Alsan_Wolf's profileThe Flagstones of the ne...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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July 23 Blue Heaven 2 - DreamsQuiero agradeceros a todos que me hayais seguido hasta la fecha. Éste es el último capítulo que voy a escribir este verano, quiero tener un descanso de un mes más o menos para hacer otras cosas que tengo en marcha, terminar encargos... pensar en mí un poco. Todos los que estáis en la campus, disfrutadlo, todos los que estéis de vacaciones, pasadlo bien, y para todos los demás, suerte ^^
¡¡Feliz verano!!
-Sueños-
-¿Nunca has soñado con algo más? -dijo, sonriendo.
Avanzando por un prado verde, llegaron al linde del bosque. Los árboles lo cubrían todo hasta donde alcanzaba la vista, y se escuchaba el susurro del viento meciendo sus ramas, y con ello, sus hojas. Pasearon entre ellos, sin prisa, conocedores de su destino.
-La humanidad se rige por dos fuerzas, hija. La primera, son los sueños. La voluntad de la humanidad se basa en los sueños, generalmente sueños en los que alcanzan una meta superior, que les hace ser mejores para consigo mismos y a los ojos de los demás. Cuando seas más mayor, lo entenderás.
-Yo de mayor quiero luchar a tu lado. -él la miró preocupado, temeroso de que algún día ella tuviese que luchar a su lado en esta guerra tan absurda.
-Espero que ese día nunca llegue, hija. Terminaremos con ésto antes.
-No lo entiendo, papá. Ése es mi sueño, ¡llegar a luchar algún día a tu lado! ¡Salvaremos el mundo juntos!
-Algunas veces, hija, los sueños, sueños son. Mira, hemos llegado.
Entre los árboles descansaba un lago, rodeado de las flores más blancas que ella había visto nunca. En el centro del lago, una nube gris se arremolinaba en torno a un bastón, cuyos extremos flotaban en el aire, girando sobre su eje, incesantemente. Desprendía una luz blanca, tranquilizadora, y sonaba como un reloj: tic, tac... tic, tac...
-Pero papá, ésto es imposible. En nuestro mundo, nada como ésto puede existir realmente. -su padre sonrió ante la inocencia de la criatura. Nunca la dejaré luchar, pensó.
-Ese bastón es antiguo, muy antiguo, y recuerda como era el mundo antes de la catástrofe. No todos los sueños de las personas son buenos, y algunos matan a otros para cumplir con ellos. El sueño de una persona ambiciosa devora el sueño de una persona humilde, así como el sueño del rico devora el sueño del pobre. Por esto el mundo ha acabado como és ahora. Un hombre con poder soñaba con más poder, y declaró la guerra al mundo entero.
-¿Y consiguió cumplir su sueño?
-No. Esa es la otra fuerza de los seres humanos: la esperanza. Un grupo de valientes se levantó en su contra, poniendo sus propios sueños y sus vidas en peligro. Lucharon hasta caer derrotados, uno a uno, pero consiguieron detenerle. Una cárcel de ámbar le ha retenido prisionero, congelado desde entonces, y nosotros somos los que tenemos el deber de mantenerle encerrado en ella durante el resto de la historia.
-¿Cómo pudo conseguir tanto poder una sóla persona, papá?
-Él despertó a unas criaturas muy poderosas, denominadas las grandes bestias. Usando el poder de cristales como el que tienes en tu mano, las levantó en contra del mundo. Dirigía a una en particular, bestia entre bestias, una criatura blanca alada sobre un mar de serpientes negras. La llamaban Antares, el Fin de los Tiempos.
-¿Y como vencieron a esa criatura, papá?
-Con eso que flota entre el humo, hija. Él recuerda el pasado, y todo lo que ves ha sido creado por su poder. Hace avanzar y retroceder el tiempo a voluntad, y abre puertas entre diferentes lugares. Tiene muchos más usos, pero no hace falta que los conozcas, nunca tendrás que usarlos. Lo llaman Bastón Tempus.
Al oir su nombre, el bastón rotó hacia ellos, dispersando la nube. Era un bastón dorado, con ribetes plateados por toda su extensión, y en vez de nudo una esfera de cristal transparente, con una manecilla que giraba como giran las manecillas de un reloj. Flotó hacia ellos, con mucha parsimonia, y girando hasta ponerse horizontal, cayó sobre las manos de la niña. En cuanto tocó la piel, por todo el mango del mismo surgieron runas plateadas, iluminadas desde dentro. Una frase podía leerse en la esfera: Eritis sicut Deus.
-Eritis sicut Deus. Seréis como Dios. El latín es la lengua del pasado, conocida también como la lengua del Señor. ¿Quién creó estas poderosas armas? Nadie lo sabe. Un día aparecieron sin más, como respondiendo a la llamada de necesidad de los humanos, por lo que son llamadas Logias Perdidas. Logia viene de Logos, que significa Palabra. Las Palabras Perdidas, lo que nunca se pidió, pero que jamás han sido mal recibidas. Si son creación de Dios, ellas son las Palabras del Señor.
La niña se tapó los ojos, cegada por el brillo del bastón. En su mente aparecieron imágenes, en todas aparecía la misma figura: el Bastón Tempus flotando en el aire. Las palabras Eritis sicut Deus se repetían una y otra vez en su mente, hasta que soltó la logia, asustada.
-Recuerda bien esas palabras, Ari. Si algún día necesitas de la ayuda del bastón, pronuncialas en voz alta para venir a este lugar y recogerlo. Espero que nunca llegue tal momento, pero por si acaso, ahora estás prevenida.
-Gracias, papá.
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-¡Ari, vuelve con nosotros! -la voz sonaba distante y entrecortada. Ari abrió los ojos, y profirió un grito de dolor: algo le pinchaba el costado. Al mirarse encontró una vara metálica atravesando su cuerpo. Casi al instante, apoyó una de sus manos en donde el metal conectaba con la carne, y con la otra, estiró. Una luz brillante salía de sus dedos, cicatrizando la herida y sanando la carne. Con mínimo esfuerzo, dejó caer la vara al suelo, manchada de rojo. Comenzó a tintinear, cuando de pronto un tentáculo apareció de la nada, atravesando el suelo en su dirección.
-¡Tempus Fugit! -dijo, señalando con el bastón el apéndice de la criatura. Una fluctuación en el aire demostró que no había sido casualidad. El tentáculo comenzó a perder tamaño hasta desaparecer, y con él, su portador. Runas aparecieron por todo el mango de la Logia, brillando en plata. Los cuatro miraron con asombro el resultado, pues una a una las criaturas iban encongiendo hasta desaparecer.
-Eso ha sido estupendo, mujer -Preio la miraba con desprecio, había sido capaz de dominar la Logia durante un instante- Ahora úsala de nuevo para sacarnos a todos de éste lugar.
-Realmente... no recuerdo como se usa. Más bien, desconozco cómo se utiliza. Las palabras han venido sólas a mi mente.
Las calles de la ciudad aparecían ahora desiertas, tras el exterminio por completo de las criaturas. Paseando, llegaron a una tienda de espejos. El bastón comenzó a latir, entonces. Emitiendo un sonido antinatural, hizo que los espejos del escaparate, luna incluida, reventasen en pedazos, cayendo al suelo, dejando uno en pie. El reflejo que éste proyectaba, no era la imagen situada enfrente suya, sino una imagen mucho más lejana, de otro lugar, en ese mismo tiempo. Lágrimas saladas rodaron por las mejillas de Ari.
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Fran se levantó como pudo de entre los restos del techo del piso de abajo. Enfadado, recordó como pudo a su agresor. No comprendía porque Dain le había atacado con malicia, intentando matarle. Subió trepando al piso desde el que había caido, encontrando en él una triste escena. Cubrió con sábanas los cuerpos de los gemelos, ahora irreconocibles, postergando su funeral. Una nota sobre la mesa daba la dirección en la que el niño asesino se había dirigido. Eran unas coordenadas, bastante alejadas de la ciudad, pero nada suficientemente lejos como para no llegar en varias horas. Hizo varias llamadas, pero no le cogieron ninguna. Cuando ya iba a darse por vencido, el tonose cortó, y una voz conocida le habló desde el otro lado del teléfono.
-¿Hola? ¿Me escucha alguien?
-...Sí, hable... se le escucha mal, pero se le escucha...
-Me llamo Fran Tucker, localicen esta llamada y vengan con un grupo de recogida de cadáveres, para dar sepultura a dos crios que aquí se encuentran. No daré más datos, y dejaré el teléfono descolgado para que puedan encontrar el lugar con un rastreador. Por favor, den un funeral digno a mis compañeros caídos.
Dicho esto, apoyó el teléfono en la mesa, y bajó al garaje, a coger la moto gravitacional más rapida de la que disponían. El reloj marcaba las 15.30.
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La esfera del bastón mostraba las 17.00 horas, con lo que la imagen era de un tiempo ya sucedido. Ari suspiró, aliviada, sabiendo que su chico estaba bien, pero preocupada al ver a Selm y Bert caidos, y no tener noticias de su hermano. Seguro que le había pasado algo malo, pensó. Deseosa de saber más, acercó el bastón al espejo de nuevo, intentando que la imagen volviera a él, pero nada sucedía. Molesta, se apoyó contra la pared.
-¿Estás bien, Ari? Has estado un rato mirando tu reflejo en el escaparate sin respondernos... -dijo Alsan, preocupado por ella.
-¿Escaparate? ¿Qué escaparate? ¡Si todos los cristales han...! -al decir esto se percató de que todos los espejos y la luna de la pequeña tienda se encontraban intactos. Sorprendida, pasó la mano por encima para comprobar que no eran una ilusión, dandose cuenta de que lo que había sucedido previamente había sido una visión producida por el Bastón Tempus- ...ya veo. Venga, busquemos una biblioteca, creo tener la respuesta para sacarnos de aquí.
Pasados quince minutos de búsqueda por la ciudad, encontraron una biblioteca en medio de un gran parque. Las puertas estaban cubiertas de una densa capa de polvo, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que alguien hubiera puesto un pie allí. Empujaron con fuerza las puertas, que cedieron ante la presión. Una vez dentro, Ari se fue directa a la sección de diccionarios.
-¿Qué es lo que buscas? -Preio no veía clara la situación. Para él, la chica sólo había hecho que meterles en un problema tras otro.
-La manera de usar el bastón. Necesito un diccionario de latín.
-Y pretendes encontrar un libro sobre una lengua muerta entre todos estos volúmenes, ¿no? Nos va a llevar horas.
-Entonces permitanme echarles una mano, señores. -Un hombre mayor, vestido con ropa de algodón, apareció doblando una esquina, desde detrás de una estantería. Parecía haber tenido una vida muy larga, y sus facciones realzaban la cara de cansancio.- mi trabajo consiste en llevar a las personas a donde desean estar, en el mínimo tiempo posible. ¿Quiere usted un libro sobre la antigua lengua? Enseguida la llevo hasta él. Siganme.
Tras avanzar por tres pasillos y girar un par de esquinas, el anciano se agachó para sacar un libro viejo y lleno de polvo de una de las estanterías. Mientras se lo entregaba a Ari, sonreía. Ésta lo abrió, y buscó la traducción de varias palabras. Satisfecha con su hallazgo, levantó el bastón sobre su cabeza, y dijo en voz alta:
-¡¡Amare Scire!!
-¿Y ahora que debería pasar? -Willo lo miraba todo con interés, pero nada sucedía. El anciano se acercó a Ari, y tomandola de la mano, la miro fijamente a los ojos.
-¿Que deseas saber? -Ari se quedó un tanto confundida. Pasados unos instantes, respondió a la pregunta.
-Quiero saber dónde se encuentra mi hermano. -el anciano asintió, y una imagen vino a la cabeza de la chica. Dain estaba asomado a un acantilado, con dos chicos que ella desonocía, los tres vestidos con traje de chaqueta. Ligeia se encontraba sentada sobre una roca, mirando directamente hacia Ari, aunque la chica no se encontrara allí. La imagen desapareció.
-¿Era ese tu deseo? -preguntó el anciano.
-Sí, pero tengo más dudas, necesito más respuestas. ¿Quién eres tú y qué es este lugar?
-Yo soy el oráculo, la personificación antropomórfica del Bastón Tempus. Él y yo somos una misma cosa, un mismo ser en dos lugares al tiempo. Tengo poder sobre el pasado, el futuro y aquello que queda fuera del tiempo, lo atemporal. El lugar donde os encontrais se llama Rebenne, y es otra realidad. Es, de hecho, la realidad más cercana a la vuestra, por eso el aire es respirable y los lugares los veis como los recordais. Vosotros lo llamáis Limbo.
-¿Porqué te has presentado frente a nosotros ahora y no antes?
-Porque tu corazón deseaba que así lo hiciese. El Tempus se rige según los deseos de su portador, portadora en este caso. Cuando la necesidad de detener a las criaturas era vuestro deseo, así lo hice. Cuando quisisteis sacar a ése chico de vuestro mundo, -dijo señalando a Preio- así lo hice. Cuando deseasteis saber qué era de vuestro amor, eso os hice conocer. Cuando deseasteis aprender a utilizarme, aparecí. -Las caras de los cuatro eran un poema, la información les estaba llegando clara y concisa, por una vez.- Sin embargo, sigo mis propios métodos. El poder que desato siempre es superior al utilizado, por eso os visteis todos arrastrados a esta realidad, por eso la ilusión de los cristales rotos sólo os afectó a vos, por eso creé esta biblioteca, y por eso cuando decidisteis acabar con el tiempo de vida de las criaturas, acabasteis a la vez con el tiempo de vida de esta realidad.
Las estanterías y las paredes se difuminaron, y se desvanecieron en el aire. El suelo comenzó a desaparecer, y los edificios con él. Todo iba siendo devorado por el inmenso poder del Bastón Tempus, y se acercaba formando un círculo de devastación hacía la Logia, epicentro de todo.
-¿No hay ninguna manera de detener esto? -dijo Willo, intentando detener el avance de la nada creando nuevas zonas de tierra donde las anteriores desaparecían, con el mismo resultado.
-No se puede hacer más lento -respondió el anciano- una vez comenzado, el proceso seguirá hasta su fin.
-Comprendo. Todo lo que tiene un comienzo, debe tener un final. Dinos pues como regresar a nuestra realidad, si es que eso es posible.
-Lo és. Si el portador o portadora del Tempus desea estar en un lugar, solo debe colocar su mano sobre la esfera del reloj y pronunciar Accidere amare anima, para que los lugares donde realmente desee estar sean proyectados desde su mente. Entonces deberá escoger uno, y allí se materializará.
-¿Y si son más los que desean viajar con el Tempus?
-El mismo proceso bastará. -asintió con la cabeza, gesticulando la afirmación- sin embargo, si alguno duda de cómo volver, se perderá para siempre.
Ari concentró su mirada en la esfera del tempus, y ésta brilló con un aura dorada. El final de la realidad estaba cada vez más cerca, pero ahora tenía el control de la situación. Por una vez, sintió que las cosas no podían salir mal.
-Una cosa más, anciano. ¿Porqué yo? Cuando recogimos el Tempus de su lugar de descanso, mientras buscábamos a Alsan, no reaccionó en manos de Willo, y sí en las mías. ¿Cuál es el motivo?
El anciano sonrió mientras se acercaba a acariciar el rostro de la chica. Con un gesto le apareció una rosa en la mano, que puso delicadamente en posesión de la joven.
-Porque aquel que tiene un porqué, puede enfrentarse a cualquier cómo. Tu mente es firme, tu corazón, valiente. Tus amigos confían en ti, y tus enemigos te respetan. Tu familia te quiere, y el mundo te necesita. Un gran futuro te aguarda, y ésto -dijo señalando el bastón, mientras guiñaba un ojo-, sólo es una ayudita.
Con una reverencia, el anciano se desvaneció en el aire, y el Bastón Tempus latió nuevamente. Pusieron todos una mano sobre la esfera del bastón. Los cuatro se miraron, conocedores de que ésto era lo más arriesgado que iban a hacer en su vida, pero no les quedaba tiempo. O lo conseguían, o morirían con ésa realidad. Con determinación, fueron asintiendo, uno a uno, listos para ir donde su corazón más quisiera estar.
-¡Accidere, amare, anima! -dijo Preio, y al instante, desapareció, con una sonrisa en su rostro. Al parecer, sabía muy bien dónde deseaba estar.
-¡Accidere, amare, anima! -dijo Alsan, mostrando imágenes de una casa destrozada, y una chica sentada entre los restos, con una cinta morada en la cabeza. Willo posó su mano sobre su brazo, con una mirada muy fría.
-No debes ir, y lo sabes. Olvídala de una vez. -apretó con fuerza, para darle énfasis a sus palabras. Los ojos grises de lobo centellearon, y una lágrima cayó por sus mejillas.
-Lo sé, pero no puedo... -una imagen blanca apareció ante él, y Alsan desapareció, perdido en la inmensidad de las realidades.
-¡Accidere, amare, anima! -dijo Willo, mientras miraba la cara de Ari. Ésta esperaba su turno, preocupada por diversas cosas, entre ellas, que la realidad estaba difuminandose. Una llanura de blanco desierto, en la que su amigo Alsan estaba sentado frente a una prisión de ambar apareció, pero al ir a transportarle, otra imagen se formó ante él. Una joven ATS, intetaba alejar sin éxito a un grupo de niños de una de las pocas bestias que el bastón había trasladado al mundo real. La chica tenía los cabellos dorados como el sol, y los ojos de Willo brillaron con fuerza. La imagen de Alsan se desvaneció, haciendose la otra más grande. Ari le miró, asintiendo con la cabeza. Poco después, estaba sola con el bastón.
-¡Accidere, amare, anima! -dijo Ari, en voz alta. Una serie de imágenes aparecieron frente a ella. Fran apareció conduciendo hacia las coordenadas que decía en la nota, Dain se encontraba de pie mirando al borde de un acantilado con Ligeia y dos chicos a su lado. La imagen de Alsan también apareció, pero conocedora de los deseos de su amigo, cerró ambos ojos y dejó que su corazón la llevara junto a su hermano, puesto que Fran también se dirigía a ese lugar.
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Las olas golpeaban el risco muy abajo, donde el mar y la tierra confluían. Dain tenía la mirada perdida en el horizonte, donde nubes de tormenta se juntaban en el cielo nocturno, serpenteando los relámpagos entre ellas, llegando tardíamente el retumbar de los truenos. El viento les levantaba las chaquetas, pero ellos tres no se movían del sitio. Rodeada por una esfera de luz, Ari apareció tras ellos, con el Bastón Tempus entre las manos.
-Ya creía que no vendrías.
-Me tomo mi tiempo, y sólo me detengo al vencer. Creía que lo sabías.
Las dos chicas estaban situadas la una de espaldas a la otra, pero aun así sabían que la otra estaba ahí. Ari ignoró a Ligeia, y avanzó a grandes pasos hacia Dain, que todavía le daba la espalda. Angelus y Kahoru se interpusieron en su camino, cuando comenzó a llover.
-Una sóla contra cuatro... es una pelea desequilibrada, ¿no cree, señorita Terduki? -dijo Angelus abriendose el cuello de la camisa. De un salto y un revés, Ari le cruzó la cara y aterrizó al tras él.
-Desequilibrada a mi favor, sin duda. -continuó acercandose a su hermano. Angelus se giró, irritado, con un cuchillo en mano, pero Kahoru le impidió continuar.
-No podrá enfrentarse a él. Al final, sigue siendo una mujer, y esa será su perdición.
Ari puso la mano sobre el hombro de su hermano, para encararle hacia si. Dain la miró, pero sus ojos no enfocaban el rostro de su hermana. Su mirada seguía perdida, aunque su mano bajó rápida a la espada sierra, desenfundandola y soltando un mandoble contra ella. Bloqueando la espada con el Bastón Tempus, cerró los ojos y detuvo la hoja, congelándola en el tiempo. Sin siquiera inmutarse, Dain rompió la espada, dejando la sierra en el aire, levitando, continuando el ataque con los restos de la hoja. Ari los iba deteniendo, sin contraatacar.
-Dain, sé que estás ahí, y quiero que me escuches. No tienes que forzar la sonrisa por nadie. Sólo se tú mismo otra vez, si es eso lo que deseas.
Las lágrimas brotaron de los ojos del chico, en cambio el ataque no se detuvo, sino que triplicó sus embites. Ari saltó hacia atrás con una voltereta lateral, giró el bastón una vez, giró su cabeza y miró a Ligeia a los ojos.
-Libérale de lo que sea que le mantiene prisionero, o te lo haré pagar. -Ligeia avanzó, transformando su brazo biónico en una espada de dos filos.
-Haga lo que haga, Dain sólo obedece a sus propios instintos, como cuando antes acabó con la vida de tu novio.
-Él no ha muerto, pero de todas maneras, esto no te lo perdono. -el viento comenzó a arremolinarse en torno al Bastón Tempus, doblando la hierba y levantando una polvareda en torno a Ari. Los cuatro miembros de la organización tomaron posiciones, Angelus y Kahoru a los lados, Dain tras ella y Ligeia delante. Con una expresión totalmente calmada, Ari alzó la mirada al cielo, apuntó con el bastón hacia su objetivo principal, y desató todo su poder.
-¡¡Lux annihilare!!
July 05 Blue Heaven 2 - Sound Mirrors-¿Qué es la vida, sino el cese de la No existencia? Todos estamos atados a algo, por miedo o por culpa del miedo, y elevamos nuestras máximas al cielo con la esperanza de que sean escuchadas, rogando a un ente superior que nos ampare, nos salve de un mal que nosotros mismos creamos, sin ayuda de nadie, culpandonos mutuamente.
El viento les azotaba el rostro con delicadeza, pero contundente. Quitandose el pelo de la cara, continuó. De pronto parecía tener todo el protagonismo.
-De nada sirve el arrepentirse, no arregla las cosas. Usando las excusas como fuente de abstracción, consideramos que una palabra puede solucionarlo todo, aun dicha sin intención alguna. Sutilmente apartamos de nosotros todo lo que no nos gusta, acercandonos cada vez más y más a la autosatisfacción que a la gratitud. Se me hace extraño pensar...
La criatura sacudió el lomo, estaba liberándose del control mental. El niño se abrazó al cuello de la bestia, calmandola y devolviendo la estabilidad al viaje. Con un asentimiento, le pidió que continuase.
-...pensar... pensar... He perdido el hilo, lo siento.
Un abucheo general provocó una carcajada en Natx. Les había tenido encandilados con la charla, tanto que Samiel había perdido el control del dragón que durante la batalla había logrado atar a su cristal. El niño estaba resultando muy útil, era algo irrefutable. Mirando a su alrededor, se cató de que se habían iniciado otras variadas conversaciones. Cerró los ojos y se concentró en los hablantes...
-Eres muy débil todavía, niña. Fijate más en lo que haces, la próxima vez no me tendrás ahí para salvarte. No pretendas que te salve una y otra y otra vez. Yo no soy así.
-¿Crees que por ser el más mayor de los presentes eres mejor que el resto? No por vivir más lo conoces todo...
Y le cruzó la cara. Habían aparecido de repente, media hora antes, ensangrentados, y débiles, pues habían sido derrotados en combate por miembros de la Organización. Ellos no lo sabían, pero habían dado con la horma de su zapato. No era bueno tener tanta información, pensó. Cuanto menos supiesen, mejor para ambos.
-Esa una buena manera de terminar una conversación, ¿no te parece? Vuelve cuando dejes de inventarte las cosas.
Natx abrió un ojo, para ver como Alastor se deslizaba hasta una de las patas del dragón, quedando fuera del alcance de la mirada iracunda de Calhiel, quien girándose le dedicó una de esas miradas que matan. Agachó la cabeza, resignado. De fondo se escuchaba la respiración entrecortada de Samiel, que dormía, abrazado al cuello de su última presa. Una figura se le apoyó en la espalda, se notaba caliente. Un escalofrio recorrió su espalda, sólo podía ser Mita. Sin moverse apenas, comenzó a sacar brillo a su espada bastarda, esperando alguna reacción por parte de la implicada. La presión sobre su espalda aumentó, y al girarse para ver qué estaba sucediendo, descubrió que se había quedado dormida sobre su hombro.
-Seguir a Preio, combatir monstruos, dirigirnos a todos... y conservar una parte humana. Desde luego, se nota que eres una mujer... te admiro, yo no podría. -dijo, mientras acariciaba su frente, dejandola caer sobre su regazo, girandose despacio, mientras se dirigían a su destino: no les alcanzarían en Lingague, era demasiado tarde, pero podía tenderles una emboscada en el laboratorio Crawler...
-Espejos sonoros-
Una presión en el pecho la hizo despertar. Preparada para estas situaciones, abrió levemente sus ojos, por si acaso, lista para saltar sobre quien estuviera sobre ella. Sorprendida por la visión, los abrió del todo: una niña, de pelo negro rizado, le estaba aplicando primeros auxilios, en una habitación blanca, cerrada. Olía a quemado por todas partes, y no sentía su brazo izquierdo. Al mirarselo, lo encontró vendado al completo, entablillado con una vara metálica, y consecuentemente, roto. La puerta de la habitación se abrió, dejando paso a Troin, que entró a la carrera. Mirando hacia todas partes, la encontró allí, tendida en la cama, y se lanzó a abrazarla. Los músculos de su cara se destensaron, y de un rictus de terror pasaron a lágrimas de alegría.
-¡¡No estás muerta, no estás muerta!! -su alegría hizo que Sophie pensara las cosas friamente: era EVIDENTE que no estaba muerta, si no, no gritaría con tanta alegría. Aun así, se sintió aliviada, siempre era bueno que se preocupasen por ti. Sin embargo, las dudas aún la recorrían, pues seguía sin saber quién era la niña, y ahora que la puerta se había abierto, también quería saber quién era el rubio que miraba desde el marco su divertida escena de reencuentro. El chico miró hacia fuera, y apartandose dejó paso a Paula, quien entró con una sonrisa de oreja a oreja: ella también se alegraba de verla. Cogiendo a la niña por los hombros, se dirigió a Sophie.
-¿Te encuentras bien? Llevas durmiendo varias horas... -la miró, tampoco parecía tener buen aspecto. Había estado inoperativa mucho rato, cuando las criaturas comenzaron su ataque. Al parecer no tenía ningún tipo de desperfecto, lo que la situaba por encima del resto de los androides existentes.
-¿Y tú? ¿Te encuentras bien? -aun así, no pudo evitar preocuparse por ella.
-Sin duda. Tras mi reactivación, me hice un chequeo rápido, y descubrí que no tenía desperfecto alguno. Y ahora, me gustaría presentarte a una personita que es muy importante (o lo era) para mí. Belea, saluda a Sophie.
La niña de rizos negros resultó ser Belea, una versión mejorada de Paula, de apariencia más joven, como de 13 años. Era de una forma un tanto abstracta, su hermana pequeña.
-....- sin embargo, era menos habladora con extraños que su hermana mayor. El joven se acercó, puso su mano en la cabeza de Belea, haciendo sonreir a la niña. Con una media reverencia, se presentó como Machause, el guardián.
-Dejadme explicaros la situación en la que nos encontramos, no tardaré mucho en ello. Las criaturas que hemos eliminado antes, y que ahora lidian una guerra contra la especie humana, vienen de una de las dimensiones paralelas a esta que el Baston Tempus es capaz de abrir.
-¿El Bastón Tempus? -preguntó Troin, intrigado.
-Sí. No tenemos duda alguna: esta situación solo puede haberse dado por culpa del mal uso del Tempus. Ese es el poder de las Logias perdidas. -el nombramiento de las mismas sobresaltó a los tres amigos- ¿Habéis oido hablar de ellas?
Sus miradas se cruzaron. No confiaban del todo en este chico, pero no veían motivo alguno para no contarselo. Le hablaron de los otros grupos, del combate con los Slayers, y de la desaparición de Alsan. Machause estuvo muy atento a ésta parte, tomando nota mentalmente de todo lo que iban diciendo. Cuando le contaron que iban en busca de una de las Logias, éste tuvo que reprimir una carcajada: al final, todos buscaban lo mismo.
-Entonces, permitidnos a Belea y a mi unirnos a vosotros en vuestro viaje. Si buscamos lo mismo, seguro que será mas sencillo si lo hacemos todos juntos que no por separado. Cruzar la brecha hacia el oeste no será algo fácil, pero creo que podremos ayudarnos los unos a los otros.
Volviendo a cruzar sus miradas, un gesto de negación se generó en la cara de Troin. Sin embargo, Paula estaba muy emocionada por llevar a su hermana con ellos, asique el voto de Sophie fue positivo. Decididos, menos Troin todos salieron a hacer los preparativos, dejando a los dos jovenes solos, que se miraron sonrientes, pero al tiempo, preocupados.
-Yo no me fio, pero te ha salvado la vida. Y la chiquilla te ha aplicado primeros auxilios, asique también le daré una oportunidad. Me ha caido bastante bien... Ahora descansa, en un par de horas partiremos hacia Torde, y de ahí, a lo desconocido. Me gustaría llegar en el menor tiempo posible, asique alquilaré un aerodeslizador de los grandes para exprimirlo al máximo.
Dicho esto se levantó y salió de la habitación, no sin arropar a Sophie, pues se había quedado dormida mientras él le hablaba.
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Horas más tarde, llegaron a Torde. La actividad en la ciudad era la misma desde la última vez que habían visitado la ciudad. Las tres chicas estaban emocionadas pero tristes, se habían pasardo el viaje entero esperando llegar, y ahora solo podían disfrutar de la ciudad mirando a través del cristal los escaparates, suspirando. El anhelado borde de la tierra no había cambiado, e hizo aparición pocos minutos más tarde. Brumoso como de costumbre, se les presentaba amenazante. Preparando el aerodeslizador para un viaje largo sin tocar suelo, Troin y Machause se pasaron quince minutos examinando los sistemas de la nave, ambos tenían experiencia en este campo. No había sido del todo inútil el ser reparador de drones, pensó Troin.
Una vez listos, encendieron los motores traseros, luego los inferiores, y por último se propulsaron a toda potencia hacia la marea de niebla gris. Una serie de formas se divisaron entre las nubes, pero nada se acercó a ellos. Con un sonido entrecortado, se adentraron en la niebla.
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Habían pasado dos horas, y en el horizonte era una pared blanca. El escáner térmico no revelaba ninguna criatura, aunque de vez en cuando un pequeño punto rojo aparecía en el radar, tras ellos. Al no poder salir a comprobar qué era, prepararon las torretas traseras, y esperaron. se escuchaban crujidos por todas partes, la densidad de la niebla había aumentado, y la presión estaba pasando factura al vehículo. Sin saber si elevarse o descender, Troin no podía dirigirles hacia zonas de inferior presión, por lo que aceleró a conciencia. Un fuerte golpe sacudió la nave, habían chocado con algo de frente. Con cara de resignación, se acercaron al cristal delantero para ver qué era lo que había colisionado con ellos, y descubrieron un islote de roca flotante que se perdía de vista hacia arriba. Retrocedieron y se elevaron, siguiendo la pared. De pronto, el cielo surgió ante ellos, revelando la superficie de la roca.
Una explanada con árboles se erguía ante ellos, y unos cuantos molinos, receptores de energía eólica, surgían como árboles excesivamente grandes de entre el follaje. Un edificio coronaba la escena, rodeado de una valla con dos torretas a los lados de la única puerta.
Descendieron a descubrir qué era el lugar.
Bajaron del deslizador en formación de a dos, Troin en cabeza. No se escuchaba ningún sonido animal, sólo el correr del viento entre las hojas de los árboles, los cuales tenían frutos morados colgando de sus ramas. La valla quedaba lejos, a unos 15 minutos a pie, por lo que empezaron a recorrer el camino.
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El moho avanzaba sin piedad por el metal, cubriendo la valla casi en su totalidad. Al empujar la puerta, los goznes chirriaron, del tiempo que llevaba sin usarse esa entrada. Una rápida mirada al interior les descubrió un camino en losado, recubierto por las plantas, pues el paso del tiempo las había hecho cruzarse de un lado a otro. Cortandolas con la espada extensible, Machause tuvo que abrir paso al grupo, poco a poco, a través de la selva de rosas.
-Deberíamos descansar -dijo-. No tenemos ninguna prisa por er lo que nos aguarda en el edificio, y así recuperaríamos fuerzas.
-No. Avancemos ahora que es de día y entremos cuanto antes a este sitio, me pone los pelos de punta y quiero irme lo más pronto posible -respondió Sophie. Todos la miraron extrañados, no era habitual que sentenciara las cosas con tamaña facilidad. Visto que no había demasiado por lo que preocuparse, pues no había rastro de que nadie viviese allí, corrieron hasta el edificio una vez atravesada la marea de
plantas.
De espaldas contra la puerta, Paula y Belea se acercaron a la cerradura, y tras un breve exámen la abrieron sin demasiada complicación. El interior olía a cerrado, y no había ninguna luz para orientarse, aquello era negro como la boca del lobo. Al encender las linternas, unos cuantos murciélagos se alejaron volando por un pasillo interior. El interior parecía sacado de una película muy antigua: todo estaba decorado según los criterios de varios siglos atrás, los muebles tenían ribetes dorados, había ostentosas alfombras cubriendo el suelo y enormes cuadros decoraban las paredes. Lo único que lo diferenciaba de una vivienda a la antigua era el hecho de que todo, sin excepción, estaba destroazado. Entraron a investigar, cada uno por su cuenta, y ningún rincón de la sala quedó sin haber sido toqueteado. Entraoron a la siguiente habitación, en la que una estatua de un hombre se alzaba en el centro de la sala, sin nada alrededor, todas las paredes limpias.
La examinaron de arriba a abajo, y tras una oreja encontraron un botón, que al pulsarlo abrió unas escaleras que conducían al subterráneo.
Antes de bajar se separaron para explorar el resto de la casa, con la esperanza de encontrar alguna cosa que les revelara quién había estado viviendo allí. Troin y Machause fueron hacia el ala oeste, Sophie al ala este, y las dos hermanas esperaron pacientemente en la boca de las escaleras.
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En el ala este se hallaba el despacho, una ostentosa habitación con un escritorio de madera en el centro, todo recubierto por el polvo. Sophie se acercó a él, y sopló para remover el polvo sobre unos papeles. Una nube de polvo densa se levantó cuando hizo esto, y se puso a toser. Cuando terminó, cogió el fardo de papeles del escritorio, en los que se leía una frase: Proyecto Geo 44534 - Madre.
Estuvo hojeando un rato los folios, que contenían apuntes sobre un experimento realizado en el lugar, hechos hace mucho tiempo, a unas niñas de 8 años, del que sólo una había sobrevivido. Una foto le reveló lo que temía: aquí era donde habían hecho los experimentos con Paula. De pronto, una gota de algo corrosivo cayó del techo, e instintivamente se lanzó a un lado, rodó y disparó una flecha sobre el lugar donde había estado segundos antes. La criatura emitió un gorjeo al atravesar el proyectil su cabeza, cayendo al suelo interte. Un zumbido proveniente del pasillo la alertó de que debía cargar otra flecha apuntando hacia la puerta, la cual se abrió de un golpe, dejando entrar una marea de arañas del tamaño de un puño por ella. Sophie se colgó el arco, se elevó del suelo de un salto e intentó salir volando por la ventana más cercana, clavandose los cristales al hacerlo. Tras los mismos había unos barrotes contra los que chocó, y no pudo seguir avanzando. La masa de arañas se acercaba a toda velocidad, y ella comenzó a disparar, algo inefectivo, pues flechas normales no conseguirían detener a miles de minúsculas criaturas. Aterrada, se elevó hasta el techo, comprobando que las arañas también eran capaces de trepar, y la seguían pared arriba. Disparó entonces contra la puerta, atravesandola por varios sitios, abriendo agujeros en la madera.
Cuando hubo hecho diez disparos, se lanzó de cabeza contra la misma, y la atravesó con un grito de dolor. Corrió pasillo abajo en dirección al resto, se había dislocado el hombro, pero había conseguido escapar.
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En el ala oeste aguardaba la biblioteca, una gran habitación en la que el polvo también había hecho estragos. Ningún libro se salvaba de tener un dedo de suciedad encima, y las páginas de los mismos estaban amarillentas. En una de las estanterías sólo había un libro, lo que les llamó la atención. Al acercarse comprobaron como el resto de los mismos estaban tirados en el suelo, delante. La cubierta del libro estaba ennegrecida, y en su interior las páginas también, pero se podían apreciar símbolos arcanos muy, muy antiguos.
-Esos símbolos... si supierais leerlos descubriríais dónde se halla una de las logias perdidas... -elevaron la vista para encontrarse de frente con Natx, quien ya tenía la espada bastarda en las manos, y les miraba subido a una de las estanterías, esperando.
No se hicieron esperar. Troin se lanzó de cabeza contra él, conjurando el poder del agua en sus manos... pero nada sucedió. Perplejo, bajó la guardia al mirar las sus manos, momento que Natx aprovechó para saltar sobre él con la espada alzada. El tajo letal fue detenido por Machause, quien en un alarde de velocidad se interpuso con su espada entre la Troin y la muerte. Natx se alejó para lanzar una salva de rayos de luz, que fueron esquivados usando las estanterías de parapeto. Los libros comenzaron a arder, y un denso humo negro se elevó en la habitación. Concentrandose, Troin lanzó una ráfaga de agua sobre Natx, quien con un gesto desvió usando un escudo de energía. Machause lanzó la hoja de su espada contra el Slayer, que se apartó de un salto dejando que la espada alcanzase la estantería de detrás, cortandola en dos provocando un gran estruendo. De entre el humo surgió Natx, corriendo de cabeza contra ellos. Usando la energía del agua... Troin volvió a fallar.
-¿Qué es ésto? ¿Qué sucede? -dijo desenfundando la porra de energía, bloqueando un tajo vertical de la espada bastarda. Machause lanzó de nuevo la espada, y ambos se tiraron al suelo, para evitar ser despedazados por ella- ¿¿Y tú de que lado estás??
-¡Perdón! ¡Cuando cuente hasta tres, dispara una ráfaga contra él! -gritó, corriendo hacia Natx girando su espada sobre la cabeza. Ésta se separó, y como una serpiente se lanzó sobre su presa.- ¡¡UNO, DOS!!... -Natx saltó y con una explosión de luz, se ocultó tras una estantería.
Una lluvia luminosa comenzó a caer sobre ellos, que se alejaron el uno del otro, corriendo, para evitar daños masivos. Una mano apareció entre los libros cerca de Troin, y con una descarga le lanzó volando, tumbando una estantería en el proceso. Machause lanzó su espada hacia el lugar que había ocupado momentos antes, provocando un grito de dolor en el agresor. Natx salió de detrás de la estantería, seguido por cinco más.
-¿Qué siginfica esto? -dijo Machause, lanzando de nuevo su espada, atravesando a uno y clavandola contra la pared. El Natx atravesado avanzó sin problema alguno a través de la espada, levantando la espada al unísono con los otros cuatro.
-¡¡Es la refracción de la luz!! ¡No es la primera vez que lo hace! -Troin se concentró de nuevo, lanzando esta vez chorros de ácido en vez de agua. Lo había logrado de nuevo, el cristal respondía a sus sentimientos, y ahora sólo había en el ira, así pues, el agua se había vuelto ácida. Los cinco Natx desaparecieron en el aire, y Machause se agachó para esquivar el tajo transversal de la espada, que apareció cortando la estantería de su lado derecho. Arrancando la espada de la pared, se apartó dos saltos, levantó ambas manos y gritó: ¡¡TRES!!
Una esfera rodeó a Natx, mientras Troin le lanzaba otra descarga ácida, quien intentó levantar el vuelo para esquivarla pero algo se lo impedía. Los chorros de ácido cayeron sobre él, quemándole el rostro, obligandole a soltar la espada y llevarse las manos a la cara. Este fue el momento clave, la espada extensible de Machause cruzó volando la habitación, atravesando el pecho del chico. Con una sacudida, la espada salió por el hombro de Natx, quien cayó al suelo, sin vida.
Una llama brotó del cuerpo de Natx, y le hizo arder hasta desaparecer por completo.
-Un enemigo menos -dijo Machause, mientras se arreglaba el pelo.
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Cansadas de esperar, Paula y Belea comenzaron el descenso por las escaleras. Todo estaba a oscuras, y no se escuchaba más sonido que el de su respiración. Las escaleras terminaban en una puerta, en la que se podía leer "Proyecto Geo 44534". Forzaron la entrada, y la puerta cedió. Usando su visión nocturna, miraron por toda la sala, descubriendo en el centro algo recubierto por una sábana. Puesto que en la habitación sólo había monitores rotos y cables sueltos, avanzaron rápidamente para destapar la misteriosa figura.
Lo que descubrieron bajo la sábana las dejó frías a las dos. Una cámara rellena de agua, con una placa de metal debajo, y una figura amoratada inerte, desconectada, dentro de la misma: el cuerpo original de Paula. |
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