Alsan_Wolf's profileThe Flagstones of the ne...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
April 16 Blue Heaven 2 - Anxious Heart-Corazón ansiado-
Los copos de nieve comenzaban a caer sobre el cristal delantero. El paisaje se empezaba a tornar blanco, conforme su distancia con el norte se reducía. Unas cuantas horas más y habrían llegado a Ridel, su primera parada en el camino hacia Tucker. El desierto había quedado atrás, y colinas y montañas decoraban el paisaje. Construcciones metálicas de gran envergadura aparecían aquí y allá, salpicando el paisaje con tonos azulados y marrones, simulando ser árboles en un terreno devastado.
El silencio reinaba en el interior del vehículo. La nostalgia se había apoderado de ellos, tras largas horas de conversación, recordando viejos tiempos y contando las nuevas del último año. Ahora cada uno miraba en una dirección, contemplando la lenta caida de la nieve. Más adelante se veía humo, saliendo de entre unos pilares de hierro, y gente corriendo por encima de la carretera. Alejandro deceleró, y ambas mujeres dirigieron su atención al camino, percatandose de la situación. Un hombre levantó la cabeza, se cruzó en la carretera y empezó a gesticular con los brazos. A poca distancia, Alejandro detuvo el aerodeslizador, y los tres bajaron del vehículo.
-¿Qúe sucede? -la primera en bajar había sido Selene, quien tras ponerse la capucha para resguardarse del frio, se acercó al hombre rápidamente.
-Estábamos explorando el complejo industrial, cuando una avalancha se nos ha venido encima y ha sepultado a la mitad de mi equipo junto con la entrada del lugar, y aunque estamos trabajando sin descanso, no logramos avanzar a velocidad suficiente. ¿Nos echaríais una mano? -la cara del hombre era un poema. Con la nariz roja, lágrimas en los ojos y los guantes rotos de tanto cavar con las manos, dejaba ver claramente que esto era más importante que rescatar a su equipo de exploración. -¿Qué hay tan importante para usted ahi dentro que quiere sacarlo con tanta ansia? -Ely no esperó respuesta. Telepáticamente descubrió lo que quería saber, y a zancadas se dirigió hacia donde había caído la nieve- Si su hijo muere por su culpa, jamás se lo perdonará, ¿verdad? -el hombre rompió a llorar, desconsolado- ¡Vamos! No tenemos tiempo que perder. --------------------------------
-Buen trabajo, Samiel. Sin duda, esto cambia mucho las cosas. -a 004-I no le hacía gracia que le llamara Samile, pero, con voz cansada, Mita sonreia al fin. Hacía un año que estaban siendo acosados por esa pesada mujer, que aparecía siempre en el peor momento con su vestido verde y les desbarataba los planes. Por suerte, y gracias a la astucia de Preio, se habían deshecho de Alsan, no sabían hasta cuando, pero al menos de momento éste no sería una molestia. Sin embargo, la jugada les había salido cara. Del vasto ejército de clones de Paula, tan sólo quedaba un batallón de cien, y los programa de clonación estaban fallando, creando engendros monstruosos sin cerebro que les atacaban en lugar de obedecerles. Tras haber perdido durante tanto tiempo, ésta era una noticia buena, alentadora. Ahora, tendrían que aprovecharla- Formaremos dos grupos, y les perseguiremos. Vosotros dos -dijo señalando al fondo de la habitación- seguid a éstos tres al norte -lanzó unas fotos que agarraron al vuelo- con los 100 clones, mientras nosotros tres seguiremos al resto en cuanto descubramos a dónde han ido.
Adelantandose desde el fondo de la habitación, con las fotos en la mano, Calhiel preguntó- ¿Y cómo descubriréis a dónde han ido? -su sonrisa era amplia, una de las fotos le era bien conocida, aunque él no se alegraría de verla. Sin embargo, las otras dos fotos... no entendía porqué Mita no quería ir trás éste grupo, no tenía lógica.
-Es bien simple. Tenemos todos sus datos en nuestra base de datos. En cuanto se identifiquen para pagar cualquier cosa, les encontraremos. -¿Realmente crees que va a ser tan sencillo? -Calhiel seguía preguntándose por qué Mita no iba a ir con ellos. No le veía sentido- Y por cierto, ¿porqué vas tras el otro grupo y no tras este? -Hay una traidora entre los otros, y si la capturo podremos investigar a fondo su inteligencia artificial en busca del detalle que la ha hecho pensar tanto por si misma. Y en cuanto a la sencillez... algo me dice que va a ser muy, muy simple encontrarlos. --------------------------------
...IDENTIFICACIÓN, POR FAVOR... La máquina esperaba, y la cola se hacía más grande por momentos. Introduciendo su tarjeta ID, esperó.
...IDENTIFICACIÓN DE VOZ, POR FAVOR...
Las miradas de los de detrás eran agobiantes, y ésto rayaba lo absurdo, pero no tenía más remedio que contestar, si quería que saliera la tarjeta. Suspirando, dijo:
-Vilar, Troin. ¿Porqué todas las máquinas son taaan pesadas? ¿Has de identificarte tres veces mínimo en cada sitio o qué? -Sophie miraba desde el aerodeslizador, esperando, ansiosa, a que Troin trajera la comida. Cargando las dos bolsas, se alejó rápido del autoservicio y entró al vehículo. -Te ha costado, ¿eh? -dijo Sophie, sacando una hamburguesa de la bolsa- Ten, Paula, come algo -Paula miraba desde el asiento trasero, indiferente, pues su cuerpo no necesitaba alimento, pero sonriendo cogió la comida, no le iba a hacer ascos a una buena hamburguesa- que seguro faltan muchas horas hasta llegar a Lingague, y no creo que antes podamos comer otra vez. El cielo despejaba, había llovido hacía muy poco. Los campos colindantes de Lingague mostraban señales de cultivo, algo que alegraba la vista, la zonas verdes cada vez se comían más terreno. Desde la aparición de la primera de las grandes bestias, la gente había comenzado a replantearse sus vidas, y apostar por el planeta era la decisión que habían tomado. Visto desde los ojos de Paula, no tenía demasiada importancia, pero desde el punto de vista de cualquiera de sus compañeros, era algo grato de ver.
-Cómo ha cambiado todo de un tiempo a esta parte, ¿verdad? Quién diría que hace un año comenzó todo esto... -los tres sonrieron al unísono. Llevaban mucho tiempo entrenando sus habilidades, practicando, esperando el día en que Elena les llamase y pudieran terminar con lo empezado, y no ser un lastre en el combate, como la última vez. Ahora, tras largas horas de combate con múltiples criaturas, se encontraban en disposición de cumplir su misión. Ahora, cruzar la brecha era el primer paso a dar para ser de utilidad al grupo. Era algo pretencioso, pero en teoría con el zeddrix lo habían hecho ya, y no era nada descabellado pensar que podrían con sus propios medios. Tendrían que esperar un rato más antes de descubrirlo. Que Troin se encargara de conducir, mientras, ellas dormirían...
--------------------------------
La persiana se levantó dejando entrar la luz del sol a raudales. Mirando hacia la cama, se sorprendió de verla blanca, sin manchas de ningún tipo. ¿Yo he dormido ahí?, pensó. Durante unos segundos se quedó mirando la habitación, bien decorada, pero extrañamente blanca. Una de las puertas daba a un cuarto de baño, impoluto. Realmente parecía que nadie hubiese entrado allí en años. Dos golpes sonaron en la puerta que daba al pasillo. Esconida tras la puerta del baño, esperó. Unos pasos se escucharon en la habiación, un cajón abrirse, ropa revuelta, un quejido y un portazo. Fuese quien fuese, se había marchado. Suspiró aliviada, estaba cansada de que la persiguieran, y esto no hacía mas que demostrarle que sabían en todo momento como encontrarla. Se dejó caer al suelo, resbalando por la pared, y se quedó dormida. Alguien la zarandeaba cuando despertó. Sus manos se dirigieron al bolsillo, sacando de él una esfera metálica del tamaño de una canica, que estampó en la cara de su agresor, sin mirarla, y concentrando su mente en la esferita, dijo en voz baja:
-Muere.
Sin embargo, nada sucedió. Abriendo los ojos, un rostro aplastado por un lado por su mano, la obserbava, desde el fondo de unos ojos marrones, con cara de pasividad absoluta. Recogiendo sus gafas de sol del suelo, se las puso sobre el pelo, y apartó con delicadeza su mano. Mientras se incorporaba, se alisó la camisa, que misteriosamente también era blanca, la levantantó en brazos y la sacó de la habitación. Llorando, ella se dejó llevar, pues era la única persona con quien sus poderes no reaccionaban. La sacó al pasillo, donde dos hombres yacían en el suelo, partidos por la mitad, y marcas profundas en las paredes mostraban que había sido de dos cortes limpios.
-¿A dónde me llevas esta vez? -inquisitiva, preguntó.
-Ellos están a punto de llegar, y por si no lo recuerdas, tenemos que unirnos a ellos en su viaje. Las órdenes son órdenes, y ya hemos llegado muy lejos sin que casi nadie se percate de que estamos aquí. Esos viejos no nos detendrán nunca. -Entonces perfecto. Mientras sigas controlandome, sólo me levantaré un tanto desorientada, pero todo seguiré en orden. Llévame hasta ellos, Machause. -Hecho, preciosa. -bajando las escaleras con la chica en brazos, Machause salío a las calles de Lingague. --------------------------------
La nieve caía más densa a cada momento que pasaba, y no avanzaban demasiado en la excavación. Cuanta más nieve quitaban, más nieve parecía haber, ilógicamente. Los trabajadores clavaban las palas con todas sus fuerzas, pero era casi como si retrocedieran en lugar de avanzar. Una escalofrió recorrió la espalda de Selene, lo que la hizo dejar de quitar nieve al instante. Mirando hacia arriba, el sol la cegó durante unos instantes, abriendose paso entre las nubes. Tapando la luz con su brazo, distinguió una figura subida en las vigas metálicas. El misterioso ser se escondió, pero ella ya le había visto. Corriendo hacia la columna de metal más cercana, inició su ascenso hacia la criatura, dejando a todos los trabajadores boquiabiertos, pues corría en vertical por la columna, sin sujetarse en ninguna parte. De un salto se situó frente al monstruo, y con un sólo sablazo lo partió por la mitad. Dejandose caer lentamente, bajó los 15 metros que la separaban del suelo, y dando una patada en el sitio dónde se suponía estaba la puerta atrapada bajo la nieve, la abrió. Los trabajadores entraron en tropel al sitio, rodeandola. -Un Equinox de las nieves. -dijo- Se ocultan en las zonas altas y generan ilusiones. Puesto que sólo se les ve con luz solar directa, y está nevando de verdad, las nubes ocultaban su presencia -el ceño de Ely se funció, no comprendía cómo no lo había localizado. Algo fallaba en todo esto. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el jefe de la exploración surgió de entre la gente con un joven en brazos, y llorando de alegría les dió las gracias por todo.
Desenfundando la pistola láser Alejandro le disparó en la frente. Segundos más tarde el joven despertó y de un bocado arrancó la garganta de su ya difunto padre. Con otro disparo, la vida del joven se apagó también. Escuchando los pensamientos de Alejandro, Ely levantó una cúpula energética alrededor suyo, segundos antes de que un grupo de trabajadores saliera del recinto cerrado con los ojos en blanco, echando espuma por la boca y con el pecho manchado de sangre, probablemente no propia. Una ola de viento repentina los derribó al suelo, Caminando rápidamente hacia el aerodeslizador, dejaron a aquellos pobres desgraciados a su suerte, poco podían hacer si no era acabar con ellos. Una vez en el vehículo, una última mirada les descubrió que ninguno de los restantes trabajadores había sobrevivido, y con el pesar en sus hombros, partieron hacia el norte, dejando la macabra escena a sus espaldas.
El complejo industrial seguía la carretera hacia el norte, oscureciendo el camino con su sombra. Ninguno había pronunciado palabra desde que salieran del lugar, hasta que vieron un cartel que anunciaba que entraban en Ridel.
-¿Creeis que en la ciudad habrá sucedido lo mismo? Quiero decir, que si creeis que la gente también se volverá loca y rabiosa y se estarán matando los unos a los otros -a Ely no le había gustado nada la escena, le producía arcadas recordarlo, pero la imagen del joven degollando a su padre no se le iba de la cabeza.
-Espero realmente que no -respondió Alejandro-, pues de lo contrario no podremos pasar mucho tiempo en este sitio, y queria comprar provisiones y rellenar el depósito antes de seguir adelante, y eso tardará al menos seis horas. -Quizás deberíamos esperar a que se hiciese de día, pues quedan menos de dos horas para que el sol se ponga y no parece muy recomendable entrar de noche en la ciudad, y menos sin saber lo que nos podemos encontrar, ¿no os parece? -Selene hablaba con calma, pero en el fondo estaba preocupada.
Decidieron que lo más sensato era esperar en las afueras de la ciudad a que se hiciese de día, y luego entrar con la luz del sol de su lado a comprobar el estado. Continuaron adelante hasta ver Ridel aparecer a lo lejos, y como ya era de noche, aparcaron en la cuneta, apagaron todas las luces, cerraron las ventanas e intentaron conciliar el sueño. Ely se ofreciño a mantenerse despierta la primera, para no quedarse del todo desprotegidos.
El tiempo pasaba despacio, y la mente de la chica era un caos. ¿Qué había impedido que descubriera al Equinox? ¿Tanto entrenamiento no le había servido de nada? Centrada en sus pensamientos, y con la nieve cayendo, no se percató de las figuras acercándose por detrás de vehículo hasta que éstas saltaron sobre el mismo. Una docena de ojos la miraron desde el otro lado de los cristales, hambrientos, locos, espumajeando por la boca. Yo sóla puedo con ellos, se dijo. Abriendo el techo, saltó fuera del aerodeslizador, y con la vara de bo en mano, les hizo gestos para que se acercaran. Un barrido horizontal derribó a tres, tiñendo de rojo la vara. Las criaturas eran rápidas y silenciosas, y aun así Ely las veía venir facilmente. Girando sobre sí misma la vara, abrió la cabeza del cuarto, y de una estocada la quinta criatura decoró el suelo con sus sesos. Aliviada de haber acabado con todas, suspiró: debía haber sido un mal día para ella. Fue entonces cuando en un abrazo de oso el sexto y último asaltante la agarró por la espalda, inmovilizandola, y lanzó un mordisco a su cuello. Una katana se interpuso entre las fauces abiertas y el cuello de Ely, y con un giro partió la mandíbula del hombre. Un segundo tajo arrancó la cabeza de los hombros, y con la mano libre sujetó a Ely, que con el peso del cuerpo se desplomaba hacia atrás. Selene la miraba fijamente, enfadada porque hubiera peleado sóla, arriesgando su vida en el proceso. -Vuelve adentro, es mi turno de guardia -le dijo. Asustada, Ely no articuló palabra alguna, y metiendose en el aerodeslizador, se arropó con una manta, y al rato, cayó dormida.
--------------------------------
Las capas con capucha les protegían del viento y el agua. Su balsa era rústica pero resistente, y les permitiría llegar a la isla de enfrente sin demasiados contratiempos. Impulsados por un pequeño motor acoplado a la parte de detrás, se movían lentos pero seguros. Aun sin nubes en el cielo, todo estaba oscurecido: en esa zona de Aredain reinaba la noche. En las horas de sol se podía ver levemente, un efecto climático muy potente desviava la luz y lo dejaba todo en penumbra. Sin embargo, ellos habían viajado hasta esa región recóndita esperando encontrarle, porque tras recorrerse el mundo entero en cuatro meses, todo apuntaba a que estaba allí, esperando. En el faro del fin del mundo. April 02 Blue Heaven 2 - Hero's Come Back-Prólogo-
El cielo se oscureció. Una llama negra ascendió en espiral para caer con el doble de fuerza de lo que había subido. A 100 metros del suelo se disipó, estrellandose contra una figura envuelta en una niebla gris. Otra figura miraba desde el aire como la llama desaparecía, así pues alzando las manos hizo aparecer tres esferas negras brillantes. Todas ellas se dirigieron a la figura envuelta en bruma. Una explosión tras otra sucedieron conforme una ráfaga de la bruma las partía en dos a larga distancia. Un grupo de personas eran espectadores absortos en el combate aéreo, dejando de lado sus diferencias por un momento, mientras aquellas dos presencias combatían en el cielo, usando poderes que nunca antes se habían enfrentado en Aredain, su planeta. A veces, el combate descendía tanto que la presión de las explosiones derribaba a algún que otro observador, que con esfuerzo e interés se levantaban rápidamente, ansiosos por conocer el resultado del encuentro.
Las dos figuras aéreas se encontraban rodeadas de un aura gris y negra, ambas con forma: la gris de un lobo gigante, la negra, una criatura extraña de múltiples brazos. Alsan y Preio llevaban horas combatiendo, sin descanso, aprovechando cada error del otro para producir el daño máximo al punto más doloroso. La ropa de ambos estaba hecha jirones, y múltiples heridas sangrantes aparecían entre los rotos. El lobo gris se tambaleó, su poder era grande, pero al parecer no tanto como para enfrentarse al de la bestia más poderosa, Antares. Preio le vió flaquear, y atacó con toda su furia. Decenas de ráfagas negras surgieron de la figura que le rodeaba y se enroscaron alrededor del lobo, atenazandole y produciendo gritos en su portador. Una inesperada sonrisa afloró al rostro de Alsan: concentrando las energías restantes, e hiriendose en el rostro por la acumulación de energía, introdujo el aura lobuna en su cuerpo, poliformandose en un lobo marrón. Liberandose de las ráfagas negras de un tirón, abrió sus fauces, negras como el carbón, y un disparo de energía surgió de ellas, alcanzando el cuerpo de Preio y arrancando todo el lado derecho de su cuerpo. Sin embargo, éste no parecía sufrir dolor alguno.
-No deseo sobreexcederme, pues aún no controlo todo el poder de Antares -dijo Preio posándose, mirando a los ojos de Alsan. Ninguno mostraba signos de cansancio, aun estando tan heridos como estaban-, por lo que de momento me retiro -una niebla espesa rodeó al líder de los Slayers, desvaneciendo su cuerpo en ella. La palabra volveré se escuchó en todo el desierto, mientras los restos del humo se disipaban, dejando como única prueba del combate un círculo de arena negra. A la vista de esto, el resto de Slayers se desvaneció también, temerosos de enfrentarse en desventaja en una batalla que no podrían ganar.
El viento corre en el desierto, y todos se acercan a Alsan, ya en forma humana, quien les mira sonriente, triunfal. Todos ellos tienen caras largas, y extrañado, les pregunta qué sucede.
-No somos de ninguna ayuda -todos giran la cabeza cuando Willo dice lo que todos piensan pero nadie se atreve a nombrar- Tu padre nos pidió que nos hicieramos más fuertes, y no hemos podido hacer nada cuando las cosas pintaban mal -descolgandose la espada, se la tiende a Alsan, que la coje, sorprendido de la revelación de éste- no podemos continuar a tu lado.
-Pero... ¡habeis luchado con fiereza! ¡sin vosotros!... -la mirada se le volvió triste- ...sin vosotros yo no soy nada.
-Pues tendrás que continuar sin nuestra ayuda. -Ari se dirigió a él, directa- Persigue a Preio y acaba con él.
Tras escuchar estas palabras, Alsan se colgó la espada a la espalda, se giró, y caminó én dirección opuesta a ellos, sólo, hacia el mañana. El resto le vió marchar, apenados. Pronto desapareció a lo lejos, cubierto por el viento y la arena.
"¿No os da vergüenza?"
Elena, con su traje verde, se materializó entre ellos. Los brazos cruzados y el ceño fruncido expresaban la rabia que sentía por dentro, tanto esfuerzo para nada.
-¿Y vosotros sois sus amigos? Se os debería caer la cara de vergüenza -comenzó a pasear entre ellos- Se ha esforzado luchando para salvaros, ¿y se lo pagáis de éste modo? Increible -con un gesto acalló a Troin antes de que comenzase a hablar- Si necesitais poder, conseguidlo. Si necesitais confianza, apoyaos en los amigos. Si necesitais ayuda... pedidla. Con el combate que acaban de tener, y las heridas que han sufrido ambos, dudo que se recuperen tempranamente. Puedo daros el tiempo que necesitais, si me prometeis que vais a gastarlo adecuadamente -con una mirada volvió a acallar a Troin. Parecía que lo conociera de toda la vida- Las grandes bestias fueron derrotadas en su momento, hace mucho, mucho tiempo, por gente como vosotros, personas normales, que encontraron el motivo y las armas para pelear y vencer. El motivo ya lo teneis, os falta el poder para empuñar esas armas. Preparaos, y dentro de un tiempo, las cosas serán diferentes.
El cielo se despejó, y el sol brillaba en lo alto.
--------------------------------
-El regreso de los héroes-
Sus miradas se cruzaron. Frío y calor, agua y fuego. Con un rápido movimiento, las armas de madera chocaron. Los ojos cerca, los cuerpos pegados. La rabia que tenía dentro surgió en tromba: la madera crujió, y ambas se partieron. Ambos saltaron hacia atrás, y Alastor rió freneticamente. Se lo estaba pasando muy bien, y el escenario era perfecto. La nieve ralentizaba los movimientos de la chica, que desarmada no era un peligro potencial para él. Poniendose a cuatro patas, comenzó su transformación. Una ráfaga de disparos le obligó a rodar colina abajo, el maldito humano le estaba molestando desde hacía rato, y no se veía a su compañera por ninguna parte. Sin mirar, detuvo con los restos de su espada el tajo que iba dirigido a su espalda, sonriendo. Uno contra tres, las cosas empezaban a equilibrarse.
Al tiempo, Richard emergía de un torrente de llamas, con la mirada fija, enfadado. Se le había quemado su corbata favorita, y eso le iba a costar caro a la mujer. Ajustando sus nudillos de hierro, avanzó a paso rápido contra ella, que le miraba sorprendida, no esperaba que su ataque fuera del todo eficaz, pero tampoco esperaba no causar daños. Corriendo, se batió en retirada, buscando el lugar donde defenderse de ese monstruo con corbata. Al llegar a lo alto de la colina, una escena asombrosa la detuvo: una mujer sola y desarmada, rodeada de cientos de cuerpos destrozados, miraba hacia ella sobre sus gafas de sol. Atrapada entre la espada y la pared, gritó.
--------------------------------
Sentada en la rama de un árbol, Ely miraba el cielo. El ruido de los pájaros, el lago a sus pies, susurrando el viento entre las hojas... era la mejor manera de pasar las horas. El sol a su espalda, proyectando una sombra larga en el césped, y una mochila en el suelo.
Hasta ahora no había dicho a nadie dónde quedaba este sitio, pero ya había pasado demasiado tiempo desde que... desde que las cosas habían ido mal. Una sonrisa triste se dibujó en su cara: los echaba de menos a todos.
Un pájaro se posó en la misma rama en la que ella estaba sentada. Sin miedo, se fue acercando hasta su mano, a saltitos. Desatando la venda que cubría su mano derecha, Ely dejó que se posara en ella. Conforme el animal subió encima, Ely cerró levemente la mano, y la levantó apuntando al sol. Pronto el animal volaba libre de nuevo, pero esta vez el color de sus plumas era diferente, rojas como el fuego.
Contemplandose a si misma reflejada en el agua pudo observar el paso del tiempo: una camiseta de tirantes blanca ceñida con una chaqueta vaquera por encima cubrian su torso, los dos brazos vendados hasta los hombros, pantalones anchos y botas de montaña completaban el atuendo. ¿Dónde había quedado la chica delicada? Rió. Probablemente se desvanecería como usualmente hacía antes cada dos por tres. Sin embargo, tan cerca y tan lejos del día señalado, estaba ella, dispuesta a todo. Esta vez será diferente, se dijo. Saltó del árbol, y mientras caía una vara blanca como la nieve apareció entre sus manos.
Él no estaría sólo esta vez.
--------------------------------
Arena.
La tierra sin color se extendía hasta donde alcanza la vista. Arena blanca, blanca como la nieve, cubría el terreno. Elementos metálicos salpicaban el paisaje aquí y allá, pequeños y grandes, sin cohesión, sin coherencia alguna. El sol brillaba en lo alto, sin nubes, reflejando su luz en el blanco de la arena.
El tiempo había dejado su marca. El pelo le había crecido, pero las puntas se le habían vuelto blancas, como la ropa: atrás había quedado la túnica negra, los Slayers ya no existían, aunque el fuego de la ira siguiera vivo en su interior. Falda corta blanca sobre pantalones negros largos, chaleco blanco sobre camiseta negra y túnica blanca cubriendolo todo, ese era su nuevo atuendo. La katana colgaba aún de su cinto, cuando un sonido la alertó. Desenvainando con un giro de muñeca, cercenó la garra de uno de los Rimid que surgieron del suelo para atacarla, criaturas parecidas a alacranes, armados con garras en todas las patas.
Otra garra surgió del suelo en dirección a su pierna, al tiempo que giraba para esquivar un zarpazo de una tercera y desviaba una cuarta. Selene saltó con todas sus fuerzas y miró abajo, donde los cuatro Rimid miraban ansiosos, esperando la caída. Sonriente, concentró energía en su mano izquierda, y propinando un sablazo al aire con la misma, cortó a distancia las cabezas de los cuatro monstruos. Se dejó caer con suavidad, puesto que su cristal del viento le permitía controlar éste a voluntad. La arena empezó a dar cuenta de la sangre de las bestias, tiñéndose con su color azul.
Su teléfono sonó. Una voz conocida al otro lado, era hora de volver. Se cubrió la cabeza con la capucha, envainó la katana, y comenzó a caminar.
--------------------------------
-¿El señor ve la apuesta o no la ve? -el croupier se impacientaba, pues el joven jugador siempre esperaba al último momento para apostar, y cuando lo hacía, era para ganar. Impaciente, se dispuso a mostrar la última mano- La banca tiene...
-Veo la apuesta y la doblo. -un murmullo de aprobación se elevó en la sala. El casino entero se había detenido para verle jugar, pues era todo un espectáculo. El croupier sudaba, pues eran unas cifras extremadamente altas. Si la banca perdía de nuevo, probablemente entraran en acción los dirigentes, y él no se quería encontrar allí si eso pasaba. Viendo como todos esperaban, destapó: un trio de reyes al As. Era una jugada insuperable, excepto por una remota escalera real. De hecho, sólo había mostrado dos cartas y las dos eran de corazones...
-Una mano increible, Johann. Sin embargo -y destapando las otras tres cartas, mostró una escalera real de corazones- la partida termina a mi favor -el clamor en la sala no se hizo de rogar, y todos estallaron en vítores. El joven se levantó, se acomodó la chaqueta y se dirigió a cambiar sus fichas. En cuanto tuvo el dinero en mano, salió por la puerta grande, se montó en su moto gravitatoria y disparado fue en dirección norte. Pronto le perseguían aerodeslizadores, y segundos antes de que abrieran fuego, saltó con la moto puente abajo, para ir a caer sobre un camión, rebotar encima y seguir por la carretera. Los perseguidores se quedaron con dos palmos de narices, mientras se les escapaba su presa.
En la primera zona de descanso que vio se detuvo, sacó su telefono del bolsillo y lo miró, expectante. Tres segundos más tarde sonaba, y sonriendo, descolgó.
-Esperaba tu llamada con ansia, Elena.
-Veo que en todo este tiempo has mejorado mucho tu visión del futuro, Alejandro.
-Sí, y no hace falta que digas más, ya sé dónde debo ir y porqué. Nos veremos pronto.
-Sin duda.
--------------------------------
La gente de Torde había olvidado ya la aparición de la enorme bestia un año atrás, y habían vuelto a sus vidas con total normalidad. En la misma cafetería que un año antes, Elena toma un zumo de naranja mientras lee una revista. Un movimiento en la silla de enfrente hace que levante la cabeza, encontrando a Ely sentada sonriendo en ella. Sin dejar de leer, señala hacia la puerta de la cafetería con la mano. Selene sale de ella, volviendo del cuarto de baño. Se miran, se sonríen y se dan un abrazo. El tiempo ha pasado, pero siguen siendo las mismas compañeras de siempre. Ya sentadas todas, Ely mira hacia la cuarta silla, y extrañada, pregunta:
-¿A quién más esperamos?
-Al último miembro de vuestro nuevo equipo. -un aerodeslizador de los caros con las ventanas ahumadas aterriza entonces al otro lado de la calle, y de dentro sale Alejandro, con un chaleco antibalas sobre una camiseta de manga larga, unos vaqueros y dos pistolas láser colgando de la cintura. Cruza la calle y se sienta a la mesa, saludando a las tres antes de que éstas digan nada. Parece más alto, más fuerte que antes.
-Bien, ahora que ya estamos todos, dejadme que os explique la situación. Hace un año que os separasteis, y llevo frustrando los planes de Preio junto a Alsan desde entonces. Sin embargo, desde hace 4 meses no sé nada de ninguno de los dos, parece que el ex-líder de los Slayers y vuestro amigo han desaparecido de la faz de Aredain. Ni con mis poderes he logrado encontrarles. -les miró fijamente, y sonrió al hacerlo- Pero veo que vosotros habéis cambiado mucho desde entonces. Ahora pareceis capaces de enfrentaros a cualquier cosa, pero os faltan las armas adecuadas. Mi poder escasea, por lo que no voy a poder seguir luchando contra los secuaces de Preio. He decidido revelaros la localización de las Logias.
-¿Qué son las Logias, Elena? -preguntó Selene, intrigada.
-Las Logias son las armas con las que se enfrentaron en el pasado los hombres a las grandes bestias -respondió Alejandro, dejando a todos con al boca abierta. Ely se giró hacia él, pero se quedó con la palabra en la boca- No digas nada, Ely. Veo el futuro con tres segundos de antelación, ese es el motivo de que lo sepa. Y no entres en mi cabeza si yo no te lo pido.
-Entendido. -Ely centró su atención en Elena- Las Logias... -entornó los ojos- ...al norte, en Tucker, en una de sus minas... pero no sabes qué forma tiene ni qué poderes otorga... tu mente es bastante confusa, ¿sabías? -la sonrisa de Elena no hizo más que ampliarse. Los poderes de ambos habían mejorado un montón en muy poco tiempo. Selene había mostrado sus avances al llegar, y había sido sorprendente también cómo con tan pocas opciones había logrado un avance tan grande.
-Si ya sabéis dónde es, no tengo más que deciros. Si tenéis alguna pregunta, decidla, y si no, partid cuanto antes.
-Me gustaría saber qué ha sido del resto -preguntaron los tres al tiempo, lo que provocó risas en el grupo. La nostalgia se apoderó de ellos, no veían a sus amigos desde hacía mucho.
-Los demás... Troin, Paula y Sophie, partieron en otra dirección, en busca de otra de las Logias. Fran, Selm, Bert y Dain se encuentran en esta ciudad, en la nueva sede de la resistencia, pero Willo y Ari... ellos llevan buscando a Alsan desde que desapareció.
-¿Y Ligeia? -Elena miró extrañana a Alejandro- ¿Ligeia? Desconozco el paradero de esa mujer...
Veinte minutos después, montados en el vehículo del joven, los tres partieron hacia el norte, mientras Elena desaparecía con un resplandor esmeralda. El espacio que ocupaba la mesa de al lado, aparentemente vacía, sufrió una ondulación, y Ligeia apareció sentada junto a dos personas más, un chico y una chica, de 21 y 16 años respectivamente, todos vestidos contraje de chaqueta y corbata.
-Con los teléfonos pinchados ha sido muy sencillo recopilar información acerca suya, ¿no os parece? -la sonrisa del chico se amplió, dejando ver unos dientes perfectos.
-Así es. Ahora que sabemos dónde se dirigen, seguidles, y aseguraos de recuperar la Logia para la Organización.
-Lo sabemos, Ligeia. Es de suma importancia para nosotros obtenerlas todas, ¿no es así? -el chico parecía impaciente por seguirles, tanto que el repiqueteo de sus dedos en la mesa era rítmico.
-Sí. Es prioritario que las obtengamos todas. Partid sin falta y volved con ella. Semper Fidelis, compañero.
-Semper Fidelis, Ligeia.
--------------------------------
Un gato salió corriendo desde debajo de una de las mesas de la cafetería. Corrió y corrió hasta el borde de la grieta, donde se quedó quieto, mientras un niño se le acercaba, le acariciaba la cabeza y escuchaba sus maullidos. Una vez el gato se quedó en silencio, lo levantó, y lo lanzó abismo abajo, sonriendo complacido con los maullidos de terror del animal.
-Asique armas poderosas, ¿eh?... seguro que a Mita le interesa mucho todo esto. -004-I sonrió, desvaneciendose en una nube negra. |
|
|