Alsan_Wolf's profileThe Flagstones of the ne...PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    September 21

    Blue Heaven 2 - Gale Shadows

    Viendo el horizonte desde el asiento del vehículo, Sophie esperaba, impaciente, el momento de entrar en acción. Hacía escasos minutos que habían enterrado el cuerpo de la Paula humana, muerte quién sabe cuanto tiempo atrás, y las lágrimas por su amiga aún rodaban por sus mejillas, encendiendola de rabia. La ceremonia había sido simple, puesto que no habían contado con suficientes recursos. Ver a la Paula robótica cavar la tumba para su modelo original, mientras su pequeña hermana, Belea, miraba sin decir ni una sola palabra, había acabado con la paciencia de la chica.

    Apretando sus puños juró en silencio que alguien iba a pagar caro esto.
     
    -Sombras del vendaval-
     
    Dejando atrás la isla boscosa flotante, se sumergieron de nuevo en la niebla, no sin antes echar un vistazo al horizonte, buscando algún otro lugar donde seguir consiguiendo información. De nuevo en el aerodeslizador, el banco de niebla les volvió a envolver negando por completo su visión, obligandoles a confiar en el radar. Durante varios minutos estuvieron parados, ampliando el alcance, sin éxito alguno.
     
    -El radar no indica absolutamente nada, Troin -dijo Machause, entristecido- ¿hacia dónde debemos seguir ahora?
     
    Troin se tomó un rato para responder. Concentrado como estaba en su siguiente destino, no advirtió el brillo ténue que emitía uno de sus bolsillos.
     
    -Desconozco el camino. Nuestra única indicación fue que continuasemos hacia el oeste, y que llegado a cierto punto veríamos una señal que nos dirigiría a nuestro destino.
     
    Machause asintió, pero no contento con la respuesta, siguió preguntando.
    -Bien, pero... ¿podrías darme más información?, porque realmente, con eso que me has dicho no me dejas para nada tranquilo. Si vamos a recibir otro ataque como el de antes, prefiero estar preparado a volver a combatir a ciegas.
     
    Sophie se adelantó de un salto interrumpiendo la conversación con un gesto. Señalando hacia el bolsillo de Troin, consiguió que por fin se dieran cuenta de que algo brillaba en su interior. Al sacarlo, vieron la luz que el cristal de Moth, la última gran bestia que habían logrado derrotar, brillaba con fuerza. Machause la cogió entre sus manos, asombrado, haciendola girar sobre si misma. Inquietado, la depositó sobre el panel de mandos.
     
    -¿Es normal que este pedazo de cristal haga esto?
    -No, no lo es. Sin embargo, no es la primera vez que vivo esta situación. Apagad las luces del interior, y entenderéis que quiero decir.
     
    Rápidamente, todos hicieron lo que Sophie había pedido. Una vez que todo estuvo a oscuras dentro del vehículo, vieron como un fino haz de luz salía del cristal apuntando entre el banco de niebla. Poniendolo sobre el radar, Sophie encendió los motores del aerodeslizador, e hizo que la nave se dirigiera en esa dirección. Cerrando las manos con firmeza sobre los mandos, se giró sonriente.
     
    -Volvemos a tener rumbo.
    --------------------------------

    Un escalofrío recorrió la espalda de Mita al escuchar la puerta cerrarse con fuerza. Se giró, esperanzada, pero la figura de la entrada no era quien ella esperaba encontrar. 
     
    -Oh, eres tú, Alastor...
    -Yo también me alegro de verte, mujer.
    -¿Y bien? ¡Habla! ¿Dónde están los que faltan?
     
    Alastor se sentó en una de las sillas de la habitación, apoyando los codos sobre las rodillas, sujetandose la cabeza entre las manos. Lentamente, alzó la cabeza hacia ella, con un vestigio de ira en sus ojos.
     
    -No van a volver.
     
    La cara de Mita no podía ser de mayor sorpresa. Se levantó de un salto, y se acercó rápidamente al chico, al que agarró de la camisa negra, acercando sus caras.
     
    -Repite eso, y esta vez... ¡no me mientas!
     
    Liberandose de un manotazo, Alastor se levantó, y se acercó a la ventana. Las calles estaban muy concurridas, la gente, iba y venía de un lado a otro, inconscientes de lo que se desarrollaba en aquel edificio, cubriendose de la lluvia con sus paraguas. Pero en esos momentos, nada importaba, pues las cosas habían cambiado a peor.
     
    -He dicho que no van a volver. Calhiel... esa niña estúpida me noqueó por la espalda y usó "eso" para anular mis poderes. -dijo, lanzando un brazalete sobre la mesa. Mita lo cogió, y de pronto se sintió mucho más débil. Dejandolo en la mesa, se apartó a un lado.
    -¡Piedra del emolumento...! lo único capaz de anular los poderes de los cristales, devolviendo su energía al planeta... ¿de dónde ha salido eso?
    -Lo desconozco... pero no la quiero cerca. En cuanto la vi en mi brazo, entendí porque me sentía desfallecer, y me la quité al momento, pero para cuando llegué a donde Calhiel se encontraba, era tarde. Una montaña se había derrumbado sobre ella, y al encontrar su brazo, asomando entre los cascotes, con su cristal partido en dos y totalmente apagado, supe que no había podido controlar su propio poder, pues algo tan destructivo solo podía salir de ella misma.
     
    Mita suspiró sonoramente. Aun siendo indiferente para con la chica, seguía siendo una de sus compañeras, algo cada vez más escaso en su organización. Con el ejército de Paulas destruido, Calhiel muerta y Preio en paradero desconocido, sólo quedaban cuatro Slayers: ella, Alastor, Samiel y...
     
    -¿Y dónde está Natx? Has dicho que no iban a volver, pero no podías referirte a él también, ¿verdad?
    -Él... fui en cuanto pude en su busqueda, pues si habían conseguido acabar con Calhiel, temí por la vida de Natx, pero cuando estuve cerca del lugar donde se había quedado para retrasar el avance de esos entrometidos, no sentí ninguna presencia en el lugar. Entré con cautela pero a toda velocidad,  buscando por todas las partes de la casa, y al llegar a la biblioteca, vi la espada clavada en una montaña de libros. Un olor acre inundaba la sala, y el resto te lo puedes imaginar...
     
    Ella se agarró la cabeza con las manos. No podía ser, no quería creerlo. La carga incendiaria que llevaban dentro solo detonaba cuando el corazón se detenía más de 15 segundos, y eso significaba que Natx debía estar muerto para que eso hubiera sucedido.
     
    -Di que no había ninguna zona ennegrecida por el fuego, Alastor. Necesito que digas que no había ninguna, y que Natx sigue vivo.
    -Creo que ya te he dicho antes lo que sucede. Asumelo, no va a volver.
     
    Girandose descargó un puñetazo con toda la furia que pudo contra la pared. Mita se sobresaltó, y no pudo evitar que las lágrimas se derramaran por su rostro, lentamente. Secandose con la manga, hizo de tripas corazón: ya tendría tiempo para llorar más tarde, cuando hubieran sido debidamente vengados.
     
    -¿Y que hacemos ahora? ¡He mandado a Samiel a despertar a Raz'el, la bestia de la piedra! ¡Si tan poderosos son, le he enviado a una muerte segura!
    -Entonces tenemos que ir a salvarle, y tenemos que ir ya o será demasiado tarde para él también. Vete preparando, o pronto seremos tú y yo los únicos que sigan esta jodida lucha. Y recuerda: su nombre es 004-I, no Samiel. No es del todo humano.
     
    Mirandole furiosa, se le erizó el pelo de la electricidad estática que ahora generaba su cuerpo.
     
    -Sin duda alguna, es de lejos mucho más humano que lo que tú serás jamás.
     
    Maldiciendo en voz alta, Mita recogió su guadaña del armario, sintiendo una electrizante descarga al levantarla entre sus manos. Pagarían por lo que habían hecho.
    --------------------------------

    La piedra brillaba cada vez más fuerte, tanto que habían tenido que taparla casi al completo con una manta. De pronto, el resplandor se apagó. La niebla se hizo menos espesa, y a pocos metros divisaron tierra. Esta vez, la extensión parecía ser tierra firme.
     
    -¿Creeis que hemos llegado al otro extremo de la brecha? -preguntó Troin, pegando su rostro al cristal delantero.
    -Creo que tenemos que continuar a pie de ahora en adelante. -Sophie abrió la portezuela lateral del vehículo, se deslizó por la rampa y aterrizó en tierra, disipando los restos de neblina que cubrían la zona con la mano. Árboles de denso follaje, oscuros sus troncos y hojas, crecían a ambos lados del camino, creando un pasaje bajo sus ramas que dirigía quién sabe a donde.
    -¿Nos adentramos pues? -Sophie, dispuesta, sacó su arco y agudizó su visión. Las espirales de sus ojos comenzaron a brillar, y continuó caminando. El resto bajaron a toda prisa, ansiosos por seguirla.
     
    Al rato llegaron a un pueblo. Las casas eran de madera, y las puertas estaban decoradas con dibujos rojos. Al acercarse más distinguieron los dibujos, que eran todos árboles rojos con el tronco partido. Llamaron con los nudillos a la puerta de la primera casa, pero la única respuesta fue un movimiento en las cortinas, tras el cristal de la ventana. Probaran en la casa que probaran, el resultado era similar, hasta que de una de las ventanas de los pisos superiores les tiraron una piedra.
     
    -¡Ya basta! -Machause le pegó una patada a la puerta de la casa, abriendola con fuerza hacia dentro. Un hombre con una escopeta le apuntó directamente al rostro, haciendo retroceder al rubio muchacho. En un movimiento demasiado rápido para el ojo humano, Belea desarmó al hombre, y lo derribó al suelo. El grito de socorro de una mujer se escuchó desde dentro de la casa, y ellos entraron en tromba. Unas extrañas criaturas, mitad mujer mitad árbol tenían acorralada a la señora de la casa. De un par de golpes Troin se abrió paso entre las criaturas, descargando una y otra vez su porra de energía en los flancos de las mismas. Una de ellas intentó zafarse, pero acabó ensartada por una flecha. La espada extensible de Machause acabó con la vida de otra de ellas, desparramando trozos de árbol por toda la habitación. El resto de las criaturas corrieron hacia fuera por un agujero de la pared, perdiendose de vista en el bosque.
     
    -¿Qué demonios eran esas cosas? -gritos de auxilio se escucharon entonces provinientes del resto del pueblo. Paula, que era la más cercana a la puerta, puso los ojos como platos y salió corriendo hacia fuera de la casa. El resto fue detrás, y al salir vieron una horda de las mismas criaturas entrando al pueblo al unísono desde el bosque.
     
    -¡Driadaaaaas! -gritó alguien. Una campana comenzó a sonar, y de las ventanas empezaron a surgir hombres con escopetas y fusiles, descargando su munición contra las criaturas. Algunas de ellas cayeron al suelo, con el cuerpo destrozado, pero el resto pasaron por encima de sus compañeras sin miramientos. Incapaces de contenerlas, las casas más próximas al bosque fueron rápidamente desalojadas usando los árboles como plataformas para pasar de ventana a ventana.
     
    -¿Que hacemos ahora, Troin? -Sophie le miraba expectante, mientras lanzaba flechas sobre la horda de criaturas.
    -¡¡No lo sé!! ¡Son demasiadas para nosotros solos!
    -¿Y vamos a dejar que acaben con la gente del pueblo?
    -Machause ya corría de frente hacia la vanguardia de las driadas. De pronto, se detuvo, pues Paula estaba allí plantada, de pie, entre las criaturas y él. Ella inspiró, soltó el aire, volvió a inspirar, soltó el aire de nuevo, e inspiró por tercera vez. Cuando abrió la boca, un torrente de llamas surgió de ella, abrasando a las driadas, que intentaron retroceder, pero vieron su huida entorpecida por las que venían detrás. Paula abrió fuego de nuevo, y más driadas perdieron la vida en el proceso. El fuego se propagó entre ellas, consumiendolas hasta las raíces. Pronto no quedaba ni una en pie, y las puertas de las casas comenzaron a abrirse.
     
    La gente llenó las calles, pateando los más osados las brasas de las driadas, hasta que un hombre mayor se acercó al grupo, cojeando.
     
    -Viajeros, os agradecemos la ayuda que habeis prestado a nuestro pueblo, Friven, pero antes de las celebraciones, debemos saber una cosa: ¿quienes sois y qué os trae a estos lares?
     
    El hombre se presentó como Sven, alcalde de Friven, la única aldea del Bosque de las sombras. Troin y Machause se miraron extrañados, pues nunca habían oido hablar de tal sitio, y mucho menos de un bosque escondido entre la niebla. Lo que sabían del mundo del otro lado de la brecha era escaso, pero era de creencia popular que nada ni nadie vivía más allá del banco de niebla. Sobreponiendose a la primera impresión, contaron a Sven su historia, y al terminar, el anciano se retiró a su cabaña, meditabundo. Un joven se les acercó, y les guió hasta lo que ellos calificaban de hotel: una casa de dos pisos con una sola habitación común tras unas escaleras de mano. Antes de que el joven se marchara, Sophie le cogió por un hombro.
     
    -¿Cuanto tendremos que esperar aquí?
    -Hasta que el mayor decida. En cuanto salga de su descanso, os avisaremos. Mientras tanto, disfrutad de las esplendidas vistas.
     
    Subieron al piso de arriba, donde cuatro camas les esperaban, aun siendo ellos seis. Tomaron asiento en círculo, y mientras Troin cerraba la portezuela de acceso a la escalera, Sophie se acercó a la ventana, para ver el exterior.
     
    -En fin... prisioneros en una cárcel de madera. ¡Y encima nos tratan como a "invitados"! Deberíamos marcharnos cuanto antes de este sitio...
    -Tenemos que esperar, Sophie
    -dijo Machause arreglandose la camisa- No sabemos si pueden ayudarnos en la búsqueda de la Logia, y creo que es lo principal en estos momentos.
     
    Horas después, cuando los ánimos de todos se hubieron calmado, Sophie se levantó de una de las camas, y saliendo por la ventana, se marchó volando a investigar por su cuenta. Intentaron impedírselo, pero no hubo manera. Salió disparada hacia la cobertura de los árboles de copa baja. Una vez en ellos, y habiendose cerciorado de que nadie la había seguido con la vista, avanzó por el bosque.
     
    Densas capas de hojas cubrían su camino, impidiendole a veces avanzar, teniendo que descender al nivel del suelo en ciertos momentos. Al rato alcanzó a ver un claro en el bosque, del que surgía un resplandor tenebroso. Al acercarse, una sonrisa de sorpresa se dibujó en su rostro, y rápidamente descolgó el comunicador:
     
    -¿Troin? ¡Localizadme en seguida! ¡¡He encontrado a 004-I, el niño de los Slayers!!
    --------------------------------

    Al tiempo, Troin estaba teniendo una agitada conversación con Sven, el anciano alcalde del poblado. Habían encontrado mucha información útil para ambos, uno quería saber del nuevo mundo, toda la extensión tras la cortina de niebla, y el otro, lo que había quedado del antiguo mundo tras las guerras. Cuando el comunicador sonó portando las noticias de Sophie desde el otro lado, todos se levantaron velozmente, listos para la acción.
     
    -¡Esperad! -el anciando se puso en pie, deteniendoles con un gesto- Si es cierto lo que decís, el enemigo a por el que vais también es enemigo nuestro, pues si puede controlar las mentes de las criaturas, habrá sido seguro él el que habrá hostigado a las driadas, pacíficos seres, a atacarnos. Permitidme que os prestemos ayuda en vuestra batalla. -e hizo dos gestos, con los que dos hombres se retiraron.
     
    Al rato regresaron, portando un enorme martillo en las manos.
     
    -Hace no demasiado, encontramos este martillo flotando con un resplandor amarillo en la plaza del pueblo. Creemos que tiene poderes divinos, pues toda criatura mágica que se ha acercado a él ha caído presa de una debilidad antinatural. Lleváoslo y haced buen uso de él.
     
    Machause y Belea se miraron, asintiendo. Era extraño, sin duda, pero ahí estaba, frente a ellos.
     
    -El Thor Ultimus... un martillo creado con Piedra de Emolumento... se dice que absorbe los poderes de aquellos que se oponen a su portador.
     
    Troin le miró, asombrado.
     
    -¿Es posible que esta sea la Logia que andabamos buscando?
    -Así es
    -dijo Belea, asintiendo.
    -Entonces vayamos a darle buen uso -empuñando el martillo con ambas manos, lo alzó en el aire- ¡Gracias, abuelo!
     
    Salieron corriendo en dirección de Sophie.
    --------------------------------
     
    El temblor se hizo cada vez más evidente. Samiel saltaba de árbol en árbol, gritando como un poseso, mientras los animales del bosque corrían despavoridos, huyendo del lugar. De un tremendo movimiento, la tierra se partió, y de su interior surgió Raz'el, una mole gitantesca, totalmente pétrea, con columnas en su espalda. Los árboles sobre los que estaba Samiel cayeron en la espalda del monstruo, y desaparecieron de la vista.
     
    -Maldito crio... ¡dispersaos! -gritó Troin, mientras rodaba por el suelo, evitando un árbol en su caida. Largas zarzas surgieron de entre los pliegues rocosos de la bestia, lanzadas directamente contra el torso de las chicas. Paula disparó llamas por su boca, deteniendo las que se dirigían hacia ella, pero Sophie no tuvo tanta suerte. Elevandose del suelo para esquivarlas, se estrelló contra una rama, el arco escapço de entre sus manos y las potentes plantas la enviaron rodando lejos de la batalla, hacia el bosque.
     
    Minutos antes, habían alcanzado el lugar en el que Sophie se enfrentaba a 004-I y a un grupo de driadas. La chica se encontraba en apuros, pues el arco se había quedado sin energía y no se recuperaría hasta 4 horas después. En cuanto el Thor Ultimus había entrado en el claro, todo lo mágico había cesado en su funcionamiento, y al tiempo que el arco, el cristal de dominación de 004-I había quedado inerte, sin poder. Huyendo en dirección contraria, el chico había despertado a la bestia de la tierra, y para Troin, había huido del combate.
    Mita y Alastor aparecieron en ese momento en uno de los flancos de la bestia, y casi al instante se vieron atacados por la misma. Sin prisa, alzaron las manos, convocando su poder en sus palmas, pero nada sucedió. El Thor Ultimus había absorbido su poder, también. Golpeados por sorpresa, salieron disparados en dirección aleatoria, perdiendose de vista el uno al otro.
     
    Paula concentró su llama en lo que parecía ser la cabeza de la bestia, produciendo grandes daños en la vista del monstruo. Aprovechando la confusión, Belea y Machause intentaron subir al lomo del mismo, siendo él rechazado por lianas y zarzas en llamas, pero permitiendo el paso de la chica a la grupa de la criatura.
     
    --------------------------------
     
    Alejada del combate, Sophie se levantó desorientada. Un movimiento la alertó, y se giró de un salto para ver qué o quién estaba en las inmediaciones. Sorprendidas las dos, Sophie y Mita se encontraron frente a frente.
     
    -¡Tú! -gritaron al unísono.
    -¡Vosotros sois los culpables de que Natx esté ahora muerto!
    -¡Por vuestra culpa ahora mi mejor amiga ahora es sólo un robot!
    -¡¡Vais a pagar caro lo que habéis hecho!!
    -gritaron de nuevo las dos al tiempo. Ambas desarmadas, se lanzaron la una contra la otra, a puñetazo limpio. Rodaron por el suelo, mientras los temblores sacudían el suelo a su alrededor. La lucha contra Raz'el estaba siendo muy dura, y ellas no sabían que ahora estaban todos intentando sobrevivir a los embistes de la mole de piedra.
     
    --------------------------------
     
    Una cadena de explosiones recorrió el cuerpo de la bestia. Deslizándose entre las columnas de su espalda, Belea iba dejando caer esferas metálicas a su paso, haciendolas explotar a los pocos segundos. Al rato, encontró a Samiel, atrapado bajo un árbol caído en la espalda de la descomunal bestia. Se agachó para comprobar que seguía vivo, y le colocó tres esferas de metal en la espalda.
     
    -No necesitas seguir viviendo, tu función ha sido cumplida. Descansa orgulloso por ello, 004-I.
     
    Alejandose unos cuantos metros, se puso tras una de las columnas, e hizo estallar el cuerpo con vida de Samiel. Encendiendo un comunicador, hizo una llamada de larga distancia.
     
    -Ahora tan sólo quedan tres, señora.
    -Este no es un buen momento para que llames, estoy ocupada. Conseguid lo que habeis ido a buscar, y volved rápido a la base. Nosotros llegaremos...
    -la comunicación se cortó de pronto. Belea enterró el resto de esferas de metal a lo largo de la espalda del monstruo, y se dejó caer por detrás. Con un chasquido, todas reventaron al tiempo, coincidiendo con un martillazo de Troin en la frente al otro lado.
     
    -Eso habrá sido suficiente.
    --------------------------------
     
    La cabeza de la criatura se resquebrajó con el golpe. Sus defensas mágicas se detuvieron al instante, justo en el momento en el que las esferas que tenía en su espalda hacían explosión. Sincronizados de casualidad, acabaron con la vida de una de las grandes bestias en un abrir y cerrar de ojos.
     
    Con los poderes recuperados, Alastor se apareció en el combate de Mita y Sophie, si es que se podía considerar como tal una lucha a empujones y pedradas. Apartando a la joven arquera de un manotazo, agarró a Mita por la cintura, y mirandola a los ojos negó con la cabeza. Irritada, ésta golpeó el suelo con todas sus fuerzas, antes de desaparecer.
     
    Sophie se había quedado a solas en el claro, ensangrentada y en el suelo. Con una media sonrisa, se llevó una mano a la cara, y la abrió frente a si misma. Un fragmento del cristal de energía de Mita yacía allí, latiendo con fuerza con el poder del rayo.