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    August 27

    Blue heaven 2 - Jealousy

    El verano ha venido cargado de novedades, viajes, y mucha fiesta y disfrute. También ha tenido cosas malas, pero a eso se le llama intercambio equivalente. Bh2 ha vuelvo a la carga, con lectores nuevos, la mejor parte de la historia y giros de la trama para dar y vender. Gracias por esperar y disfrutadlo, que es para vosotros (las quejas las enviais a mi buzón de sugerencias, que no, no es una incineradora de papeles).
     
    -Celos-
     
    Un cartel en el camino indicaba por fin la entrada de Tucker, la ciudad minera. Tras un viaje bastante tormentoso, habían llegado al fin. Con las heridas recientes del combate contra Alastor, y aún sorprendidos de la repentina aparición de unos extraños aliados, Alejandro, Ely y Selene bajaron del vehículo, en pleno centro de la ciudad. Pronto les alcanzaron Richard y Andy, quienes les habían decidido acompañar.
     
    -Este pueblo parece estar abandonado... -Selene recorrió con la mirada las calles, que sí, aparecían desiertas. Las puertas de las casas estaban cerradas, y los escombros ocupaban el lugar que deberían ocupar las personas, sobre las aceras, enfrente de las casas, en medio de la calzada.
    -No es posible. Este pueblo es uno de los más concurridos, pues siempre hay puestos de trabajo en las minas. Algo me huele muy mal. -Ely examinó concienzudamente el lugar- Además, parece devastado por el fuego, mirad.
     
    Los tejados y cobertizos estaban ennegrecidos. Una fina lluvia caía, fundiendose con el polvo y la ceniza, embarrando el suelo y las paredes de las casas. Algunas estaban agujereadas, como consecuencia de un tiroteo con armas de energía. Agachado, Richard examinaba algo frente a una de las casas. A gatas caminó rodeando la casa, hasta llegar a la esquina. Se levantó y les haciendo gestos para que se acercaran, en silencio.
     
    -Mirad, hay un rastro de pisadas en el barro que conducen allí -dijo, señalando una de las entradas de la mina- pero si las mirais de cerca, no las reconocereis como huellas humanas. -Ely y él cruzaron miradas de desconfianza, pero asintieron al unísono.
    -Sigamoslo pues. Ely, Selene, id detrás de mi. -Alejandro salió corriendo, agachado, hacia una vagoneta volcada cercana a la entrada. Una vez hubo llegado, se asomó por encima, e hizo gestos para que avanzara el resto. En dos carreras más llegaron a la entrada, que franquearon sin problemas. El aire del interior de la mina estaba viciado, las telas de arañas poblaban el techo, pero todas las luces estaban encendidas. No se oían pasos, pero si el sonido de las vagonetas flotando en algún lugar. El rastro de pisadas desaparecía a pocos metros de la entrada, y se separaba en dos direcciones diferentes.
    -Elegid dirección.
     
    Señalaron dos izquierda, tres derecha, y por unanimidad fueron por el lado derecho del camino. Los sonidos se hacían más intensos conforme se adentraban en la montaña, cuando un desnivel les obligó a detenerse. La elevación era demasiado alta para que pudiesen escalarla sin ayuda de cuerdas, y en caso de subirla de otro modo, la bajada si tenían que salir huyendo sería demasiado lenta.
     
    -Yo puedo subirla y bajarla a toda velocidad sin riesgo -dijo Selene, y lo demostró saltando de pared a pared, corriendo el último trecho en vertical y alcanzando la cima. Ely entornó los ojos y se propulsó en el aire. Selene abrió los ojos, sorprendida.- ¡No sabía que pudieras volar, Ely!
    -Yo tampoco creía poder lograrlo, pero mira, ha salido bien.
    -miró hacia abajo- Nosotras seguiremos por este camino, id vosotros por el otro. Nos veremos fuera en dos horas, y en caso de que no llegara un grupo, el otro irá a buscarlo.
    -Está bien, tened cuidado ahí arriba.
    -dieron la vuelta para ir por el lado contrario. Pronto dejaron de oirse las voces de las dos chicas. Andy adelantó a Alejandro, situandose en la cabeza de la expedición. Un poco preocupado, detuvo a la niña con una mano, señalando que él iba armado y ella no. Sonriendo, ella negó con la cabeza y siguió adelante.
    -No te preocupes por ella, sabe cuidarse sola -le dijo Richard.
     
    Al rato llegaron a una amplia sala, donde divisaron por fin a las bestias: eran mitad humanas mitad cabra, como los sátiros de los cuentos de hadas. A latigazos dirigían a personas vestidas con harapos que empujaban vagonetas rellenas de un mineral azul brillante. Los hombres bestia iban armados con espadas muy curvadas que les colgaban del cinto, a modo de defensa, llevaban un escudo rústico hecho de latón, colgando de la espalda. Algunos iban armados con más de una de estas raras armas, aunque la inmensa mayoría sólo llevase una.
     
    -Probablemente los que llevan dos sean los cabecillas de la manada.
    -Sí ,es muy posible. ¡Mirad! -
    ocultos tras las rocas, vieron una escena de lo más desagradable. Uno de los humanos caía al suelo, sin fuerzas, para ser arrastrado rápidamente por dos bestias hacia una tercera, que sin mediar palabra clavó su espada en el estómago del hombre, desparramando su interior por el suelo de la caverna, bajo los gritos angustiados de los demás trabajadores. Con dos potentes bramidos, el gentío calló. Algunos lloraban, otros, ya estaban resignados a morir de esa forma tan espantosa.
     
    -Tenemos que hacer algo. Eso ha sido demasiado cruel -dijo Richard.
    -Sí, pero, ¿qué? Lo menos hay treinta de esas criaturas, y nosotros sólo somos tres. -observó Alejandro- Nos ganan en proporción diez a uno.
    -Entonces cubreme mientras equilibro el problema. Andy, ya sabes que hacer.
     
    Ambos corrieron de frente contra el grupo más cercano de bestias, que entre guturales gruñidos se girabam desemvainando las espadas y atacando con sus látigos. Andy y Richard se separaron, corriendo cada uno por un lado. Mientras que a Richard le impactaban los ataques y no parecía importarle, Andy esquivaba con gracilidad todos los golpes lanzados contra ella, acercandose cada vez más al enemigo. Pronto los puñetazos de Richard empezaron a hundir pechos, dejando un rastro de criaturas muertas a su paso. Andy se limitaba a situarse en el centro, y mientras esquivaba ataques desviaba las manos para que las espadas encontraran objetivo, hundiendose en carne de otras bestias. Pronto la carnicería acabó, sin dar tiempo a que Alejandro disparara ni una sóla vez. Las gentes del lugar estallaron en vítores, y salieron corriendo hacia la salida dandoles las gracias según pasaban por su lado. Una mujer se paró al lado de Richard, le dijo algo y corrió en dirección opuesta al resto.
     
    -¡¡Vamos!! ¡Seguro quedan muchos más en el interior de la mina! -Richard corría tras la mujer, seguido de cerca por Andy.
    -Desde luego, son la pareja más extraña que nunca he conocido...
     
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    Mientras tanto, las chicas avanzaban por un estrecho túnel, en el que cada vez hacía más calor. Llegado cierto punto, el túnel continuaba, pero las luces estaban todas apagadas. Encendieron una linterna, y continuaron su avance. Pronto escucharon sus propias pisadas, pues estaban caminando sobre cristales rotos.
     
    -Estos deben ser los restos de los focos. Algo los ha destruido -acercó su mano a uno de los cristales. Estaba caliente- y no hace mucho de ello.
     
    Un pasillo más adelante unos ruidos extraños las alertaron. Selene desenvaino su katana, Ely descolgó su vara de la espalda, que era igual que la anterior, ya que su anterior arma había sido partida y astillada por el centro, como resultado del reciente combate contra Alastor. Pateó el suelo, y maldiciendo siguió adelante. El camino acababa en una sala amplia, de techo bajo. En ella, dos figuras oscuras rompían a pedradas uno de los focos. Entraron con máximo sigilo, desplegandose por ambos lados de la habitación. Las criaturas emitieron un chirrido estridente, y se giraron, mirando directamente a las dos, aun estando escondidas. Sus rostros eran negros como el hollín, y sus bocas se abrian y cerraban espasmodicamente. La piel cubría parte de la obertura bucal, dando el aspecto de que se hubiera desgarrado para abrirse. Cada una extendió los brazos, de los que surgieron afiladas zarpas, y saltaron sobre las posiciones de las dos chicas.
     
    Interponiendo la katana entre la criatura y ella, Selene bloqueó el ataque y rodó a un lado. Haciendo gala de su gran velocidad, lanzó dos tajos cruzados sobre el torso de la bestia. Ésta los detuvo sin demasiados problemas, y entre chillidos atacó de nuevo. Un breve pero intenso combate se produjo a raiz de esto. La criatura se movía a una velocidad endiablada, pero Selene era aún más rápida. Ely miraba todo esto desde encima de la criatura que la había atacado: había detenido el tiempo sobre la misma y le había hundido la cabeza de un bastonazo. Dispuesta a intervenir para rescatar a su compañera, se quedó paralizada de lo asombroso de su combate. De pronto, la criatura se partió en varios pedazos, y cayó al suelo, dejando un charco de sangre considerablemente grande. Ely se acercó aplaudiendo.
     
    -¡Ha sido sorprendente! Por un instante he pensado que había más de una espada surcando el aire al mismo tiempo.
    -Sin embargo, observa: llevo sólo una espada
    -dijo Selene, sonriente.
    -Cierto. Has aumentado tu velocidad una barbaridad...
    -Sigamos adelante -
    limpiando la sangre de la espada en la piel de la criatura abatida, Selene zanjó la conversación.
     
    Las luces de los pasillos posteriores estaban intactas. Al parecer, las criaturas no habían conseguido llegar hasta el final del túnel. El aire cada vez era más pesado, y el calor más sofocante. Al girar una esquina, otra estancia amplia se prensentó ante ellas. Esta vez, cuatro criaturas como las de antes observaban atentamente algo situado fuera de su alcance visual. La sala tanía varias salidas más, todas taponadas por piedras.
     
    -¿Crees que sean derrumbamientos naturales o los habrán provocado estas criaturas a voluntad?
    -Solo lo sabremos abriendonos paso a través de ellas y comprobandolo nosotras mismas.
    -Selene alzó la mano mientras se dirigía en carrera hacia las criaturas, que vueltas de espalda no la vieron venir. Una ráfaga de viento las lanzó contra la pared del fondo, al tiempo,
    Selene saltó sobre una de ellas y la empaló contra la pared, sacando la katana en un movimiento que le arrancó la cabeza al monstruo. Las otras comenzaron a sacar sus garras, cuando Ely se unió al combate. Congeló en el tiempo a las mismas, y de dos varazos y un corte de espada acabaron con ellas. Una vez aniquiladas las criaturas, las chicas comenzaron a retirar escombros de una de las salidas. Pronto vieron que el resto del túnel estaba igualmente bloqueado: se había derrumbado de manera natural. Probaron suerte en otros tres, y encontraron el mismo panorama en dos de los mismos. El último sí permitía el paso, al igual que un pequeño túnel que no habían visto al entrar, pues iba casi paralelo al túnel que habían usado ellas para llegar hasta ahí. Hicieron marcas en las paredes para no perderse, y se separaron.
     
    Una figura emergió del pasillo por el que habían venido, silenciosamente. Miró a ambos lados, y siguió los pasos de una de las dos chicas.
     
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    Una pila de cadáveres de hombres bestia estaba siendo amontonada en un lateral de la caverna. Richard y Andy habían limpiado la zona de criaturas, mientras Alejandro ayudaba a escapar a la gente en apuros, entre sollozos de alegría y gritos de agradecimiento. De pronto, a Alejandro le sobrevino una mala sensación, miró hacia la entrada más grande de la caverna, y al tiempo la más alejada y los vió entrar. Una horda de bestias entró en tropel por la puerta, arrasando con toda la gente de la sala, incluidos ellos tres. Andy era aplastada por una roca dejada caer desde el techo de la caverna, donde dos de las criaturas cortaban las cuerdas de una de las extractoras de mineral, y a Richard lo despedazaban entre seis de las criaturas.
     
    Ahogando un grito, miró hacia delante de nuevo. La situación volvía a ser como antes. Entonces se dió cuenta: quedaban segundos para que sucediera todo lo que había visto. Intuitivamente desenfundó las dos pistolas láser y disparó contra las criaturas que corrían por el nivel superior hacia la extractora, salvando con ello la vida de Andy. Abriendo fuego y gritando, comenzó a derribar hombres bestia antes de que aparecieran siquiera en la estancia. La gente comenzo a gritar, corriendo hacia la salida, mientras Andy y Richard se preparaban para el combate. La inmensa horda apareció, pero la situación ahora era diferente. Los hombres regresaron armados, y comenzaron a abatir bestias desde la distancia. Uno de ellos se acercó a Alejandro corriendo, con un rifle dorado entre las manos.
     
    -¡¡Ten, usa esto!! -y se lo tendió. El arma estaba tallada con forma de dragón dorado, la cola era la culata, las patas eran los gatillos, el cuello era el cañon y la boca del dragón, la boca del arma. Intrigado por el arma, Alejandro dejó de disparar, dando tiempo a varias criaturas a alcanzar su posición. Con reflejos felinos, dirigió la boca del dragón contra las criaturas y apretó un gatillo. Una llamarada surgió desde el interior, y calcinó a las tres en un cono de fuego. Sorprendido, apuntó a otras criaturas y usó otro de los gatillos. Ráfagas de energía de color blanco atravesaron la carne allí donde impactaron, causando estragos en las filas de las bestias, pues atravesavan criaturas con la facilidad con la que un cuchillo corta la mantequilla.
     
    -¿Qué demonios es esa cosa? -gritó Richard desde el fragor de la batalla.
    -¡No lo sé! -se giró hacia el hombre que la había dado, pero ya no estaba allí. Probó los otros dos gatillos, pero nada sucedió. Un grupo de rocas se desplomó sobre la entrada de la caverna por la que venían las bestias. Volvió a apretar el primero, disparando otra llamarada intensa, abrasando a un grupo de criaturas que se le acercaban por la izquierda. La batalla acabó pronto: esta vez contaban con un arma de destrucción masiva como era aquel rifle dragontino. Una vez terminado todo, los hombres de Tucker se acercaron y los levantaron entre vítores y aclamaciones.
     
    -¿Qué es este arma?, decidnos -pidió Alejandro amablemente. Uno de los pocos ancianos que quedaban entre el gentío se adelantó para contestar.
    -Lo encontramos hace tiempo en las profundidades de la mina, enterrado entre la Fryonita, el mineral que extraemos de estas montañas. Lo habíamos probado varias veces, pero nunca lo habíamos necesitado de verdad. Abandonado entre las armas de la armería, creímos conveniente traerlo para mantener a raya a los hombres bestia. Lo llamamos Folmalhaut.
     
    Se quedaron embobados mirando la belleza del Folmalhaut. El arma parecía tener vida propia, y brillaba sin que ninguna luz lo iluminase. Una repentina idea asaltó la mente de Alejandro y Richard al tiempo. Se miraron, asintieron con la cabeza y sonrieron. Ésa tenía que ser la Logia de las minas de Tucker. Habían cumplido con éxito la misión.
     
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    Selene se deslizaba por los pasadizos de la mina, pero hacía rato que había perdido de vista las vías de las vagonetas. Al girar una esquina encontró una pared llena de cristales que le cortaba el paso. Mirandolos de cerca parecían los mismos cristales que usaban ellos para obtener poderes sobrenaturales... pero al tiempo estaban vacíos de vida y de poder. Arrancó algunos para examinarlos más adelante, y dió media vuelta.
     
    Ely llegó a una amplia sala, con el techo muy alto. Unas máquinas extraían mineral de las paredes, separando lo que era roca con lo que valía de verdad. Embelesada, se acercó a contemplarlas más de cerca. Un panel de control dirigía la dirección en la que cavaban, y otro medía la intensidad. Apoyó sus manos sobre el panel, y se sentó frente a él. Con la vara entre sus manos, y de espaldas, concentró sus poderes en crear un escudo que congelara el tiempo a su espalda.
     
    Casi al instante, un misil de bazooka se detuvo en el aire a escasos centímetros de su cabeza. Se levantó, mirando hacia la entrada de la caverna.
     
    -Sabía que alguien me seguía, pero no pensaba que fueras tú.
    -Voy a vengarme de lo que me hicisteis la última vez, y le demostraré al estúpido de Alastor que soy mucho mas poderosa de lo que él cree. ¡No necesito su ayuda para venceros!
    -Calhiel disparó dos veces más. Ely se apartó rápidamente, pues aún con el escudo temporal, detonarían, lentamente, pero con la misma potencia. Otro misil salió en su dirección, e igualmente fue congelado en el tiempo.
    -¿No comprendes lo que vas a ocasionar, verdad? ¡¡Estamos dentro de una montaña!! ¡¡Cuando esos misiles detonen, se vendrá todo abajo!!
    -¡No me importa, estúpida! ¡Habré acabado contigo mucho antes de eso!
    -un último mísil surgió de la boca del bazooka. Este se quedó en el centro de la sala, entre todos los demás. Dejando caer el arma al suelo, Calhiel corrió hacia Ely, generando llamas a su alrededor. La vara giró en el aire, describiendo un arco hacia la cabeza de la peliroja. Un puñetazo alcanzó a Ely en pleno rostro, lanzandola al suelo rodando de espaldas. Al levantarse notó como su vara se deshacía entre las manos. La madera había prendido.
     
    -Nos pondremos serios, si eso es lo que quieres...-y tiró los restos de la vara.
     
    Elevandose del suelo, congeló a Calhiel en el sitio. Sin embargo, ésta se envolvió en llamas en el último momento, por lo que ahora era una esfera ardiente imposible de dañar. Maldiciendo por lo bajo, Ely buscó un arma por la habitación. A izquierda y derecha estaban las máquinas, pero era imposible arrancar un pedazo de éstas para atacar con él. De pronto una explosión le hizo perdeer momentaneamente la concentración: uno de los misiles habia estallado, con lo que aparecieron grietas en las paredes y rocas comenzaron a caer del techo. Calhiel se liberó en ese instante de la prisión temporal, y rodando a un lado lanzó chorros de llamas a diestro y siniestro. Incapaz de detenerlas, Ely levitó hacia el techo de la caverna, golpeandose en la cabeza por la velocidad y la falta de control.
     
    -¡¡Basta!! ¡Si sigues luchando así moriremos las dos!
    -¡¡No me digas lo que tengo que hacer!! ¡¡Ya no soy una niña!!
     
    Una gran esfera de llamas salió disparada hacia Ely. Dejandose caer, la evitó. La explosión hizo caer gran parte del techo, que golpeando contra los misiles, hizo estallar media habitación, a camara lenta. Fuego y esquirlas de roca salieron disparadas en todas direcciones, clavandose en el cuerpo de ambas chicas, que rodaban por el suelo víctimas de la onda expansiva. Levantandose a duras penas, Ely detuvo de nuevo los misiles que quedaban, que se habían desplazado hasta casi encontrarse todos frente a las maquinas. Calhiel se levantó al fondo de la habitación, ensangrentada, con dos esquirlas clavadas en un hombro y en una pierna.
     
    -Por favor, detente... no deseo matarte, no es mi manera de hacer las cosas... -pidió Ely a la desesperada.
    -¡¿Tu manera de hacer las cosas?! Si ni siquiera sabes qué tienes que ver en esto... ¡tú no sabes quién eres! -Ely la miró, desconcertada.
     
    Sus recuerdos no habían vuelto todavía, y no recordaba nada desde antes de conocer a Alsan. Pero ahora al parecer, su enemiga tenía información que ella desconocía.
     
    -¿Qué sabes tú de mi? ¡Habla!
    -Es odioso que no sepas nada y que combatas por salvar este decadente mundo... ¡y encima desde que te vió, ha estado intentando conseguir tu poder!

    -¿A quién te refieres? -gritó Ely, mientras Calhiel corría hacia ella con el brazo sano levantado y envuelto en llamas.
    -¡¡Te odio!! -lanzó otro puñetazo hacia la cara de Ely. Ella lo esquivó ágilmente y Calhiel cayó al suelo, rodando, llorando desconsolada. Cuando se levantó, las lágrimas todavía caían por su rostro. Se puso hacia atrás, en dirección a las máquinas... y a los misiles.
    -¡Detente! ¡Harás explotar los misiles que quedan, y si detonan los tres a la vez esto se vendrá abajo!
    -¡¡No me importa!! Te haré desaparecer, y entonces yo volveré a ser su favorita... ¡Sí!
    -dicho esto, puso la mano sobre la espoleta de uno de los misiles, produciendo su detonación. La explosión arrasó con todo: máquinas, piedra, y carne.
     
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    Desde fuera el temblor fue menor, pero toda la mina se vino abajo. El lateral derecho de la montaña se desprendió, derribando árboles y casas por el camino. La entrada de la mina se colapsó, y quedó sellada para siempre. La gente del lugar no se explicaba como había sucedido tal cosa, y asustados, comenzaron a recoger sus cosas: se iban al pueblo vecino a vivir.
     
    -¡¡Ely!! ¡¡Selene!! ¿¿Dónde estáis?? No podeis haber muerto... -la tristeza invadió el corazón de Alejandro. No había previsto que pudiera pasar algo así, y ahora sus amigas estaban sepultadas bajo toneladas de roca. Habían conseguido el Folmalhaut, sí, pero a un precio demasiado alto.
     
    -Alejandro, vámonos. Ellas han caído como culpa de la batalla. Eran guerreras, sabían a qué se exponían. Si no hubieran estado dispuestas a morir, no habían llegado tan lejos.
    -Richard, ¿cómo puedes decir eso? Si Andy se hubiera quedado allí dentro, ¿no habrías ido a buscarla?
    -No. Nos atenemos a las consecuencias del trabajo.
    -Pero es tu hija...
    -No, no lo es. Por encima de todo es mi compañera.
     
    Alejandro se alerjó de él corriendo, pensando que el hombre no tenía sentimientos. Sus compañeras estaban muertas, y no le importaba lo más mínimo. Llegó a la zona del derrumbe, y se sentó entristecido sobre una roca.
     
    -Os voy a echar de menos... -un ligero temblor sacudió la zona donde estaba sentado. Temeroso de un segundo desplome, se alejó todo lo que pudo de un salto. Las rocas salieron despedidas por los aires, haciendose trizas mientras volaban. Los árboles de alrededor se inclinaron en dirección contraria al viento que salía del lugar donde habían caido las rocas. Entre el polvo surgió una figura con la ropa destrozada y llena de cardenales: Selene portaba a Ely en brazos, envuelta en un tornado de energía verde. Sangrando por docenas de cortes, la chica cayó inconsciente al suelo, sobre su compañera, que yacía bajo ella con la ropa totalmente quemada y lágrimas en los ojos.