Alsan_Wolf's profileThe Flagstones of the ne...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    July 30

    BH2 - Alones

    Creo que muchos llevaban esperando este momento mucho tiempo. Me ha costado sacar las ganas para volver a escribir, y espero no defraudaros con este capítulo triple. Recordad quienes somos, porque esta es nuestra historia, y sin vosotros no sería posible. Miraos ahora, que os teneis cerca, olvidad lo que no os gusta de los demás y daos un abrazo de mi parte. Que joder, somos amigos, formamos un grupo y desde hace 8 meses parece que nos hayamos olvidado de que no estamos SOLOS. Abucheos aparte, os dejo con el final de la segunda temporada. Y quiero comentarios, ¿vale? ¡Nos vemos el sabado noche!


    -Dicen que hemos cambiado, que nada es lo mismo cuando avanzamos en la historia, pero tanto tú como yo sabemos que esas cosas ...suceden.
    -Ya, pero no le pasa a todo el mundo - replicó Ari, sonriendole. El viento que entraba por la ventana le azotaba el rostro.
    -Si un día... nah, no merece la pena.
    -¡No, dilo! Quiero escuchar lo que tengas que decir. -el bolsillo le vibró, el busca pitaba, era el momento- Prometeme que luego me lo dirás.
    -Hecho. -ella entró al edificio, en dirección al hangar. Fran sonrió- ...luego, eh... -dijo, cuando estaba demasiado lejos para poder escucharle.

    -Sólos-

    En GeoCity llovía. Era más bien como si el cielo abriera unas grandes compuertas y ríos que lo cruzaban cayeran a raudales sobre la tierra, pero a fin de cuentas, llovía. Los vehiculos se desplazaban a toda velocidad a un palmo del suelo, en dirección a la ciudad, aun estando ésta fuertemente defendida. Todos sabían que era una misión suicida, que era imposible entrar, pero no se iba a echar atrás. El domingo había llegado, y con él, el ataque a la Torre de la Justicia.

    -¿Estamos todos? -dijo Troin, ajustandose la chaqueta. Todos lucían trajes nuevos, pues debían llevar lo más cómodo posible para poder combatir a placer, ya que tal cosa era inevitable. Por el fondo de la habitación se escuchó un tímido "estamos", dicho por uno de los de la limpieza que se había trasladado con ellos al piso franco. Ninguno sonreía, les faltaban efectivos, estaban demasiado débiles para plantar cara, pero aun así no se podían echar atras. En el hangar el aerodeslizador principal, los aerodeslizadores de transporte, las dos motos gravitatorias y el último modelo de traje de combate aguardaban. Elena les miró a todos, con un deje de tristeza. Su traje no era verde, como siempre, sino gris, reflejando preocupación. Ely se dió cuenta de ésto y la abrazó suavemente antes de sentarse junto a los demás. Elena hablo tras ello:

    -Espero que sepais bien a lo que vamos. Nos han vapuleado, nos han robado y nos han humillado a todos. Hemos luchado para conseguir las Logias, y ellos han llegado y se las han llevado sin rechistar. Es domingo. Es la hora. Iremos a la torre de la justicia, subiremos a lo más alto, y terminaremos con esto.

    Todos asintieron al unísono, cada uno se puso un casco cerrado con visor negro y partieron.

    Al rato, Elena miró por encima de su hombro, con cara de preocupación. No iba a ser un combate simple ni fácil, y probablemente alguno muriera en el proceso. No le gustaba recurrir al método que tendría que usar para protegerles, pero sacó un teléfono blanco e hizo una llamada.

    -¿Sí?
    -Lo siento, no quería hacer esta llamada.
    -Entiendo. Pero debe ser importante, mucho, para que la hayas hecho.
    -Sí. No quería llamarte, pero es importante. He visto en el fluir del tiempo que...
    -Lo sé, y comprenderás que no puedo dejar que eso suceda.
    -Va en contra de Sus designios.
    -Esto es amor verdadero. No puede enfadarse por ello.
    -Gracias. -al colgar, Elena rompió a llorar.

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    -Chico, esto de proteger la Torre de la justicia es un rollo. -dijo uno de los guardas, apostados en la puerta. Se había pasado horas de pie, en la misma dirección, y finalmente se había recostado contra la pared, cansado de no hacer nada.
    -Ya, nunca pasa nada emocionante. -respondió su compañero, mientras fumaba un cigarillo.

    Una explosión de luz es lo último que verían. Las alarmas comenzaron a pitar, y el personal de la Torre de la justicia se levantó a mirar por las ventanas. No todos los días había un ataque en pleno centro de Geocity, y era algo que no se podían perder.

    -¡Desde luego, es impresionante! -gritó una mujer, asomada a una ventana de los pisos bajos del edificio. Un gran grupo de personas armadas con rifles láser disparaban contra la barrera de energía del edificio, mientras 8 figuras, todas vestidas de negro con un casco en la cabeza y los brazos cruzados esperaban de pie. Una de ellas estaba apoyada en una moto grativatoria, y otra tenía una luz brillante en el centro del pecho. Varios aerodeslizadores con cañones láser disparaban sobre ellos, y todo estaba cubierto por una neblina. Un grito desvió la mirada de los espectadores. La barrera había caido y los asaltantes avanzaban con presteza disparando contra la fachada del edificio. La gente se había asomado a las ventanas y gritaba emocionada, pues muchos de ellos estaban más que hartos de la dictadura de GeaCorps, y esperaban que el ataque causara algún efecto en la compañía. Un suspiro ahogado recorrió a la multitud, cuando entre el humo de los disparos aparecieron dos hombres con los brazos en alto. El fuego cesó, y una de las figuras con casco avanzó un paso, y con la voz distorsionada por el auricular, habló en voz de todos:

    -¡Hemos venido a por lo que por derecho es nuestro, y no podréis evitar que nos lo llevemos!

    Ellos avanzaron sin dudar. Machause y Richard, los dos codo con codo, hicieron el gesto universal de cese de negociaciones. Izaron el dedo corazón con el puño cerrado y el dorso apuntando hacia el interlocutor.

    -¡Dad la orden de detener a Terduki! -gritaron a los guardas. Uno repitió el grito por la radio.
    -Está bien -respondió. El que se apoyaba en la moto se subió, y se lanzó cuesta abajo con ella. El resto de ellos corrieron detrás de el primero, cada uno transportando objetos grandes o pequeños entre las manos, envueltos con tela negra, para no poder diferenciarlos. Machause usó su espada extensible para subir de un salto al primer piso e introducirse por una de las ventanas, al tiempo que Richard golpeaba el suelo levantando una ola de tierra como golpe inicial. Ellos evitaron el golpe, algunos saltando, otros vadeando la ola de tierra. Todos salvo uno, que con un golpe seco en el suelo creó una grieta que hizo de cortafuegos y le evitó tener que moverse. Algunos atrevidos aplaudían desde las ventanas, otros, temerosos de ser reconocidos, silbaban desde detrás de sus cortinas, pero cada vez había más gente mirando el asalto. Richard sonreía mirando al que quedaba en pie frente a él, ignorando a los que corrían a su alrededor.

    -¡Muéstrame de que eres capaz, soldadito!
    -Te voy a enseñar de lo que somos capaces cuando se nos hace enfadar -dijo Troin, quitandose el casco- No contribuiré a la destrucción del planeta, asique debemos deteneros -levantando la mano, la grieta del suelo se iluminó con  un haz de luz azul, de la cual brotó agua cual manantial.
    -¿Destruir el planeta? ¿Qué tonterias son esas? Yo quiero poder, y si necesito trabajar con esta gente para obtenerlo, ¡así sea!

    Las palabras tuvieron un efecto mucho mayor del esperado, o algo silencioso había actuado al tiempo, pues todos los soldados de alrededor de Troin cayeron al suelo con los oidos sangrantes. Richard golpeó el aire con fuerza, y Troin sintió un pitido estridente que le hizo taparse los oidos con fuerza. Su rival salió disparado contra él, y agarrandole del cuello, le golpeó repetidas veces en el pecho, destruyendo el traje con sus golpes.

    -¡Nirgilis! -gritó, elevandose hacia el cielo de un salto, arrastrando a Troin con él. Girando en el aire sobre si mismo, cargo fuerza, y lanzó el cuerpo inerte de Troin contra el suelo, hundiendo el asfalto circundante. Con un par de golpes más, el suelo se quebró, y Richard, aun en el aire a mucha altura, se dispuso a caer con los pies por delante sobre su abatido rival. Éste no se movía, por lo que recibió el golpe de pleno en el pecho. El suelo vibró, se resquebrajó la carretera, y saltaron esquirlas de alquitrán del asfaltado. Richard sonrió, y se bajó del cuerpo de Troin, que no se movía. La gente que miraba dejaba caer sus hombros con tristeza, pues de momento todo estaba yendo mal. Hasta los soldados retrocedían, viendo que uno de sus líderes había caido.

    -Pobres insensatos. No deberíais haber atacado si no teníais nada que hacer contra nosotros... -su frase se vió cortada cuando unos zarcillos de agua le rodearon la cabeza y comenzó a ahogarse. Girandose como pudo, vio que Troin estaba rodeado por un halo azul, y sin ninguna herida visible. La gente vitoreaba a gritos, y muchos soldados gritaban contentos también- ¿¿CÓMO?? -balbuceó desde dentro del agua.

    -Fácil. El agua disipa las ondas sonoras, y en cuando he visto que atacabas con ellas, he creado una capa de agua que cubría todo mi cuerpo para evitar el daño completo de los impactos. Después, he interpuesto el agua a tus golpes cuando estaba en el suelo, y he reblandecido el terreno para que al caer pareciera que habías aplastado mi cuerpo, y te confiaras. Ahora -una esfera de agua cubrió al completo el cuerpo de Richard, mientras este luchaba por salir- espero que esto haya sido una lección de humildad para ti. El poder no lo es todo siempre.

    Instantes después la última burbuja de aire salió de la boca de Richard, y éste se quedó inmovil con la cabeza caída y los ojos en blanco.

    -Os dejo el resto a vosotros, chicos. -dijo Troin, girandose para combatir a los Geos, que venían en manadas calle arriba. El cielo descargó de nuevo su llanto, la batalla debía continuar.

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    En el interior del edificio, los guardas corrían hacia las puertas y ventanas, para hacer su trabajo, cuando la puerta principal saltó por los aires y un motorista entró por ella. Esquivando las balas, subió escaleras arriba, derribando a cualquiera que se interpusiera en su camino. Abajo, los guardas desprevenidos se veían asaltados por una lluvia de disparos y de golpes del resto de asaltantes, hasta que consiguieron protegerse bajo mesas y entre los escombros y comenzaron a disparar a modo de contraataque. Los 6 asaltantes se dividieron en dos grupos de 3 y salieron por puertas opuestas, recorriendo el edificio por lugares distintos. Uno de los grupos llegó a una habitación con unas escaleras, y muchos extractores de aire y grandes ventiladores en las paredes. Corrieron hacia las escaleras, contentos de no tener que combatir en esta habitación. Repentinamente, uno de los tres empujó a los otros por la espalda y los hizo caer, agachandose en el proceso. Segundos más tarde, un láser rojo recorría los lugares donde habían estado sus cabezas.

    -Asique es cierto, puedes preveer el futuro con segundos de antelación, ¿no, Alejandrito? -Kahoru portaba en sus manos una versión en miniatura del Martillo del alba. Haciendo gestos, Alejandro hizo que sus compañeros subieran corriendo las escaleras, tras lo cual éstas se cerraron con un estruendo, y toda la habitacíon se levantó en el aire, pues los  6 ventiladores que había generaban corrientes de aire de manera aleatoria que levantaban del suelo las cosas desafiando la gravedad.

    El aire desprendió del suelo a Alejandro, haciendole girar y quedarse en el aire, a merced de los ataques del joven con gafas de sol. Con el martillo del alba a mínima potencia, disparó sobre el cuerpo giratorio al azar, arrancando un grito de Alejandro al alcanzarle en una pierna. Sus miradas se cruzaron, y mientras uno maldecía en voz alta mirando en todas direcciones, el otro aumentaba la potencia de su arma.

    -Parece que no puedes usar tu habilidad para evitar mis ataques desde el aire, ¿eh, Alejandrito? -volvió a disparar, pero esta vez el disparo rebotó en una de las pistolas, que al ser usada a modo de escudo quedó reducida a un amasijo de metal fundido. Mostrando una destreza elevada, Alejandro cogió el cristal que hacía de cubre de una de las mesas de la habitación que ahora flotaban en el aire, y con su pistola restante y él, aprovechando el siguiente disparo de Kahoru, fundió los dos para formar una tabla de surf de cristal, se agarró de un borde, y giró por los aires, controlado ahora el movimiento calculando el encendido y apagado de los ventiladores. Kahoru, divertido, cambió de estrategia, y con un movimiento circular lanzó una ráfaga de aire esférica de color verde. Descontrolado por el uso de sus poderes en un medio no estable como es el suelo, Alejandro salió despedido contra un ventilador, y sólo el encendido de la pistola y un giro de tabla le salvaron de una muerte segura. Con el láser como propulsor, esquivó un par de ataques más, pero así no podría ganar este combate. Evaluando la situación, se lanzó de cabeza contra él. Kahoru sonrió, era un ataque a la desesperada, una carga suicida sin posibilidad de éxito. Disparó el martillo del alba, y todo acabó muy deprisa.

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    En el piso de arriba, el motorista misterioso seguía esquivando los disparos, tumbando con la moto gravitatoria a cualquiera que se encontrara, fueran civiles o guardas. Al girar la esquina de un pasillo, Andy esperaba frente a las escaleras con los ojos cerrados y los puños apretados, tanto, que los nudillos estaban blancos. Con un caballito y haciendo bramar al motor se lanzó contra ella. Ésta se movió velozmente y la moto y su piloto salieron disparados por la ventana.

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    Aún aturdidos por la separación, los tres que habían ido por el otro camino corrían por los pasillos, esquivando a gente que les miraba pasar escondidos en sus habitáculos de oficina, muchos agachados bajo las mesas para evitar disparos perdidos. Las luces de la habitación se apagaron, la gente gritó asustada, y repentinamente una extraña melodía se abrió paso cada vez con más potencia encaminandose en su dirección. Un sólo foco de luz se encendió, dejando ver a un bailongo Angelus, que con unos cascos de gran tamaño bailaba al son de la música. Las mesas cayeron, y la gente empezó a gritar como una loca de miedo, pero sus cuerpos reaccionaban a la música, y seguían los pasos del danzarín en su loco baile. Algunas otras luces se encendieron, y la gente empezó a golpearse sin querer, pues todos seguían el mismo ritmo y los mismos pasos, pero en lugares diferentes con posturas distintas. La sangre comenzó a correr, mientras Angelus reía. Los brazos de uno de los tres que observaban se balancearon al compás de la música, pero otro de los tres le agarró y le impidió moverse. El tercero se quitó el casco dejando caer su melena rubia sobre la espalda, descolgó la vara blanca de su espalda, la hizo girar en el aire dos veces y les pidió que continuaran sin ella. Ambos asintieron con la cabeza y corrieron hacia la puerta, pero Angelus cambió el baile y los locos bailarines les impidieron pasar sin dañarlos. Ely lanzó un ataque sobre la rodilla izquierda, desequilibrando al líder del baile y haciendole caer. Éste no cortó su danza, pero el gesto había permitido a los otros dos continuar.

    -¡Tu ritmo con la vara no es malo, chica!
    -Lo sé, aprendí del mejor.
    -¡Sobran las palabras, blanquita! ¡Es mejor bailar y cortarse, cortarse y bailar! -la música comenzaba a ser estridente, y hacía daño en los oidos. Reemprendiendo el baile, hizo que todos cogieran un objeto cercano al sacar él un cuchillo. La danza aumentó de velocidad, los objetos cortantes se acercaban cada vez más al cuerpo de Ely. Girando la vara concentrada al máximo, desarmó a todos los danzantes cercanos, y les dejó noqueados con un golpe suave en la sien. Otro baile comenzó, pero con una vara entre las manos. Angelus reía como poseído, al cruzar las danzas. Destellos blancos y plateados se veían allí donde el metal y la madera chocaban, aunque esta última estaba siendo mellada poco a poco. Al rato, el baile abandonó el plano del suelo, para continuar con una serie de saltos y giros aereos, combinados con fintas y lanzamiento de objetos por ambos contendientes.

    -Gira y grita ahora, mujer. -un cuchillo se clavó en la espalda de Ely, cuando uno de los danzarines la atacó contra su voluntad. Ella gimió, pero no detuvo su baile. Poco a poco iba derribando a los bailarines controlados, pero ellos eran muchos y ella sólo era una. Otro cuchillo se clavó en su cuerpo, esta vez en el abdomen. Con un gesto circular doblando la espalda hacia atrás consiguió tumbar a unos cuantos más. Al alzar su torso, Angelus se había acercado lo suficiente como para golpearla directamente. Con movimientos erráticos fue cruzandole la cara, dejandola llena de moraduras, mientras ella seguía atacando con su vara a los demás danzarines, ignorando al enemigo principal.

    -¡Mujer, no sabes bailar! ¡Grita y gira, gira y grita! -una zancadilla hizo caer a Ely al suelo, golpeandose bien fuerte, porque se le nublaba la vista del dolor. Desde el suelo pudo alcanzar las piernas de Angelus, y lo hizo caer a él al suelo, derribando a los bailarines que quedaban con el gesto. Usando la espalda y la vara a modo de pértiga, partiendola en el proceso, se puso de pie y agarró la chaqueta de su enemigo levantandolo hasta la altura de su cara. Le dió un soberano cabezazo en la frente, y éste dejó de bailar. Los pocos hipnotizados que quedaban cayeron, y él puso ambas manos en el cuello de Ely, ahogandola. Ella se quedaba sin aire, pero había conseguido lo que se proponía, pues sólo ellos estaban en pie en ese momento. Desbloqueó el tiempo, para que el cañón láser del deslizardor de fuera del edificio barriera la sala sala de un disparo. La presión sobre su cuello terminó, al tiempo que el chamuscado torso de Angelus, ahora sin cabeza, caía al suelo sobre ella. Pero eso ella no lo veía, sus ojos estaban cerrados, y bajo ella, la sangre manchaba el suelo allí donde los cuchillos continuaban clavados.

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    Una mano agarró al motorista en el aire, estirando hacia arriba. La moto y su conductor entraron por la ventana del piso superior al que estaban, seguidas de Sophie, que había salido disparada al ver la moto volar a través de la ventana del primero. Andy atravesó el suelo de un salto, plantandoles cara. Sophie disparó varias veces con el arco, pero la joven detuvo todas las flechas con la misma mano, acumulandolas.

    -¿Estás bien? -dijo Sophie al motorista, que volvía a montar en su vehículo.
    -¿Y tú? ¿Donde están Alejandro y Selene?
    -¡Alejandro se ha quedado atrás, y Selene espero que venga pronto, corría por el pasillo espada en mano acabando con todos hace un momento!

    Andy arqueó la ceja. Tres eran pocos para enfrentarse con ella, pero era más divertido que sólo dos. Decidió esperar.

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    Al otro lado del edificio, los últimos dos corrían escaleras arriba. Llegaron a una puerta, y al abrirla descubrieron que daba al exterior del edificio. Una escalera de incendios subía hasta lo más alto, y no parecía haber nadie aquí. Paula se quitó el casco y disparó un gancho hacia lo más alto, 5 pisos por encima. Una vez hubo enganchado, enrolló el cable y salió despedida hacia arriba, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza al subir. Su compañero subió tres pisos más, y entró por una puerta. Allí, apretó un botón en la pared, y una voz femenina habló:

    -¿Cómo va todo?
    -¿Sabías que era yo?
    -Sí, seguía tu localizador con las cámaras.
    -Bien, me gusta. Todo va según lo planeado.
    -Entiendo, Fran, entiendo.
    -Ya no hace falta que me llames así más. Puedes volver a usar mi nombre real, ha terminado la misión.
    -Hasta que Terduki no muera no, Lionel, todavía no.
    -Dale tiempo a llegar hasta ti.
    -Corto y cambio.

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    Andy se había cansado de esperar. La otra no llegaba y se aburría de estar sentada, asique saltó al ataque, y en una fracción de segundo había golpeado varias veces y seguro había terminado la diversión. Al mirar sus puños vio sangre, algo que no la desagradó, hasta percatarse de que no era sangre de otro, sino suya la que fluia de los tajos en los nudillos. Divertida se giró, y allí estaba ella. Selene tenía las espada desenvainada, gesticulando con la otra mano una provocación, incitandola a combatir. Sin pensarlo dos veces, Andy rompió el suelo de la fuerza de su arranque y cargó. Los golpes secos y las patadas siseaban en el aire, al compás de la katana que tintineaba detrás. Mientras, Sophie y el motorista abandonaban la habitación por el ascensor, pulsando el último piso, y con la moto como escudo antidisparos, subieron.

    Abajo, en el piso que habían abandonado, el combate se decidía a favor de Andy. Selene estaba recibiendo demasiados impactos, aunque cada vez parecía ir más y más deprisa. Andy se extrañó, pues un humano no era capaz de seguirla a tal velocidad y menos cuando atacaba con las dos manos. Detuvo su ataque, y su sorpresa fue máxima:

    -¿Hay DOS? -Selene y Selene la miraban fijamente, con sendas katanas apuntando en su dirección.
    -Sí. No me gusta mostrar mis nuevas habilidades frente a mis compañeros, por eso el otro día conseguiste tocarme. Hoy será diferente -ambas Selenes corrieron hacia Andy a la vez, lanzando tajos a mansalva contra ella. Defendiendose rápidamente, fue mellando las espadas con sus pequeñas manos, descubriendo bajo la piel el metal que la hacía ser tan poderosa, cubriendo los cientos de circuitos de su cuerpo robótico. Un tajo en la cara la hizo volver la atención al combate, pues se estaba poniendo interesante. Cada vez parecía haber más y más filos que esquivar, y eso no era algo normal, pero... ¿qué lo era? Sonriendo duplicó su velocidad. Al tiempo, las espadas aumentaron el rango de ataques, y extrañada, saltó y observó con cautela, analizando como continuar el combate. Sus ojos se abrieron al máximo, su boca se desencajó y se le hizo un nudo en el estómago: esta vez había 6 Selene, y todas tenían la misma postura, la espada envainada y la mano sobre ella, con los ojos cerrados y las piernas flexionadas. Mientras caía se percató de su error, no debería haberse elevado, pues la altura la ponía en desventaja siendo superada en número. Intentó evitar la caída fatal girando sobre sí misma, pero sus 6 asesinas se movieron con rapidez y precisión metódica, y con una serie de saltos apoyados contra las paredes, fueron tajando cada una en el mismo sitio de la chica, para acabar clavando todas las espadas desde distintas direcciones formando una flor de metal y sangre. Selene liberó su espada del cuerpo de Andy, mientras ésta caía al suelo, muerta, y sus copias se deshicieron en pétalos de cerezo. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro instantes antes de caer inconsciente al suelo, culpa del sobreesfuerzo.

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    Una habitación con dos entradas les aguardaba en el piso superior. El pitido del ascensor puso en guardia a Paula, refugiandose tras la puerta de la escalera de incendios. Una moto salió despedida del ascensor, y tras ella Sophie con el arco en las manos y el motorista con una pistola láser.

    -¡Paula! -gritaron al unísono- ¿sólo tú has llegado hasta aquí?
    -Sí. Me separé de Tusker en la escalera, y no he visto a ninguno de los otros -miró hacia la escalera que daba a la azotea del edificio, e hizo señas para subir. Unos cuantos peldaños después, vieron la última habitación del lugar. Era circular, pero tenía una terraza circundante, y la vista era espléndida pues todo eran grandes ventanales de cristal. Al fondo de la habitación, Ligeia aplaudía divertida, con el Folmalhaut a un lado y el Thor últimus al otro en sendos pedestales, mientras sostenía el Tempus entre sus manos. Sentados delante de los pedestales estaban Dain y Belea, inmóviles.
    -Me alegra que hayas llegado hasta aquí, Terduki. No creo que sepas el mareo que me ha producido el conseguir atraerte hasta aquí, un plan a largo plazo que por fin surte éxito. -el motorista avanzó un paso, y extendió una mano hacia el tempus- no, querida, no. No va a ser tan sencillo. Belea, Dain, encargaos de las moscas. ¡Ella es mia! -dijo, saltando a la carga.

    Belea cogió el Thor últimus, lo alzó y giró varias veces sobre su cabeza, y comenzó a caminar hacia Sophie. Dos disparos rápidos fueron desviados con facilidad por la cabeza del gran martillo, así como los dos siguientes. Sophie intentó alzar el vuelo para seguir disparando, pero el emolumento, la piedra de la que estaba hecho el Thor últimus se lo impedía. Con una voltereta esquivó el primer martillazo, rodando a un lado, otro, pero el tercero no pudo esquivarlo y tuvo que interponer su arco en la trayectoria de la maza. Una patada bien dada la desarmó, pero al ser más alta que Belea se deshizo de ella con rapidez y corrió hacia el arco. Casi al instante el martillo pasó volando al lado de su cabeza, se estrelló contra el arco y lo hizo trizas contra el suelo. Sophie gritó, intentó levantar el Thor ultimus pero pesaba demasiado para ella, asique desenfundó un machete y corrió contra Belea, que la esperaba sonriente. Esta saltó y agarró del cuello a Sophie, quien la apuñaló repetidas veces con el único resultado de partir el cuchillo contra el metal. Una vez desarmada, era tiempo que la presión de las manitas de la niña en su cuello la asfixiaran.

    En el otro lado de la habitación, Paula sufría contra los embites de Dain. Armado con el Folmalhaut, lo disparaba de distintas maneras, soltando ráfagas de fueg y disparos de metralla a intervalos regulares, evitando el cuerpo a cuerpo con la espada sierra. Paula había transformado su brazo izquierdo en un escudo, que se estaba derritiendo a causa del calor y los disparos, mientras ella disparaba su inferior munición contra el chico, que ignoraba los daños gracias a sus miembros de metal. Abriendo uno de sus hombros, un lanzamisiles apareció, y soltó una ráfaga de ellos sobre Dain, que saltó hacia atrás y se perdió en el fuego de la explosión. Aliviada por los segundos de descanso, se dispuso a recargar y a cambiar de armas, sacando de la mochila una ametralladora más potente, cuando el hielo la envolvió. El Folmalhaut había cambiado de postura, y ahora los ojos del dragón brillaban en azul. Dain encendió su espada sierra, acercandose lentamente a la chica congelada.

    Ligeia cayó sobre el motorista, con la punta del Tempus por delante. Detuvo el tiempo, impidiendole moverse, y lo derribó contra el suelo. Agarrandole de la chaqueta, apuntó con el bastón a su cabeza.

    -Es el fin, señorita -de pronto se percató de que el motorista se reía, y que su mano sujetaba un pecho plano... el de un hombre. Le arrancó el casco de un golpe, y la cara de un chico moreno apareció debajo, riendo. Ligeia le lanzó contra la puerta de la escalera, al tiempo que  un haz de luz iluminó la habitación, los cristales estallaron, y se escucharon unas palabras:

    -Eritis sicut Deus -el Tempus voló de las manos de Ligeia hasta las de Ari, que acababa de entrar por una de las ventanas del lugar- Sergio, gracias. Ya puedes irte a casa.
    -Claro Ari, para lo que me necesites sólo tienes que llamarme -dijo sonriendo, sujetandose un brazo con la otra mano, y salió corriendo con una pistola láser por la puerta.
    -Ahora es nuestro turno de pelear, mujer. -dijo Ari, sosteniendo su arma entre las manos.

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    El cristal sobresalía de su pecho. Alejandro tapaba su propio torso con las manos, intentando evitar que la sangre fluyera fuera de él. La cabeza de Kahoru estaba caida en el suelo, separada por el tajo que el cristal que usaba a modo de tabla de skate había producido al lanzarse contra él. Con lo que no había contado era con el disparo que había atravesado su estómago.

    -El martillo del alba es eficaz de verdad... -dijo, tosiendo sangre. Su visión se nublaba, y el dolor era cada vez más ténue, pero eso era malo... denotaba que estaba muriendo- Cuantas cosas me dejo por hacer  -se dijo.- Al menos...

    "Al menos, nada"

    -¿Qui..quién? No puede ser... -una mano cálida se posó sobre su herida, y una sensación de bienestar recorrió su cuerpo. La carne estaba creciendo allí donde un agujero había antes, y la sangre volvía a fluir por sus canales. Tuvo una ligera visión de una mujer mayor, vestida de blanco, con una sonrisa cariñosa en su rostro, que le daba un beso en la frente.

    "Cuando llegue el momento, mi niño, pero todavía no"

    Abrió los ojos y se incorporó. Un aroma a lavanda y azahar cubría el olor de la sangre seca, mientras se levantaba, una lágrima se deslizó por su rostro. El combate no había terminado todavía, y se le había dado una segunda oportunidad. No la dejaría escapar. Corrió hacia afuera, esperando que Troin siguiera vivo.

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    Sophie se ahogaba. No podía gritar, y mucho menos pedir ayuda. Estaba sola, completamente sola. Los brazos de metal de la pequeña Belea aprisionaban su traquea impidiendole respirar, y cada vez se veía menos la luz.

    "No he llegado hasta aquí para morir"

    Introdujo su mano en el bolsillo, y un calambre recorrió sus dedos. Sacó el objeto de su chaqueta, y se lo clavó en el centro del pecho. Una luz amarilla surgió del cristal, y una descarga voltáica sacudió a ambas chicas. Belea miró sorprendida a Sophie, cuando esta la agarró de la cara.

    -¿Sabes que le pasa a las niñas malas? -concentró todo su poder en la palma de la mano- ¡lo que a todo el mundo cuando lo atraviesa un rayo! -Belea estalló cuando un relámpago atravesó limpiamente su cabeza.

    Al otro lado de la habitación, Dain introdujo la espada sierra en el torso de Paula, congelada para siempre en el tiempo en el bloque de hielo. Unos cables surgieron del interior de su torso, atrapando y deteniendo la sierra mecánica. El hielo se resquebrajó, y los ojos de Paula se encendieron con furia. Una mano atrapó el cuello de Dain, y lo lanzó lejos, atravesando uno de los cristales, dejandolo inconsciente en el suelo de la terraza. Del tajo de la sierra salían chispas, cosa que obligó a Paula a desconectarse esa zona del cuerpo para poder sobrevivir. Ya se repararía después.

    Ari continuaba inmóvil con el tempus entre las manos, y ahora el único enemigo en pie era Ligeia, la mujer del pelo rojo. Esta toquiteaba su brazo mecánico, que convirtió en una espada. Ambas mujeres caminaron en círculos, sin dejar de mirarse a los ojos. De pronto, Ari saltó lanzando un golpe alto. Ligeia lo esquivó agachandose, mientras lanzaba un tajo vetical. El tempus se interpuso entre la espada y la carne, y el extremo inferior golpeó a Ligeia en el estómago. Una serie de golpes combinados de los lados opuestos atravesaron las defensas de la mujer, que gemia divertida, mientras iba retrocediendo.

    -Este es tu fin, Ligeia. Ya nunca más harás daño a nadie.
    -Yo no estaría tan segura, Terduki. Mira la pantalla holográfica -pulsó un botón de su brazo, y una pantalla de televisión apareció en medio de la nada. En ella, las noticias mostraban el exterior de la torre de la justicia, donde los supervivientes de los asaltantes intentaban resistir, pero cada vez eran menos,  y los restantes corrían en retirada hacia el interior de la torre. La última imágen que se vio fue Alejandro cargando con el cuerpo de Troin.
    -¡¿Era una trampa?!
    -Y has caido como una boba. Además, tengo una sorpresa para tí. Pasa, Lionel, pasa. -la puerta de las escaleras se abrió, y Fran entró, con Selene al hombro, todavía inconsciente.
    -Fran... ¿qué significa esto?
    -No me llames así. Mi verdadero nombre es Lionel -la miró con desprecio, lanzando el cuerpo de Selene al suelo- No pongas esa cara de sorpresa. Deberías haberlo visto venir, pero te enamoraste, y eso nubló tus sentidos. Eres débil, Terduki.
    -No puedo.. no quiero creerlo. Es imposible... ¡esto no puede estar pasando! -el tempus se apagó en sus manos. Ahora era poco más que un bastón de madera inerte. La puerta se volvió a abrir cuando Alejandro y Troin entraron por ella, agarrados el uno al otro, y se encontraron con que el cañón de la pistola de Fran, ahora Lionel, les apuntaba directamente.
    -¿Qué harás ahora, mujer? Has perdido. No te queda ningún amigo para salvarte, y tenemos el edificio rodeado. Ah, y si te mueves, más de uno no despertará para ver el sol salir mañana.
    -Yo... yo... -las lágrimas le nublaban la vista. Había sido victima de la peor de las traiciones, y no sabía como reaccionar- ...yo... *snif* ...creo en mis amigos...

    "¡Alsan, ven!" -gritó mentalmente

    El edificio tembló, los cristales vibraron, y de pronto un aerodeslizador apareció por un lateral de la habitación, abriendo fuego sobre Ligeia y Lionel. El suelo, los ventanales y los dos chicos fueron reducidos a masas informes cuando las balas comunes entraron atravesando el escudo de plasma del edificio. El portón lateral se abrió, una escalera de mano cayó desde dentro y una mano amiga se tendió hacia ellos.

    -Ahora es el momento. Esta es vuestra historia. Es el momento de elegir: Vivir sufriendo, o morir luchando. ¿Nos vamos? -Willo sonreía mientras Cel pilotaba con dificultad el vehículo. Todos subieron rápidamente, y se alejaron por el cielo de la tarde.

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    Unas pisadas cruzaron la habitación llena de cuerpos. Ely yacía en el suelo, muerta. Él la levantó, la abofeteó hasta que la sangre cayó por su blanco rostro, y la besó. Escupió al instante, presa del asco.

    -Espero que con esto hayas aprendido la lección y hayas recuperado la memoria... Helena. -la chica tosió, como demostrando que había vuelto de entre los muertos. Preio y ella desaparecieron entre una nube de humo.

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    Un gran desierto, sin agua, sin comida, sin ninguna dirección a seguir. Pero no había miedo, pues aunque estaban solos, se tenían el uno al otro. Alsan y Duare cruzaron sus dedos casi por instinto, y caminaron hacia el sol, seguidos de cerca por la loba blanca.

    Fin de la segunda temporada de Bh2