia el niño, que no había pestañeado al morir su compañero. Asintió con la cabeza, éste silbó, y una serpiente alada apareció entre las nubes, bajando a recogerles a ambos.
     
    -No ha estado mal la pelea, no puedo negarlo -gritó Calhiel desde el lomo de la serpiente. El aerodeslizador se acercaba, y ellos estaban en desventaja numérica- Pero es hora de que nos retiremos.
     
    "Un momento"
     
    Una voz resonó en todo el yermo. Todo el mundo miró en derredor, buscando el origen de la voz. Unas sombras aparecieron entre los combatientes, y Mita y Natx se materializaron entre humo, mirando fijamente a Calhiel. El niño saltó de la serpiente sable en mano, y se arrodilló ante Mita, ofreciendole el arma. Ésta rechazó el gesto, y mesó el pelo del niño con una mano.
     
    -Esto no ha terminado todavía. 004-I, encárgate del aerodeslizador que viene de camino. Natx, tú encargate de Willo. Calhiel, tu y yo nos encargaremos de la "asesina" de Evan -dijo, mirando a Ari con malicia.
    -¡Estamos en desventaja, Mita! Ellos son dos más...
    -¿Y? Los dos son humanos sin importancia, y uno está herido gravemente. Además -una inclinación de la cabeza bastó para que 004-I silbase de nuevo, y unos aracnoides surgieron del suelo, corriendo en dirección a Troin- nunca lucho en desventaja. Ahora -y rió- ¡MORID!
     
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    Un cristal de 12 puntas salió del bolsillo de Preio, reluciente, manchado de sangre. Su sangre. Aplastándolo contra su pecho, se desvaneció en las sombras. Iban a morir todos, e iba a ser hoy, y ahora.
     
    Dain miraba con ojos llorosos hacía donde se había encontrado Preio segundos antes. Su rival estaba de pie, con todo el cuerpo lleno de marcas tribales, y con un aura rodeandole con forma de animal. Éste le había salvado de una muerte segura, pero le tenía miedo. Le había visto destrozar las paredes del lugar de un manotazo, y no tocarlas siquiera. Ahora, sus heridas se estaban cerrando solas, mientras él cogía equipamiento nuevo, estando el suyo deteriorado por el combate. Se colgó la espada a la espalda, se puso un brazal escudo, generando un escudo alrededor que detendría los golpes más poderosos, y una chaqueta verde. Caminó hacia él, y sonriendo, le puso una mano en la cabeza, como gesto tranquilizador.
     
    -Me voy. He de salvar a tu hermana.
     
    Calibrando una plataforma de teletransporte de una sala contigua con las coordenadas del aerodeslizador, desapareció.
     
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    Todo sucedía muy deprisa. Una serpiente blanca voladora se acercaba peligrosamente deprisa a la posición de Fran, quien estando solo, no podía disparar todas las armas del aerodeslizador. Buscando a Ligeia, se percató de que la mujer no estaba, pero no tenía tiempo para buscarla, se le venía encima. Así pues puso el automático, áctivó la autodestrucción, saltó de la nave y rodando por el suelo, rompiendose un par de costillas en la caida, esperó el resultado. La serpiente estalló junto al vehículo, saliendo trozos de carne por todas partes. El niño no aparecía por ninguna parte, pero en el último segundo antes de que todo estallara a Fran le había parecido ver un animal salir disparado por encima de la serpiente.
     
    -Una falsa imagen en mi retina, sin duda... -apretó el botón del transmisor- ¿Ari? No te preocupes, estoy bien...
     
    La explosión cercana la había austado, per Ari estaba demasiado ocupada en esos momentos como para preocuparse de otra cosa que no fuese ella misma. Los ataques combinados de Mita y Calhiel estaban siendo demasiado poderosos. No podía detenerlo todo, y poco a poco, la guadaña se acercaba más y más a la carne. Ya había esquivado por los pelos dos tajos, llevandose cortes superficiales, y un par de rasgaduras en la ropa, cuando una llamarada la pilló de improviso. Cayendo al suelo, indefensa, sintió miedo por primera vez desde hacía mucho tiempo. Conforme la guadaña caía sobre ella, sus ojos se cerraban, conocedores del resultado: la líder de la resistencia iba a caer.
     
    A su vez, las descargas de luz de Natx impactaban contra la defensa férrea de Willo. Enzarzados en un combate que parecía decantarse a favor de uno y de otro según el momento, ambos fueron derribados por la onda expansiva de la explosión, pues era los más cercanos. Estando los dos en el suelo, la ventaja era para Willo, quien rápidamente levantó una prisión de roca sobre Natx, impidiendole levantar el vuelo, y cubriendole por completo. Un movimiento más, y diez lanzas de piedra atravesaron la prisión de roca, finalizando el combate. Willo relajó sus músculos, y herido, se apoyó contra una roca. Un rayo de luz cruzó su posición, abriendo un tajo profundo en su pierna. Sin gritar, sin quejarse, miró el origen del ataque: Natx se encontraba en el cielo, sin heridas aparentes. Había sido un reflejo de luz lo que había sido atrapado en las rocas. Otro rayo salió disparado contra Willo, esta vez buscando su corazón.
     
    Troin abrió fuego contra los aracnoides, pero eran tantos que no podría acabar con todos antes de que les alcanzaran y les mataran. Un tirón en la ropa le hizo mirar hacia abajo. Alejandro sujetaba algo en su mano, azul, brillante.
     
    -Willo me dió esto para que lo usara cuando me hiciera falta, pero lo necesitamos ahora, y tú eres el único que puede combatir.
    -¡¿Esto es lo que yo creo que es?! -Troin cogió le cristal azul, frío, y cerrando la mano alrededor, sintió como el poder fluía por su cuerpo. Mirando a los aracnoides con fe renovada, juntó los puños, y comenzó a lanzar ráfagas de hielo. Por fin podría demostrar lo que valía, aunque fuera con un cristal que no le pertenecía. Un aracnoide más grande que el resto apareció tras ambos chicos, y lanzó su aguijón hacia el cuello desprotegido de Troin. Incapaz de avisar, los ojos de Alejandro se fueron cerrando progresivamente, hasta que cayó, flaccido, para no levantarse nunca más.
     
    En ese momento, el tiempo se detuvo para todos. Borrones negros tomaron posiciones entre todos, y el tiempo volvió a su curso.
     
    -Acuerdate de esto: no voy a dejar que mueras, nunca, ¡¿me oyes?! -Troin se giró, para ver una cabellera dorada bien conocida para él.
     
    Sophie derribó al aracnoide gigante de dos disparos, uno a la cola, cortándola, otro a la cabeza, atravesandola y clavandolo al suelo. Alejandro abrió los ojos, Paula le había salvado, curandole en los 20 minutos que el tiempo había estado parado, evitando su muerte; al tiempo, Ely había generado un escudo de energía rodeandola a ella y a Willo, deteniendo el rayo de Natx, y la katana de Selene detenía la guadaña, librando a Ari de una muerte segura, encarando de nuevo a las dos chicas, cuyo duelo parecía no tener fin.
     
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    Detuvo el deslizador delante de un efidificio del sector 3, tras cruzar la ciudad en poco tiempo. Mostró una tarjeta de identificación en la puerta, y le abrieron paso dos hombres vestidos de traje, con gafas de sol. En el piso de arriba, tuvo que mostrarla de nuevo, para que la dejaran acceder a la sala de reuniones. Dentro, todo estaba a oscuras, salvo una de las mesas, que se iluminaba desde abajo, mostrando una perspectiva terrorífica del hombre de avanzada edad que estaba sentado en ella. Ligeia se dirigió frente a él, y se arrodilló, a unos metros de distancia. Sabía que no era el único que la estaba mirando en esa sala, pero no se atrevió a girar la cabeza.
     
    -¿Que nuevas nos traes, Ligeia "Sphinx" Paperdoll? ¿Es satisfactorio el desarrollo de la operación?
     
    Se planteó la respuesta. Su trabajo dependía de lo que dijese, y no quería quedarse sin cobrar tan pronto... ni sin ver el desenlace de los acontecimientos.
     
    -De momento lo es, sí. Pero aún hace falta investigar más las cosas, no lo he visto todo al cien por cien. Me gustaría ver el proecto "Madre" de cerca, y no lo he conseguido en ninguna ocasión. Así pues, pido más tiempo.
     
    Un murmullo se levantó por la sala, confirmando sus sospechas: no estaban solos. La mesa de delante se apagó, y Ligeia se sobresaltó un poco. Otra más alejada y con luz de otro color se encendió. Esta vez un joven aparecía sonriendo desde la misma, y de dos saltos se plantó delante de ella, en el centro de la habitación. La primera mesa volvió a encenderse, y el dirigente habló de nuevo.
     
    -A partir de ahora éste será tu compañero, Sphinx. Tu nueva misión es encontrar a esa mujer, y acabar con ella. No queremos más disturbios en nuestro... imperio.
    -Con el debido respeto, no creo necesitar un compañero para acabar con esa mujer. Yo sóla me basto y me sobro... -el chico le puso la mano en el hombro, a modo condescendiente. Ella le miró de reojo, y le apartó de un manotazo. No toleraría ese comportamiento de un novato.
    -Yo creo que sí me necesitas, pequeña. Terduki te venció una vez, y podría volver a hacerlo. Sin embargo, a mi no me conoce, y puedo acabar con ella por sorpresa, quitandonos la misión de encima cuanto antes.
    -Mejor cállate, si no has cruzado palabras con esa mujer nunca, no sabes a quién te enfrentas.
     
    El murmullo se levantó de nuevo por la habitación. ¿Tanto miedo causaba Ari Terduki en este grupo de viejos? Podría usar eso a su favor a la hora de cobrar la recompensa...
     
    -Pero bien, te dejaré que vengas conmigo. No interfieras, ¿entendido?
    -Entendido, pequeña. Angelus a tu servicio.
     
    Todas las luces se apagaron.
     
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    La batalla había tomado un rumbo totalmente distinto. Con un dos contra uno en la mayoría de combates, pronto sacaron ventaja de la situación y acorralaron a Mita, Natx y Calhiel contra una pared de piedra recién creada. Los tres estaban heridos, casi sin energía, y sus cristales habían perdido la mayoría del color.
     
    -Todo pinta diferente cuando sois vosotros los que no teneis la ventaja, ¿verdad? -Troin sonreia, triunfante, mientras Natx le miraba con cara de odio. Willo tambíen reía, preparado para dar el golpe de gracia a estos tres persistentes enemigos.
    -¿Aún piensas que vamos a morir, Mita? -dijo Selene, convencida de su victoria. Mita nunca se rendía, y blandiendo la guadaña, lanzó una descarga eléctrica contra la mujer. Ari la desvió creando un escudo de luz, y con una ráfaga de viento Selene hizo que sus tres oponentes hincaran la rodilla en el suelo, cayendo Calhiel de culo. Acabados los tres, Paula se adelantó unos pasos.
    -Los clones también tenemos corazón, ¿sabéis?
     
    "Sí, pero seguís siendo clones"
     
    Una explosión derribó a todos los presentes. De entre el humo surgió una figura. Algunos sonrieron, otros se cubrieron la cabeza. Un par, puso cara de odio, todas estas sensaciones provocadas por la aparición del miembro más poderoso de los Slayers: Preio.
     
    -He venido a mataros -no parecía dirigido a nadie, pero todos sabían a quién se refería. Ari avanzó dos pasos, e hizo retroceder a Paula.
    -No te tengo miedo, porque soy una guerrera de la luz. -la mirada de Preio voló de los suyos a los gusanos que se enfrentaban a el.
    -Has sobrevivido todo este tiempo porque no he venido personalmente a acabar con esto. Pero tu suerte se acabó.
    -Sí, será cuestión de suerte -un fuerte viento se levantó alrededor de Ari, juntando luz y aire a su alrededor. La increible concentración de energía que estaba generando creaba un campo de gravedad que aplastaba a todo el mundo contra el suelo. Los presentes hacían un esfuerzo increible por levantar la cabeza, siendo los únicos en mantenerse en pie Ari y Preio.
    -Interesante poder, mujer. ¡¡Pero no es nada comparado con el poder de Antares!!
    -¡¿Antares?! No es posible que tú... -de Preio emanó un viento y una energía increiblemente superior a la de Ari, que la hizo caer de rodillas al suelo. ¡Era impensable! ¿Cómo había conseguido el cristal de la bestia más poderosa de todas? ¿Cuándo la había espertado y vencido para obtenerlo? Y lo más importante, ¿cómo le iba a detener ahora?
    -Estás perdida, mujer, tú y toda tu raza. No pienso dejar títere con cabeza. -la intensidad de la energía de Preio obligó a inclinar la cabeza a todo el mundo, ya puestos a cuatro patas.
    -No... ¡no!...-la energía de Ari no era suficiente para moverse, y menos para pelear. ¿Sería éste el fin?- ...no me rendiré nunca... -la risa de Preio se escuchó en todo el desierto. Era su victoria, el mundo era su juguete a partir de ahora.
     
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    Elevandose hacia el cielo, Preio conjuró una esfera oscura en sus manos. Mirando a Ari, postrada, indefensa, casí lloró de la emoción, y, divertido, descargó rayos negros sobre ella.
     
    El sonido de la electricidad al impactar contra el suelo retumbó en los oidos de todos, que eran incapaces de levantar la cabeza, impotentes ante el poder de Preio. De pronto, la presión cesó, y todos respiraron, aliviados. Levantando la cabeza, buscaron a Ari con la mirada, pero los rayos habían levantado una esfera de polvo alrededor, y el olor a quemado invadía el ambiente. Conforme se fue disipando el humo, se apreció el agujero que había quedado donde la chica había estado, y a todos les cayeron lágrimas por la cara. Ese momento no lo olvidarían nunca.
     
    Alsan se erguía con una mano levantada, en el centro del agujero, con Ari sentada en el suelo a su lado, intacta.
     
    -¿Me echabais de menos?
     
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    Fin de la primera temporada de Blue Heaven 2
     
    March 06

    Blue Heaven 2 - Scream (second part)

    -Grito (segunda parte)-
     
    El sudor corría a raudales por la frente de Dain. Sus nuevos implantes biónicos le hacían daño, tener a ese desconocido delante que había acabado con todos los miembros de la resistencia residentes en Lingague sin pestañear, y ahora se dirigía hacia él dispuesto a acabar con su vida, le había puesto tan en tensión los músculos que la parte metálica estaba desgarrando la piel. Sin saber donde esconderse, llegó al final de un pasillo sin salida, y se golpeó con la pared.
     
    Los pasos se acercaban cuando recuperó el conocimiento, se había quedado inconsciente durante algunos segundos, y ahora el desconocido agresor se encontraba en el centro del pasillo, apuntandole con su escopeta, sonriendo, divertido.
     
    -Ponte de pie, a fin de cuentas, eres un Terduki, como tu hermana, ¿no es así, Dain Terduki? -dijo el desconocido mirandole a los ojos. La mirada de Dain se tornó dura, el hombre debía ser ése del que tanto hablaban su hermana y Ligeia: Preio, el líder de los GeoSlayers, los humanos alterados genéticamente por GeoLabs.
    -¿¿Porqué has venido a atacarnos precisamente ahora, que no hay nadie aquí para plantarte cara?? -gritó Dain, intentando ganar tiempo, mientras se ponía en pie.
    -Porque... es más divertido de esta manera. Así cuando vuelvan, si vuelven, se verán solos. Pero no te preocupes, tu hermana está ahora mismo ocupada con dos de mis compañeros. -Preió limpió la boca de la escopeta- Y no deberías preocuparte por lo que les vaya a pasar a ellos, sino más bien por lo que te va a pasar a ti. ¿Últimas palabras, chaval?
     
    Los ojos de Dain se abrieron de par en par. Miró a izquierda y derecha intentando encontrar una salida, pero fue en vano. Sólo le quedaba rezar, y puesto que era ateo, dió un paso al frente, temblando, pero dispuesto a morir como un valiente.
    -Yo, yo.. -la voz le temblaba- ...yo... -la cara de Dain cambió lentamente de expresión. Una sonrisa se fue perfilando en su rostro, superando al miedo la esperanza- ...¡¡estoy salvado!!
     
    Preió se giró con la escopeta a modo de escudo, bloqueando un tajo de espada vertical que le hubiese cortado en dos. Sus ojos no daban crédito a lo que veían.
     
    -¡¡¡TÚ!!!
     
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    Las tornas habían cambiado, y Troin, Alejandro y Ari eran esta vez los perseguidos. Los refuerzos no iban a llegar, no se sabía porqué, y ellos estaban siendo perseguidos por una quimera y dos deslizadores, con tres GeoSlayers como pilotos. El bípode de combate no era lo suficientemente rápido como para escapar, y estaba perdiendo combustible a toda velocidad, por culpa del tajo que el niño había causado en el brazo. Había llegado el momento de actuar, pensó Ligeia, y marcó un teléfono en su móvil.
     
    -¿Kahoru? ¿Me recibes?
    -...sí, te oigo alto y claro...
    -Bien, localízame y échame una mano.
    -...estoy justo encima de ti... mira por la ventana.
     
    Desde el cielo, cuatro luces rojas verticales enfocaron a al quimera. La sonrisa de Ligeia era amplia: hacía mucho que no disfrutaba de la visión del martillo del alba en acción. Las luces se fueron acercando, sin dejar de apuntar a la quimera, juntandose en el centro. Conforme las luces se acercaban, el GeoSlayer que estaba sobre la quimera se lanzó al suelo, dejando que esta corriera libre tras el bídpode de Troin. Segundos más tarde, un rayo de energía cayó del cielo abriendo un agujero en las nubes, cegando a todo el que miraba y abrasando al híbrido de animal con toda su zona colindante. Menos el aerodeslizador, el resto de vehículos cayeron al suelo por culpa de la onda expansiva provocada por el arma, y todos los pilotos se pusieron en pie rápidamente, enfrentados en medio del desierto. Los cascos de los GeoSlayers volaron, y la chica que se habían cruzado esa misma mañana en Torde y Evan se quitaron el sudor de la frente con la mano. Troin se la quedó mirando, mientras ella sacaba de su bolsillo la cartera del susodicho y la arrojaba al suelo, con desprecio.
     
    -Ha sido taaan fácil robarte esta mañana la cartera... -dijo la chica, sonriendo sin pestañear.
    -¿¡Me has robado la cartera!? -respondió sorprendido, buscandola en los bolsillos de su chaqueta.
    -Y ni siquiera te has dado cuenta. No es lo único que te he robado, ¿sabes? -dijo abriendo la mano izquierda, mostró el cristal del fuego, que antes poseía Troin, con el que habia estado lanzando llamaradas todo el rato- Ahora, voy a quedarmela para mí para siempre. -dicho esto la rompió en dos pedazos, se quitó los guantes, mostró las palmas de las manos y se introdujo los cristales en las muñecas, sangrando profusamente por las dos heridas que se acababa de autoinflingir que se cerraron pasados unos momentos, cuando elevando la temperatura de la carne de alrededor selló la piel y la carne a los cristales. Mareada, sonrió triunfante y se puso los guantes, cayendo de rodillas por la falta de sangre. Evan se le acercó, e intentó ayudarla a levantarse, a lo que ella respondió con un manotazo y con esfuerzo, se levantó sola.
     
    Ari no dió tiempo para más explicaciones, y lanzó un rayo de luz contra la pareja. Evan respondió un rayo de igual potencia, deteniendo el de Ari, dejándoles a los dos inmóviles intentando superar la energía del otro. Al tiempo, el niño saltó sable en mano contra Troin, quien detuvo el tajo con el otro brazo del bípode, perdiendolo de paso. Al intentar levantarse, el GeoSlayer cortó una de las piernas, haciendole caer de nuevo. Dispuesto a acabar con Troin, el niño se lanzó hacia la cabina con los brazos en alto, pero en el último instante saltó hacia detrás, evitando un disparo letal en la cabeza. Alejandro no había tenido escrúpulos por la edad de su oponente, y había disparado contra él a matar. El objetivo del niño cambió, y moviendose en zig zag, se fue acercando cada vez más a Alejandro, esquivando los disparos de su arma. Saltando dejó caer el sable de punta, y atravesó su pecho con él, fallando por centímetros del pulmón. Empalado en el suelo, el grito de Alejandro se escuchó por todo el desierto, cuando una roca del mismo tamaño que el sable emergío de entre la carne, taponando el agujero desde detrás, y elevando el sable a tal altura y velocidad que acabó saliendo despedido de las manos del GeoSlayer, que miró, irritado, como se le escapaba la oportunidad de acabar con uno de los gusanos que les venían molestando de un tiempo a esta parte, y al tiempo uno de sus antiguos compañeros se unía a la batalla: el aerodeslizador había vuelto, y Willo se acercaba corriendo enfurecido.
     
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    Preio rodó por el suelo, esquivando otro tajo de espada. Levantándose, apuntó con la escopeta hacia su rostro, pero usando sólo una mano apartó el cañón del arma haciendo que abriera fuego contra la pared, agujereandola con la bala. Preio lanzó una patada, que fue detenida con la misma facilidad y con la misma mano. Moviendo de nuevo la escopeta, esta vez ambas manos fueron necesarias para agarrar el cañón, pasarlo por encima de la cabeza y desarmar a Preio, propinando un puletazo en su cara y lanzandole lejos.
     
    -Desde luego, estás en plena forma... -dijo Preio mientras se levantaba, quitandose el polvo de la chaqueta- veamos si también puedes detener ESTO -juntando las manos, una esfera de energía negra apareció, y un haz de luz negro ocupó todo el pasillo, desintegrandolo todo a su paso. El viento generado por la energía descargada lanzó a Preio contra la pared: aún no controlaba bien sus poderes. Miró al frente, esperando haber terminado con su oponente, pero allí estaba, de pie con un brazo extendido y el guante destrozado, entre los escombros del pasillo: paredes, techo y suelo derritiendose de lo potente del ataque. Había parado el rayo con una sola mano.
     
    -No sé cómo te has hecho tan fuerte, pero esto acaba de empezar -lo único que recibió por respuesta fue un gesto con la mano retandole a acercarse.
     
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    Selene despertó en el suelo. Todo estaba en ruinas: las paredes estaban negras, quemadas, las cortinas desgarradas, los cristales rotos. De la cama quedaba el cabezal, clavado a la pared. El viento entraba por la ventana, había corriente por culpa de un agujero en la puerta. Mirando a un lado y a otro, no vio rastro de la perra o de Alsan. Un golpe sordo hizo que se girara: la puerta de la calle se había caido al suelo, descolgada de los goznes. Se levantó, aturdida, y caminando entre los restos, salió al rellano. Una escalera y un ascensor la esperaban allí, y puesto que estaba en el piso 34, pulsó el botón de bajar. Las puertas se cerraron tras ella, y los números fueron retrocediendo hasta el cero. Una vez abajo, salió del ascensor directamente a la calle, sin portal, sin número.
     
    Elena la esperaba abajo, con su habitual traje verde, impaciente.
     
    -Ya era hora de que llegaras. Te he estado esperando para motrarte algo, para evitar que te rindas. Observa.
     
    Los recuerdos de Selene aparecieron en el aire, y como si de una película se tratase, empezaron a pasar por delante de los ojos de la chica.
     
    March 01

    Blue Heaven 2 - Scream (first part)

    -Grito (primera parte)-
     
    -Torde a estas horas de la mañana es un gran sitio, ¿no crees, Ari?
     
    La mirada de Ari pasó de la cara sonriente de Willo, a la animada charla que Alejandro y Ligeia mantenían al otro lado de la habitación, mientras los gemelos escuchaban atentos los consejos de Troin sobre como mantener a punto sus armas. Fran seguía alerta, era el único que desconfiaba de los tres chicos, enemigos hasta ahora, pero en tregua de momento.
     
    Ya habían pasado tres días desde el incidente de la bestia, en los que tras mucho buscar abían encontrado la gema de Moth entre las ruinas de una casa. La tensión inicial había dado paso a una paz ligera, en la que ambos grupos habían aprendido a comunicarse entre sí, dejando a un lado las diferencias. Tras varias horas de charla, cada uno había expuesto toda la información que disponían de Preio y compañía, y se había dispuesto el plan de ataque, del que sólo faltaba ultimar los detalles.
     
    -Sin duda... pero hablemos de lo que nos interesa -las miradas de todos los presentes se centraron en ella-. Hemos acabado con dos de las grandes bestias, Xseed y Moth, y tenemos sus gemas. Lo extraño, es que ahora ambas emiten luz, pero cada una en una dirección diferente. Una apunta hacia el sur, siguiendo la línea de la brecha. La otra apunta al oeste, a través de la niebla, hacia lo desconocido. Esa zona del continente lleva incomunicada con esta muchos años, y ni volando hemos sido capaces de llegar hasta ella.
     
    -Todo apunta pues hacia el sur. No podemos atrevernos a entrar en la zona desconocida de la niebla. -la puntualización de Bert les quedó muy clara a todos: el miedo hacía mella en los corazones de los más valientes, cuando se hablaba del lado oculto por la niebla. Tras la guerra que dió lugar a la existencia de la brecha, el otro lado del continente quedó aislado, cubierto por la niebla. Muchas expediciones, por mar y aire, intentaron establecer un puerto en el otro lado, la mitad infructuosas, la mitad desaparecidas.
    -Sin embargo -esta vez fue su gemelo el que continuó- la luz emitida por la gema de Moth es más fuerte, por lo que suponemos que el camino será mas corto, o que la bestia ya ha despertado y se está acercando.
    -¿Qué hacer, pues? Yo sugiero intentar atravesar la niebla. -Ligeia parecía totalmente convencida de ello, aunque el resto no ponían la misma cara.
    -Si ella va, yo me dispongo también a intentarlo. -Alejandro dió un paso al frente, para sorpresa de todos- Pero antes tenemos que equiparnos bien, no creo que con lo que tenemos actualmente podamos hacer nada. Además, Troin y yo estamos desarmados... -la mención del cristal del fuego no se había dado- ...y preferiría no estarlo, para ser de ayuda.
    -Correcto -dijo Ari- nos dirigiremos pues a Lingague para reequiparnos, y volveremos aquí preparados para atravesar esa niebla tan peligrosa. Partimos esta tarde, después de comer. Tú y tú -señaló a los gemelos- preparadlo todo para el viaje.
     
    Horas más tarde, el grupo caminaba en silencio entre la alborotada ciudad de Torde, dirigiendose al aerodeslizador que les iba a llevar de vuelta a Lingague. Al girar una de las calles, una joven chocó de frente con Troin, cayendo los dos al suelo por el impacto.
     
    -¡¡EEH!! ¡Mira por donde vas, idiota! -los ojos de la joven, verdes, en contraste con su pelo negro, irradiaban ira, había caido cerca de un charco, y por poco no se había ensuciado entera- Al menos discúlpate, ¿no?
    -¿¿YO?? ¡¡Si eres TÚ la que te me has tirado encima!!
    -¡¿Encima vacilándome?! Mira, no te doy una paliza porque están tus amigos delante, que si no... -la chica no parecía ser capaz de mantener lo que había dicho, pues aunque alta, no aparentaba ser demasiado fuerte golpeando.
    -Vamos, vamos -Alejandro se interpuso entre ambos- Disculpate y acabemos con esto. Y tú, ten un poco de cuidado y no camines sin mirar.
    La chica se ruborizó un poco por la manera condescendiente de hablar que había puesto, y no llegó a contestar, pues Troin se levantó muy ufano, y se marchó con la mirada bien alta, mientras el resto le seguían, dejando a la chica en el suelo, siguiendoles con la mirada. Una mano se extendió de entre la multitud para ayudarle a levantarse, un chico moreno y alto esperaba, con gesto sonriente, a que aceptara la ayuda.
    -Evan, sabes que no lo necesito. -ella se levantó de un salto, sacando de entre su ropa una cartera con el símbolo de Geacorps. El pelo de la chica cambió de color súbitamente, del negro más oscuro al burdeos, y apartando de un manotazo la mano del chico, se giró para ver como Bert, el más rezagado de todos, se perdía en una esquina- Si es tan fácil combatir con ellos como quitarles la cartera, no entiendo porqué Mita y Natx no han sido capaces de acabar con estos gusanos aún. Sigamos, o no les alcanzaremos. -y con un gesto, desaparecieron entre humo negro, asustando a un gato que miraba, distraido, la escena.
     
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    Alsan miraba la calle, distraido, cuando la puerta se abrió. Se levantó, esperando a Ari, pero la figura que entró por la puerta no era ella, y le hizo ponerse de pie al instante, en guardia. La perra se interpuso entre los dos, con los colmillos fuera, no permitiría que hicieran daño a su compañero. La sonrisa del recién llegado era siniestra, y cuando levantó la escopeta, la escena se desvaneció.
     
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    Montados en un aerodeslizador de gran envergadura, conducido por Fran, el grupo se dirigía a toda velocidad hacia Lingague. Cogiendo la carretera directa desde Torde hasta su ciudad vecina, era un viaje de 5 horas, si se seguía el camino y se iba a 180 kilómetros por hora. Fanáticos de la velocidad todos ellos, habían puesto la directa sin miedo a un posible cruce. Tras dos horas de viaje sin interrupciones, un pitido en el radar les avisó de que tenían compañía.
     
    -Se detectan varios deslizadores acercandose rápidamente a nuestra posición, Ari -Fran no había despegado el ojo de la carretera, y aún así había mirado el radar. Excelente, pensó Troin.
    -¿Alguno de ellos parece hostil?
    -Cuando un deslizador te alcanza yendo a 180 por hora, hay que asumir que son hostiles. -La lógica se impuso en la mente de la chica: era cierto. Con dos gestos, Selm y Bert ocuparon posiciones en las armas laterales, mientras ella cogía un casco y se dirigía a la parte de atrás. Una mano en su brazo la detuvo, Alejandro sonreía: esta era la oportunidad que estaba esperando, demasiada inactividad últimamente. Dos motos gravitatorias esperaban junto a un bípode de combate. Ambas fueron ocupadas y, abriendose la compuerta trasera, salieron al aire libre, en marcha, y desplegando el campo de fuerza, volaron al encuentro de los perseguidores. Un grupo de 12 deslizadores apareció frente a ellos, armados todos con armas de plasma. Esquivando fácilmente los disparos, Alejandro se acercó al mas adelantado, y desenganchando una porra energética del lateral de su moto, derribó de un golpe en la cabeza al piloto. El resto, impresionados, abrieron camino dejandole atrás, y cargaron contra Ari en manada. Ésta soltó las manos, y mientras daba un trompo en el aire, con sendos rayos de luz atravesó el motor de seis deslizadores y los hizo estallar. Agarrando el manillar de nuevo, aterrizó tras el resto, y se puso a la altura de Alejandro a perseguirles. Aun atrapados entre dos fieras al volante y el aerodeslizador base, los 5 restantes no bajaron su velocidad. De hecho, tres de ellos, a un gesto de uno de los otros dos, se lanzaron en pos del aerodeslizador, olvidando a Ari y a Alejandro. Éstos aceleraron, poniendo al máximo los motores, pero los otros se interpusieron en el camino. Ari lanzó dos rayos de luz, pero los pilotos fueron más rápidos y los esquivaron. Girándose, el de la derecha extendió la mano hacia Ari, y generando una esfera de luz, lanzó un rayo clónico hacia su motor. Con los ojos como platos, Ari saltó, mientras su moto estallaba, y Alejandro la atrapó en el aire y la sentó tras de si.
     
    -¡¡Son dos contra uno!! -gritó Alejandro mientras esquivaba los disparos del piloto de la derecha, sin perder de vista a la otra.
    -¡¡Pediré refuerzos pues!! -y apretando un botón del casco, sintonizó la radio- ¡¡Fran!! ¡¡Ayuda!! -el grito de ayuda despertó la ira del otro piloto, que, levantando una mano, y girando en el sitio, comenzó a lanzar bolas de fuego contra la pareja. Entre los haces de luz y las bolas de fuego, Alejandro hacía maravillas para no recibir impactos, mientras el sudor le caía a gotas por la frente. Una gran explosión desvió la atención de los dos pilotos de deslizador: sus tres acompañantes habían caido. Un bípode de combate se acercaba por el aire a gran velocidad desde el aerodeslizador, con las armas preparadas.
    -zzzzzzz... ¿Ari, me oyes? ¡Troin va en vuestra ayuda! zzzzz.... -la transmisión de Fran llegaba con segundos de retraso, pero era lo que necesitaban. Cambiaron al modo ataque, al ver que los pilotos enemigos se abrian a la derecha. Las tornas habían cambiado, y los deslizadores se batían en retirada, esquivando los rayos de luz y los disparos de Troin. A mitad de carrera, una polvareda a lo lejos indicaba una nueva presencia, pero ellos no detuvieron la persecución. Cuando estuvieron suficientemente cerca, vieron con horror como un Leon del tamaño de un autobús pequeño, con alas de murciélago y cola de escorpión a juego con el tamaño, una quimera, se acercaba a ellos corriendo, con uno de los seguidores de Preio encima, con la cara descubierta: un niño de unos 13 años de edad, con pelo negro y corto, y una cicatriz en un ojo, se acercaba sable en mano hacia ellos. Los deslizadores giraron para rodear al grupo, mientras la quimera se abalanzaba garras en alto contra Troin. Haciendo gala de un dominio extremo, la esquivó de un salto, pero cuando se disponía a disparar, el brazo derecho del bípode se separó del resto, sin hacer ruido. Una corte limpio, y el sable del niño manchado de combustible, suficiente. Esquivando la cola con un quiebro, abrió fuego contra el lomo del animal, pero el niño se interpuso a toda velocidad y detuvo todos los proyectiles a golpe de espada.
     
    -¡¡Fran!! ¡¡Fran!! ¡¡Estamos a muy poca distancia de Lingague!! ¡¡Pide refuerzos a la base!! ¡¡Tienen una quimera!!
    -¡¡Hecho!! ¡¡Voy a llamar a tu hermano y pedir ayuda!!-Fran descolgó el auricular, y marcó el número.
     
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    La radio sonaba en el cuartel de la resistencia en Lingague, con el auricular colgando, a media altura desde el borde de la mesa.
     
    -zzzzz... ¿¿Dain?? .... ¿¿Dain??... ¿me recibe alguien??.... -la voz de Fran sonaba por el recinto, todo a oscuras, cuando la puerta se abrió, dejando ver tres cadáveres en la habitación, todos ellos con la mirada perdida, agarrandose el pecho. Un hombre entró en la sala, arrastrando el cuerpo de un guardia del pelo. Sonriendo al coger el auricular, respondió.
    -Aún no le he encontrado, pero no creo que vaya muy lejos.
    -zzzzz... ¿¿qué?? ¿¿quién anda ahí?? ¿¿qué ha pasado en la central?? ...zzzzz
     
    Estampando el auricular contra la mesa, Preio lo hizo pedazos. La resistencia no había plantado mucha cara, y no se estaba divirtiendo. Eso sí, refuerzos, que no esperaran muchos, porque estaban acabados.