Alsan_Wolf's profileThe Flagstones of the ne...PhotosBlogListsMore Tools Help

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    October 13

    Siete minutos en el cielo

    -Siete minutos en el cielo, capítulo final-

     

    -Ya lo sabes. Toda historia… tiene un final, y aquí decidiremos el final de esta –dijo.

     

    La bóveda estaba cubierta completamente por espejos, todos ellos con forma hexagonal, como un panal visto desde dentro. Preio, Helena y Alastor le miraban fijamente.

     

    La espada de Asbestos flotaba en el centro de la sala, envuelta en un halo de luz.

     

    -No puedes tú sólo contra nosotros tres. –dijo Preio, avanzando lentamente al tiempo que descolgaba la escopeta. El arma no había cambiado desde el primer día, nunca hizo falta. Él sería por siempre un sentimental.

     

    Helena seguía emitiendo energía que la espada de Asbestos recibía gustosa. La Logia de los deseos necesitaba mucho poder para ser activada, y sólo ella podía alimentarla con la energía suficiente. Siempre lo supo, pero voluntariamente lo olvidó, preservando el poder del arma hasta que tuviera que ser utilizada.

     

    -Pueda o no, os combatiré. Es mi destino. –los espejos de la cámara mostraron imágenes de otros lugares del castillo en el cielo, donde los compañeros que habían venido con Alsan hasta el final se enfrentaban a sus respectivos retos. Miró a Helena- Tú lo sabías, Los mercenarios como yo... se marchan cuando no se les necesita. Pero aún no, aún… aun no.

     

    Alastor alzó la mano, y el sufrimiento, el miedo y la desesperación de todos los reflejados en las paredes fluyeron hacia Alsan, presionando su cuerpo contra el suelo. Intentó levantar la cabeza, pero no pudo. El poder de Alastor estaba desatado, y sin los demás él no podría vencer. Avanzó hasta la espada de Asbestos medio arrastrándose, llegando al tiempo que Preio. La herida de su costado se había abierto de nuevo, y la vista se le comenzaba a nublar. No quedaba tiempo.

     

    Preio le apuntó a la cara con la boca de la escopeta.

     

    -Es el fin. ¿Algo que decir antes de morir?

     

    …Si no puedes tú sólo con el peso, combatamos juntos…

     

    La escopeta abrió fuego. El tiempo se ralentizó, cuando el pañuelo negro de la muñeca de Alsan se desató, extendió delante de la bala y la hizo desaparecer. El color negro se separó del mismo envolviendo el arma, y una vez que no quedaba ni una pizca de color, se desvanecieron en una voluta de humo.

     

    …Hasta otra vida, hermano…

     

    -¡¡Ahí va tu último amigo!! -Preio levantó la espada de Asbestos sobre su cabeza, y la descargó sobre Alsan. Un haz de luz surgió de su otra muñeca, en la que un pañuelo blanco descansaba.

     

    El bastón Tempus y la espada de Asbestos chocaron. Ari se alzaba frente a Preio, con el puño cerrado, amenazante. Dejó caer la capucha blanca sobre sus ojos.

     

    -Acabemos con esto –danzaron. La espada y el bastón crepitaban cuando chocaban, emitiendo pequeñas vibraciones que cortaban las superficies al tocarlas. De pronto, ambos se vieron reflejados en uno de los espejos hexagonales, desapareciendo, para seguir el combate en otro lugar.

     

    Alastor avanzó, desenvainando una espada roja.

     

    -Estás sólo. Observa bien, tus amigos se marchan.

     

    En un espejo, una arquera rubia había terminado con todos las criaturas, liberado a las mujeres cautivas y se retiraba, dejando caer dos trozos de papel mientras se iba.

     

    …Las he salvado, cosa que tú no hiciste con ella. He cumplido mi parte. Ahora, me voy…

     

    En otro, un joven con un martillo dorado destruía el cristal prismático generador de energía del castillo. A su alrededor, cientos de droides yacían con la cabeza aplastada o con trozos separados del torso, mientras se desvanecía la imagen.

     

    …Sin el último cristal, no puede seguir funcionando. Ya no queda nada más por hacer…

     

    Una joven tiraba sus katanas al suelo en otro, abrazándose a un chico moreno. Mirando las escaleras y las espadas en el suelo, cerraba los ojos y corría en dirección contraria.

     

    …No puedo luchar para siempre…

     

    Alsan se cruzó de brazos, pues otros espejos no mostraban mejores imágenes.

     

    Una chica con una guadaña era abandonada por dos niños con espadas y partes biónicas, mientras ella sostenía con un campo magnético el techo de la sala.

     

    …Nunca debí hacerte caso y seguir siendo malvada…

     

    Uno distinto proyectaba a un chico que dudaba entre avanzar o retroceder y salvar a una joven rubia, y con la cara apenada daba la vuelta para salir junto a ella.

     

    En otro, otro joven abría un hueco en una pared de piedra para rescatar a una pelirroja.

     

    …Ésta es la elección...

     

    Alastor reía abiertamente. En el último espejo con imagen, Ari caía víctima de un espadazo de Preio. La imagen se apagó. Helena abrió los ojos, y avanzó hasta el centro de la habitación, donde la túnica negra de Preio se materializaba, junto a la espada ensangrentada de Asbestos. Bajo la capucha, éste cogió la mano de la chica, y lanzó la espada al suelo.

     

    -Sálvala –dijo Alsan. Alastor se giró sin comprender, y un rictus de sorpresa se le plasmó en el rostro. Ari sostenía a Helena, quien no comprendía la situación.

     

    -¿Cómo? ¡La imagen no mostraba que hubieras ganado!

    -Eso es porque los espejos sólo reflejan lo que ven, no lo que sucede realmente. –Dijo Ari, sonriendo- Si destruimos los espejos de la sala, lo que se haya visto en ellos no será mas que una mera ilusión.

     

    Un fogonazo de luz más tarde, los espejos caían convertidos en arena, dejando un pasillo tras ellos, por los que uno a uno, todos los compañeros que habían ido abandonando el edificio fueron entrando, magullados, con la ropa sucia y heridos, pero desafiantes.

     

    -¡No! –Alastor detuvo el tiempo. Únicamente él y Alsan podían moverse, cada uno portando una de las espadas gemelas de Asbestos en la mano. De pronto, Ari levantó a Helena del sitio y la llevó junto a los demás. El Tempus le daba movimiento limitado.

     

    -Me los voy a llevar de aquí, para ponerlos a salvo. –Dijo.- ¿Estarás bien?

     

    -Claro –contestó, sonriente- ¿de que sirve llegar al final si no puedes acabar con el malo?

     

    -¿Volveremos a verte? –el Tempus actuó antes de que pudieran escuchar la respuesta, pero Ari lagrimeó mientras se desvanecía.

     

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    -Mano a mano, tú y yo, como siempre ha sido. Ahora, acabemos de una vez.

     

    Cruzaron las espadas en el centro de la sala.

     

    -Veamos cuál de nuestros deseos es más puro. –Gritó Alastor- ¡Deseo la destrucción del mundo, el fin de esta vida sin sentido, acabar con las criaturas vivientes!

     

    El cielo y la tierra temblaron, y el aire se calentó. Imágenes de volcanes y terremotos, tormentas eléctricas y maremotos llenaron sus mentes, reflejándose en la cúpula de la bóveda. La sonrisa de victoria afloró en su rostro.

     

    -Yo…-recuerdos de sus viajes, de sus amigos, de sus sentimientos llenaron su mente. Las charlas con Sophie sobre los Zeddrix, los viajes con Willo a lugares remotos, las peleas graciosas con Troin, apuestas con Alejandro a las cartas, Ari, y los libros, los combates con Helena, Mita y Preio…- yo deseo

     

    El reflejo de la cúpula cambió. Una ciudad, coches con ruedas, información escrita en papel, máquinas trabajando conjuntamente con el hombre, animales salvajes… océanos con agua. Su propio rostro, un ordenador, cigarros bajo la luna, un perro, el viento de levante, una ciudad de noche, una casa…

     

    Todo se volvió blanco, la luz inundó la tierra y el cielo, y un susurro se escuchó mientras todo cambiaba.

     

    …sin magia…

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    Hay dos tipos de futuro. Un futuro brillante, y un futuro oscuro. Sin embargo, aún si

    el futuro es oscuro, no hay nada de qué preocuparse. Todavía hay esperanza sin importar el futuro que sea. El futuro... está constantemente cambiando debido a la esperanza.

     

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    …Una ciudad de noche, una casa, una fiesta. Todos sonríen, comen y beben cuando uno de ellos hace callar a los demás.

     

    -¡Propongo un brindis! –todos vitorean la idea.

     

    -¡¿Estamos todos!? –se hace el silencio. Todos se miran, extrañados -¿estamos todos?... –se preguntan.

     

    El silencio vuelve mientras miran una silla pegada a la pared, vacía.

     

    Uno de ellos descuelga su móvil, y llama. Lejos de allí, en un parque con una atalaya de metal, bajo la lluvia, un teléfono se ilumina.

     

    Un joven mira al cielo mientras piensa “¿Sabes? He encontrado el Blue Heaven”

     

    La lluvia se detiene, las nubes, se apartan dejando ver un cielo nocturno, estrellado.

     

    Fin

     

    September 29

    Hace tiempo que dices...

    Cinco minutos pa´amanecer y sigo escondido
    Entre las dudas y las mitades que me han elegido
    Para que pueda seguir volando entre mis recuerdos
    Volar sin alas, volar sin aire, volar...muriendo

    Volar sin alas, volar sin aire y seguir sintiendo
    Una y otra vez que siempre vuelve a suceder, que poco cuesta seguir mintiendo
    Qué ironía...tú no lo das, y nadie te lo quita a veces menos es más y sabes bien...

    Que a ti ya no te queda nada, nada que perder
    Hace tiempo que dices, tienes que volver a ver la tierra bajo tus raíces
    Tu no necesitas echar de menos tanto y vuelta a empezar, dos, tres dime y ¿ahora qué?

    Sigues viviendo con los milímetros que te quedan
    Andando sólo sobre unos pies... que ya no te llevan
    No sigas viendo sólo el final de las calles viejas
    Que los principios suelen estar donde tú los dejas
    Que los principios suelen estar donde tú los dejas...

    ...una y otra vez que siempre vuelve a suceder, lo que daría por entenderlo
    qué ironía...si no lo das y quien diablos te lo quita
    y tienes menos de más lo que no entiendes es...

    ...que ya no queda nada, nada que perder
    Hace tiempo que dices, tienes que volver que no hay más que lo que tú eliges
    y no necesitas echar de menos de menos tanto y sólo esperar ¿por qué?
    ¿No lo entiendes? Piensa y luego me dices si no sientes nada
    Nada que perder, hace tiempo que dices...tienes que volver
    Si no lo ves, la historia se repite y no lo necesitas,
    Que nada vale tanto y queda olvidar, lo sé...que lo sientes
    Dirán, diré, dirás que no y suerte... que no y suerte...

    Con la cabeza entre los pies, a la fortuna pocas noches le quedan
    Ya lo debes de saber, y que la luna salga por donde quiera
    Pero sin correr, que no haya prisa, te convenceré con millones de sonrisas
    Para que te despiertes de una vez y te des cuenta que no hay nada que perder
    Hace tiempo que dices, tienes que volver que no hay más que lo que tú eliges...

    Y no necesitas echar de menos tanto y solo esperar dos, tres y qué sientes
    Dirán, diré, dirás que no tienes...haces tiempo que dices
    Tienes que volver, si no lo ves perdona pero creo que me necesitas...
    Solo para inventarte cuando no estás ya ves, como siempre, dejarás que te cuente
    Dime cuando podría ser...
     
    Cuidado que engancha.
    September 25

    The True Wolf

    The true Wolf

     

    Pasaban de las tres de la mañana cuando miró el reloj. En la ventana, sólo las nubes acompañaban el paso del tiempo, estáticas, tapando la luna. El cigarro en su boca se consumía despacio, la ceniza amenazaba con caer sobre la ropa.

     

    “Pero me da igual”, pensó. Las colillas le rodeaban, un paquete entero de tabaco víctima de una noche larga, aburrida y sin color. Además, antes había llovido, y nunca nadie se alegraba porque el cielo llorase.

     

    “Pues yo sí”, se contestó a sí mismo. El móvil volvió a vibrar, silencioso pero molesto,  dejando ver el mismo nombre que llevaba saliendo una y otra vez en la pantalla desde hacía horas. Levantó la botella, tragó su contenido y gruñó por lo bajo. El mp4 se había quedado sin pilas, una maravilla más que añadir a la lista. Al tiempo que la música paraba, el sonido de una respiración entrecortada le hizo levantarse. Sin ninguna prisa cruzó la habitación, llegó al pasillo y abrió otra de las puertas de la casa.

     

    Allí dormía ella, inquieta, tal vez por una pesadilla o por el comienzo de una nueva etapa escolar. Un silbido leve, un hocico mojado frotándose contra su pierna y un gesto fueron suficientes para que la perra se subiera a la cama de la niña y se tumbara a su lado, produciendo sobre ella una sensación de seguridad tal , que consiguió calmarla sin despertarla de su sueño.

     

    La luz del otro lado del pasillo le hizo sonreir. Asomándose por la puerta le vio tumbado con una rodilla sobre el interruptor, una postura común que noche tras noche se repetía incesantemente. “El orgullo de la familia, ¿eh?”, dijo, a sabiendas de que no despertaría. “Es mucho más probable detener un tren con las manos que hablar en voz alta y despertarte, enano”. Le cambió la postura, apagó la luz y entrecerró la puerta.

     

    El pasillo seguía a oscuras, la cocacola estaba desventada, y había comenzado a llover otra vez. Pero ahora todo estaba bien, pues ellos dormían tranquilos. Pues los cachorros estaban a salvo…

     

    …ya que un verdadero lobo cuidaba de ellos.

     

     

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    Dedicado a esos dos enanos que probablemente nunca lean estas líneas, pero siempre han sido lo más importante de mi vida.

     

    September 20

    Nunca Ocurre Nada Bueno Después De Las Dos De La Mañana

    Y morirías por...

    "Será tu voz, será el licor,
    Serán las luces de esta habitación
    Será el poder de una canción,
    Pero esta noche moriría por vos
    Será el champagne, será el color de tus ojos verdes
    De ciencia ficción,
    La última cena para los dos
    Pero esta noche moriría por vos."


    Amaral--- Moriría por vos.



    Cómo dice Amaral, "esta noche moriría por vos", no será la primera vez ni la última que estas palabras llenen canciones, libros, declaracion...

    Morir por vos... por alguien. Darlo todo. Renunciar a esas posibilidades que te depara la vida, por alguien querido y que tanto amas. Demostrar a ésa persona que si ella no está, tu no serías igual. Que es lo más importante en tu vida. Que tu existencia no tiene sentido sin ella.

    Esto es un grano de arena en un inmenso mar, hay numerosos casos en los que se puede morir por una persona, y en algunos sin que apenas conozcas a ésta.

    Y si fuera así, ¿por quién sería?
     
    Porque yo moriría por ti, indiferentemente.
     

    Garrada 5 litros

    September 15

    Nihilit - Comienzos

    Ahora que hay un bonito parón en Bh porque no tengo la cabeza como para escribir eso, comienzo una nueva historia... quién sabe con qué final.
     

    La llegada


    Llovía. Mucho antes de retirase su capucha y el agua le diera en la cara, quitandole el sudor de la frente, y le obligara a seguir corriendo hasta encontrar refugio en aquella apartada esquina de la calle 33, ya sabía lo que iba a pasar. Sonriendo, esperó unos instantes, conteniendo la respiración nervioso, mirando la calzada.

    Los cristales del comercio de enfrente estallaron hacia dentro cuando el coche alunizó contra él.

    Todo sucedió muy deprisa: el capó se dobló sobre sí mismo, el copiloto salió despedido hacia arriba, el cartel se descolgó sobre el coche, la alarma saltó. De entre el humo y los restos carbonizados del motor, salió ella. Sangraba profusamente por una ceja, y cojeaba de la pierna derecha, con el pantalon rasgado a tres alturas diferentes, pero se reía a carcajada limpia. La morena de metro sesenta se dejó caer al suelo, soltó varios improperios hacia el cuerpo caido en la vitrina y se alejó arrastrandose del coche unos metros antes de desmayarse.

    Corriendo antes de que llegase la policía, fue a rescatar a la chica. Esto es una locura, se dijo, pero no la puedo dejar aquí. Mirando de reojo que no viniera nadie, cargó con ella a hombros y se alejó callejeando hacia dentro de la ciudad, por una zona que nunca había visitado. El sudor, la lluvia y la sangre de la chica mezclados goteando sobre su cabeza le nublaban la visión, pero una luz a lo lejos le llamó la atencion. Era verde y un extremo brillaba a intervalos, como si de un neón estropeado se tratase. Dirigiendose hacia allí, empujó la puerta con fuerza y entró. Era una pequeña tienda, en la que no parecía haber nadie excepto el dependiente, un joven negro de pelo corto y rostro inexpresivo con la mirada fija en su ordenador.

    -¡Ayúdame! -sin mostrar excitación o nerviosismo alguno, él le indicó con la cabeza una puerta al final del local, tras una vitrina. Tirando un par de cajas por el camino, llevó a la chica a la habitación, que resultó ser un cuarto de baño utilizado a modo de trastero. Apartando a una cucaracha de una patada, la dejó caer en el retrete, abrió el botiquin que colgaba de la pared a modo de armario, sacó alcohol y gasas y le limpió la fea herida de la ceja. Dejandola sentada descansando, salió a ver dónde se habían metido.

    El local era más bien extraño. Parecía una tienda de juegos de rol y azar pero era más bien un pequeño bazar, pues en algunos estantes habían artículos raros, como catalejos y silbatos, que parecían desentonar totalmente con el resto de material en venta. Una esfera brillaba sobre el mostrador, y se acercó poniendo sus manos encima. Del centro, surgieron pequeños rayos de electricidad estática que se lanzaron contra sus manos, divirtiendole durante un momento.

    -Si te gusta, está de oferta. -mirando intrigado al dependiente, apartó los dedos del orbe.

    -¿No te extraña lo que acaba de pasar?
    -¿Debería? Tanto tu como yo sabíamos que esto iba a volver a pasar.
    -¿A ti también te pasa? ¿Desde cuando?
    -Desde hace bastante tiempo, pero he aprendido a convivir con ello.
    -Pues para mi es una jodienda increible.
    -Pues haz eso, jodete.


    Se miraron divertidos, como dos amigos que se conocen de toda la vida. Extendiendo sus manos, se presentaron:

    -Mis amigos me llaman Black.
    -A mi, mi gente me llama Alsan. Bienvenido a Nihilit, hermano.

    September 08

    Radikal Dreamers

    Clash of Tidus and Jecht

    Reencuentros, nunca fáciles, pero siempre con muchas ganas.

    Welcome back!

    August 28

    El Síndrome de Peter Pan

    Ultimamente se ha hablado demasiado con desconocimiento de causa. Y cuando las cosas llegan al extremo de la lógica, se impone una mirada más profunda y detallada para poner fin a la ignorancia. Por los que hay que mantener de verdad, como Vanessa Rodriguez Gallegos, por los que nunca dejarán de ser niños, como Maria José Velasco, por los que miran el futuro y hacen un trato contigo en el presente, como Felipe "que haces que no me estás haciendo café", por seguir adelante aun con comparaciones impertinentes, como Patt, por los que para algun@s son una decepcion, como parece que soy yo, y por la fe ciega de los hermanos pequeños, ESTO es el síndrome de Peter Pan.

     

    Suerte que NINGUNO lo suframos.

     

    Psicología

    Algunos ven este síndrome como un problema muy extenso en la sociedad moderna pos-industrial.

    El síndrome de Peter Pan se caracteriza por la inmadurez en ciertos aspectos psicológicos, sociales, y por el acompañamiento de problemas sexuales. La personalidad masculina en cuestión es inmadura y narcisista. El sujeto crece, pero la representación internalizada de su yo es el paradigma de su infancia que se mantiene a lo largo del tiempo. De forma más abarcadora, según Kiley, las características de un "Peter-Pan" incluyen algunos rasgos de irresponsabilidad, rebeldía, cólera, narcisismo, dependencia, negación del envejecimiento (llegando al extremo de iniciar estudios universitarios ya superados los 50 años... para "labrarse un futuro"), manipulación, y la creencia de que está más allá de las leyes de la sociedad y de las normas por ella establecidas. En ocasiones los que padecen este síndrome acaban siendo personajes solitarios. Con escasa capacidad de empatía o de apertura al mundo de los "grandes", al no abrirse sentimentalmente, son vividos como individuos fríos o no predispuestos a darse, lo que vuelve como un "boomerang" a través de la no recepción de entregas o muestras ajenas de cariño. Algunos profesionales avanzando tal vez audazmente en sus diagnósicos los han denominado esquizo - afectivos.

    El síndrome

    Este síndrome es un hecho manifiesto. El libro de Kiley enfatiza sobre él, pero no hace más que dar un nombre ya casi literario a un elemento que ha estado presente, desde siempre, en toda caracterización neurótica, desde los comienzos de los enfoques de la terapia psicoanalítica. Cuando Freud ha hablado de la fijación, se ha referido, de alguna manera al estancamiento de la evolución de la personalidad que se verifica en los sujetos que padecen estos tipos de sintomatología. Tal vez, lo que sobreviene es que este conjunto de síntomas que singularmente nos ocupa, no ha tenido una categorización en la bibliografía psiquiátrica, en general. Y ello es lo asombroso. De hecho, “el síndrome de Peter Pan” no constituye una psicosis. Es un trastorno neurótico, o acaso definidamente caracterológico. Kiley mismo insiste en su obra sobre la dificultad en la modificación de la anomalía de estas conductas, pero sin hacer referencia a las mismas o parejas dificultades que se presentan, en toda terapia, para la reacomodación de los cuadros negativos que entorpecen la evolución del sujeto.

    Tratamiento

    El tratamiento debe ser el que corresponde a toda neurosis estructurada. Las dificultades para llevarlo a cabo suelen ser marcadas, y como señala Kiley, con frecuencia, los padres cuyos hijos manifiestan este tipo de inmadurez, deben “actuar”, antes que insistir con pertinacia en la persuasión “coloquial”. Adolescente, joven, o ya entrando en la madurez, el sujeto paciente de este tipo de trastorno, es renuente a toda modificación o a la mera comprensión de su infantilismo. El irresponsable mundo de la niñez, no quiere ser abandonado, y la conciencia del fracaso reiterado ante la adaptación de los comportamientos que acercan a la adultez equilibrada, casi no se verifica; lo que por momentos hace pensar en términos de una verdadera psicopatía. Una hipótesis verosímil, ante estos pacientes, hace pensar en una infancia muy feliz, en la que se quiere permanecer para no enfrentar la incómoda aceptación de límites que el ingreso a la vida social adulta comporta de modo insalvable.

    Síntomas

    Es frecuente que haya crisis de ansiedad, de angustia y de depresión. Los años van pasando, y aun cuando el sujeto está como protegido con una suerte de coraza psicológica para no advertir el paso del tiempo, esporádicamente ésta desaparece por circunstancias imprevisibles. Es entonces cuando el paciente se encuentra con las manos vacías y con una vida dolorosamente irrealizada. Con parejas inadecuadas, o de modo extremo –lo que también suele pasar-, sin pareja alguna. El nido infantil es una inconsciente referencia a la que siempre apunta. Allí, no había problemas, y la nostalgia por el mismo es persistente, aunque no se lo declare. Cabe destacar que como deformación de la personalidad puede cabalgar sobre patologías psiquiátricas clásicas y específicas. De esta manera puede darse vinculada a enfoques ligeramente delirantes de tipo paranoide o a neurosis declaradamente histéricas u obsesivas. El tratamiento, en casos como éstos, debe ser doble. El trastorno psicopatológico de base, sumado al del carácter.

    Véase también

    July 30

    BH2 - Alones

    Creo que muchos llevaban esperando este momento mucho tiempo. Me ha costado sacar las ganas para volver a escribir, y espero no defraudaros con este capítulo triple. Recordad quienes somos, porque esta es nuestra historia, y sin vosotros no sería posible. Miraos ahora, que os teneis cerca, olvidad lo que no os gusta de los demás y daos un abrazo de mi parte. Que joder, somos amigos, formamos un grupo y desde hace 8 meses parece que nos hayamos olvidado de que no estamos SOLOS. Abucheos aparte, os dejo con el final de la segunda temporada. Y quiero comentarios, ¿vale? ¡Nos vemos el sabado noche!


    -Dicen que hemos cambiado, que nada es lo mismo cuando avanzamos en la historia, pero tanto tú como yo sabemos que esas cosas ...suceden.
    -Ya, pero no le pasa a todo el mundo - replicó Ari, sonriendole. El viento que entraba por la ventana le azotaba el rostro.
    -Si un día... nah, no merece la pena.
    -¡No, dilo! Quiero escuchar lo que tengas que decir. -el bolsillo le vibró, el busca pitaba, era el momento- Prometeme que luego me lo dirás.
    -Hecho. -ella entró al edificio, en dirección al hangar. Fran sonrió- ...luego, eh... -dijo, cuando estaba demasiado lejos para poder escucharle.

    -Sólos-

    En GeoCity llovía. Era más bien como si el cielo abriera unas grandes compuertas y ríos que lo cruzaban cayeran a raudales sobre la tierra, pero a fin de cuentas, llovía. Los vehiculos se desplazaban a toda velocidad a un palmo del suelo, en dirección a la ciudad, aun estando ésta fuertemente defendida. Todos sabían que era una misión suicida, que era imposible entrar, pero no se iba a echar atrás. El domingo había llegado, y con él, el ataque a la Torre de la Justicia.

    -¿Estamos todos? -dijo Troin, ajustandose la chaqueta. Todos lucían trajes nuevos, pues debían llevar lo más cómodo posible para poder combatir a placer, ya que tal cosa era inevitable. Por el fondo de la habitación se escuchó un tímido "estamos", dicho por uno de los de la limpieza que se había trasladado con ellos al piso franco. Ninguno sonreía, les faltaban efectivos, estaban demasiado débiles para plantar cara, pero aun así no se podían echar atras. En el hangar el aerodeslizador principal, los aerodeslizadores de transporte, las dos motos gravitatorias y el último modelo de traje de combate aguardaban. Elena les miró a todos, con un deje de tristeza. Su traje no era verde, como siempre, sino gris, reflejando preocupación. Ely se dió cuenta de ésto y la abrazó suavemente antes de sentarse junto a los demás. Elena hablo tras ello:

    -Espero que sepais bien a lo que vamos. Nos han vapuleado, nos han robado y nos han humillado a todos. Hemos luchado para conseguir las Logias, y ellos han llegado y se las han llevado sin rechistar. Es domingo. Es la hora. Iremos a la torre de la justicia, subiremos a lo más alto, y terminaremos con esto.

    Todos asintieron al unísono, cada uno se puso un casco cerrado con visor negro y partieron.

    Al rato, Elena miró por encima de su hombro, con cara de preocupación. No iba a ser un combate simple ni fácil, y probablemente alguno muriera en el proceso. No le gustaba recurrir al método que tendría que usar para protegerles, pero sacó un teléfono blanco e hizo una llamada.

    -¿Sí?
    -Lo siento, no quería hacer esta llamada.
    -Entiendo. Pero debe ser importante, mucho, para que la hayas hecho.
    -Sí. No quería llamarte, pero es importante. He visto en el fluir del tiempo que...
    -Lo sé, y comprenderás que no puedo dejar que eso suceda.
    -Va en contra de Sus designios.
    -Esto es amor verdadero. No puede enfadarse por ello.
    -Gracias. -al colgar, Elena rompió a llorar.

    ----------------------------------

    -Chico, esto de proteger la Torre de la justicia es un rollo. -dijo uno de los guardas, apostados en la puerta. Se había pasado horas de pie, en la misma dirección, y finalmente se había recostado contra la pared, cansado de no hacer nada.
    -Ya, nunca pasa nada emocionante. -respondió su compañero, mientras fumaba un cigarillo.

    Una explosión de luz es lo último que verían. Las alarmas comenzaron a pitar, y el personal de la Torre de la justicia se levantó a mirar por las ventanas. No todos los días había un ataque en pleno centro de Geocity, y era algo que no se podían perder.

    -¡Desde luego, es impresionante! -gritó una mujer, asomada a una ventana de los pisos bajos del edificio. Un gran grupo de personas armadas con rifles láser disparaban contra la barrera de energía del edificio, mientras 8 figuras, todas vestidas de negro con un casco en la cabeza y los brazos cruzados esperaban de pie. Una de ellas estaba apoyada en una moto grativatoria, y otra tenía una luz brillante en el centro del pecho. Varios aerodeslizadores con cañones láser disparaban sobre ellos, y todo estaba cubierto por una neblina. Un grito desvió la mirada de los espectadores. La barrera había caido y los asaltantes avanzaban con presteza disparando contra la fachada del edificio. La gente se había asomado a las ventanas y gritaba emocionada, pues muchos de ellos estaban más que hartos de la dictadura de GeaCorps, y esperaban que el ataque causara algún efecto en la compañía. Un suspiro ahogado recorrió a la multitud, cuando entre el humo de los disparos aparecieron dos hombres con los brazos en alto. El fuego cesó, y una de las figuras con casco avanzó un paso, y con la voz distorsionada por el auricular, habló en voz de todos:

    -¡Hemos venido a por lo que por derecho es nuestro, y no podréis evitar que nos lo llevemos!

    Ellos avanzaron sin dudar. Machause y Richard, los dos codo con codo, hicieron el gesto universal de cese de negociaciones. Izaron el dedo corazón con el puño cerrado y el dorso apuntando hacia el interlocutor.

    -¡Dad la orden de detener a Terduki! -gritaron a los guardas. Uno repitió el grito por la radio.
    -Está bien -respondió. El que se apoyaba en la moto se subió, y se lanzó cuesta abajo con ella. El resto de ellos corrieron detrás de el primero, cada uno transportando objetos grandes o pequeños entre las manos, envueltos con tela negra, para no poder diferenciarlos. Machause usó su espada extensible para subir de un salto al primer piso e introducirse por una de las ventanas, al tiempo que Richard golpeaba el suelo levantando una ola de tierra como golpe inicial. Ellos evitaron el golpe, algunos saltando, otros vadeando la ola de tierra. Todos salvo uno, que con un golpe seco en el suelo creó una grieta que hizo de cortafuegos y le evitó tener que moverse. Algunos atrevidos aplaudían desde las ventanas, otros, temerosos de ser reconocidos, silbaban desde detrás de sus cortinas, pero cada vez había más gente mirando el asalto. Richard sonreía mirando al que quedaba en pie frente a él, ignorando a los que corrían a su alrededor.

    -¡Muéstrame de que eres capaz, soldadito!
    -Te voy a enseñar de lo que somos capaces cuando se nos hace enfadar -dijo Troin, quitandose el casco- No contribuiré a la destrucción del planeta, asique debemos deteneros -levantando la mano, la grieta del suelo se iluminó con  un haz de luz azul, de la cual brotó agua cual manantial.
    -¿Destruir el planeta? ¿Qué tonterias son esas? Yo quiero poder, y si necesito trabajar con esta gente para obtenerlo, ¡así sea!

    Las palabras tuvieron un efecto mucho mayor del esperado, o algo silencioso había actuado al tiempo, pues todos los soldados de alrededor de Troin cayeron al suelo con los oidos sangrantes. Richard golpeó el aire con fuerza, y Troin sintió un pitido estridente que le hizo taparse los oidos con fuerza. Su rival salió disparado contra él, y agarrandole del cuello, le golpeó repetidas veces en el pecho, destruyendo el traje con sus golpes.

    -¡Nirgilis! -gritó, elevandose hacia el cielo de un salto, arrastrando a Troin con él. Girando en el aire sobre si mismo, cargo fuerza, y lanzó el cuerpo inerte de Troin contra el suelo, hundiendo el asfalto circundante. Con un par de golpes más, el suelo se quebró, y Richard, aun en el aire a mucha altura, se dispuso a caer con los pies por delante sobre su abatido rival. Éste no se movía, por lo que recibió el golpe de pleno en el pecho. El suelo vibró, se resquebrajó la carretera, y saltaron esquirlas de alquitrán del asfaltado. Richard sonrió, y se bajó del cuerpo de Troin, que no se movía. La gente que miraba dejaba caer sus hombros con tristeza, pues de momento todo estaba yendo mal. Hasta los soldados retrocedían, viendo que uno de sus líderes había caido.

    -Pobres insensatos. No deberíais haber atacado si no teníais nada que hacer contra nosotros... -su frase se vió cortada cuando unos zarcillos de agua le rodearon la cabeza y comenzó a ahogarse. Girandose como pudo, vio que Troin estaba rodeado por un halo azul, y sin ninguna herida visible. La gente vitoreaba a gritos, y muchos soldados gritaban contentos también- ¿¿CÓMO?? -balbuceó desde dentro del agua.

    -Fácil. El agua disipa las ondas sonoras, y en cuando he visto que atacabas con ellas, he creado una capa de agua que cubría todo mi cuerpo para evitar el daño completo de los impactos. Después, he interpuesto el agua a tus golpes cuando estaba en el suelo, y he reblandecido el terreno para que al caer pareciera que habías aplastado mi cuerpo, y te confiaras. Ahora -una esfera de agua cubrió al completo el cuerpo de Richard, mientras este luchaba por salir- espero que esto haya sido una lección de humildad para ti. El poder no lo es todo siempre.

    Instantes después la última burbuja de aire salió de la boca de Richard, y éste se quedó inmovil con la cabeza caída y los ojos en blanco.

    -Os dejo el resto a vosotros, chicos. -dijo Troin, girandose para combatir a los Geos, que venían en manadas calle arriba. El cielo descargó de nuevo su llanto, la batalla debía continuar.

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    En el interior del edificio, los guardas corrían hacia las puertas y ventanas, para hacer su trabajo, cuando la puerta principal saltó por los aires y un motorista entró por ella. Esquivando las balas, subió escaleras arriba, derribando a cualquiera que se interpusiera en su camino. Abajo, los guardas desprevenidos se veían asaltados por una lluvia de disparos y de golpes del resto de asaltantes, hasta que consiguieron protegerse bajo mesas y entre los escombros y comenzaron a disparar a modo de contraataque. Los 6 asaltantes se dividieron en dos grupos de 3 y salieron por puertas opuestas, recorriendo el edificio por lugares distintos. Uno de los grupos llegó a una habitación con unas escaleras, y muchos extractores de aire y grandes ventiladores en las paredes. Corrieron hacia las escaleras, contentos de no tener que combatir en esta habitación. Repentinamente, uno de los tres empujó a los otros por la espalda y los hizo caer, agachandose en el proceso. Segundos más tarde, un láser rojo recorría los lugares donde habían estado sus cabezas.

    -Asique es cierto, puedes preveer el futuro con segundos de antelación, ¿no, Alejandrito? -Kahoru portaba en sus manos una versión en miniatura del Martillo del alba. Haciendo gestos, Alejandro hizo que sus compañeros subieran corriendo las escaleras, tras lo cual éstas se cerraron con un estruendo, y toda la habitacíon se levantó en el aire, pues los  6 ventiladores que había generaban corrientes de aire de manera aleatoria que levantaban del suelo las cosas desafiando la gravedad.

    El aire desprendió del suelo a Alejandro, haciendole girar y quedarse en el aire, a merced de los ataques del joven con gafas de sol. Con el martillo del alba a mínima potencia, disparó sobre el cuerpo giratorio al azar, arrancando un grito de Alejandro al alcanzarle en una pierna. Sus miradas se cruzaron, y mientras uno maldecía en voz alta mirando en todas direcciones, el otro aumentaba la potencia de su arma.

    -Parece que no puedes usar tu habilidad para evitar mis ataques desde el aire, ¿eh, Alejandrito? -volvió a disparar, pero esta vez el disparo rebotó en una de las pistolas, que al ser usada a modo de escudo quedó reducida a un amasijo de metal fundido. Mostrando una destreza elevada, Alejandro cogió el cristal que hacía de cubre de una de las mesas de la habitación que ahora flotaban en el aire, y con su pistola restante y él, aprovechando el siguiente disparo de Kahoru, fundió los dos para formar una tabla de surf de cristal, se agarró de un borde, y giró por los aires, controlado ahora el movimiento calculando el encendido y apagado de los ventiladores. Kahoru, divertido, cambió de estrategia, y con un movimiento circular lanzó una ráfaga de aire esférica de color verde. Descontrolado por el uso de sus poderes en un medio no estable como es el suelo, Alejandro salió despedido contra un ventilador, y sólo el encendido de la pistola y un giro de tabla le salvaron de una muerte segura. Con el láser como propulsor, esquivó un par de ataques más, pero así no podría ganar este combate. Evaluando la situación, se lanzó de cabeza contra él. Kahoru sonrió, era un ataque a la desesperada, una carga suicida sin posibilidad de éxito. Disparó el martillo del alba, y todo acabó muy deprisa.

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    En el piso de arriba, el motorista misterioso seguía esquivando los disparos, tumbando con la moto gravitatoria a cualquiera que se encontrara, fueran civiles o guardas. Al girar la esquina de un pasillo, Andy esperaba frente a las escaleras con los ojos cerrados y los puños apretados, tanto, que los nudillos estaban blancos. Con un caballito y haciendo bramar al motor se lanzó contra ella. Ésta se movió velozmente y la moto y su piloto salieron disparados por la ventana.

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    Aún aturdidos por la separación, los tres que habían ido por el otro camino corrían por los pasillos, esquivando a gente que les miraba pasar escondidos en sus habitáculos de oficina, muchos agachados bajo las mesas para evitar disparos perdidos. Las luces de la habitación se apagaron, la gente gritó asustada, y repentinamente una extraña melodía se abrió paso cada vez con más potencia encaminandose en su dirección. Un sólo foco de luz se encendió, dejando ver a un bailongo Angelus, que con unos cascos de gran tamaño bailaba al son de la música. Las mesas cayeron, y la gente empezó a gritar como una loca de miedo, pero sus cuerpos reaccionaban a la música, y seguían los pasos del danzarín en su loco baile. Algunas otras luces se encendieron, y la gente empezó a golpearse sin querer, pues todos seguían el mismo ritmo y los mismos pasos, pero en lugares diferentes con posturas distintas. La sangre comenzó a correr, mientras Angelus reía. Los brazos de uno de los tres que observaban se balancearon al compás de la música, pero otro de los tres le agarró y le impidió moverse. El tercero se quitó el casco dejando caer su melena rubia sobre la espalda, descolgó la vara blanca de su espalda, la hizo girar en el aire dos veces y les pidió que continuaran sin ella. Ambos asintieron con la cabeza y corrieron hacia la puerta, pero Angelus cambió el baile y los locos bailarines les impidieron pasar sin dañarlos. Ely lanzó un ataque sobre la rodilla izquierda, desequilibrando al líder del baile y haciendole caer. Éste no cortó su danza, pero el gesto había permitido a los otros dos continuar.

    -¡Tu ritmo con la vara no es malo, chica!
    -Lo sé, aprendí del mejor.
    -¡Sobran las palabras, blanquita! ¡Es mejor bailar y cortarse, cortarse y bailar! -la música comenzaba a ser estridente, y hacía daño en los oidos. Reemprendiendo el baile, hizo que todos cogieran un objeto cercano al sacar él un cuchillo. La danza aumentó de velocidad, los objetos cortantes se acercaban cada vez más al cuerpo de Ely. Girando la vara concentrada al máximo, desarmó a todos los danzantes cercanos, y les dejó noqueados con un golpe suave en la sien. Otro baile comenzó, pero con una vara entre las manos. Angelus reía como poseído, al cruzar las danzas. Destellos blancos y plateados se veían allí donde el metal y la madera chocaban, aunque esta última estaba siendo mellada poco a poco. Al rato, el baile abandonó el plano del suelo, para continuar con una serie de saltos y giros aereos, combinados con fintas y lanzamiento de objetos por ambos contendientes.

    -Gira y grita ahora, mujer. -un cuchillo se clavó en la espalda de Ely, cuando uno de los danzarines la atacó contra su voluntad. Ella gimió, pero no detuvo su baile. Poco a poco iba derribando a los bailarines controlados, pero ellos eran muchos y ella sólo era una. Otro cuchillo se clavó en su cuerpo, esta vez en el abdomen. Con un gesto circular doblando la espalda hacia atrás consiguió tumbar a unos cuantos más. Al alzar su torso, Angelus se había acercado lo suficiente como para golpearla directamente. Con movimientos erráticos fue cruzandole la cara, dejandola llena de moraduras, mientras ella seguía atacando con su vara a los demás danzarines, ignorando al enemigo principal.

    -¡Mujer, no sabes bailar! ¡Grita y gira, gira y grita! -una zancadilla hizo caer a Ely al suelo, golpeandose bien fuerte, porque se le nublaba la vista del dolor. Desde el suelo pudo alcanzar las piernas de Angelus, y lo hizo caer a él al suelo, derribando a los bailarines que quedaban con el gesto. Usando la espalda y la vara a modo de pértiga, partiendola en el proceso, se puso de pie y agarró la chaqueta de su enemigo levantandolo hasta la altura de su cara. Le dió un soberano cabezazo en la frente, y éste dejó de bailar. Los pocos hipnotizados que quedaban cayeron, y él puso ambas manos en el cuello de Ely, ahogandola. Ella se quedaba sin aire, pero había conseguido lo que se proponía, pues sólo ellos estaban en pie en ese momento. Desbloqueó el tiempo, para que el cañón láser del deslizardor de fuera del edificio barriera la sala sala de un disparo. La presión sobre su cuello terminó, al tiempo que el chamuscado torso de Angelus, ahora sin cabeza, caía al suelo sobre ella. Pero eso ella no lo veía, sus ojos estaban cerrados, y bajo ella, la sangre manchaba el suelo allí donde los cuchillos continuaban clavados.

    -------------------------

    Una mano agarró al motorista en el aire, estirando hacia arriba. La moto y su conductor entraron por la ventana del piso superior al que estaban, seguidas de Sophie, que había salido disparada al ver la moto volar a través de la ventana del primero. Andy atravesó el suelo de un salto, plantandoles cara. Sophie disparó varias veces con el arco, pero la joven detuvo todas las flechas con la misma mano, acumulandolas.

    -¿Estás bien? -dijo Sophie al motorista, que volvía a montar en su vehículo.
    -¿Y tú? ¿Donde están Alejandro y Selene?
    -¡Alejandro se ha quedado atrás, y Selene espero que venga pronto, corría por el pasillo espada en mano acabando con todos hace un momento!

    Andy arqueó la ceja. Tres eran pocos para enfrentarse con ella, pero era más divertido que sólo dos. Decidió esperar.

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    Al otro lado del edificio, los últimos dos corrían escaleras arriba. Llegaron a una puerta, y al abrirla descubrieron que daba al exterior del edificio. Una escalera de incendios subía hasta lo más alto, y no parecía haber nadie aquí. Paula se quitó el casco y disparó un gancho hacia lo más alto, 5 pisos por encima. Una vez hubo enganchado, enrolló el cable y salió despedida hacia arriba, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza al subir. Su compañero subió tres pisos más, y entró por una puerta. Allí, apretó un botón en la pared, y una voz femenina habló:

    -¿Cómo va todo?
    -¿Sabías que era yo?
    -Sí, seguía tu localizador con las cámaras.
    -Bien, me gusta. Todo va según lo planeado.
    -Entiendo, Fran, entiendo.
    -Ya no hace falta que me llames así más. Puedes volver a usar mi nombre real, ha terminado la misión.
    -Hasta que Terduki no muera no, Lionel, todavía no.
    -Dale tiempo a llegar hasta ti.
    -Corto y cambio.

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    Andy se había cansado de esperar. La otra no llegaba y se aburría de estar sentada, asique saltó al ataque, y en una fracción de segundo había golpeado varias veces y seguro había terminado la diversión. Al mirar sus puños vio sangre, algo que no la desagradó, hasta percatarse de que no era sangre de otro, sino suya la que fluia de los tajos en los nudillos. Divertida se giró, y allí estaba ella. Selene tenía las espada desenvainada, gesticulando con la otra mano una provocación, incitandola a combatir. Sin pensarlo dos veces, Andy rompió el suelo de la fuerza de su arranque y cargó. Los golpes secos y las patadas siseaban en el aire, al compás de la katana que tintineaba detrás. Mientras, Sophie y el motorista abandonaban la habitación por el ascensor, pulsando el último piso, y con la moto como escudo antidisparos, subieron.

    Abajo, en el piso que habían abandonado, el combate se decidía a favor de Andy. Selene estaba recibiendo demasiados impactos, aunque cada vez parecía ir más y más deprisa. Andy se extrañó, pues un humano no era capaz de seguirla a tal velocidad y menos cuando atacaba con las dos manos. Detuvo su ataque, y su sorpresa fue máxima:

    -¿Hay DOS? -Selene y Selene la miraban fijamente, con sendas katanas apuntando en su dirección.
    -Sí. No me gusta mostrar mis nuevas habilidades frente a mis compañeros, por eso el otro día conseguiste tocarme. Hoy será diferente -ambas Selenes corrieron hacia Andy a la vez, lanzando tajos a mansalva contra ella. Defendiendose rápidamente, fue mellando las espadas con sus pequeñas manos, descubriendo bajo la piel el metal que la hacía ser tan poderosa, cubriendo los cientos de circuitos de su cuerpo robótico. Un tajo en la cara la hizo volver la atención al combate, pues se estaba poniendo interesante. Cada vez parecía haber más y más filos que esquivar, y eso no era algo normal, pero... ¿qué lo era? Sonriendo duplicó su velocidad. Al tiempo, las espadas aumentaron el rango de ataques, y extrañada, saltó y observó con cautela, analizando como continuar el combate. Sus ojos se abrieron al máximo, su boca se desencajó y se le hizo un nudo en el estómago: esta vez había 6 Selene, y todas tenían la misma postura, la espada envainada y la mano sobre ella, con los ojos cerrados y las piernas flexionadas. Mientras caía se percató de su error, no debería haberse elevado, pues la altura la ponía en desventaja siendo superada en número. Intentó evitar la caída fatal girando sobre sí misma, pero sus 6 asesinas se movieron con rapidez y precisión metódica, y con una serie de saltos apoyados contra las paredes, fueron tajando cada una en el mismo sitio de la chica, para acabar clavando todas las espadas desde distintas direcciones formando una flor de metal y sangre. Selene liberó su espada del cuerpo de Andy, mientras ésta caía al suelo, muerta, y sus copias se deshicieron en pétalos de cerezo. Una ligera sonrisa se dibujó en su rostro instantes antes de caer inconsciente al suelo, culpa del sobreesfuerzo.

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    Una habitación con dos entradas les aguardaba en el piso superior. El pitido del ascensor puso en guardia a Paula, refugiandose tras la puerta de la escalera de incendios. Una moto salió despedida del ascensor, y tras ella Sophie con el arco en las manos y el motorista con una pistola láser.

    -¡Paula! -gritaron al unísono- ¿sólo tú has llegado hasta aquí?
    -Sí. Me separé de Tusker en la escalera, y no he visto a ninguno de los otros -miró hacia la escalera que daba a la azotea del edificio, e hizo señas para subir. Unos cuantos peldaños después, vieron la última habitación del lugar. Era circular, pero tenía una terraza circundante, y la vista era espléndida pues todo eran grandes ventanales de cristal. Al fondo de la habitación, Ligeia aplaudía divertida, con el Folmalhaut a un lado y el Thor últimus al otro en sendos pedestales, mientras sostenía el Tempus entre sus manos. Sentados delante de los pedestales estaban Dain y Belea, inmóviles.
    -Me alegra que hayas llegado hasta aquí, Terduki. No creo que sepas el mareo que me ha producido el conseguir atraerte hasta aquí, un plan a largo plazo que por fin surte éxito. -el motorista avanzó un paso, y extendió una mano hacia el tempus- no, querida, no. No va a ser tan sencillo. Belea, Dain, encargaos de las moscas. ¡Ella es mia! -dijo, saltando a la carga.

    Belea cogió el Thor últimus, lo alzó y giró varias veces sobre su cabeza, y comenzó a caminar hacia Sophie. Dos disparos rápidos fueron desviados con facilidad por la cabeza del gran martillo, así como los dos siguientes. Sophie intentó alzar el vuelo para seguir disparando, pero el emolumento, la piedra de la que estaba hecho el Thor últimus se lo impedía. Con una voltereta esquivó el primer martillazo, rodando a un lado, otro, pero el tercero no pudo esquivarlo y tuvo que interponer su arco en la trayectoria de la maza. Una patada bien dada la desarmó, pero al ser más alta que Belea se deshizo de ella con rapidez y corrió hacia el arco. Casi al instante el martillo pasó volando al lado de su cabeza, se estrelló contra el arco y lo hizo trizas contra el suelo. Sophie gritó, intentó levantar el Thor ultimus pero pesaba demasiado para ella, asique desenfundó un machete y corrió contra Belea, que la esperaba sonriente. Esta saltó y agarró del cuello a Sophie, quien la apuñaló repetidas veces con el único resultado de partir el cuchillo contra el metal. Una vez desarmada, era tiempo que la presión de las manitas de la niña en su cuello la asfixiaran.

    En el otro lado de la habitación, Paula sufría contra los embites de Dain. Armado con el Folmalhaut, lo disparaba de distintas maneras, soltando ráfagas de fueg y disparos de metralla a intervalos regulares, evitando el cuerpo a cuerpo con la espada sierra. Paula había transformado su brazo izquierdo en un escudo, que se estaba derritiendo a causa del calor y los disparos, mientras ella disparaba su inferior munición contra el chico, que ignoraba los daños gracias a sus miembros de metal. Abriendo uno de sus hombros, un lanzamisiles apareció, y soltó una ráfaga de ellos sobre Dain, que saltó hacia atrás y se perdió en el fuego de la explosión. Aliviada por los segundos de descanso, se dispuso a recargar y a cambiar de armas, sacando de la mochila una ametralladora más potente, cuando el hielo la envolvió. El Folmalhaut había cambiado de postura, y ahora los ojos del dragón brillaban en azul. Dain encendió su espada sierra, acercandose lentamente a la chica congelada.

    Ligeia cayó sobre el motorista, con la punta del Tempus por delante. Detuvo el tiempo, impidiendole moverse, y lo derribó contra el suelo. Agarrandole de la chaqueta, apuntó con el bastón a su cabeza.

    -Es el fin, señorita -de pronto se percató de que el motorista se reía, y que su mano sujetaba un pecho plano... el de un hombre. Le arrancó el casco de un golpe, y la cara de un chico moreno apareció debajo, riendo. Ligeia le lanzó contra la puerta de la escalera, al tiempo que  un haz de luz iluminó la habitación, los cristales estallaron, y se escucharon unas palabras:

    -Eritis sicut Deus -el Tempus voló de las manos de Ligeia hasta las de Ari, que acababa de entrar por una de las ventanas del lugar- Sergio, gracias. Ya puedes irte a casa.
    -Claro Ari, para lo que me necesites sólo tienes que llamarme -dijo sonriendo, sujetandose un brazo con la otra mano, y salió corriendo con una pistola láser por la puerta.
    -Ahora es nuestro turno de pelear, mujer. -dijo Ari, sosteniendo su arma entre las manos.

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    El cristal sobresalía de su pecho. Alejandro tapaba su propio torso con las manos, intentando evitar que la sangre fluyera fuera de él. La cabeza de Kahoru estaba caida en el suelo, separada por el tajo que el cristal que usaba a modo de tabla de skate había producido al lanzarse contra él. Con lo que no había contado era con el disparo que había atravesado su estómago.

    -El martillo del alba es eficaz de verdad... -dijo, tosiendo sangre. Su visión se nublaba, y el dolor era cada vez más ténue, pero eso era malo... denotaba que estaba muriendo- Cuantas cosas me dejo por hacer  -se dijo.- Al menos...

    "Al menos, nada"

    -¿Qui..quién? No puede ser... -una mano cálida se posó sobre su herida, y una sensación de bienestar recorrió su cuerpo. La carne estaba creciendo allí donde un agujero había antes, y la sangre volvía a fluir por sus canales. Tuvo una ligera visión de una mujer mayor, vestida de blanco, con una sonrisa cariñosa en su rostro, que le daba un beso en la frente.

    "Cuando llegue el momento, mi niño, pero todavía no"

    Abrió los ojos y se incorporó. Un aroma a lavanda y azahar cubría el olor de la sangre seca, mientras se levantaba, una lágrima se deslizó por su rostro. El combate no había terminado todavía, y se le había dado una segunda oportunidad. No la dejaría escapar. Corrió hacia afuera, esperando que Troin siguiera vivo.

    -------------------------

    Sophie se ahogaba. No podía gritar, y mucho menos pedir ayuda. Estaba sola, completamente sola. Los brazos de metal de la pequeña Belea aprisionaban su traquea impidiendole respirar, y cada vez se veía menos la luz.

    "No he llegado hasta aquí para morir"

    Introdujo su mano en el bolsillo, y un calambre recorrió sus dedos. Sacó el objeto de su chaqueta, y se lo clavó en el centro del pecho. Una luz amarilla surgió del cristal, y una descarga voltáica sacudió a ambas chicas. Belea miró sorprendida a Sophie, cuando esta la agarró de la cara.

    -¿Sabes que le pasa a las niñas malas? -concentró todo su poder en la palma de la mano- ¡lo que a todo el mundo cuando lo atraviesa un rayo! -Belea estalló cuando un relámpago atravesó limpiamente su cabeza.

    Al otro lado de la habitación, Dain introdujo la espada sierra en el torso de Paula, congelada para siempre en el tiempo en el bloque de hielo. Unos cables surgieron del interior de su torso, atrapando y deteniendo la sierra mecánica. El hielo se resquebrajó, y los ojos de Paula se encendieron con furia. Una mano atrapó el cuello de Dain, y lo lanzó lejos, atravesando uno de los cristales, dejandolo inconsciente en el suelo de la terraza. Del tajo de la sierra salían chispas, cosa que obligó a Paula a desconectarse esa zona del cuerpo para poder sobrevivir. Ya se repararía después.

    Ari continuaba inmóvil con el tempus entre las manos, y ahora el único enemigo en pie era Ligeia, la mujer del pelo rojo. Esta toquiteaba su brazo mecánico, que convirtió en una espada. Ambas mujeres caminaron en círculos, sin dejar de mirarse a los ojos. De pronto, Ari saltó lanzando un golpe alto. Ligeia lo esquivó agachandose, mientras lanzaba un tajo vetical. El tempus se interpuso entre la espada y la carne, y el extremo inferior golpeó a Ligeia en el estómago. Una serie de golpes combinados de los lados opuestos atravesaron las defensas de la mujer, que gemia divertida, mientras iba retrocediendo.

    -Este es tu fin, Ligeia. Ya nunca más harás daño a nadie.
    -Yo no estaría tan segura, Terduki. Mira la pantalla holográfica -pulsó un botón de su brazo, y una pantalla de televisión apareció en medio de la nada. En ella, las noticias mostraban el exterior de la torre de la justicia, donde los supervivientes de los asaltantes intentaban resistir, pero cada vez eran menos,  y los restantes corrían en retirada hacia el interior de la torre. La última imágen que se vio fue Alejandro cargando con el cuerpo de Troin.
    -¡¿Era una trampa?!
    -Y has caido como una boba. Además, tengo una sorpresa para tí. Pasa, Lionel, pasa. -la puerta de las escaleras se abrió, y Fran entró, con Selene al hombro, todavía inconsciente.
    -Fran... ¿qué significa esto?
    -No me llames así. Mi verdadero nombre es Lionel -la miró con desprecio, lanzando el cuerpo de Selene al suelo- No pongas esa cara de sorpresa. Deberías haberlo visto venir, pero te enamoraste, y eso nubló tus sentidos. Eres débil, Terduki.
    -No puedo.. no quiero creerlo. Es imposible... ¡esto no puede estar pasando! -el tempus se apagó en sus manos. Ahora era poco más que un bastón de madera inerte. La puerta se volvió a abrir cuando Alejandro y Troin entraron por ella, agarrados el uno al otro, y se encontraron con que el cañón de la pistola de Fran, ahora Lionel, les apuntaba directamente.
    -¿Qué harás ahora, mujer? Has perdido. No te queda ningún amigo para salvarte, y tenemos el edificio rodeado. Ah, y si te mueves, más de uno no despertará para ver el sol salir mañana.
    -Yo... yo... -las lágrimas le nublaban la vista. Había sido victima de la peor de las traiciones, y no sabía como reaccionar- ...yo... *snif* ...creo en mis amigos...

    "¡Alsan, ven!" -gritó mentalmente

    El edificio tembló, los cristales vibraron, y de pronto un aerodeslizador apareció por un lateral de la habitación, abriendo fuego sobre Ligeia y Lionel. El suelo, los ventanales y los dos chicos fueron reducidos a masas informes cuando las balas comunes entraron atravesando el escudo de plasma del edificio. El portón lateral se abrió, una escalera de mano cayó desde dentro y una mano amiga se tendió hacia ellos.

    -Ahora es el momento. Esta es vuestra historia. Es el momento de elegir: Vivir sufriendo, o morir luchando. ¿Nos vamos? -Willo sonreía mientras Cel pilotaba con dificultad el vehículo. Todos subieron rápidamente, y se alejaron por el cielo de la tarde.

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    Unas pisadas cruzaron la habitación llena de cuerpos. Ely yacía en el suelo, muerta. Él la levantó, la abofeteó hasta que la sangre cayó por su blanco rostro, y la besó. Escupió al instante, presa del asco.

    -Espero que con esto hayas aprendido la lección y hayas recuperado la memoria... Helena. -la chica tosió, como demostrando que había vuelto de entre los muertos. Preio y ella desaparecieron entre una nube de humo.

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    Un gran desierto, sin agua, sin comida, sin ninguna dirección a seguir. Pero no había miedo, pues aunque estaban solos, se tenían el uno al otro. Alsan y Duare cruzaron sus dedos casi por instinto, y caminaron hacia el sol, seguidos de cerca por la loba blanca.

    Fin de la segunda temporada de Bh2

    June 25

    Sigo aquí...

    Una definición bastante concisa de mí.
     
    Soy la pregunta del millón
    Siempre la interrogación
    No respondas que si porque si

    Y qué, qué podrias tu decir
    Si yo no te voy a oir
    No me entiendes
    Y nunca seré lo que esperas de mi

    Jamas ya me vas a conocer
    Niño y hombre puedo ser
    No me uses y apartes de ti
    Y vi como alguien aprendió
    Lo que nadie le enseñó
    No me entienden
    No estoy aqui

    Y yo sólo quiero ser real
    Y sentir el mundo igual
    Que nosotros seguir siempre asi
    Por qué yo tendria que cambiar
    Nadie mas lo va a intentar
    Y no entienden
    Que sigo aqui

    Y tu ves lo que ellos nunca ven
    Te daria el cien por cien
    Me conoces y ya no hay temor

    Yo mostraria lo que soy
    Si tu vienes donde voy
    No me alcanzan
    Si eres mi amigo mejor

    Que sabran del mal y el bien
    Yo no soy lo que ven
    Todo un mundo durmiendo
    Y yo sigo soñando por qué
    Sus palabras susurran mentiras
    Que nunca creeré

    Y yo sólo quiero ser real
    Y sentir el mundo igual
    Que nosotros, por ellos, por mi
    Por qué yo tendria que cambiar
    Nadie mas lo va a intentar
    Estoy sólo
    Y sigo aqui

    Sólo yo
    Estoy aqui
    Sigo aqui
    Sigo aqui
    April 22

    Carta para Lilith

    Hoy me ha dado por pensar. Y ahora, casi a las 4 de la mañana, me he dado cuenta de que hoy, o ayer, o mañana, hacen tres o cuatro años desde que te fuiste.
     
    No, no me he olvidado, y aunque hoy por hoy me da lo mismo, es bonito a la par que inutil recordar lo que he pasado durante este tiempo.
     
    Los días posteriores fueron insoportables, mi mundo habia sido destruido desde dentro, no voy a mentir, probablemente culpa mía, y no quería ni respirar. Pero una llamada a un buen amigo al que nunca había recurrido antes me libró de toda la pena. Una noche de vuelta al carmen, reencuentro con el pasado, pero con el pasado de verdad. Recordando una frase que Pablo Ferris me dijo la única vez que fui a su despacho (y no por ser alumno estrella), "para recuperarte a ti mismo debes volver a hacer lo que hacías antes", decidí retomarlo todo. Esto no hubiera sido posible sin el propietario de esta pagina, quien decidio recuperar antiguos vinculos y convertirse en esa persona que ahora mismo me hace pensar en naranja en los tests de personalidad. Sin duda, el hacer amigos rapidamente nunca ha sido un problema para mi, y asi consegui juntar a gente de muchos grupos distintos y darlos a conocer. Realmente a veces pienso si no habre unificado a muchisima gente del carmen sin quererlo. En fin, eso es bueno. Ese año fue el de la Turboland foil, las ratitas en mi casa, el viaje de vuelta a Piles y la primera navidad sin ti.
     
    Meses mas tarde descubrí en una noche de fiesta que tu ya no estabas sola. Fue un duro golpe para mi, inocente, que aun creia que las cosas podrian solucionarse de algun modo (sí, miento muy bien, pero eso no es culpa mia...). Una esfera de amigos me envolvió al instante, y desde entonces me di cuenta que nunca más estaría solo del todo. He de agradecer esa noche a Lorena, pues necesitaba llorar y no podía hacerlo si no era en el hombro de una mujer. Cuestion de orgullo masculino, supongo. Y del alcohol. Ese mismo verano, co-gané mi primer torneo de Legacy y conocí a mi nuevo hermano pequeño. En el Burjassotaku '06 encontré la que pronto se convertiría en mi dulce tortura permanente. Poco tiempo despues, mi espada me fue regalada por mis amigos, y una sola noche tardó en convertirse en Kirara, y formar parte de la familia. Ahora espera bajo el edredon el bajarnos a disfrutar un rato de esta noche sin luna. Un cumpleaños digno de recordar, el de ese año, y una nochevieja fuera de Cuenca de la que aún tengo buenos recuerdos (gracias a Agusteen ¬¬).
     
    La Astral y yo eramos fieles e inseparables ese año, el 07, donde Bh2 comenzó a ser escrito con asiduidad. Aqui me volví a encontrar contigo, pero en un lugar y circunstancias muy diferentes. Solo nos hemos visto dos veces desde entonces, y en las que hemos hablado ha sido una pugna por ver quien lo estaba pasando menos mal. Efectivamente, en todas has ganado tú. La red de la información llega a mi desde muchos lugares distintos, y se que te pavoneas por ello. Enhorabuena, has conseguido mellar un alma de por vida. Sin embargo poco importaba ya, pues mi corazón se habia recompuesto, no gracias a Cristina, a la que realmente nunca presté la atención que se merecía, por lo cual me disculpo, sino gracias a la chica que mas de cabeza me ha llevado todo este tiempo. El verano de ese año discutimos, y decidí dejarla. Un viaje por la costa mediterranea con mi tocayo y el conocer el lado secreto de cierta persona hicieron del verano el mejor de toda mi vida con diferencia (lo siento Sarita, has perdido el puesto). La Flow y MtgCommunity extendieron mis alas, y volví a ver Barcelona en el salon del manga. El cumpleaños que nunca quise celebrar me dio una sorpresa de valor incalculable, y la navidad volvió a tener color para mi.
     
    Este año está siendo bastante intenso, entre el cierre de la tienda, los moxes perdidos, el ancestral ganado, la Comunidad del mox, las jornadas en las que soy organizador (en parte), mis nuevos amigos, Ánima, el mal desatado, los encargos de pintura, las ofertas de trabajo, la renovacion por segunda vez de mi armario... y sobretodo la alegría que me da cada dia ver que, por mucho que diga que el amor sea solo una reacción química y totalmente hormonal, sigo teniendo esa parte sensible que una vez perdí y que aquella que ha seguido mis andanzas sin rendirse ha sabido juntar y recomponer. Mesanne, cariño.
     
    Asique asi termino que ya me estoy extendiendo demasiado, y aunque sepa que nunca vas a leer esto, espero que tu vida te esté yendo tan bien como la mia, porque francamente... mi vida empezó cuando me dejaste y no pido más de lo que ahora tengo. Me seguiré acordando de ti cada vez que vea azucenas blancas, y aunque conserve el nombre con el que me dijiste adiós y a menudo vaya al parque feliz a pensar, ya no me duele recordar. Asique, por primera y última vez...
     
    ...gracias, Sandra.
    March 10

    Una llamada al vacío

    Al otro lado del teléfono unos interminables tonos hasta que salta el contestador:

    - Hola, no estoy en casa, déjame un mensaje después de la señal.

    - Hola, mmmm... Vaya qué difícil es pillarte. Te llamaba para hablar contigo un rato y contarte que esta mañana hacia tanto viento que casi no podía caminar y las hojas de los árboles estaban por todos los sitios menos en el suyo, y que una niña casi volaba como una cometa mientras su padre la sujetaba de la mano, entonces me acordé de aquel día que tú y yo íbamos paseando y un golpe de viento se te llevó la gorra…

    Un pitido anuncia el limite de tiempo de la grabación del mensaje.

    - …Te llamaba también para decirte que te echo de menos, que me siento terriblemente solo desde que te fuiste y que no se vivir sin ti.
    November 29

    Blue Heaven 2 - Choose

    Dedicado a Ari Terduki por su cumpleaños. ¡Eres la mejor, Ari!

    -Elección-

    Un rayo de luz cruzó el cielo, abriendo un agujero en el suelo de 3 metros de radio. Saltando sobre el humo, lanzó la parte superior del bastón contra su cabeza, pero ella ya no se encontraba allí. Ari sabía que el relámpago blanco no había alcanzado su objetivo, pero entre la polvareda levantada y el brillo cegador, no veía demasiado bien. Cerró los ojos para concentrarse en los sonidos, y esperó.
    Una vibración en el aire hizo que se agachara, esquivando dos cuchillas lanzadas contra su cuello. Sin pensar, descargó un rayo lumínico en la dirección en la que habían venido las dagas, pero el bastón fue desviado por una ráfaga de aire.

    -¡Somos demasiados para ti, mujer! ¡No vas a poder pelear con todos al tiempo!

    Ignorando la amenaza, Ari volteó sobre sí misma el bastón, creando un círculo de luz en expansión. Tras unos segundos, la luz y el polvo se dispersaron, y allí estaban sus oponentes, esperando. Ligeia, Kahoru y Angelus la miraban sentados en una roca, con media sonrisa en la cara.

    -Eres demasiado lenta, ¿lo sabías? -dijo Ligeia, levantandose.- Y esto solo acaba de empezar.
    -No creas que por poner tierra de por medio
    - Ari se estremeció, saltó a un lado pero no pudo esquivar el tajo transversal de la espada sierra. Dain se había acercado por su espalda, silencioso, y había comenzado el ataque. Sangrando por un tajo no muy profundo, se giró para plantarle cara.
    -...Dain... -interpuso el bastón entre ella y su cuerpo, como defensa contra la espada, mientras su hermano atacaba incesantemente con la mirada perdida . Tras tres potentes golpes , la espada sierra se encendió, y las hojas de la parte mecánica comenzaron a emitir un zumbido en crescendo. Ari retrocedió un par de saltos, pues no quería dañar a aquél que era sangre de su sangre, y tampoco quería acabar partida en dos por semejante arma.

    -Me has enfrentado a mi hermano, has atacado al que más quiero en el mundo, y ahora... ahora te burlas de mi. Esta será la última vez que nos veamos, Ligeia. -el bastón Tempus brilló con fuerza, y el tiempo se detuvo para todos. Ari avanzó con esa calma que tienen aquellos que saben que tienen que hacer algo importante, que está mal pero que no pueden evitarlo. Una vez estuvo al lado de Ligeia, descargó con fuerza el nudo del bastón sobre su cabeza, acabando con su vida.

    Al instante, un flash la cegó. Al recuperar la visión, se encontraba atada de pies y manos frente a la mujer a la que acababa de matar, quien jadeaba de cansancio.

    -¿Qué ha pasado? -forcejeó para soltarse, pero no pudo.- ¿porqué estoy atada y tú sigues viva? ¡Acabo de matarte!

    Por toda respuesta, recibió una sonora bofetada. Angelus y su hermano se dieron la vuelta, apuntando con sus armas hacia una nube de polvo que se acercaba rápidamente. Ligeia la miró, con la mano aún latiendo del golpe, e hizo una seña. Al momento, el frío filo de una espada se situó bajo el cuello de Ari.

    -Dain, acaba con la vida de tu patética hermana. -el niño no movió ni un músculo- Hazlo, ¡ahora! -el cuerpo del pequeño comenzó a convulsionarse, dominada su mente pero no sus emociones. Las lágrimas corrían libres por su rostro, mientras levantaba la espada y encendía de nuevo la sierra. Instantes después, descargó el filo contra su hermana.

    -------------------------------

    Una esfera ámbarina flotaba en el aire, entre nubes de humo. Con su media sonrisa típica, Preio miraba el contenido. Un chico joven yacía dentro, con una expresión de rabia infinita. Al ir a apoyar la mano sobre el cristal, una barrera rúnica se lo impidió.

    -Aléjate de la cárcel ámbar -una joven, vestida con una túnica marrón cerrada, había aparecido entre la niebla.
    -¿Y qué pasará si no lo hago?
    -Entonces me veré obligada a detenerte
    . -al acercarse más, Preio observó que sus ojos tenían los colores diferentes. Uno era verde esmeralda, el otro, azul cobalto.
    -Puedes intentar detenerme, pero no creo que tú a solas puedas. Si sabes quién es, sabrás qué es esto -dijo, mostrando un cristal negro como el carbón, pero con luz propia.
    -Así es. Es el cristal de Antares, el Fin de los Tiempos. Sin embargo, por mucho poder que esté desatando, aún está dormido.
    -¿De verdad? Interesante...
    -una ráfaga de oscuridad surgió de pronto de Preio, y azotó la cara de la chica. Esta, se repuso del golpe, mientras una loba blanca con un halo verde surgía de entre sus ropajes.
    -Voy a tener que detenerte. No puedes despertarle de nuevo, no mientras el mundo siga siendo mundo.
    -Ningún mortal puede detenerme
    -Preio apoyó su mano sobre el ámbar, que reaccionó al contacto. La cárcel entera brilló, y comenzó a introducirse en el cuerpo del líder de los Slayers.
    -Si tú te unes a él, serás el Adán de este mundo, y yo, como Eva, tendré que acabar contigo. Okami, adelante. -la loba se desvaneció en el aire, y ella se vió oculta por una neblina verde. Cuando todo terminó, Preio miraba con ojos color sangre hacia la mujer.
    -He vuelto... ¡y esta vez será definitivo!
    -Mientras yo esté aquí...
    -una brecha en la realidad se abrió de repente, y Preio empujó a la chica de un disparo adentro. Ahora, estaba solo, y pronto, muy pronto, consumaría su plan. 

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    El filo de la sierra soltaba chispas contra el brazo biónico de Dain. Su fuerza de voluntad había salvado a su hermana de la muerte, a costa de su propio brazo.

    -¡Maldito crío! ¡Tendré que hacerlo yo misma! -los disparos sonaban de fondo, cuando Fran apareció sobre un deslizador descargando ráfagas láser contra los dos hermanos. Un escudo de aire se levantó, desviando los ataques energéticos. Cambiando de arma a una más común, la ametralladora comenzó a soltar balas. Angelus saltó tras Ligeia, y a una velocidad sobrehumana detuvo todas las balas cortándolas con las dagas. Ligeia giró su cabeza para ver quién era el misterioso atacante, cuando de pronto algo acometió contra ella. Rodó por el suelo, un mar de brazos y piernas, deshaciendose de un tajo de Dain, su repentino agresor. Al ver a su hermano sangrar, Ari soltó un grito de rabia, sus ojos se encendieron como faros, y surgió luz de todo su cuerpo. Elevandose del suelo, las cuerdas que la ataban prendieron en llamas, al tiempo que el Tempus orbitaba el cuerpo de la chica girando sobre si mismo.

    -¡Esta tierra será tu tumba! -Ari había perdido el control de sus poderes. Fogonazos de luz salían disparados en todas direcciones, dejando negro el suelo ahí donde caían. Fran saltó a un lado al tiempo que uno destruía el deslizador, y la explosión lo dejó sin sentido. Angelus se dispuso a atacar, pero ni podía enfocar a Ari con tanta luz, ni era capaz de disparar mientras esquivaba los fogonazos. El teléfono de Ligeia comenzó a sonar, y apartandose a la carrera lo descolgó.

    -Ahora tan sólo quedan tres, señora.
    -Este no es un buen momento para que llames, estoy ocupada. Conseguid lo que habeis ido a buscar, y volved rápido a la base. Nosotros llegaremos...
    -la comunicación se cortó de pronto, por culpa de uno de los fogonazos de Ari.- Maldita bruja barata... ¡¡atención, retirada!! ¡Coged al crio, lanzad al otro bajo ella y apartaos!

    Kahoru lanzó el cuerpo de Fran bajo la chica, donde moriría seguro víctima de un fogonazo. Un dilema se planteaba: ¿salvar a su hermano a costa de la vida de su novio, o salvar a su novio y arriesgarse a perder a Dain? El corazón pudo sobre el instinto, y concentrandose, lanzaó el Tempus lejos de ella, con lo que la energía del arma dejó de fluir por ella. Levantando la cabeza de Fran del suelo, comprobó que estaba bien, y lo abrazó contra su pecho. Al incorporarse, ellos ya no estaban, y el Tempus, tampoco.

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    Troin corría por el bosque, buscando a Sophie sin éxito. Gritara las veces que gritara su nombre, no aparecía por ningún lado. Desesperado, se sentó a esperar al resto. Al rato, Paula apareció cargando en su espalda a Sophie, inconsciente y con heridas leves. Rápidamente la atendieron entre los dos, y su estado mejoró ampliamente. Las hojas de un arbusto se movieron, y Machause apareció entre la espesura, muy serio.

    -¿Dónde estabas? ¡Sophie está muy herida! Tenemos que... -la espada extensible de Machause hizo un tajo en el hombro de Troin. Este se llevó la mano a la herida, sorprendido de lo que estaba pasando - ¿qué significa esto?
    -Sólo lo diré una vez, chico. Dame el Thor últimus y nadie saldrá herido.
    -¿Qué? ¿Que te de el martillo así por las buenas? ¿Qué pretendes?
    -la espada chasqueó, y Paula cayó al suelo, con un tajo en el pecho. Sus ojos habían perdido el color, y varios chispazos salieron del corte. Los ojos de Troin se pusieron como platos.
    -Has... has matado a Paula... -levantandose, izó el martillo sobre su cabeza, y este comenzó a vibrar- ¡prepárate, maldito!

    Casi al instante, se derrumbó en el suelo. El aura de emolumento del martillo nada hacía sobre Machause, que dominaba la espada sin usar ningún poder antinatural. La sangre de Troin se derramaba en el suelo, con las piernas tajadas transversalmente, casi separadas del torso. Cayó inconsciente por el shock, bajo la atenta mirada de Machause. Este se acercó, recogió el martillo de entre sus manos, y se marchó junto a Belea.

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    La bestia rugió con fuerza, acosando a la ATS y a los niños. Gritando, los pequeños se abrazaban con fuerza los unos a los otros. Ella sin embargo, se mantenía firme, como única arma un trozo de valla de metal encontrado en el suelo. La cabeza de la criatura se fue precipitando sobre ellos, mientras el miedo les paralizaba a todos.

    -No te los llevarás mientras yo pueda evitarlo.

    Una pared de roca detuvo las fauces del monstruo. Willo abrió un agujero en el suelo allí donde la criatura se sostenía, tragandosela el suelo y cerrandose tras de si. La chica se dejó caer de rodillas, y comenzó a llorar. Él la abrazó tiernamente, y sonriendo le dijo:

    -Ya ha pasado todo, Cel. Ya ha pasado todo.

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    Sus compañeras estaban en un estado lamentable, y él se encontraba en un apuro. Disparó de nuevo el Folmalhaut, pero el cuerpo de Richard volvió a recomponerse.

    -¿Vas a seguir así mucho tiempo o tenemos que matarlas del todo? -Richard estaba en jarras. Andy mantenía la cabeza de Selene apretada contra el suelo, casi impidiendole respirar. Alejandro no sabía que hacer.
    -¿Cómo se que si te entrego el arma no nos matarás después?
    -Fácil, si quisiera mataros, ya lo habría hecho. Ahora déjate de tonterías, y suelta la Logia.

    Evaluando su situación, vio pocas alternativas a lo que el hombre le decía. Dejando el Folmalhaut en el suelo, subió el cuerpo de Ely al deslizador, e hizo que Andy subiera el de Selene. Una vez hecho esto, lanzó de una patada la Logia lejos, y de un salto, subió al deslizador y lo arrancó. Sus compañeras eran más importantes que el arma.

    -Buen chico -dijo Richard, una vez que estuvieron lejos.

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    Los comunicadores sonaron al tiempo.

    -¿Sí? -dijeron Alejandro y Ari a la vez.
    -Soy Elena, ¿me recordais? Venid rápidamente a Geocity, a las afueras del sector 9. Tenemos que hablar.

    Dos días mas tarde, estaban todos reunidos en un piso franco en el sector 9. Los heridos estaban todos en una sala, descansando, mientras que Alejandro, Sophie y Ari estaban reunidos con Elena, alrededor de una mesa.

    -Esta es la situación: nuestro grupo ha sido seriamente mermado, y no creo que vuestros compañeros se recuperen en menos de tres días. Troin ha estado al borde de la muerte, pero por suerte Paula se autoreparó con la suficiente velocidad como para evitar algo peor. Aun así, hemos perdido las tres Logias de las que disponíamos, y no sabemos nada de Preio desde hace un tiempo. No por ello podemos descuidarnos, asique debemos recuperarlas cueste lo que cueste.
    -Opino igual
    -dijo Alejandro- Tenemos que entrar allí donde las tengan, y recuperar lo que es nuestro.
    -¿Y como pretendes que hagamos eso?
    -Sophie le miraba, inquisitiva- está claro que tenemos que recuperarlas, pero.. ¿entrando por la fuerza o tienes un plan mejor?
    -Aunque sea por la fuerza, tenemos que entrar ahí. Mi hermano me está esperando, y no quiero pensar en las cosas que esa arpía puede estar haciendo sobre él. -Ari golpeó con fuerza la mesa- Hoy es miercoles. El domingo, que es cuando la vigilancia en la ciudad es menor, atacaremos su base.
    -¿Sabes donde se ocultan?
    -Sí. La torre central de GeoLabs. También la llaman La torre de la Justicia. Ahí es donde los dirigentes se reúnen siempre, y también es su arsenal y laboratorio de investigación principal.
    -¿Cómo sabes todo eso?
    -Conoce a tu enemigo para conocer sus puntos débiles. Es ley de vida.

    La puerta se abrió, y Fran entró en la sala.

    -Cuando ataqueis la torre, yo os haré de distracción. Así no tendréis que enfrentaros a toda la guardia antes de llegar.
    -Entonces está todo claro -dijo Elena, para terminar
    - El domingo les declararemos la guerra. Ojalá Alsan estuviera aquí para combatir a nuestro lado.

    --------------------------------

    Un resplandor iluminaba la sala. Las paredes estaban destrozadas, el techo, caído. El viento corría entre los escombros, levantando el polvo. Los dos se miraban fijamente a los ojos, pero ninguno decía nada. Ella se apartó el pelo del rostro, y se rió por lo bajo.

    -Alsan -dijo ella. Un aura gris envolvía al joven.
    -Lilith -respondió. Cintas moradas serpenteaban a su alrededor, girando al compás de un vals silencioso.
    -Al final, has venido. -desenvainó dos espadas cortas. Lanz´una salva de relámpagos que él detuvo con facilidad. Extendiendo el brazo derecho, formó media cruz con su cuerpo, y una esfera de energía se materializó en la mano. Conocedora del movimiento, ella hizo lo mismo, y al ser disparadas las esferas, chocaron produciendo daños severos a la estructura ya caída del sitio.

    -Sí. Una vez fuimos los mejores, juntos, imparables. Ahora... he venido a afrontar que tú ya no estás. Te fuiste para siempre, pero aquí, dentro de mi cabeza, seguías viviendo.  -cruzaron las espadas. Destellos plateados surcaban el aire, iluminando el sitio allí donde se encontraban los filos. Corrieron perpendiculares a la pared, él por el suelo, ella desafiando la gravedad subida a la misma. En la esquina se encontraron, dejando surcos en la pared allí donde las espadas fallaban sus golpes.

    -Asique nunca llegaste a olvidarme, ¿eh? Siempre fuiste muy débil. Y ahora, te pasa factura, claro... -lanzó un par de tajos contra él. De un salto, pasó por encima de su cabeza y se puso a su espalda. El golpe estaba muy practicado, y el movimiento fue preciso. Elevando la espada sobre su cabeza y situandola a su espalda, Alsan desvió los dos tajos letales que se dirigían a su cuello desde su punto ciego. La tela cayó al suelo, troceada por la intensidad del combate.

    -Sin embargo, ahora soy fuerte. Tengo gente que me respalda. Ya no volveré a quedarme solo. -un movimiento rápido: una finta, la katana volando en un complicado giro de 270º, y la sangre de la chica manchó el suelo y las paredes. Él la agarró al caer, mientras ella sonreía.

    -Nunca quise... -un beso la silenció. Sus ojos se cerraron, para no volver a abrirse. Él la dejó en el suelo, poniendo sobre su cara un pañuelo verde sacado del bolsillo. Lentamente, salió de la casa, mientras las nubes se dispersaban dejando ver rayos de sol. El cuerpo de la chica se deshizo en volutas de humo.

    -Adiós para siempre.

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    En el espacio entre las realidades, dos figuras se encontraron. Ambas estaban perdidas, ambas con un objetivo en mente. Cruzaron una mirada, bastó para saber que no eran enemigos... de momento. Ella estaba herida, él, perdido. Juntos, podrían salvarse el uno al otro, pero todavía no lo sabían.

    -¿Cual es tu nombre, chica? -dijo Alsan, sosteniendola entre sus brazos.
    -¿Mi nombre?... he tenido muchos, pero imagino que por ahora puedes llamarme... Duare.

    October 15

    Querer comprender

    Tras mucho deliberar, cuelgo aquí el anuncio de El Pais que está revolucionando internet, yendo sin parar de Blog en Blog. Es estupendo, y describe perfectamente las cosas que deberían ser importantes para todos, y no esa sarta de sandeces que pensamos que tienen algun tipo de relevancia. Y cuando reciba alguna disculpa, colgaré Bh2.
     
    La calle, las casas
    las caras, la gente
     
    Los sueños pendientes
     
    La lluvia, los fuertes
    la guerra, las balas
    los punks, los modernos
    lo enfermo, lo que parece caduco pero es eterno
     
    Las fobias, las novias
    las nuevas memorias
    las partes perdidas de la historia
     
    ¡La gloria!
     
    China, internet,
    marihuana, Tijuana,
    las curas, el sueño,
    los sintecho, los dueños

    ¡Ventajas!, cuellos con joyas,
    ¡alhajas!
     
    Cielos

    Miradas con rabia,
    Arabia,
    secretos, famosos,
    poetas, austeros,
    politicos, versos,
    literatura sin ceros
     
    Un niño que nace
     
    El sol, la agonia
    lo escrito, el futuro
    la noche, la vida

    Las vidas.
     
    Querer comprender.
     
    September 21

    Blue Heaven 2 - Gale Shadows

    Viendo el horizonte desde el asiento del vehículo, Sophie esperaba, impaciente, el momento de entrar en acción. Hacía escasos minutos que habían enterrado el cuerpo de la Paula humana, muerte quién sabe cuanto tiempo atrás, y las lágrimas por su amiga aún rodaban por sus mejillas, encendiendola de rabia. La ceremonia había sido simple, puesto que no habían contado con suficientes recursos. Ver a la Paula robótica cavar la tumba para su modelo original, mientras su pequeña hermana, Belea, miraba sin decir ni una sola palabra, había acabado con la paciencia de la chica.

    Apretando sus puños juró en silencio que alguien iba a pagar caro esto.
     
    -Sombras del vendaval-
     
    Dejando atrás la isla boscosa flotante, se sumergieron de nuevo en la niebla, no sin antes echar un vistazo al horizonte, buscando algún otro lugar donde seguir consiguiendo información. De nuevo en el aerodeslizador, el banco de niebla les volvió a envolver negando por completo su visión, obligandoles a confiar en el radar. Durante varios minutos estuvieron parados, ampliando el alcance, sin éxito alguno.
     
    -El radar no indica absolutamente nada, Troin -dijo Machause, entristecido- ¿hacia dónde debemos seguir ahora?
     
    Troin se tomó un rato para responder. Concentrado como estaba en su siguiente destino, no advirtió el brillo ténue que emitía uno de sus bolsillos.
     
    -Desconozco el camino. Nuestra única indicación fue que continuasemos hacia el oeste, y que llegado a cierto punto veríamos una señal que nos dirigiría a nuestro destino.
     
    Machause asintió, pero no contento con la respuesta, siguió preguntando.
    -Bien, pero... ¿podrías darme más información?, porque realmente, con eso que me has dicho no me dejas para nada tranquilo. Si vamos a recibir otro ataque como el de antes, prefiero estar preparado a volver a combatir a ciegas.
     
    Sophie se adelantó de un salto interrumpiendo la conversación con un gesto. Señalando hacia el bolsillo de Troin, consiguió que por fin se dieran cuenta de que algo brillaba en su interior. Al sacarlo, vieron la luz que el cristal de Moth, la última gran bestia que habían logrado derrotar, brillaba con fuerza. Machause la cogió entre sus manos, asombrado, haciendola girar sobre si misma. Inquietado, la depositó sobre el panel de mandos.
     
    -¿Es normal que este pedazo de cristal haga esto?
    -No, no lo es. Sin embargo, no es la primera vez que vivo esta situación. Apagad las luces del interior, y entenderéis que quiero decir.
     
    Rápidamente, todos hicieron lo que Sophie había pedido. Una vez que todo estuvo a oscuras dentro del vehículo, vieron como un fino haz de luz salía del cristal apuntando entre el banco de niebla. Poniendolo sobre el radar, Sophie encendió los motores del aerodeslizador, e hizo que la nave se dirigiera en esa dirección. Cerrando las manos con firmeza sobre los mandos, se giró sonriente.
     
    -Volvemos a tener rumbo.
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    Un escalofrío recorrió la espalda de Mita al escuchar la puerta cerrarse con fuerza. Se giró, esperanzada, pero la figura de la entrada no era quien ella esperaba encontrar. 
     
    -Oh, eres tú, Alastor...
    -Yo también me alegro de verte, mujer.
    -¿Y bien? ¡Habla! ¿Dónde están los que faltan?
     
    Alastor se sentó en una de las sillas de la habitación, apoyando los codos sobre las rodillas, sujetandose la cabeza entre las manos. Lentamente, alzó la cabeza hacia ella, con un vestigio de ira en sus ojos.
     
    -No van a volver.
     
    La cara de Mita no podía ser de mayor sorpresa. Se levantó de un salto, y se acercó rápidamente al chico, al que agarró de la camisa negra, acercando sus caras.
     
    -Repite eso, y esta vez... ¡no me mientas!
     
    Liberandose de un manotazo, Alastor se levantó, y se acercó a la ventana. Las calles estaban muy concurridas, la gente, iba y venía de un lado a otro, inconscientes de lo que se desarrollaba en aquel edificio, cubriendose de la lluvia con sus paraguas. Pero en esos momentos, nada importaba, pues las cosas habían cambiado a peor.
     
    -He dicho que no van a volver. Calhiel... esa niña estúpida me noqueó por la espalda y usó "eso" para anular mis poderes. -dijo, lanzando un brazalete sobre la mesa. Mita lo cogió, y de pronto se sintió mucho más débil. Dejandolo en la mesa, se apartó a un lado.
    -¡Piedra del emolumento...! lo único capaz de anular los poderes de los cristales, devolviendo su energía al planeta... ¿de dónde ha salido eso?
    -Lo desconozco... pero no la quiero cerca. En cuanto la vi en mi brazo, entendí porque me sentía desfallecer, y me la quité al momento, pero para cuando llegué a donde Calhiel se encontraba, era tarde. Una montaña se había derrumbado sobre ella, y al encontrar su brazo, asomando entre los cascotes, con su cristal partido en dos y totalmente apagado, supe que no había podido controlar su propio poder, pues algo tan destructivo solo podía salir de ella misma.
     
    Mita suspiró sonoramente. Aun siendo indiferente para con la chica, seguía siendo una de sus compañeras, algo cada vez más escaso en su organización. Con el ejército de Paulas destruido, Calhiel muerta y Preio en paradero desconocido, sólo quedaban cuatro Slayers: ella, Alastor, Samiel y...
     
    -¿Y dónde está Natx? Has dicho que no iban a volver, pero no podías referirte a él también, ¿verdad?
    -Él... fui en cuanto pude en su busqueda, pues si habían conseguido acabar con Calhiel, temí por la vida de Natx, pero cuando estuve cerca del lugar donde se había quedado para retrasar el avance de esos entrometidos, no sentí ninguna presencia en el lugar. Entré con cautela pero a toda velocidad,  buscando por todas las partes de la casa, y al llegar a la biblioteca, vi la espada clavada en una montaña de libros. Un olor acre inundaba la sala, y el resto te lo puedes imaginar...
     
    Ella se agarró la cabeza con las manos. No podía ser, no quería creerlo. La carga incendiaria que llevaban dentro solo detonaba cuando el corazón se detenía más de 15 segundos, y eso significaba que Natx debía estar muerto para que eso hubiera sucedido.
     
    -Di que no había ninguna zona ennegrecida por el fuego, Alastor. Necesito que digas que no había ninguna, y que Natx sigue vivo.
    -Creo que ya te he dicho antes lo que sucede. Asumelo, no va a volver.
     
    Girandose descargó un puñetazo con toda la furia que pudo contra la pared. Mita se sobresaltó, y no pudo evitar que las lágrimas se derramaran por su rostro, lentamente. Secandose con la manga, hizo de tripas corazón: ya tendría tiempo para llorar más tarde, cuando hubieran sido debidamente vengados.
     
    -¿Y que hacemos ahora? ¡He mandado a Samiel a despertar a Raz'el, la bestia de la piedra! ¡Si tan poderosos son, le he enviado a una muerte segura!
    -Entonces tenemos que ir a salvarle, y tenemos que ir ya o será demasiado tarde para él también. Vete preparando, o pronto seremos tú y yo los únicos que sigan esta jodida lucha. Y recuerda: su nombre es 004-I, no Samiel. No es del todo humano.
     
    Mirandole furiosa, se le erizó el pelo de la electricidad estática que ahora generaba su cuerpo.
     
    -Sin duda alguna, es de lejos mucho más humano que lo que tú serás jamás.
     
    Maldiciendo en voz alta, Mita recogió su guadaña del armario, sintiendo una electrizante descarga al levantarla entre sus manos. Pagarían por lo que habían hecho.
    --------------------------------

    La piedra brillaba cada vez más fuerte, tanto que habían tenido que taparla casi al completo con una manta. De pronto, el resplandor se apagó. La niebla se hizo menos espesa, y a pocos metros divisaron tierra. Esta vez, la extensión parecía ser tierra firme.
     
    -¿Creeis que hemos llegado al otro extremo de la brecha? -preguntó Troin, pegando su rostro al cristal delantero.
    -Creo que tenemos que continuar a pie de ahora en adelante. -Sophie abrió la portezuela lateral del vehículo, se deslizó por la rampa y aterrizó en tierra, disipando los restos de neblina que cubrían la zona con la mano. Árboles de denso follaje, oscuros sus troncos y hojas, crecían a ambos lados del camino, creando un pasaje bajo sus ramas que dirigía quién sabe a donde.
    -¿Nos adentramos pues? -Sophie, dispuesta, sacó su arco y agudizó su visión. Las espirales de sus ojos comenzaron a brillar, y continuó caminando. El resto bajaron a toda prisa, ansiosos por seguirla.
     
    Al rato llegaron a un pueblo. Las casas eran de madera, y las puertas estaban decoradas con dibujos rojos. Al acercarse más distinguieron los dibujos, que eran todos árboles rojos con el tronco partido. Llamaron con los nudillos a la puerta de la primera casa, pero la única respuesta fue un movimiento en las cortinas, tras el cristal de la ventana. Probaran en la casa que probaran, el resultado era similar, hasta que de una de las ventanas de los pisos superiores les tiraron una piedra.
     
    -¡Ya basta! -Machause le pegó una patada a la puerta de la casa, abriendola con fuerza hacia dentro. Un hombre con una escopeta le apuntó directamente al rostro, haciendo retroceder al rubio muchacho. En un movimiento demasiado rápido para el ojo humano, Belea desarmó al hombre, y lo derribó al suelo. El grito de socorro de una mujer se escuchó desde dentro de la casa, y ellos entraron en tromba. Unas extrañas criaturas, mitad mujer mitad árbol tenían acorralada a la señora de la casa. De un par de golpes Troin se abrió paso entre las criaturas, descargando una y otra vez su porra de energía en los flancos de las mismas. Una de ellas intentó zafarse, pero acabó ensartada por una flecha. La espada extensible de Machause acabó con la vida de otra de ellas, desparramando trozos de árbol por toda la habitación. El resto de las criaturas corrieron hacia fuera por un agujero de la pared, perdiendose de vista en el bosque.
     
    -¿Qué demonios eran esas cosas? -gritos de auxilio se escucharon entonces provinientes del resto del pueblo. Paula, que era la más cercana a la puerta, puso los ojos como platos y salió corriendo hacia fuera de la casa. El resto fue detrás, y al salir vieron una horda de las mismas criaturas entrando al pueblo al unísono desde el bosque.
     
    -¡Driadaaaaas! -gritó alguien. Una campana comenzó a sonar, y de las ventanas empezaron a surgir hombres con escopetas y fusiles, descargando su munición contra las criaturas. Algunas de ellas cayeron al suelo, con el cuerpo destrozado, pero el resto pasaron por encima de sus compañeras sin miramientos. Incapaces de contenerlas, las casas más próximas al bosque fueron rápidamente desalojadas usando los árboles como plataformas para pasar de ventana a ventana.
     
    -¿Que hacemos ahora, Troin? -Sophie le miraba expectante, mientras lanzaba flechas sobre la horda de criaturas.
    -¡¡No lo sé!! ¡Son demasiadas para nosotros solos!
    -¿Y vamos a dejar que acaben con la gente del pueblo?
    -Machause ya corría de frente hacia la vanguardia de las driadas. De pronto, se detuvo, pues Paula estaba allí plantada, de pie, entre las criaturas y él. Ella inspiró, soltó el aire, volvió a inspirar, soltó el aire de nuevo, e inspiró por tercera vez. Cuando abrió la boca, un torrente de llamas surgió de ella, abrasando a las driadas, que intentaron retroceder, pero vieron su huida entorpecida por las que venían detrás. Paula abrió fuego de nuevo, y más driadas perdieron la vida en el proceso. El fuego se propagó entre ellas, consumiendolas hasta las raíces. Pronto no quedaba ni una en pie, y las puertas de las casas comenzaron a abrirse.
     
    La gente llenó las calles, pateando los más osados las brasas de las driadas, hasta que un hombre mayor se acercó al grupo, cojeando.
     
    -Viajeros, os agradecemos la ayuda que habeis prestado a nuestro pueblo, Friven, pero antes de las celebraciones, debemos saber una cosa: ¿quienes sois y qué os trae a estos lares?
     
    El hombre se presentó como Sven, alcalde de Friven, la única aldea del Bosque de las sombras. Troin y Machause se miraron extrañados, pues nunca habían oido hablar de tal sitio, y mucho menos de un bosque escondido entre la niebla. Lo que sabían del mundo del otro lado de la brecha era escaso, pero era de creencia popular que nada ni nadie vivía más allá del banco de niebla. Sobreponiendose a la primera impresión, contaron a Sven su historia, y al terminar, el anciano se retiró a su cabaña, meditabundo. Un joven se les acercó, y les guió hasta lo que ellos calificaban de hotel: una casa de dos pisos con una sola habitación común tras unas escaleras de mano. Antes de que el joven se marchara, Sophie le cogió por un hombro.
     
    -¿Cuanto tendremos que esperar aquí?
    -Hasta que el mayor decida. En cuanto salga de su descanso, os avisaremos. Mientras tanto, disfrutad de las esplendidas vistas.
     
    Subieron al piso de arriba, donde cuatro camas les esperaban, aun siendo ellos seis. Tomaron asiento en círculo, y mientras Troin cerraba la portezuela de acceso a la escalera, Sophie se acercó a la ventana, para ver el exterior.
     
    -En fin... prisioneros en una cárcel de madera. ¡Y encima nos tratan como a "invitados"! Deberíamos marcharnos cuanto antes de este sitio...
    -Tenemos que esperar, Sophie
    -dijo Machause arreglandose la camisa- No sabemos si pueden ayudarnos en la búsqueda de la Logia, y creo que es lo principal en estos momentos.
     
    Horas después, cuando los ánimos de todos se hubieron calmado, Sophie se levantó de una de las camas, y saliendo por la ventana, se marchó volando a investigar por su cuenta. Intentaron impedírselo, pero no hubo manera. Salió disparada hacia la cobertura de los árboles de copa baja. Una vez en ellos, y habiendose cerciorado de que nadie la había seguido con la vista, avanzó por el bosque.
     
    Densas capas de hojas cubrían su camino, impidiendole a veces avanzar, teniendo que descender al nivel del suelo en ciertos momentos. Al rato alcanzó a ver un claro en el bosque, del que surgía un resplandor tenebroso. Al acercarse, una sonrisa de sorpresa se dibujó en su rostro, y rápidamente descolgó el comunicador:
     
    -¿Troin? ¡Localizadme en seguida! ¡¡He encontrado a 004-I, el niño de los Slayers!!
    --------------------------------

    Al tiempo, Troin estaba teniendo una agitada conversación con Sven, el anciano alcalde del poblado. Habían encontrado mucha información útil para ambos, uno quería saber del nuevo mundo, toda la extensión tras la cortina de niebla, y el otro, lo que había quedado del antiguo mundo tras las guerras. Cuando el comunicador sonó portando las noticias de Sophie desde el otro lado, todos se levantaron velozmente, listos para la acción.
     
    -¡Esperad! -el anciando se puso en pie, deteniendoles con un gesto- Si es cierto lo que decís, el enemigo a por el que vais también es enemigo nuestro, pues si puede controlar las mentes de las criaturas, habrá sido seguro él el que habrá hostigado a las driadas, pacíficos seres, a atacarnos. Permitidme que os prestemos ayuda en vuestra batalla. -e hizo dos gestos, con los que dos hombres se retiraron.
     
    Al rato regresaron, portando un enorme martillo en las manos.
     
    -Hace no demasiado, encontramos este martillo flotando con un resplandor amarillo en la plaza del pueblo. Creemos que tiene poderes divinos, pues toda criatura mágica que se ha acercado a él ha caído presa de una debilidad antinatural. Lleváoslo y haced buen uso de él.
     
    Machause y Belea se miraron, asintiendo. Era extraño, sin duda, pero ahí estaba, frente a ellos.
     
    -El Thor Ultimus... un martillo creado con Piedra de Emolumento... se dice que absorbe los poderes de aquellos que se oponen a su portador.
     
    Troin le miró, asombrado.
     
    -¿Es posible que esta sea la Logia que andabamos buscando?
    -Así es
    -dijo Belea, asintiendo.
    -Entonces vayamos a darle buen uso -empuñando el martillo con ambas manos, lo alzó en el aire- ¡Gracias, abuelo!
     
    Salieron corriendo en dirección de Sophie.
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    El temblor se hizo cada vez más evidente. Samiel saltaba de árbol en árbol, gritando como un poseso, mientras los animales del bosque corrían despavoridos, huyendo del lugar. De un tremendo movimiento, la tierra se partió, y de su interior surgió Raz'el, una mole gitantesca, totalmente pétrea, con columnas en su espalda. Los árboles sobre los que estaba Samiel cayeron en la espalda del monstruo, y desaparecieron de la vista.
     
    -Maldito crio... ¡dispersaos! -gritó Troin, mientras rodaba por el suelo, evitando un árbol en su caida. Largas zarzas surgieron de entre los pliegues rocosos de la bestia, lanzadas directamente contra el torso de las chicas. Paula disparó llamas por su boca, deteniendo las que se dirigían hacia ella, pero Sophie no tuvo tanta suerte. Elevandose del suelo para esquivarlas, se estrelló contra una rama, el arco escapço de entre sus manos y las potentes plantas la enviaron rodando lejos de la batalla, hacia el bosque.
     
    Minutos antes, habían alcanzado el lugar en el que Sophie se enfrentaba a 004-I y a un grupo de driadas. La chica se encontraba en apuros, pues el arco se había quedado sin energía y no se recuperaría hasta 4 horas después. En cuanto el Thor Ultimus había entrado en el claro, todo lo mágico había cesado en su funcionamiento, y al tiempo que el arco, el cristal de dominación de 004-I había quedado inerte, sin poder. Huyendo en dirección contraria, el chico había despertado a la bestia de la tierra, y para Troin, había huido del combate.
    Mita y Alastor aparecieron en ese momento en uno de los flancos de la bestia, y casi al instante se vieron atacados por la misma. Sin prisa, alzaron las manos, convocando su poder en sus palmas, pero nada sucedió. El Thor Ultimus había absorbido su poder, también. Golpeados por sorpresa, salieron disparados en dirección aleatoria, perdiendose de vista el uno al otro.
     
    Paula concentró su llama en lo que parecía ser la cabeza de la bestia, produciendo grandes daños en la vista del monstruo. Aprovechando la confusión, Belea y Machause intentaron subir al lomo del mismo, siendo él rechazado por lianas y zarzas en llamas, pero permitiendo el paso de la chica a la grupa de la criatura.
     
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    Alejada del combate, Sophie se levantó desorientada. Un movimiento la alertó, y se giró de un salto para ver qué o quién estaba en las inmediaciones. Sorprendidas las dos, Sophie y Mita se encontraron frente a frente.
     
    -¡Tú! -gritaron al unísono.
    -¡Vosotros sois los culpables de que Natx esté ahora muerto!
    -¡Por vuestra culpa ahora mi mejor amiga ahora es sólo un robot!
    -¡¡Vais a pagar caro lo que habéis hecho!!
    -gritaron de nuevo las dos al tiempo. Ambas desarmadas, se lanzaron la una contra la otra, a puñetazo limpio. Rodaron por el suelo, mientras los temblores sacudían el suelo a su alrededor. La lucha contra Raz'el estaba siendo muy dura, y ellas no sabían que ahora estaban todos intentando sobrevivir a los embistes de la mole de piedra.
     
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    Una cadena de explosiones recorrió el cuerpo de la bestia. Deslizándose entre las columnas de su espalda, Belea iba dejando caer esferas metálicas a su paso, haciendolas explotar a los pocos segundos. Al rato, encontró a Samiel, atrapado bajo un árbol caído en la espalda de la descomunal bestia. Se agachó para comprobar que seguía vivo, y le colocó tres esferas de metal en la espalda.
     
    -No necesitas seguir viviendo, tu función ha sido cumplida. Descansa orgulloso por ello, 004-I.
     
    Alejandose unos cuantos metros, se puso tras una de las columnas, e hizo estallar el cuerpo con vida de Samiel. Encendiendo un comunicador, hizo una llamada de larga distancia.
     
    -Ahora tan sólo quedan tres, señora.
    -Este no es un buen momento para que llames, estoy ocupada. Conseguid lo que habeis ido a buscar, y volved rápido a la base. Nosotros llegaremos...
    -la comunicación se cortó de pronto. Belea enterró el resto de esferas de metal a lo largo de la espalda del monstruo, y se dejó caer por detrás. Con un chasquido, todas reventaron al tiempo, coincidiendo con un martillazo de Troin en la frente al otro lado.
     
    -Eso habrá sido suficiente.
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    La cabeza de la criatura se resquebrajó con el golpe. Sus defensas mágicas se detuvieron al instante, justo en el momento en el que las esferas que tenía en su espalda hacían explosión. Sincronizados de casualidad, acabaron con la vida de una de las grandes bestias en un abrir y cerrar de ojos.
     
    Con los poderes recuperados, Alastor se apareció en el combate de Mita y Sophie, si es que se podía considerar como tal una lucha a empujones y pedradas. Apartando a la joven arquera de un manotazo, agarró a Mita por la cintura, y mirandola a los ojos negó con la cabeza. Irritada, ésta golpeó el suelo con todas sus fuerzas, antes de desaparecer.
     
    Sophie se había quedado a solas en el claro, ensangrentada y en el suelo. Con una media sonrisa, se llevó una mano a la cara, y la abrió frente a si misma. Un fragmento del cristal de energía de Mita yacía allí, latiendo con fuerza con el poder del rayo. 
    August 27

    Blue heaven 2 - Jealousy

    El verano ha venido cargado de novedades, viajes, y mucha fiesta y disfrute. También ha tenido cosas malas, pero a eso se le llama intercambio equivalente. Bh2 ha vuelvo a la carga, con lectores nuevos, la mejor parte de la historia y giros de la trama para dar y vender. Gracias por esperar y disfrutadlo, que es para vosotros (las quejas las enviais a mi buzón de sugerencias, que no, no es una incineradora de papeles).
     
    -Celos-
     
    Un cartel en el camino indicaba por fin la entrada de Tucker, la ciudad minera. Tras un viaje bastante tormentoso, habían llegado al fin. Con las heridas recientes del combate contra Alastor, y aún sorprendidos de la repentina aparición de unos extraños aliados, Alejandro, Ely y Selene bajaron del vehículo, en pleno centro de la ciudad. Pronto les alcanzaron Richard y Andy, quienes les habían decidido acompañar.
     
    -Este pueblo parece estar abandonado... -Selene recorrió con la mirada las calles, que sí, aparecían desiertas. Las puertas de las casas estaban cerradas, y los escombros ocupaban el lugar que deberían ocupar las personas, sobre las aceras, enfrente de las casas, en medio de la calzada.
    -No es posible. Este pueblo es uno de los más concurridos, pues siempre hay puestos de trabajo en las minas. Algo me huele muy mal. -Ely examinó concienzudamente el lugar- Además, parece devastado por el fuego, mirad.
     
    Los tejados y cobertizos estaban ennegrecidos. Una fina lluvia caía, fundiendose con el polvo y la ceniza, embarrando el suelo y las paredes de las casas. Algunas estaban agujereadas, como consecuencia de un tiroteo con armas de energía. Agachado, Richard examinaba algo frente a una de las casas. A gatas caminó rodeando la casa, hasta llegar a la esquina. Se levantó y les haciendo gestos para que se acercaran, en silencio.
     
    -Mirad, hay un rastro de pisadas en el barro que conducen allí -dijo, señalando una de las entradas de la mina- pero si las mirais de cerca, no las reconocereis como huellas humanas. -Ely y él cruzaron miradas de desconfianza, pero asintieron al unísono.
    -Sigamoslo pues. Ely, Selene, id detrás de mi. -Alejandro salió corriendo, agachado, hacia una vagoneta volcada cercana a la entrada. Una vez hubo llegado, se asomó por encima, e hizo gestos para que avanzara el resto. En dos carreras más llegaron a la entrada, que franquearon sin problemas. El aire del interior de la mina estaba viciado, las telas de arañas poblaban el techo, pero todas las luces estaban encendidas. No se oían pasos, pero si el sonido de las vagonetas flotando en algún lugar. El rastro de pisadas desaparecía a pocos metros de la entrada, y se separaba en dos direcciones diferentes.
    -Elegid dirección.
     
    Señalaron dos izquierda, tres derecha, y por unanimidad fueron por el lado derecho del camino. Los sonidos se hacían más intensos conforme se adentraban en la montaña, cuando un desnivel les obligó a detenerse. La elevación era demasiado alta para que pudiesen escalarla sin ayuda de cuerdas, y en caso de subirla de otro modo, la bajada si tenían que salir huyendo sería demasiado lenta.
     
    -Yo puedo subirla y bajarla a toda velocidad sin riesgo -dijo Selene, y lo demostró saltando de pared a pared, corriendo el último trecho en vertical y alcanzando la cima. Ely entornó los ojos y se propulsó en el aire. Selene abrió los ojos, sorprendida.- ¡No sabía que pudieras volar, Ely!
    -Yo tampoco creía poder lograrlo, pero mira, ha salido bien.
    -miró hacia abajo- Nosotras seguiremos por este camino, id vosotros por el otro. Nos veremos fuera en dos horas, y en caso de que no llegara un grupo, el otro irá a buscarlo.
    -Está bien, tened cuidado ahí arriba.
    -dieron la vuelta para ir por el lado contrario. Pronto dejaron de oirse las voces de las dos chicas. Andy adelantó a Alejandro, situandose en la cabeza de la expedición. Un poco preocupado, detuvo a la niña con una mano, señalando que él iba armado y ella no. Sonriendo, ella negó con la cabeza y siguió adelante.
    -No te preocupes por ella, sabe cuidarse sola -le dijo Richard.
     
    Al rato llegaron a una amplia sala, donde divisaron por fin a las bestias: eran mitad humanas mitad cabra, como los sátiros de los cuentos de hadas. A latigazos dirigían a personas vestidas con harapos que empujaban vagonetas rellenas de un mineral azul brillante. Los hombres bestia iban armados con espadas muy curvadas que les colgaban del cinto, a modo de defensa, llevaban un escudo rústico hecho de latón, colgando de la espalda. Algunos iban armados con más de una de estas raras armas, aunque la inmensa mayoría sólo llevase una.
     
    -Probablemente los que llevan dos sean los cabecillas de la manada.
    -Sí ,es muy posible. ¡Mirad! -
    ocultos tras las rocas, vieron una escena de lo más desagradable. Uno de los humanos caía al suelo, sin fuerzas, para ser arrastrado rápidamente por dos bestias hacia una tercera, que sin mediar palabra clavó su espada en el estómago del hombre, desparramando su interior por el suelo de la caverna, bajo los gritos angustiados de los demás trabajadores. Con dos potentes bramidos, el gentío calló. Algunos lloraban, otros, ya estaban resignados a morir de esa forma tan espantosa.
     
    -Tenemos que hacer algo. Eso ha sido demasiado cruel -dijo Richard.
    -Sí, pero, ¿qué? Lo menos hay treinta de esas criaturas, y nosotros sólo somos tres. -observó Alejandro- Nos ganan en proporción diez a uno.
    -Entonces cubreme mientras equilibro el problema. Andy, ya sabes que hacer.
     
    Ambos corrieron de frente contra el grupo más cercano de bestias, que entre guturales gruñidos se girabam desemvainando las espadas y atacando con sus látigos. Andy y Richard se separaron, corriendo cada uno por un lado. Mientras que a Richard le impactaban los ataques y no parecía importarle, Andy esquivaba con gracilidad todos los golpes lanzados contra ella, acercandose cada vez más al enemigo. Pronto los puñetazos de Richard empezaron a hundir pechos, dejando un rastro de criaturas muertas a su paso. Andy se limitaba a situarse en el centro, y mientras esquivaba ataques desviaba las manos para que las espadas encontraran objetivo, hundiendose en carne de otras bestias. Pronto la carnicería acabó, sin dar tiempo a que Alejandro disparara ni una sóla vez. Las gentes del lugar estallaron en vítores, y salieron corriendo hacia la salida dandoles las gracias según pasaban por su lado. Una mujer se paró al lado de Richard, le dijo algo y corrió en dirección opuesta al resto.
     
    -¡¡Vamos!! ¡Seguro quedan muchos más en el interior de la mina! -Richard corría tras la mujer, seguido de cerca por Andy.
    -Desde luego, son la pareja más extraña que nunca he conocido...
     
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    Mientras tanto, las chicas avanzaban por un estrecho túnel, en el que cada vez hacía más calor. Llegado cierto punto, el túnel continuaba, pero las luces estaban todas apagadas. Encendieron una linterna, y continuaron su avance. Pronto escucharon sus propias pisadas, pues estaban caminando sobre cristales rotos.
     
    -Estos deben ser los restos de los focos. Algo los ha destruido -acercó su mano a uno de los cristales. Estaba caliente- y no hace mucho de ello.
     
    Un pasillo más adelante unos ruidos extraños las alertaron. Selene desenvaino su katana, Ely descolgó su vara de la espalda, que era igual que la anterior, ya que su anterior arma había sido partida y astillada por el centro, como resultado del reciente combate contra Alastor. Pateó el suelo, y maldiciendo siguió adelante. El camino acababa en una sala amplia, de techo bajo. En ella, dos figuras oscuras rompían a pedradas uno de los focos. Entraron con máximo sigilo, desplegandose por ambos lados de la habitación. Las criaturas emitieron un chirrido estridente, y se giraron, mirando directamente a las dos, aun estando escondidas. Sus rostros eran negros como el hollín, y sus bocas se abrian y cerraban espasmodicamente. La piel cubría parte de la obertura bucal, dando el aspecto de que se hubiera desgarrado para abrirse. Cada una extendió los brazos, de los que surgieron afiladas zarpas, y saltaron sobre las posiciones de las dos chicas.
     
    Interponiendo la katana entre la criatura y ella, Selene bloqueó el ataque y rodó a un lado. Haciendo gala de su gran velocidad, lanzó dos tajos cruzados sobre el torso de la bestia. Ésta los detuvo sin demasiados problemas, y entre chillidos atacó de nuevo. Un breve pero intenso combate se produjo a raiz de esto. La criatura se movía a una velocidad endiablada, pero Selene era aún más rápida. Ely miraba todo esto desde encima de la criatura que la había atacado: había detenido el tiempo sobre la misma y le había hundido la cabeza de un bastonazo. Dispuesta a intervenir para rescatar a su compañera, se quedó paralizada de lo asombroso de su combate. De pronto, la criatura se partió en varios pedazos, y cayó al suelo, dejando un charco de sangre considerablemente grande. Ely se acercó aplaudiendo.
     
    -¡Ha sido sorprendente! Por un instante he pensado que había más de una espada surcando el aire al mismo tiempo.
    -Sin embargo, observa: llevo sólo una espada
    -dijo Selene, sonriente.
    -Cierto. Has aumentado tu velocidad una barbaridad...
    -Sigamos adelante -
    limpiando la sangre de la espada en la piel de la criatura abatida, Selene zanjó la conversación.
     
    Las luces de los pasillos posteriores estaban intactas. Al parecer, las criaturas no habían conseguido llegar hasta el final del túnel. El aire cada vez era más pesado, y el calor más sofocante. Al girar una esquina, otra estancia amplia se prensentó ante ellas. Esta vez, cuatro criaturas como las de antes observaban atentamente algo situado fuera de su alcance visual. La sala tanía varias salidas más, todas taponadas por piedras.
     
    -¿Crees que sean derrumbamientos naturales o los habrán provocado estas criaturas a voluntad?
    -Solo lo sabremos abriendonos paso a través de ellas y comprobandolo nosotras mismas.
    -Selene alzó la mano mientras se dirigía en carrera hacia las criaturas, que vueltas de espalda no la vieron venir. Una ráfaga de viento las lanzó contra la pared del fondo, al tiempo,
    Selene saltó sobre una de ellas y la empaló contra la pared, sacando la katana en un movimiento que le arrancó la cabeza al monstruo. Las otras comenzaron a sacar sus garras, cuando Ely se unió al combate. Congeló en el tiempo a las mismas, y de dos varazos y un corte de espada acabaron con ellas. Una vez aniquiladas las criaturas, las chicas comenzaron a retirar escombros de una de las salidas. Pronto vieron que el resto del túnel estaba igualmente bloqueado: se había derrumbado de manera natural. Probaron suerte en otros tres, y encontraron el mismo panorama en dos de los mismos. El último sí permitía el paso, al igual que un pequeño túnel que no habían visto al entrar, pues iba casi paralelo al túnel que habían usado ellas para llegar hasta ahí. Hicieron marcas en las paredes para no perderse, y se separaron.
     
    Una figura emergió del pasillo por el que habían venido, silenciosamente. Miró a ambos lados, y siguió los pasos de una de las dos chicas.
     
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    Una pila de cadáveres de hombres bestia estaba siendo amontonada en un lateral de la caverna. Richard y Andy habían limpiado la zona de criaturas, mientras Alejandro ayudaba a escapar a la gente en apuros, entre sollozos de alegría y gritos de agradecimiento. De pronto, a Alejandro le sobrevino una mala sensación, miró hacia la entrada más grande de la caverna, y al tiempo la más alejada y los vió entrar. Una horda de bestias entró en tropel por la puerta, arrasando con toda la gente de la sala, incluidos ellos tres. Andy era aplastada por una roca dejada caer desde el techo de la caverna, donde dos de las criaturas cortaban las cuerdas de una de las extractoras de mineral, y a Richard lo despedazaban entre seis de las criaturas.
     
    Ahogando un grito, miró hacia delante de nuevo. La situación volvía a ser como antes. Entonces se dió cuenta: quedaban segundos para que sucediera todo lo que había visto. Intuitivamente desenfundó las dos pistolas láser y disparó contra las criaturas que corrían por el nivel superior hacia la extractora, salvando con ello la vida de Andy. Abriendo fuego y gritando, comenzó a derribar hombres bestia antes de que aparecieran siquiera en la estancia. La gente comenzo a gritar, corriendo hacia la salida, mientras Andy y Richard se preparaban para el combate. La inmensa horda apareció, pero la situación ahora era diferente. Los hombres regresaron armados, y comenzaron a abatir bestias desde la distancia. Uno de ellos se acercó a Alejandro corriendo, con un rifle dorado entre las manos.
     
    -¡¡Ten, usa esto!! -y se lo tendió. El arma estaba tallada con forma de dragón dorado, la cola era la culata, las patas eran los gatillos, el cuello era el cañon y la boca del dragón, la boca del arma. Intrigado por el arma, Alejandro dejó de disparar, dando tiempo a varias criaturas a alcanzar su posición. Con reflejos felinos, dirigió la boca del dragón contra las criaturas y apretó un gatillo. Una llamarada surgió desde el interior, y calcinó a las tres en un cono de fuego. Sorprendido, apuntó a otras criaturas y usó otro de los gatillos. Ráfagas de energía de color blanco atravesaron la carne allí donde impactaron, causando estragos en las filas de las bestias, pues atravesavan criaturas con la facilidad con la que un cuchillo corta la mantequilla.
     
    -¿Qué demonios es esa cosa? -gritó Richard desde el fragor de la batalla.
    -¡No lo sé! -se giró hacia el hombre que la había dado, pero ya no estaba allí. Probó los otros dos gatillos, pero nada sucedió. Un grupo de rocas se desplomó sobre la entrada de la caverna por la que venían las bestias. Volvió a apretar el primero, disparando otra llamarada intensa, abrasando a un grupo de criaturas que se le acercaban por la izquierda. La batalla acabó pronto: esta vez contaban con un arma de destrucción masiva como era aquel rifle dragontino. Una vez terminado todo, los hombres de Tucker se acercaron y los levantaron entre vítores y aclamaciones.
     
    -¿Qué es este arma?, decidnos -pidió Alejandro amablemente. Uno de los pocos ancianos que quedaban entre el gentío se adelantó para contestar.
    -Lo encontramos hace tiempo en las profundidades de la mina, enterrado entre la Fryonita, el mineral que extraemos de estas montañas. Lo habíamos probado varias veces, pero nunca lo habíamos necesitado de verdad. Abandonado entre las armas de la armería, creímos conveniente traerlo para mantener a raya a los hombres bestia. Lo llamamos Folmalhaut.
     
    Se quedaron embobados mirando la belleza del Folmalhaut. El arma parecía tener vida propia, y brillaba sin que ninguna luz lo iluminase. Una repentina idea asaltó la mente de Alejandro y Richard al tiempo. Se miraron, asintieron con la cabeza y sonrieron. Ésa tenía que ser la Logia de las minas de Tucker. Habían cumplido con éxito la misión.
     
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    Selene se deslizaba por los pasadizos de la mina, pero hacía rato que había perdido de vista las vías de las vagonetas. Al girar una esquina encontró una pared llena de cristales que le cortaba el paso. Mirandolos de cerca parecían los mismos cristales que usaban ellos para obtener poderes sobrenaturales... pero al tiempo estaban vacíos de vida y de poder. Arrancó algunos para examinarlos más adelante, y dió media vuelta.
     
    Ely llegó a una amplia sala, con el techo muy alto. Unas máquinas extraían mineral de las paredes, separando lo que era roca con lo que valía de verdad. Embelesada, se acercó a contemplarlas más de cerca. Un panel de control dirigía la dirección en la que cavaban, y otro medía la intensidad. Apoyó sus manos sobre el panel, y se sentó frente a él. Con la vara entre sus manos, y de espaldas, concentró sus poderes en crear un escudo que congelara el tiempo a su espalda.
     
    Casi al instante, un misil de bazooka se detuvo en el aire a escasos centímetros de su cabeza. Se levantó, mirando hacia la entrada de la caverna.
     
    -Sabía que alguien me seguía, pero no pensaba que fueras tú.
    -Voy a vengarme de lo que me hicisteis la última vez, y le demostraré al estúpido de Alastor que soy mucho mas poderosa de lo que él cree. ¡No necesito su ayuda para venceros!
    -Calhiel disparó dos veces más. Ely se apartó rápidamente, pues aún con el escudo temporal, detonarían, lentamente, pero con la misma potencia. Otro misil salió en su dirección, e igualmente fue congelado en el tiempo.
    -¿No comprendes lo que vas a ocasionar, verdad? ¡¡Estamos dentro de una montaña!! ¡¡Cuando esos misiles detonen, se vendrá todo abajo!!
    -¡No me importa, estúpida! ¡Habré acabado contigo mucho antes de eso!
    -un último mísil surgió de la boca del bazooka. Este se quedó en el centro de la sala, entre todos los demás. Dejando caer el arma al suelo, Calhiel corrió hacia Ely, generando llamas a su alrededor. La vara giró en el aire, describiendo un arco hacia la cabeza de la peliroja. Un puñetazo alcanzó a Ely en pleno rostro, lanzandola al suelo rodando de espaldas. Al levantarse notó como su vara se deshacía entre las manos. La madera había prendido.
     
    -Nos pondremos serios, si eso es lo que quieres...-y tiró los restos de la vara.
     
    Elevandose del suelo, congeló a Calhiel en el sitio. Sin embargo, ésta se envolvió en llamas en el último momento, por lo que ahora era una esfera ardiente imposible de dañar. Maldiciendo por lo bajo, Ely buscó un arma por la habitación. A izquierda y derecha estaban las máquinas, pero era imposible arrancar un pedazo de éstas para atacar con él. De pronto una explosión le hizo perdeer momentaneamente la concentración: uno de los misiles habia estallado, con lo que aparecieron grietas en las paredes y rocas comenzaron a caer del techo. Calhiel se liberó en ese instante de la prisión temporal, y rodando a un lado lanzó chorros de llamas a diestro y siniestro. Incapaz de detenerlas, Ely levitó hacia el techo de la caverna, golpeandose en la cabeza por la velocidad y la falta de control.
     
    -¡¡Basta!! ¡Si sigues luchando así moriremos las dos!
    -¡¡No me digas lo que tengo que hacer!! ¡¡Ya no soy una niña!!
     
    Una gran esfera de llamas salió disparada hacia Ely. Dejandose caer, la evitó. La explosión hizo caer gran parte del techo, que golpeando contra los misiles, hizo estallar media habitación, a camara lenta. Fuego y esquirlas de roca salieron disparadas en todas direcciones, clavandose en el cuerpo de ambas chicas, que rodaban por el suelo víctimas de la onda expansiva. Levantandose a duras penas, Ely detuvo de nuevo los misiles que quedaban, que se habían desplazado hasta casi encontrarse todos frente a las maquinas. Calhiel se levantó al fondo de la habitación, ensangrentada, con dos esquirlas clavadas en un hombro y en una pierna.
     
    -Por favor, detente... no deseo matarte, no es mi manera de hacer las cosas... -pidió Ely a la desesperada.
    -¡¿Tu manera de hacer las cosas?! Si ni siquiera sabes qué tienes que ver en esto... ¡tú no sabes quién eres! -Ely la miró, desconcertada.
     
    Sus recuerdos no habían vuelto todavía, y no recordaba nada desde antes de conocer a Alsan. Pero ahora al parecer, su enemiga tenía información que ella desconocía.
     
    -¿Qué sabes tú de mi? ¡Habla!
    -Es odioso que no sepas nada y que combatas por salvar este decadente mundo... ¡y encima desde que te vió, ha estado intentando conseguir tu poder!

    -¿A quién te refieres? -gritó Ely, mientras Calhiel corría hacia ella con el brazo sano levantado y envuelto en llamas.
    -¡¡Te odio!! -lanzó otro puñetazo hacia la cara de Ely. Ella lo esquivó ágilmente y Calhiel cayó al suelo, rodando, llorando desconsolada. Cuando se levantó, las lágrimas todavía caían por su rostro. Se puso hacia atrás, en dirección a las máquinas... y a los misiles.
    -¡Detente! ¡Harás explotar los misiles que quedan, y si detonan los tres a la vez esto se vendrá abajo!
    -¡¡No me importa!! Te haré desaparecer, y entonces yo volveré a ser su favorita... ¡Sí!
    -dicho esto, puso la mano sobre la espoleta de uno de los misiles, produciendo su detonación. La explosión arrasó con todo: máquinas, piedra, y carne.
     
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    Desde fuera el temblor fue menor, pero toda la mina se vino abajo. El lateral derecho de la montaña se desprendió, derribando árboles y casas por el camino. La entrada de la mina se colapsó, y quedó sellada para siempre. La gente del lugar no se explicaba como había sucedido tal cosa, y asustados, comenzaron a recoger sus cosas: se iban al pueblo vecino a vivir.
     
    -¡¡Ely!! ¡¡Selene!! ¿¿Dónde estáis?? No podeis haber muerto... -la tristeza invadió el corazón de Alejandro. No había previsto que pudiera pasar algo así, y ahora sus amigas estaban sepultadas bajo toneladas de roca. Habían conseguido el Folmalhaut, sí, pero a un precio demasiado alto.
     
    -Alejandro, vámonos. Ellas han caído como culpa de la batalla. Eran guerreras, sabían a qué se exponían. Si no hubieran estado dispuestas a morir, no habían llegado tan lejos.
    -Richard, ¿cómo puedes decir eso? Si Andy se hubiera quedado allí dentro, ¿no habrías ido a buscarla?
    -No. Nos atenemos a las consecuencias del trabajo.
    -Pero es tu hija...
    -No, no lo es. Por encima de todo es mi compañera.
     
    Alejandro se alerjó de él corriendo, pensando que el hombre no tenía sentimientos. Sus compañeras estaban muertas, y no le importaba lo más mínimo. Llegó a la zona del derrumbe, y se sentó entristecido sobre una roca.
     
    -Os voy a echar de menos... -un ligero temblor sacudió la zona donde estaba sentado. Temeroso de un segundo desplome, se alejó todo lo que pudo de un salto. Las rocas salieron despedidas por los aires, haciendose trizas mientras volaban. Los árboles de alrededor se inclinaron en dirección contraria al viento que salía del lugar donde habían caido las rocas. Entre el polvo surgió una figura con la ropa destrozada y llena de cardenales: Selene portaba a Ely en brazos, envuelta en un tornado de energía verde. Sangrando por docenas de cortes, la chica cayó inconsciente al suelo, sobre su compañera, que yacía bajo ella con la ropa totalmente quemada y lágrimas en los ojos.
    July 23

    Blue Heaven 2 - Dreams

    Quiero agradeceros a todos que me hayais seguido hasta la fecha. Éste es el último capítulo que voy a escribir este verano, quiero tener un descanso de un mes más o menos para hacer otras cosas que tengo en marcha, terminar encargos... pensar en mí un poco. Todos los que estáis en la campus, disfrutadlo, todos los que estéis de vacaciones, pasadlo bien, y para todos los demás, suerte ^^
     
    ¡¡Feliz verano!!
     
    -Sueños-
     
    -¿Nunca has soñado con algo más? -dijo, sonriendo.
     
    Avanzando por un prado verde, llegaron al linde del bosque. Los árboles lo cubrían todo hasta donde alcanzaba la vista, y se escuchaba el susurro del viento meciendo sus ramas, y con ello, sus hojas. Pasearon entre ellos, sin prisa, conocedores de su destino.
     
    -La humanidad se rige por dos fuerzas, hija. La primera, son los sueños. La voluntad de la humanidad se basa en los sueños, generalmente sueños en los que alcanzan una meta superior, que les hace ser mejores para consigo mismos y a los ojos de los demás. Cuando seas más mayor, lo entenderás.
    -Yo de mayor quiero luchar a tu lado. -él la miró preocupado, temeroso de que algún día ella tuviese que luchar a su lado en esta guerra tan absurda.
    -Espero que ese día nunca llegue, hija. Terminaremos con ésto antes.
    -No lo entiendo, papá. Ése es mi sueño, ¡llegar a luchar algún día a tu lado! ¡Salvaremos el mundo juntos!
    -Algunas veces, hija, los sueños, sueños son. Mira, hemos llegado.
     
    Entre los árboles descansaba un lago, rodeado de las flores más blancas que ella había visto nunca. En el centro del lago, una nube gris se arremolinaba en torno a un bastón, cuyos extremos flotaban en el aire, girando sobre su eje, incesantemente. Desprendía una luz blanca, tranquilizadora, y sonaba como un reloj: tic, tac... tic, tac...
     
    -Pero papá, ésto es imposible. En nuestro mundo, nada como ésto puede existir realmente. -su padre sonrió ante la inocencia de la criatura. Nunca la dejaré luchar, pensó.
    -Ese bastón es antiguo, muy antiguo, y recuerda como era el mundo antes de la catástrofe. No todos los sueños de las personas son buenos, y algunos matan a otros para cumplir con ellos. El sueño de una persona ambiciosa devora el sueño de una persona humilde, así como el sueño del rico devora el sueño del pobre. Por esto el mundo ha acabado como és ahora. Un hombre con poder soñaba con más poder, y declaró la guerra al mundo entero.
    -¿Y consiguió cumplir su sueño?
    -No. Esa es la otra fuerza de los seres humanos: la esperanza. Un grupo de valientes se levantó en su contra, poniendo sus propios sueños y sus vidas en peligro. Lucharon hasta caer derrotados, uno a uno, pero consiguieron detenerle. Una cárcel de ámbar le ha retenido prisionero, congelado desde entonces, y nosotros somos los que tenemos el deber de mantenerle encerrado en ella durante el resto de la historia.
    -¿Cómo pudo conseguir tanto poder una sóla persona, papá?
    -Él despertó a unas criaturas muy poderosas, denominadas las grandes bestias. Usando el poder de cristales como el que tienes en tu mano, las levantó en contra del mundo. Dirigía a una en particular, bestia entre bestias, una criatura blanca alada sobre un mar de serpientes negras. La llamaban Antares, el Fin de los Tiempos.
    -¿Y como vencieron a esa criatura, papá?
    -Con eso que flota entre el humo, hija. Él recuerda el pasado, y todo lo que ves ha sido creado por su poder. Hace avanzar y retroceder el tiempo a voluntad, y abre puertas entre diferentes lugares. Tiene muchos más usos, pero no hace falta que los conozcas, nunca tendrás que usarlos. Lo llaman Bastón Tempus.
     
    Al oir su nombre, el bastón rotó hacia ellos, dispersando la nube. Era un bastón dorado, con ribetes plateados por toda su extensión, y en vez de nudo una esfera de cristal transparente, con una manecilla que giraba como giran las manecillas de un reloj. Flotó hacia ellos, con mucha parsimonia, y girando hasta ponerse horizontal, cayó sobre las manos de la niña. En cuanto tocó la piel, por todo el mango del mismo surgieron runas plateadas, iluminadas desde dentro. Una frase podía leerse en la esfera: Eritis sicut Deus.
     
    -Eritis sicut Deus. Seréis como Dios. El latín es la lengua del pasado, conocida también como la lengua del Señor. ¿Quién creó estas poderosas armas? Nadie lo sabe. Un día aparecieron sin más, como respondiendo a la llamada de necesidad de los humanos, por lo que son llamadas Logias Perdidas. Logia viene de Logos, que significa Palabra. Las Palabras Perdidas, lo que nunca se pidió, pero que jamás han sido mal recibidas. Si son creación de Dios, ellas son las Palabras del Señor.
     
    La niña se tapó los ojos, cegada por el brillo del bastón. En su mente aparecieron imágenes, en todas aparecía la misma figura: el Bastón Tempus flotando en el aire. Las palabras Eritis sicut Deus se repetían una y otra vez en su mente, hasta que soltó la logia, asustada.
     
    -Recuerda bien esas palabras, Ari. Si algún día necesitas de la ayuda del bastón, pronuncialas en voz alta para venir a este lugar y recogerlo. Espero que nunca llegue tal momento, pero por si acaso, ahora estás prevenida.
    -Gracias, papá.
     
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    -¡Ari, vuelve con nosotros! -la voz sonaba distante y entrecortada. Ari abrió los ojos, y profirió un grito de dolor: algo le pinchaba el costado. Al mirarse encontró una vara metálica atravesando su cuerpo. Casi al instante, apoyó una de sus manos en donde el metal conectaba con la carne, y con la otra, estiró. Una luz brillante salía de sus dedos, cicatrizando la herida y sanando la carne. Con mínimo esfuerzo, dejó caer la vara al suelo, manchada de rojo. Comenzó a tintinear, cuando de pronto un tentáculo apareció de la nada, atravesando el suelo en su dirección.
     
    -¡Tempus Fugit! -dijo, señalando con el bastón el apéndice de la criatura. Una fluctuación en el aire demostró que no había sido casualidad. El tentáculo comenzó a perder tamaño hasta desaparecer, y con él, su portador. Runas aparecieron por todo el mango de la Logia, brillando en plata. Los cuatro miraron con asombro el resultado, pues una a una las criaturas iban encongiendo hasta desaparecer.
    -Eso ha sido estupendo, mujer -Preio la miraba con desprecio, había sido capaz de dominar la Logia durante un instante- Ahora úsala de nuevo para sacarnos a todos de éste lugar.
    -Realmente... no recuerdo como se usa. Más bien, desconozco cómo se utiliza. Las palabras han venido sólas a mi mente.
     
    Las calles de la ciudad aparecían ahora desiertas, tras el exterminio por completo de las criaturas. Paseando, llegaron a una tienda de espejos. El bastón comenzó a latir, entonces. Emitiendo un sonido antinatural, hizo que los espejos del escaparate, luna incluida, reventasen en pedazos, cayendo al suelo, dejando uno en pie. El reflejo que éste proyectaba, no era la imagen situada enfrente suya, sino una imagen mucho más lejana, de otro lugar, en ese mismo tiempo. Lágrimas saladas rodaron por las mejillas de Ari.
     
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    Fran se levantó como pudo de entre los restos del techo del piso de abajo. Enfadado, recordó como pudo a su agresor. No comprendía porque Dain le había atacado con malicia, intentando matarle. Subió trepando al piso desde el que había caido, encontrando en él una triste escena. Cubrió con sábanas los cuerpos de los gemelos, ahora irreconocibles, postergando su funeral. Una nota sobre la mesa daba la dirección en la que el niño asesino se había dirigido. Eran unas coordenadas, bastante alejadas de la ciudad, pero nada suficientemente lejos como para no llegar en varias horas. Hizo varias llamadas, pero no le cogieron ninguna. Cuando ya iba a darse por vencido, el tonose cortó, y una voz conocida le habló desde el otro lado del teléfono.
     
    -¿Hola? ¿Me escucha alguien?
    -...Sí, hable... se le escucha mal, pero se le escucha...
    -Me llamo Fran Tucker, localicen esta llamada y vengan con un grupo de recogida de cadáveres, para dar sepultura a dos crios que aquí se encuentran. No daré más datos, y dejaré el teléfono descolgado para que puedan encontrar el lugar con un rastreador. Por favor, den un funeral digno a mis compañeros caídos.
     
    Dicho esto, apoyó el teléfono en la mesa, y bajó al garaje, a coger la moto gravitacional más rapida de la que disponían. El reloj marcaba las 15.30.
     
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    La esfera del bastón mostraba las 17.00 horas, con lo que la imagen era de un tiempo ya sucedido. Ari suspiró, aliviada, sabiendo que su chico estaba bien, pero preocupada al ver a Selm y Bert caidos,  y no tener noticias de su hermano. Seguro que le había pasado algo malo, pensó. Deseosa de saber más, acercó el bastón al espejo de nuevo, intentando que la imagen volviera a él, pero nada sucedía. Molesta, se apoyó contra la pared.
     
    -¿Estás bien, Ari? Has estado un rato mirando tu reflejo en el escaparate sin respondernos... -dijo Alsan, preocupado por ella.
    -¿Escaparate? ¿Qué escaparate? ¡Si todos los cristales han...! -al decir esto se percató de que todos los espejos y la luna de la pequeña tienda se encontraban intactos. Sorprendida, pasó la mano por encima para comprobar que no eran una ilusión, dandose cuenta de que lo que había sucedido previamente había sido una visión producida por el Bastón Tempus- ...ya veo. Venga, busquemos una biblioteca, creo tener la respuesta para sacarnos de aquí.
     
    Pasados quince minutos de búsqueda por la ciudad, encontraron una biblioteca en medio de un gran parque. Las puertas estaban cubiertas de una densa capa de polvo, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que alguien hubiera puesto un pie allí. Empujaron con fuerza las puertas, que cedieron ante la presión. Una vez dentro, Ari se fue directa a la sección de diccionarios.
     
    -¿Qué es lo que buscas? -Preio no veía clara la situación. Para él, la chica sólo había hecho que meterles en un problema tras otro.
    -La manera de usar el bastón. Necesito un diccionario de latín.
    -Y pretendes encontrar un libro sobre una lengua muerta entre todos estos volúmenes, ¿no? Nos va a llevar horas.
    -Entonces permitanme echarles una mano, señores. -Un hombre mayor, vestido con ropa de algodón, apareció doblando una esquina, desde detrás de una estantería. Parecía haber tenido una vida muy larga, y sus facciones realzaban la cara de cansancio.- mi trabajo consiste en llevar a las personas a donde desean estar, en el mínimo tiempo posible. ¿Quiere usted un libro sobre la antigua lengua? Enseguida la llevo hasta él. Siganme.
     
    Tras avanzar por tres pasillos y girar un par de esquinas, el anciano se agachó para sacar un libro viejo y lleno de polvo de una de las estanterías. Mientras se lo entregaba a Ari, sonreía. Ésta lo abrió, y buscó la traducción de varias palabras. Satisfecha con su hallazgo, levantó el bastón sobre su cabeza, y dijo en voz alta:
     
    -¡¡Amare Scire!!
    -¿Y ahora que debería pasar? -Willo lo miraba todo con interés, pero nada sucedía. El anciano se acercó a Ari, y tomandola de la mano, la miro fijamente a los ojos.
    -¿Que deseas saber? -Ari se quedó un tanto confundida. Pasados unos instantes, respondió a la pregunta.
    -Quiero saber dónde se encuentra mi hermano. -el anciano asintió, y una imagen vino a la cabeza de la chica. Dain estaba asomado a un acantilado, con dos chicos que ella desonocía, los tres vestidos con traje de chaqueta. Ligeia se encontraba sentada sobre una roca, mirando directamente hacia Ari, aunque la chica no se encontrara allí. La imagen desapareció.
    -¿Era ese tu deseo? -preguntó el anciano.
    -Sí, pero tengo más dudas, necesito más respuestas. ¿Quién eres tú y qué es este lugar?
    -Yo soy el oráculo, la personificación antropomórfica del Bastón Tempus. Él y yo somos una misma cosa, un mismo ser en dos lugares al tiempo. Tengo poder sobre el pasado, el futuro y aquello que queda fuera del tiempo, lo atemporal. El lugar donde os encontrais se llama Rebenne, y es otra realidad. Es, de hecho, la realidad más cercana a la vuestra, por eso el aire es respirable y los lugares los veis como los recordais. Vosotros lo llamáis Limbo.
    -¿Porqué te has presentado frente a nosotros ahora y no antes?
    -Porque tu corazón deseaba que así lo hiciese. El Tempus se rige según los deseos de su portador, portadora en este caso. Cuando la necesidad de detener a las criaturas era vuestro deseo, así lo hice. Cuando quisisteis sacar a ése chico de vuestro mundo, -dijo señalando a Preio- así lo hice. Cuando deseasteis saber qué era de vuestro amor, eso os hice conocer. Cuando deseasteis aprender a utilizarme, aparecí. -Las caras de los cuatro eran un poema, la información les estaba llegando clara y concisa, por una vez.- Sin embargo, sigo mis propios métodos. El poder que desato siempre es superior al utilizado, por eso os visteis todos arrastrados a esta realidad, por eso la ilusión de los cristales rotos sólo os afectó a vos, por eso creé esta biblioteca, y por eso cuando decidisteis acabar con el tiempo de vida de las criaturas, acabasteis a la vez con el tiempo de vida de esta realidad.
     
    Las estanterías y las paredes se difuminaron, y se desvanecieron en el aire. El suelo comenzó a desaparecer, y los edificios con él. Todo iba siendo devorado por el inmenso poder del Bastón Tempus, y se acercaba formando un círculo de devastación hacía la Logia, epicentro de todo.
     
    -¿No hay ninguna manera de detener esto? -dijo Willo, intentando detener el avance de la nada creando nuevas zonas de tierra donde las anteriores desaparecían, con el mismo resultado.
    -No se puede hacer más lento -respondió el anciano- una vez comenzado, el proceso seguirá hasta su fin.
    -Comprendo. Todo lo que tiene un comienzo, debe tener un final. Dinos pues como regresar a nuestra realidad, si es que eso es posible.
    -Lo és. Si el portador o portadora del Tempus desea estar en un lugar, solo debe colocar su mano sobre la esfera del reloj y pronunciar Accidere amare anima, para que los lugares donde realmente desee estar sean proyectados desde su mente. Entonces deberá escoger uno, y allí se materializará.
    -¿Y si son más los que desean viajar con el Tempus?
    -El mismo proceso bastará. -asintió con la cabeza, gesticulando la afirmación- sin embargo, si alguno duda de cómo volver, se perderá para siempre.
     
    Ari concentró su mirada en la esfera del tempus, y ésta brilló con un aura dorada. El final de la realidad estaba cada vez más cerca, pero ahora tenía el control de la situación. Por una vez, sintió que las cosas no podían salir mal.
     
    -Una cosa más, anciano. ¿Porqué yo? Cuando recogimos el Tempus de su lugar de descanso, mientras buscábamos a Alsan, no reaccionó en manos de Willo, y sí en las mías. ¿Cuál es el motivo?
     
    El anciano sonrió mientras se acercaba a acariciar el rostro de la chica. Con un gesto le apareció una rosa en la mano, que puso delicadamente en posesión de la joven.
     
    -Porque aquel que tiene un porqué, puede enfrentarse a cualquier cómo. Tu mente es firme, tu corazón, valiente. Tus amigos confían en ti, y tus enemigos te respetan. Tu familia te quiere, y el mundo te necesita. Un gran futuro te aguarda, y ésto -dijo señalando el bastón, mientras guiñaba un ojo-, sólo es una ayudita.
     
    Con una reverencia, el anciano se desvaneció en el aire, y el Bastón Tempus latió nuevamente. Pusieron todos una mano sobre la esfera del bastón. Los cuatro se miraron, conocedores de que ésto era lo más arriesgado que iban a hacer en su vida, pero no les quedaba tiempo. O lo conseguían, o morirían con ésa realidad. Con determinación, fueron asintiendo, uno a uno, listos para ir donde su corazón más quisiera estar.
     
    -¡Accidere, amare, anima! -dijo Preio, y al instante, desapareció, con una sonrisa en su rostro. Al parecer, sabía muy bien dónde deseaba estar.
    -¡Accidere, amare, anima! -dijo Alsan, mostrando imágenes de una casa destrozada, y una chica sentada entre los restos, con una cinta morada en la cabeza. Willo posó su mano sobre su brazo, con una mirada muy fría.
    -No debes ir, y lo sabes. Olvídala de una vez. -apretó con fuerza, para darle énfasis a sus palabras. Los ojos grises de lobo centellearon, y una lágrima cayó por sus mejillas.
    -Lo sé, pero no puedo... -una imagen blanca apareció ante él, y Alsan desapareció, perdido en la inmensidad de las realidades.
    -¡Accidere, amare, anima! -dijo Willo, mientras miraba la cara de Ari. Ésta esperaba su turno, preocupada por diversas cosas, entre ellas, que la realidad estaba difuminandose. Una llanura de blanco desierto, en la que su amigo Alsan estaba sentado frente a una prisión de ambar apareció, pero al ir a transportarle, otra imagen se formó ante él. Una joven ATS, intetaba alejar sin éxito a un grupo de niños de una de las pocas bestias que el bastón había trasladado al mundo real. La chica tenía los cabellos dorados como el sol, y los ojos de Willo brillaron con fuerza. La imagen de Alsan se desvaneció, haciendose la otra más grande. Ari le miró, asintiendo con la cabeza. Poco después, estaba sola con el bastón.
     
    -¡Accidere, amare, anima! -dijo Ari, en voz alta. Una serie de imágenes aparecieron frente a ella. Fran apareció conduciendo hacia las coordenadas que decía en la nota, Dain se encontraba de pie mirando al borde de un acantilado con Ligeia y dos chicos a su lado. La imagen de Alsan también apareció, pero conocedora de los deseos de su amigo, cerró ambos ojos y dejó que su corazón la llevara junto a su hermano, puesto que Fran también se dirigía a ese lugar.
     
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    Las olas golpeaban el risco muy abajo, donde el mar y la tierra confluían. Dain tenía la mirada perdida en el horizonte, donde nubes de tormenta se juntaban en el cielo nocturno, serpenteando los relámpagos entre ellas, llegando tardíamente el retumbar de los truenos. El viento les levantaba las chaquetas, pero ellos tres no se movían del sitio. Rodeada por una esfera de luz, Ari apareció tras ellos, con el Bastón Tempus entre las manos.
     
    -Ya creía que no vendrías.
    -Me tomo mi tiempo, y sólo me detengo al vencer. Creía que lo sabías.
     
    Las dos chicas estaban situadas la una de espaldas a la otra, pero aun así sabían que la otra estaba ahí. Ari ignoró a Ligeia, y avanzó a grandes pasos hacia Dain, que todavía le daba la espalda. Angelus y Kahoru se interpusieron en su camino, cuando comenzó a llover.
     
    -Una sóla contra cuatro... es una pelea desequilibrada, ¿no cree, señorita Terduki? -dijo Angelus abriendose el cuello de la camisa. De un salto y un revés, Ari le cruzó la cara y aterrizó al tras él.
    -Desequilibrada a mi favor, sin duda. -continuó acercandose a su hermano. Angelus se giró, irritado, con un cuchillo en mano, pero Kahoru le impidió continuar.
    -No podrá enfrentarse a él. Al final, sigue siendo una mujer, y esa será su perdición.
     
    Ari puso la mano sobre el hombro de su hermano, para encararle hacia si. Dain la miró, pero sus ojos no enfocaban el rostro de su hermana. Su mirada seguía perdida, aunque su mano bajó rápida a la espada sierra, desenfundandola y soltando un mandoble contra ella. Bloqueando la espada con el Bastón Tempus, cerró los ojos y detuvo la hoja, congelándola en el tiempo. Sin siquiera inmutarse, Dain rompió la espada, dejando la sierra en el aire, levitando, continuando el ataque con los restos de la hoja. Ari los iba deteniendo, sin contraatacar.
     
    -Dain, sé que estás ahí, y quiero que me escuches. No tienes que forzar la sonrisa por nadie. Sólo se tú mismo otra vez, si es eso lo que deseas.
     
    Las lágrimas brotaron de los ojos del chico, en cambio el ataque no se detuvo, sino que triplicó sus embites. Ari saltó hacia atrás con una voltereta lateral, giró el bastón una vez, giró su cabeza y miró a Ligeia a los ojos.
     
    -Libérale de lo que sea que le mantiene prisionero, o te lo haré pagar. -Ligeia avanzó, transformando su brazo biónico en una espada de dos filos.
    -Haga lo que haga, Dain sólo obedece a sus propios instintos, como cuando antes acabó con la vida de tu novio.
    -Él no ha muerto, pero de todas maneras, esto no te lo perdono. -el viento comenzó a arremolinarse en torno al Bastón Tempus, doblando la hierba y levantando una polvareda en torno a Ari. Los cuatro miembros de la organización tomaron posiciones, Angelus y Kahoru a los lados, Dain tras ella y Ligeia delante. Con una expresión totalmente calmada, Ari alzó la mirada al cielo, apuntó con el bastón hacia su objetivo principal, y desató todo su poder.
     
    -¡¡Lux annihilare!!
     
    July 05

    Blue Heaven 2 - Sound Mirrors

     
    -¿Qué es la vida, sino el cese de la No existencia? Todos estamos atados a algo, por miedo o por culpa del miedo, y elevamos nuestras máximas al cielo con la esperanza de que sean escuchadas, rogando a un ente superior que nos ampare, nos salve de un mal que nosotros mismos creamos, sin ayuda de nadie, culpandonos mutuamente.
     
    El viento les azotaba el rostro con delicadeza, pero contundente. Quitandose el pelo de la cara, continuó. De pronto parecía tener todo el protagonismo.
     
    -De nada sirve el arrepentirse, no arregla las cosas. Usando las excusas como fuente de abstracción, consideramos que una palabra puede solucionarlo todo, aun dicha sin intención alguna. Sutilmente apartamos de nosotros todo lo que no nos gusta, acercandonos cada vez más y más a la autosatisfacción que a la gratitud. Se me hace extraño pensar...
     
    La criatura sacudió el lomo, estaba liberándose del control mental. El niño se abrazó al cuello de la bestia, calmandola y devolviendo la estabilidad al viaje. Con un asentimiento, le pidió que continuase.
     
    -...pensar... pensar... He perdido el hilo, lo siento.
     
    Un abucheo general provocó una carcajada en Natx. Les había tenido encandilados con la charla, tanto que Samiel había perdido el control del dragón que durante la batalla había logrado atar a su cristal. El niño estaba resultando muy útil, era algo irrefutable. Mirando a su alrededor, se cató de que se habían iniciado otras variadas conversaciones. Cerró los ojos y se concentró en los hablantes...
     
    -Eres muy débil todavía, niña. Fijate más en lo que haces, la próxima vez no me tendrás ahí para salvarte. No pretendas que te salve una y otra y otra vez. Yo no soy así.
     
    -¿Crees que por ser el más mayor de los presentes eres mejor que el resto? No por vivir más lo conoces todo...
     
    Y le cruzó la cara. Habían aparecido de repente, media hora antes, ensangrentados, y débiles, pues habían sido derrotados en combate por miembros de la Organización. Ellos no lo sabían, pero habían dado con la horma de su zapato. No era bueno tener tanta información, pensó. Cuanto menos supiesen, mejor para ambos.
     
    -Esa una buena manera de terminar una conversación, ¿no te parece? Vuelve cuando dejes de inventarte las cosas.
     
    Natx abrió un ojo, para ver como Alastor se deslizaba hasta una de las patas del dragón, quedando fuera del alcance de la mirada iracunda de Calhiel, quien girándose le dedicó una de esas miradas que matan. Agachó la cabeza, resignado. De fondo se escuchaba la respiración entrecortada de Samiel, que dormía, abrazado al cuello de su última presa. Una figura se le apoyó en la espalda, se notaba caliente. Un escalofrio recorrió su espalda, sólo podía ser Mita. Sin moverse apenas, comenzó a sacar brillo a su espada bastarda, esperando alguna reacción por parte de la implicada. La presión sobre su espalda aumentó, y al girarse para ver qué estaba sucediendo, descubrió que se había quedado dormida sobre su hombro.
     
    -Seguir a Preio, combatir monstruos, dirigirnos a todos... y conservar una parte humana. Desde luego, se nota que eres una mujer... te admiro, yo no podría. -dijo, mientras acariciaba su frente, dejandola caer sobre su regazo, girandose despacio, mientras se dirigían a su destino: no les alcanzarían en Lingague, era demasiado tarde, pero podía tenderles una emboscada en el laboratorio Crawler...
     
    -Espejos sonoros-

    Una presión en el pecho la hizo despertar. Preparada para estas situaciones, abrió levemente sus ojos, por si acaso, lista para saltar sobre quien estuviera sobre ella. Sorprendida por la visión, los abrió del todo: una niña, de pelo negro rizado, le estaba aplicando primeros auxilios, en una habitación blanca, cerrada. Olía a quemado por todas partes, y no sentía su brazo izquierdo. Al mirarselo, lo encontró vendado al completo, entablillado con una vara metálica, y consecuentemente, roto.
     
    La puerta de la habitación se abrió, dejando paso a Troin, que entró a la carrera. Mirando hacia todas partes, la encontró allí, tendida en la cama, y se lanzó a abrazarla. Los músculos de su cara se destensaron, y de un rictus de terror pasaron a lágrimas de alegría.
     
    -¡¡No estás muerta, no estás muerta!! -su alegría hizo que Sophie pensara las cosas friamente: era EVIDENTE que no estaba muerta, si no, no gritaría con tanta alegría. Aun así, se sintió aliviada, siempre era bueno que se preocupasen por ti. Sin embargo, las dudas aún la recorrían, pues seguía sin saber quién era la niña, y ahora que la puerta se había abierto, también quería saber quién era el rubio que miraba desde el marco su divertida escena de reencuentro. El chico miró hacia fuera, y apartandose dejó paso a Paula, quien entró con una sonrisa de oreja a oreja: ella también se alegraba de verla. Cogiendo a la niña por los hombros, se dirigió a Sophie.
     
    -¿Te encuentras bien? Llevas durmiendo varias horas... -la miró, tampoco parecía tener buen aspecto. Había estado inoperativa mucho rato, cuando las criaturas comenzaron su ataque. Al parecer no tenía ningún tipo de desperfecto, lo que la situaba por encima del resto de los androides existentes.
     
    -¿Y tú? ¿Te encuentras bien? -aun así, no pudo evitar preocuparse por ella.
     
    -Sin duda. Tras mi reactivación, me hice un chequeo rápido, y descubrí que no tenía desperfecto alguno. Y ahora, me gustaría presentarte a una personita que es muy importante (o lo era) para mí. Belea, saluda a Sophie.
     
    La niña de rizos negros resultó ser Belea, una versión mejorada de Paula, de apariencia más joven, como de 13 años. Era de una forma un tanto abstracta, su hermana pequeña.
     
    -....- sin embargo, era menos habladora con extraños que su hermana mayor. El joven se acercó, puso su mano en la cabeza de Belea, haciendo sonreir a la niña. Con una media reverencia, se presentó como Machause, el guardián.
     
    -Dejadme explicaros la situación en la que nos encontramos, no tardaré mucho en ello. Las criaturas que hemos eliminado antes, y que ahora lidian una guerra contra la especie humana, vienen de una de las dimensiones paralelas a esta que el Baston Tempus es capaz de abrir.
     
    -¿El Bastón Tempus? -preguntó Troin, intrigado.
     
    -Sí. No tenemos duda alguna: esta situación solo puede haberse dado por culpa del mal uso del Tempus. Ese es el poder de las Logias perdidas. -el nombramiento de las mismas sobresaltó a los tres amigos- ¿Habéis oido hablar de ellas?
     
    Sus miradas se cruzaron. No confiaban del todo en este chico, pero no veían motivo alguno para no contarselo. Le hablaron de los otros grupos, del combate con los Slayers, y de la desaparición de Alsan. Machause estuvo muy atento a ésta parte, tomando nota mentalmente de todo lo que iban diciendo. Cuando le contaron que iban en busca de una de las Logias, éste tuvo que reprimir una carcajada: al final, todos buscaban lo mismo.
     
    -Entonces, permitidnos a Belea y a mi unirnos a vosotros en vuestro viaje. Si buscamos lo mismo, seguro que será mas sencillo si lo hacemos todos juntos que no por separado. Cruzar la brecha hacia el oeste no será algo fácil, pero creo que podremos ayudarnos los unos a los otros.
     
    Volviendo a cruzar sus miradas, un gesto de negación se generó en la cara de Troin. Sin embargo, Paula estaba muy emocionada por llevar a su hermana con ellos, asique el voto de Sophie fue positivo. Decididos, menos Troin todos salieron a hacer los preparativos, dejando a los dos jovenes solos, que se miraron sonrientes, pero al tiempo, preocupados.
     
    -Yo no me fio, pero te ha salvado la vida. Y la chiquilla te ha aplicado primeros auxilios, asique también le daré una oportunidad. Me ha caido bastante bien... Ahora descansa, en un par de horas partiremos hacia Torde, y de ahí, a lo desconocido. Me gustaría llegar en el menor tiempo posible, asique alquilaré un aerodeslizador de los grandes para exprimirlo al máximo.
     
    Dicho esto se levantó y salió de la habitación, no sin arropar a Sophie, pues se había quedado dormida mientras él le hablaba.
     
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    Horas más tarde, llegaron a Torde. La actividad en la ciudad era la misma desde la última vez que habían visitado la ciudad. Las tres chicas estaban emocionadas pero tristes, se habían pasardo el viaje entero esperando llegar, y ahora solo podían disfrutar de la ciudad mirando a través del cristal los escaparates, suspirando. El anhelado borde de la tierra no había cambiado, e hizo aparición pocos minutos más tarde. Brumoso como de costumbre, se les presentaba amenazante. Preparando el aerodeslizador para un viaje largo sin tocar suelo, Troin y Machause se pasaron quince minutos examinando los sistemas de la nave, ambos tenían experiencia en este campo. No había sido del todo inútil el ser reparador de drones, pensó Troin.
     
    Una vez listos, encendieron los motores traseros, luego los inferiores, y por último se propulsaron a toda potencia hacia la marea de niebla gris. Una serie de formas se divisaron entre las nubes, pero nada se acercó a ellos. Con un sonido entrecortado, se adentraron en la niebla.
     
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    Habían pasado dos horas, y en el horizonte era una pared blanca. El escáner térmico no revelaba ninguna criatura, aunque de vez en cuando un pequeño punto rojo aparecía en el radar, tras ellos. Al no poder salir a comprobar qué era, prepararon las torretas traseras, y esperaron. se escuchaban crujidos por todas partes, la densidad de la niebla había aumentado, y la presión estaba pasando factura al vehículo. Sin saber si elevarse o descender, Troin no podía dirigirles hacia zonas de inferior presión, por lo que aceleró a conciencia. Un fuerte golpe sacudió la nave, habían chocado con algo de frente. Con cara de resignación, se acercaron al cristal delantero para ver qué era lo que había colisionado con ellos, y descubrieron un islote de roca flotante que se perdía de vista hacia arriba. Retrocedieron y se elevaron, siguiendo la pared. De pronto, el cielo surgió ante ellos, revelando la superficie de la roca.
     
    Una explanada con árboles se erguía ante ellos, y unos cuantos molinos, receptores de energía eólica, surgían como árboles excesivamente grandes de entre el follaje. Un edificio coronaba la escena, rodeado de una valla con dos torretas a los lados de la única puerta.
    Descendieron a descubrir qué era el lugar.
     
    Bajaron del deslizador en formación de a dos, Troin en cabeza. No se escuchaba ningún sonido animal, sólo el correr del viento entre las hojas de los árboles, los cuales tenían frutos morados colgando de sus ramas. La valla quedaba lejos, a unos 15 minutos a pie, por lo que empezaron a recorrer el camino.
     
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    El moho avanzaba sin piedad por el metal, cubriendo la valla casi en su totalidad. Al empujar la puerta, los goznes chirriaron, del tiempo que llevaba sin usarse esa entrada. Una rápida mirada al interior les descubrió un camino en losado, recubierto por las plantas, pues el paso del tiempo las había hecho cruzarse de un lado a otro. Cortandolas con la espada extensible, Machause tuvo que abrir paso al grupo, poco a poco, a través de la selva de rosas.
     
    -Deberíamos descansar -dijo-. No tenemos ninguna prisa por er lo que nos aguarda en el edificio, y así recuperaríamos fuerzas.
     
    -No. Avancemos ahora que es de día y entremos cuanto antes a este sitio, me pone los pelos de punta y quiero irme lo más pronto posible -respondió Sophie. Todos la miraron extrañados, no era habitual que sentenciara las cosas con tamaña facilidad. Visto que no había demasiado por lo que preocuparse, pues no había rastro de que nadie viviese allí, corrieron hasta el edificio una vez atravesada la marea de
    plantas.
     
    De espaldas contra la puerta, Paula y Belea se acercaron a la cerradura, y tras un breve exámen la abrieron sin demasiada complicación. El interior olía a cerrado, y no había ninguna luz para orientarse, aquello era negro como la boca del lobo. Al encender las linternas, unos cuantos murciélagos se alejaron volando por un pasillo interior. El interior parecía sacado de una película muy antigua: todo estaba decorado según los criterios de varios siglos atrás, los muebles tenían ribetes dorados, había ostentosas alfombras cubriendo el suelo y enormes cuadros decoraban las paredes. Lo único que lo diferenciaba de una vivienda a la antigua era el hecho de que todo, sin excepción, estaba destroazado. Entraron a investigar, cada uno por su cuenta, y ningún rincón de la sala quedó sin haber sido toqueteado. Entraoron a la siguiente habitación, en la que una estatua de un hombre se alzaba en el centro de la sala, sin nada alrededor, todas las paredes limpias.
    La examinaron de arriba a abajo, y tras una oreja encontraron un botón, que al pulsarlo abrió unas escaleras que conducían al subterráneo.
     
    Antes de bajar se separaron para explorar el resto de la casa, con la esperanza de encontrar alguna cosa que les revelara quién había estado viviendo allí. Troin y Machause fueron hacia el ala oeste, Sophie al ala este, y las dos hermanas esperaron pacientemente en la boca de las escaleras.
     
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    En el ala este se hallaba el despacho, una ostentosa habitación con un escritorio de madera en el centro, todo recubierto por el polvo. Sophie se acercó a él, y sopló para remover el polvo sobre unos papeles. Una nube de polvo densa se levantó cuando hizo esto, y se puso a toser. Cuando terminó, cogió el fardo de papeles del escritorio, en los que se leía una frase: Proyecto Geo 44534 - Madre.
     
    Estuvo hojeando un rato los folios, que contenían apuntes sobre un experimento realizado en el lugar, hechos hace mucho tiempo, a unas niñas de 8 años, del que sólo una había sobrevivido. Una foto le reveló lo que temía: aquí era donde habían hecho los experimentos con Paula. De pronto, una gota de algo corrosivo cayó del techo, e instintivamente se lanzó a un lado, rodó y disparó una flecha sobre el lugar donde había estado segundos antes. La criatura emitió un gorjeo al atravesar el proyectil su cabeza, cayendo al suelo interte. Un zumbido proveniente del pasillo la alertó de que debía cargar otra flecha apuntando hacia la puerta, la cual se abrió de un golpe, dejando entrar una marea de arañas del tamaño de un puño por ella. Sophie se colgó el arco, se elevó del suelo de un salto e intentó salir volando por la ventana más cercana, clavandose los cristales al hacerlo. Tras los mismos había unos barrotes contra los que chocó, y no pudo seguir avanzando. La masa de arañas se acercaba a toda velocidad, y ella comenzó a disparar, algo inefectivo, pues flechas normales no conseguirían detener a miles de minúsculas criaturas. Aterrada, se elevó hasta el techo, comprobando que las arañas también eran capaces de trepar, y la seguían pared arriba. Disparó entonces contra la puerta, atravesandola por varios sitios, abriendo agujeros en la madera.
    Cuando hubo hecho diez disparos, se lanzó de cabeza contra la misma, y la atravesó con un grito de dolor. Corrió pasillo abajo en dirección al resto, se había dislocado el hombro, pero había conseguido escapar.
     
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    En el ala oeste aguardaba la biblioteca, una gran habitación en la que el polvo también había hecho estragos. Ningún libro se salvaba de tener un dedo de suciedad encima, y las páginas de los mismos estaban amarillentas. En una de las estanterías sólo había un libro, lo que les llamó la atención. Al acercarse comprobaron como el resto de los mismos estaban tirados en el suelo, delante. La cubierta del libro estaba ennegrecida, y en su interior las páginas también, pero se podían apreciar símbolos arcanos muy, muy antiguos.
     
    -Esos símbolos... si supierais leerlos descubriríais dónde se halla una de las logias perdidas... -elevaron la vista para encontrarse de frente con Natx, quien ya tenía la espada bastarda en las manos, y les miraba subido a una de las estanterías, esperando.
     
    No se hicieron esperar. Troin se lanzó de cabeza contra él, conjurando el poder del agua en sus manos... pero nada sucedió. Perplejo, bajó la guardia al mirar las sus manos, momento que Natx aprovechó para saltar sobre él con la espada alzada. El tajo letal fue detenido por Machause, quien en un alarde de velocidad se interpuso con su espada entre la Troin y la muerte. Natx se alejó para lanzar una salva de rayos de luz, que fueron esquivados usando las estanterías de parapeto. Los libros comenzaron a arder, y un denso humo negro se elevó en la habitación. Concentrandose, Troin lanzó una ráfaga de agua sobre Natx, quien con un gesto desvió usando un escudo de energía. Machause lanzó la hoja de su espada contra el Slayer, que se apartó de un salto dejando que la espada alcanzase la estantería de detrás, cortandola en dos provocando un gran estruendo. De entre el humo surgió Natx, corriendo de cabeza contra ellos. Usando la energía del agua... Troin volvió a fallar.
     
    -¿Qué es ésto? ¿Qué sucede? -dijo desenfundando la porra de energía, bloqueando un tajo vertical de la espada bastarda. Machause lanzó de nuevo la espada, y ambos se tiraron al suelo, para evitar ser despedazados por ella- ¿¿Y tú de que lado estás??
     
    Perdón! ¡Cuando cuente hasta tres, dispara una ráfaga contra él! -gritó, corriendo hacia Natx girando su espada sobre la cabeza. Ésta se separó, y como una serpiente se lanzó sobre su presa.- ¡¡UNO, DOS!!... -Natx saltó y con una explosión de luz, se ocultó tras una estantería.
    Una lluvia luminosa comenzó a caer sobre ellos, que se alejaron el uno del otro, corriendo, para evitar daños masivos. Una mano apareció entre los libros cerca de Troin, y con una descarga le lanzó volando, tumbando una estantería en el proceso. Machause lanzó su espada hacia el lugar que había ocupado momentos antes, provocando un grito de dolor en el agresor. Natx salió de detrás de la estantería, seguido por cinco más.
     
    -¿Qué siginfica esto? -dijo Machause, lanzando de nuevo su espada, atravesando a uno y clavandola contra la pared. El Natx atravesado avanzó sin problema alguno a través de la espada, levantando la espada al unísono con los otros cuatro.
     
    -¡¡Es la refracción de la luz!! ¡No es la primera vez que lo hace! -Troin se concentró de nuevo, lanzando esta vez chorros de ácido en vez de agua. Lo había logrado de nuevo, el cristal respondía a sus sentimientos, y ahora sólo había en el ira, así pues, el agua se había vuelto ácida. Los cinco Natx desaparecieron en el aire, y Machause se agachó para esquivar el tajo transversal de la espada, que apareció cortando la estantería de su lado derecho. Arrancando la espada de la pared, se apartó dos saltos, levantó ambas manos y gritó: ¡¡TRES!!
     
    Una esfera rodeó a Natx, mientras Troin le lanzaba otra descarga ácida, quien intentó levantar el vuelo para esquivarla pero algo se lo impedía. Los chorros de ácido cayeron sobre él, quemándole el rostro, obligandole a soltar la espada y llevarse las manos a la cara. Este fue el momento clave, la espada extensible de Machause cruzó volando la habitación, atravesando el pecho del chico. Con una sacudida, la espada salió por el hombro de Natx, quien cayó al suelo, sin vida.
    Una llama brotó del cuerpo de Natx, y le hizo arder hasta desaparecer por completo.
     
    -Un enemigo menos -dijo Machause, mientras se arreglaba el pelo.
     
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    Cansadas de esperar, Paula y Belea comenzaron el descenso por las escaleras. Todo estaba a oscuras, y no se escuchaba más sonido que el de su respiración. Las escaleras terminaban en una puerta, en la que se podía leer "Proyecto Geo 44534". Forzaron la entrada, y la puerta cedió. Usando su visión nocturna, miraron por toda la sala, descubriendo en el centro algo recubierto por una sábana. Puesto que en la habitación sólo había monitores rotos y cables sueltos, avanzaron rápidamente para destapar la misteriosa figura.
    Lo que descubrieron bajo la sábana las dejó frías a las dos. Una cámara rellena de agua, con una placa de metal debajo, y una figura amoratada inerte, desconectada, dentro de la misma: el cuerpo original de Paula.
    May 12

    Blue Heaven 2 - Endings & Begginings


    Una ola de silencio azotaba el planeta. La gente gritaba en las calles, los deslizadores se estrellaban en el suelo, los cristales se rompían y caían como una densa lluvia mortífera. Sin embargo, todo estaba en silencio. Las voces no se escuchaban, los pensamientos tampoco. El crepitar del fuego no sonaba, y el viento entre las hojas no generaba sonido alguno.

    Pero se podía escuchar un susurro.

    Venido de todas partes y de ninguna al tiempo, un susurro parecido a un zumbido iba llenando las calles en crescendo por el mundo entero. Las miradas de las personas se cruzaban, nadie podía explicar tal fenómeno. El susurro cesó de pronto, sustituido por el sonido de burbujas al explotar. Los ojos de la gente se abrieron de par en par al ver lo qué lo producía.

    -Finales y Comienzos-

    Lingague, 12:00 horas

    Aquí y allá los saqueos se producían. Mirando entristecida los escaparates de los comercios, Sophie corría, arco en mano, disparando a todo aquel que se les acercase con cara de demente. Troin cargaba con Paula, quien colgaba inerte en su espalda, víctima del apagón que todas las máquinas habían sufrido. Las personas resultaban mucho más peligrosas en momentos de crisis, pues al ver a dos chicas y un chico jóvenes, y una de ellas inconsciente, ya habían sufrido varios ataques, intentos de la gente de aprovecharse de su situación.

    -¡Hemos de encontrar un sitio donde escondernos! -las llamas del edificio cercano parecían tragarse el sonido de sus palabras, Troin no respondía a sus gritos- ¿me oyes? ¡¡Eh!! -acercandosele al máximo le volvió a gritar- ¡¡hemos de escondernos en alguna parte hasta que esto termine!!

    De pronto se dieron cuenta. No podían escucharse, lo mismo que había producido la detención de las máquinas estaba negando toda comunicación auditiva. Al menos el molesto susurro de fondo había cesado...

    Un grupo de personas salieron de una bocacalle cercana, corriendo en tropel, con las bocas abiertas y los ojos llororos. Parecía que estuviesen huyendo de algo, pues miraban todo el rato hacia atrás. Uno de ellos tropezó, y fue arrollado por el resto. Pisoteado por docenas de personas, no volvió a levantarse. Cuando toda la gente hubo pasado, Sophie se acercó corriendo al pobre hombre. Tomándole el pulso, comprobó que aún vivía, y sonrió por ello. Recordando que Troin no podía escucharla, cargó con el hombre, pero al ir a levantarse una sombra se cernió sobre ella. Mirando al frente, lo vió por primera vez. Delante de ella, erguido, amenazador. Saltando atrás volando a ras de suelo, esquivó el zarpazo, que el hombre no pudo evitar, ya que había tenido que soltarlo para salvarse ella. Un rastro sangriento cubrió la calle, y un temblor producido por la criatura al moverse sacudió los edificios.

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    Ridel, 6:00 horas

    La mañana se acercaba, cubierta por unos densos nubarrones que presagiaban tormenta. El sol, aunque ya había salido, no mostraba signos de aparecer sobre sus cabezas, y ahora el aerodeslizador no funcionaba. Alejandro le pegó una patada al capó, enfadado. Llevaban recorrido medio pueblo ya, y de pronto se calaba y no quería arrancar. Recordando la escena de la noche anterior, Ely y Selene se habían apostado cada una a un lado del vehículo, arma en mano, preparadas para lo peor. No se escuchaba ningún sonido en las calles, y tampoco se apreciaba movimiento alguno.

    -Alejandro, debemos poner esto en marcha o estaremos en problemas de nuevo -telepáticamente Ely podía comunicarse con sus dos compañeros, visto que verbalmente eran incapaces. Un asentimiento confirmó que lo había recibido. Avanzaron hacia un poste indicador, que contaba con un mapa en su dorso. Iluminandolo con la luz del móvil, encontraron su posición y la del taller más cercano, en el que podrían encontrar algo que les sirviera de recambio para el motor. Corrieron calle abajo, en formación triangular, para evitar tener los flancos desprotegidos. Dos calles más tarde, nadie les había asaltado, ninguna de esas personas dementes de ojos sangrantes les había salido al paso, y el taller estaba ala vuelta de la esquina. Unos extraños rastros sangrantes decoraban las paredes, entrelazados con marcas de lo que parecían ser unas zarpas gigantescas, pero era imposible, en este mundo no existían criaturas de ese tamaño...

    El cartel del taller estaba iluminado, y tres figuras intentaban abrirse paso hacia el interior. Dos figuras contrahechas, personas aullando sangrando por los ojos, se arrastraban lentas hacia las tres primeras, que golpeaban las puertas del taller y de las casas cercanas intentando entrar. Por su manera de vestir se notaba que eran como ellos, viajeros que iban de paso. Selene y Ely se lanzaron hacia las criaturas, destrozando sus cabezas de dos golpes gemelos. Los tres turistas, una pareja y su hija, se dejaron caer al suelo, entre silenciosos sollozos, ya más tranquilos. Alejandro se acercó a ellos, tranquilizador, y apartando a la mujer forzó la puerta del taller. Al ver que no se abría, disparó dos veces contra el pomo y la cerradura, le propinó otra patada y la puerta cedió. Olía a cerrado, pero estaba limpio. Pasaron todos dentro, cerrando tras de sí.

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    ¿¿¿???, hora X

    Las luces de las farolas alumbraban el lugar donde habían caido. La gente caminaba por las calles, continuando sus vidas sin ver extraño la aparición de los cuatro jóvenes, salidos de la nada, que acababan de caer al centro de la plaza. Los edificios les traen recuerdos, ya han estado aquí antes. Una explosión les hace levantar la mirada. Uno de los pisos altos del edificio explota, saliendo los cristales disparados en todas direcciones. La gente desaparece de las calles, comienza a caer una lluvia de cristales mezclada con restos de cortina quemada y madera ennegrecida. Un marco de foto cae, clavandose en el tronco de un árbol. En las manos de Ari, el bastón comienza a latir.

    Unas extrañas criaturas, mitad lagarto, mitad cocodrilo, aparecen desde las sombras, arrastrandose y creciendo. Los latidos del bastón se hacen más constantes, mientras que más y más criaturas siguen apareciendo por todas partes. Altas como árboles, y amenazando con crecer más, se van acercando poco a poco, rodeando a los cuatro chicos, que formando un círculo se preparan para lo peor.

    Alsan se levanta, un brazo le cuelga, lo tiene roto. Sonriendo, apoya su mano sana en el hombro de Willo, y sonrie.

    -Ahora o nunca. -mirando a Preio los tres, bastón, espada y guantes en mano, se dan la vuelta hacia los monstruos, que ya alcanzan tamaños descomunales- ¡¿Aliado, o enemigo, Preio?!

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    Lingague, 12:20 horas

    Gigante. Esa era la palabra para describir al monstruoso ser que Sophie tenía delante. Un lagarto gigante alado lanzaba zarpazos a diestro y siniestro, obligandola a retroceder a toda velocidad. Al mismo tiempo, Troin lanzaba chorros de agua a presión a toda potencia, combatiendo con dos criaturas más, que habían aparecido de repente, tras él. Pequeños cortes aparecían en la piel de los extraños seres, cada vez que Troin concentraba un ataque en un punto. Sin embargo, ni las flechas ni las descargas acuaticas eran suficientemente potentes como para detener el avance de las horribles criaturas.

    Apartandose lo más lejos posible, Troin lanzó un chorro de agua que empapó a la criatura, sin causarle daños, y le lanzó su porra de energía. Esperando electrocutarla, había olvidado que las máquinas habían cesado su funcionamiento hacía no mucho, y lo único que consiguió fue perder la porra, dejandola clavada entre las escamas de la criatura.

    A una señal, ambos corrieron a esconderse, arrastrando a Paula. Metiendose en el portal más cercano, vieron como las criaturas les perseguían. Corrieron escaleras abajo, hacia el garaje, escuchando de fondo el sonido de los zarpazos de los engendros, que atacaban el edificio como si de mantequilla se tratase. Atrapados entre la espada y la pared, incomunicados y sin tecnología disponible, esperaron lo peor.

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    Geocity, 12:30 horas

    004-I correteaba por el lomo de una de las criaturas, divertido. La ciudad estaba incomunicada, pues los aparatos eléctricos habían dejado de funcionar, pero al parecer los cristales no, y él había sometido a una de las criaturas a su voluntad. A lo lejos, abajo, Mita y Natx daban buena cuenta de otras criaturas, casi sin pestañear, destruyendolas a base de cientos y cientos de voltios o quemándoles la retina con luz ultrapotente para despuñes encarar unas con otras. Los Geacorps también se habían movilizado, y estaban atacando con armas de fuego y armas blancas a las criaturas, obteniendo victoria tras victoria sobre ellas, claro está, a costa de muchas vidas. Sin embargo a Mita no le importaba lo más mínimo, su única necesidad era encontrar un vehículo lo suficientemente rápido como para llegar a Lingague, pues allí es donde el rastreador les había dicho que estaban Troin y el resto, y al parecer -miró al cielo donde 004-I volaba- ya lo había encontrado.

    Sonriendo para sus adentros, esperó a que el niño bajara a recogerles, planeando su próximo movimiento.

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    Torde, 12:45 horas

    Apartando los restos de una de las criaturas, Ligeia suspiró.

    -Deberíamos ir preparando las cosas para cuando las máquinas funcionen de nuevo. ¿Cúanto tiempo tardará en suceder eso, Ligeia? -Angelus hablaba con total naturalidad, ignorando el silencio en masa generado por la Logia. Una esfera de cristal colgaba de su cuello, irradiando luz. Puso su mano sobre ella, y volvió a hablar- Realmente parece útil éste cristal del sonido, sí. La próxima vez quiero otro... uno con más usos.
    -Deberías estar contento porque te haya dado uno, y no quejarte porque no sea el que más te guste. El bloqueo de las máquinas terminará en más o menos quince minutos, una hora después del comienzo. -Ligeia apartó la mano de su cristal, y giró la cabeza para mirar a Kahoru, que esperaba sentado, fumando. Soltando el humo por la nariz, y haciendo un gesto con la mano, formó unas palabras en el aire, sosteniendolas con el brillo verde de su cristal artificial del aire:

    "Niño, no te quejes"

    Angelus puso cara de asco. ¿Por qué su hermano mayor tenía que venir con ellos en esta misión? Ligeia pagaría por esto. Apoyó de nuevo la mano en su cristal.
    -Por cierto, ya que tanto miedo tienes de esa tal Ari Terduki, dime, ¿por qué es tan famosa?
    -¿Tú vives apartado del mundo o qué? Es la descendiente de Riot Terduki, la primera persona en el mundo nacida con un cristal en sus manos. De ahí en adelante, todos los primogénitos de su familia han nacido con un cristal puro en ellos. Por eso la chica es tan famosa, ¡es poder en estado puro!

    Angelus se quedó mirando a Ligeia, desiteresado, como siempre. Había dejado de prestar atención a las dos palabras, y ahora hacía gestos con la mano pidiendo un cigarro. Ligeia le quitó el mechero, y lo reventó contra el suelo. De dos zancadas se plantó en lo alto del curpo de la criatura, y mirando la posición del sol, asintió con la cabeza. Debían ser casi las 13:00, y los suyos, la organización, debía estar a punto de ponerse en marcha.

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    Geocity, 12:50 horas

    Algunas máquinas daban ya señales de vida, funcionando de nuevo, apagandose al momento, pero dejando ver que en breve las cosas se restablecerían. Selm y Bert miraban ansiosos la pantalla del televisor, esperando ver alguna noticia completa, ya que la imagen iba y venía todo el rato, a consecuencia de los cambios energéticos de la televisión. Fran esperaba también, asomado al balcón, mirando como en el piso de abajo las cosas no marchaban bien, pues una criatura, de tamaño humanoide, estaba atacando esa planta. Impotente porque no había manera de bajar si no era saltando, y la altura era de un piso, tenía que soportar la imagen de sus compañeros pidiendo ayuda y cayendo uno a uno contra el indeseable ser.

    ...caminando hacia él por la espalda, sin producir sonidos por el bloqueo, se le acercaba...

    -¡Maldita sea! -golpeó con los puños la barandilla. El sonido metálico de la baranda al sacudirse sonó en toda la planta. Con los ojos bien abiertos, Selm y Bert se giraron hacia él, pues el sonido había vuelto.

    ...sorprendido como todos los demás, titubeó durante un momento, a luz verde se encendió y atacó, ya convencido...

    -¡¡CUIDADO!! -Selm gritó, y eso fue lo que salvó la vida de Fran en ese momento. Al girarse, esquivó el golpe que le hubiera atravesado el abdomen de lado a lado, y al ir a sacar la espada sierra del cinto, descubrió que no la tenía. Un puñetazo que le resultó frío como el metal lo lanzó por los aires, haciendole caer al piso de abajo, y quedar inconsciente en él.

    ...ahora a por los otros dos...

    Los gemelos desenfundaron sus espadas sierra, y probándolas, las pusieron en marcha. De pronto la televisión se encendió, y del susto, giraron la cabeza a mirar la pantalla. Ese segundo de distracción fue lo único que necesitó el agresor, y de un movimiento sobrehumano y dos tajos, abrió el pecho de los gemelos, acabando con sus vidas, y dejando la espada sierra que acababa de robar llena de sangre.

    El más joven de los Terduki sonrió, mientras lágrimas le caían por las mejillas. La organización había comenzado a moverse.

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    Lingague, 13:00 horas

    El edificio donde se escondían fue arrancado por las tres criaturas al unísono, dejando el garaje al descubierto, y con él a Troin, Sophie y Paula, que se escondían en él.

    Cruzaron miradas en un último gesto de comprensión, y se lanzaron al combate, una última vez. Las flechas de Sophie volaban raudas, pero se quedaban clavadas en la dura cubierta de escamas de las criaturas. Esquivando los zarpazos de las criaturas no se percató de que una de las colas iba a toda velocidad en su dirección, y como si de un látigo se tratase, la golpeó y la hizo atravesar una pared del edificio contiguo. Troin montó en cólera por el suceso, y el cristal azul del agua comenzó a cambiar de color, de azul transparente a azul verdoso. Con una mirada de odio puro a la criatura que había atacado a Sophie cerró el puño y lanzó una descarga de agua, que esta vez era amarillenta, en vez de transparente. Cuando tocó las escamas del monstruo, un humo tóxico empezó a salir de las mismas, se derretía. Todo lo que el agua amarilla salpicaba, comenzaba a humear, y la criatura comenzó a sangrar por los agujeros que le iban apareciendo. Rugiendo de dolor, se desplomó en el suelo, Troin seguía lanzando chorros y más chorros de agua amarilla contra ella, hasta que quedó reducida a una masa sangrante. Disfrutando del éxito, se giró para encararse a las otras criaturas, que mientras él se deleitaba con la primera, se habían acercado demasiado como para poder atacar sin recibir parte del impacto del agua en sí mismo. Rodó a un lado, esquivando el primer zarpazo, pero no pudo esquivar el segundo, que le pilló a contrapié mientras se levantaba.

    El golpe nunca llegó. La mano de la criatura cayó a suelo, a su lado, tan grande como un camión, arrancada del brazo con un corte limpio. Girandose, le vió. Un chico rubio, trajeado, con una espada en la mano y gafas de sol en la otra, esperaba al otro lado de la calle, mirando al suelo. La criatura descargó la otra zarpa y la cola sobre él, que las esquivó de un salto y lanzando la hoja de la espada, que al parecer era extensible, las cercenó de un tajo ambas. Soprendido por la cantidad de poder, Troin fue a agradecerselo, pero cayó al suelo víctima de una explosión en el edificio donde Sophie estaba atrapada. Mirando hacia arriba, vio a una niña, con el pelo rizado negro, trajeada también, que acababa de hacer retroceder a la otra criatura. El monstruo se giró, rugiendo, y la niña repitió el gesto: lanzó una pequeña esfera a la boca del animal, y cerrando la mano la hizo explotar. La cabeza del engendro estalló en mil pedazos, salpicando a la niña, que se relamió con gusto.

    ¿De dónde salía esta gente?

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    ¿¿¿???, hora X

    Cuatro fuerzas distintas, una oleada de poder multiplicada por cuatro devastando la zona. Ari y Willo por un lado, Alsan y Preio por el otro barrían a las criaturas a diestro y siniestro, destrozando la ciudad en el proceso. Un terremoto seguido de una explosión de luz, una ola negra arrastrando parte de un edificio, una gran zarpa gris atravesando el pecho de una criatura... el baile de destrucción continuaba, y la afluencia de las criaturas se elevaba exponencialmente al número de muertas.

    -¡No paran de aparecer! -gritó Ari, agitando el bastón desgarrando el torso de un engendro- ¡¡haced algo!! -Preio avanzó unos pasos, lanzó otra ráfaga oscura a una criatura, y saltó entre los 3 amigos.
    -Estaba reservando ésto para acabar con vosotros, pero visto lo visto... -levantó ambos brazos, y el viento comenzó a arremolinarse entre ellos. Alsan agarró a sus dos compañeros, y situandolos tras él, levantó una barrera gris, envolviendolos con las zarpas- ¡¡Nova de viento!! -el suelo se hundió, los cristales de las ventanas se hicieron añicos, y la piel y los músculos de las criaturas se desgarraron cuando el viento pasó a través de ellos como cuchillas, cortándolos comosi fuesen mantequilla. Cuando la polvareda se disipó, las zarpas grises estaban llenas de tajos, reflejados en los brazos de Alsan, donde la ropa estaba hecha jirones, bajo la cual las heridas se cerraban a toda velocidad, dejando una mancha de sangre en los retazos de tela. Preio cayó de rodillas al suelo, extenuado.

    -¡¡Has estado a punto de matarnos!! -de un bofetón, Ari le cruzó la cara al chico- ¡¡¿ahora NO estabamos peleando, recuerdas?!! -quien sonriente, respondió:
    -Seguimos siendo enemigos. -la verdad la golpeó como un puño: Preio era el mal en estado puro. Barriendo la zona con la mirada, pudo ver como había ciertos lugares con mayor cantidad de cadáveres, y que algo empujaba desde detrás, intentando pasar. Probablemente más criaturas se aproximaban.

    -Deberías usar la Logia de nuevo y sacarnos de aquí, sea donde sea -dijo Willo.
    -No sé como hacerlo. No ha sido idea mía venir a este lugar.
    -Pero te corresponde a ti sacarnos de este sitio, mujer -Preio continuaba cortante, sin percatarse que en su estado no duraría mucho si se enfrentaba con los tres al unísono.
    -Pues si se te ocurre algo, dilo.

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    Ridel, 7:00 horas

    El taller olía a cerrado. La luz había vuelto, y los motores de los vehículos daban respuesta positiva al intentar encenderlos. Recogieron los útiles necesarios para reparar su vehículo, un par de herramientas de sobra y rellenaron una botella de agua en el grifo, comprobando si era potable a base de probar. El padre de la familia se presentó como Richard, la mujer Andy, y la hija, no dijo nada. Parecía ser muy tímida
    Selene se asomó por la puerta, comprobando si algúna de las personas aullantes esperaba fuera. Al rato volvió, e hizo gestos afirmativos con la cabeza, señalando que la zona era segura.

    -¿Queréis que os acompañemos a alguna parte? -les dijo Alejandro a los viajeros. Richard se levantó, y de cerca Alejandro pudo darse cuenta que no parecía ser tan mayor.
    -No os preocupeis. Nuestro aerodeslizador está aquí cerca, esperaremos a que se haga de día del todo e iremos en una carrera.
    -¿Estáis seguros? No nos cuesta nada dar un rodeo y acompañaros... -Selene apoyó la mano en el hombre de Ely, acallandola.
    -Déjalo estar. Si él dice que puede, puede. Nosotros tenemos una misión que cumplir.

    Salieron del lugar dejando a la infeliz familia a solas, a su suerte. Un rato después, llegaron a su deslizador. Estaba como lo habían dejado, excepto porque ahora tenía una ligera capa de escarcha. El frío se empezaba a hacer notar, pronto llegarían a las montañas y con ello a la nieve. Sentandose, arrancaron el vehículo y salieron de ese espantoso pueblucho.

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    Carretera entre Ridel y Tucker, 8:25 horas

    Una hora después, la carretera se encontraba cubierta de nieve. Tan pronto como empezó a clarear, un fuerte viento había arrastrado otras nubes, y la nieve comenzó a caer. Lo único que rompía el silencio era el motor de energía del aerodeslizador, por lo que cuando un ronroneo en crescendo sonó a lo lejos, los tres se alertaron. Luces largas aparecieron de frente, en un intento de cegar al conductor. Esquivando las dos motos gravitatorias, Alejandro aceleró.

    -¿Otra vez? ¿Es que estos chicos no se cansan? -Selene y Ely se agarraron a los asientos: ellas combatían cuerpo a cuerpo, en este estado estaban en desventaja. Aparcando en la falda de una colina, los tres bajaron del coche, esperando a los dos motoristas. Tomaron posiciones ocultos tras los postes de electricidad, que continuaban en fila hasta quién sabe donde. Una bola de fuego apareció en la lejanía, creciendo al acercarse. Enterrando las manos en la nieve, Selene lanzó una ráfaga que produjo una avalancha en los árboles, con la que la esfera ardiente se estrelló, produciendo nubes de vapor. Calhiel apareció entre ellas, cargando un bazooka en su hombro izquierdo.

    -¿Ha pasado mucho tiempo o me lo parece a mí? -una segunda figura, con casco puesto, se materializó a su vera. Sin dejar tiempo a reaccionar, Ely y Selene cargaron ambas contra la pareja, a lo que el desconocido respondió sacando una katana de madera, deteniendo la vara de Ely y bloqueando por la empuñadura la katana de Selene. Sorprendidas, las muchachas saltaron a los lados, y cargaron de nuevo. Una explosión azotó el suelo bajo sus pies, fallando por pocos metros. Los reflejos felinos de las jovenes las habían librado de la muerte, mientras el bazooka esperaba a ser cargado de nuevo. Alejandro disparó desde lejos contra la chica, y de nuevo el desconocido se interpuso, bloqueando con un gesto a velocidad sobrehumana las balas. Frunciendo el ceño, Alejandro disparó de nuevo, acertando en la pierna y derribando al espadachín. Poco duró la alegría del trio, pues al momento la bala salió del cuerpo, y la herida se cerró tras de sí. Levantandose, se quitó el casco.

    -¿Me habíais echado de menos? -su risa frenética se escuchó a mucha distancia. Con la misma apariencia que Alsan, pero con ojos ámbar, el joven reía sin cesar. Ely miró desde lejos, sorprendido, como el parecido era increible. Hasta tenía las mismas marcas de Xseed. Tenía que ser él.
    -¿Alsan? ¿Qué haces tú aquí combatiendo CONTRA nosotros?
    -Ése es una burda copia. ¡¡Yo soy el original!! -gritó cargando contra la chica. Calhiel miró desde lejos, con el bazooka cargado. Apuntando a la espalda de Selene, apretó el gatillo. Una sombra apareció en la trayectoria del misil, y que explotó a mitad camino. Todos se detuvieron, intrigados por saber qué había sido eso. Un cuerpo humano quemado apareció de pie entre las llamas, se giró hacia Selene, y comenzó a quitarse la nieve de la ropa.

    -Es un buen momento para devolveros el favor, ¿no? -poco a poco el rostro fue volviendo a la normalidad, regenerandose la piel. Ridhard, el padre de la família que habían salvado en Ridel sonreía, sacando unos nudillos de hierro del bolsillo de su traje, que ahora era de chaqueta, poniendoselos en la mano. Todos miraban sorprendidos, hasta que se lanzó contra Calhiel, y la derribó de un puñetazo. La chica rodó por el suelo, hacia atrás, y levantandose gritando soltó una llamarada. Mientras, Ely, Selene y Alejandro, sin salir de su asombro, aprovecharon para cargar contra Alsan.

    Sus miradas se cruzaron. Frío y calor, agua y fuego. Con un rápido movimiento, las armas de madera chocaron. Los ojos cerca, los cuerpos pegados. La rabia que tenía dentro surgió en tromba: la madera crujió, y ambas se partieron. Ambos saltaron hacia atrás, y Alastor rió freneticamente. Se lo estaba pasando muy bien, y el escenario era perfecto. La nieve ralentizaba los movimientos de la chica, que desarmada no era un peligro potencial para él. Poniendose a cuatro patas, comenzó su transformación. Una ráfaga de disparos le obligó a rodar colina abajo, el maldito humano le estaba molestando desde hacía rato, y no se veía a su compañera por ninguna parte. Sin mirar, detuvo con los restos de su espada el tajo que iba dirigido a su espalda, sonriendo. Uno contra tres, las cosas empezaban a equilibrarse.

    Al tiempo, Richard emergía de un torrente de llamas, con la mirada fija, enfadado. Se le había quemado su corbata favorita, y eso le iba a costar caro a la mujer. Ajustando sus nudillos de hierro, avanzó a paso rápido contra ella, que le miraba sorprendida, no esperaba que su ataque fuera del todo eficaz, pero tampoco esperaba no causar daños. Corriendo, se batió en retirada, buscando el lugar donde defenderse de ese monstruo con corbata. Al llegar a lo alto de la colina, una escena asombrosa la detuvo: una mujer sola y desarmada, rodeada de cientos de cuerpos destrozados, miraba hacia ella sobre sus gafas de sol. Atrapada entre la espada y la pared, gritó.

    Andy, la mujer, había acabado con todas las Paulas restantes. Sus refuerzos nunca llegarían, pues no quedaban más clones, esos eran los últimos. Andy, mientras, fluctuó: su imagen pasaba de la madre a la hija, de la hija a la madre, y a veces aparecían las dos. Con Andy a un lado, y Richard al otro, Calhiel gritó pidiendo ayuda. Alastor escuchó el grito, lanzó los restos de la katana al suelo, y corrió en dirección a su compañera. Usando los poderes de Xseed, se transformó en un lobo negro, con un seis tatuado en números romanos sobre el ojo izquierdo, en amarillo. Corrió atravesando la nieve como una centella, y de un salto, agarró con sus fauces el brazo de Richard, rompiéndolo y dislocando el hombro. Después, de otro mordisco lanzó a Calhiel al suelo, esquivando un tajo al cuello de Selene. Con una mirada de odio, y en proporcion tres a uno, ambos desaparecieron entre volutas de humo negro, dejando como rastro de su batalla nieve negra.

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    Carretera en algún lugar, 14:40 horas

    Ligeia miraba el reloj, sentada en el asiento trasero del aerodeslizador. Estaba satisfecha. En tan sólo una hora los miembros de sus equipos habían tomado contacto con sus antiguos compañeros, se habían ganado su confianza y les habían salvado la vida. Todo iba según lo planeado. Ahora, sólo faltaba calcular el punto en el que el Bastón Tempus devolvería a la señorita Terduki a la realidad, e ir a recogerla. Bueno, a ella no; al bastón. Angelus y Kahoru estaban discutiendo, para variar, asi que mirando a su nuevo compañero de grupo, al último miembro que necesitaban, sonrió.

    -¿Quieres otra galleta, Dain? -el joven Terduki alisaba los pliegues de su nuevo traje de chaqueta mientras acababa de masticar la anterior.
    May 03

    Blue Heaven 2 - Distortion Waves

    -Ondas de distorsión-
    Nadie guardaba las puertas del edificio. Solitario en el centro del islote, aguardaba, desafiando al cielo y a sus rayos en armonía con el paisaje. Construida en su totalidad de piedra, algunas secciones de la pared mostraban signos de desgaste por el viento y el salitre del mar. Bajando de la balsa, dos figuras caminaban hacia el portón, únicamente cubiertas por una capa, siendo azotadas por el viento al caminar. Iban separadas, pero a la misma altura. Conforme llegaron a la puerta, una se adelantó, y estirando con una sola mano de las aldabas, llamó tres veces. Minutos después, todo seguía igual, salvo que la lluvia había aumentado su flujo. Tirando de nuevo, hizo hincapié en la llamada. Sin obtener resultado alguno volvió a coger el aldabón, pero la otra figura avanzó, le retiró la mano con delicadeza y de un puñetazo arrancó la puerta de los goznes, lanzandola dentro causando un gran estruendo.
    La otra entró corriendo, se quitó la capa, pues estaba empapada, y mirando con sus verdes ojos al otro, gritó, irritada:
    -¡¡MUY LISTO!! ¡¡Ahora SEGURO que saben que estamos aquí!! -Ari tenía razón, se escuchaban múltiples pasos de personas corriendo, y gritos que cada vez se acercaban más. Su acompañante sonrió desde debajo de la tela, se puso unos guantes que llevaba colgando del cinto, e hizo gestos despectivos con la mano.
    -No es para tanto, mujer. Si son muchos, que vengan. Por mí, cuantos más, mejor. Viajar contigo es peor que enfrentarse a un ejército entero... -Willo y Ari se llevaban bien, porque el roce hace el cariño, y ambos tenían un objetivo común: encontrar a Alsan. Si no, probablemente se hubiesen matado ya hacía tiempo. Sin embargo, tras el encuentro que tuvieron en Torde, ambos se habían concienciado que los aliados son escasos en épocas de guerra.
    Un grupo reducido de Paulas apareció bajando las escaleras. Si aún quedaba alguna duda de que éste era el sitio que habían estado buscando, ahora se había disipado. Ari se apartó, dejando paso a Willo, que sonriente, se encaminó hacia las escaleras. El suelo comenzó a temblar bajo sus pies, quebrándose, mientras las Paulas continuaban acercándose desenvainando sus armas. A una señal, los fragmentos de suelo salieron volando despedidos hacia los clones, destrozando sus cuerpos con los impactos. Con otro gesto, el suelo se abrió bajo los restos, y cuando todas hubieron caido al foso, volvió a cerrarse. Willo dejó caer la capucha mojada sobre sus hombros, ésto sólo había sido la calma antes de la tormenta. Si algo le había pasado a Alsan, se lo iba a hacer pagar a los responsables. Ambos corrieron escaleras arriba, hacia el primer piso.
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    Las escaleras que parecían desembocar en el primer piso habían resultado ser una trampa elaborada. Las paredes se contraían hasta cerrarse en un estrecho pasadizo que no dejaba paso a hombre alguno, bloqueando el camino. Sin embargo, unas marcas en la pared delataban que había una puerta secreta o un mecanismo que permitía el paso en algún lugar. Ni corto ni perezoso, Willo examinó la pared, y tras un delicado estudio de la misma alzó los brazos y todo comenzó a temblar.
    -Si las escaleras no nos llevan al final de esta torre... -dijo, mientras todo se desencajaba del sitio y salía disparado hacia arriba- ...llevaremos las escaleras a donde queremos que estén. -Ari se agarró a un saliente. Llevaban mucho tiempo viajando, y la impaciencia de Willo por encontrar a Alsan se había hecho notar. Tras mucho hablar había descubierto que era casi como su familia, uno de esos vínculos que se atan de por vida y que por nada ha de ser separado. Las escaleras continuaban su ascenso vertical hacia la azotea, sin descanso. Antes formando un caracol perfecto, ahora eran un cohete que atravesaba el techo de forma vertiginosa. Un golpe seco detuvo el ascenso: una placa de metal grueso había parado a la piedra. La sala en la que se encontraban tenía forma circular, como el resto, y estaba adornada pesimamente. Un par de telas curbían a modo de cortina la ventana, obstruyendo la entrada de la luz que ya de por si era escasa. Una cama sucia, sin sábanas, junto a una mesa completaban el resto del mobiliario del lugar.
    -Parece que aquí haya estado viviendo alguien... -una gruesa capa de polvo cubría gran parte de la mesa. El resto, zonas a las que parecía haberseles dado algún uso reciente, aparecían limpias.
    -Debe ser aquí donde han tenido retenido a Alsan.. lo que no alcanzo a comprender es porqué no se ha fugado a la mínima oportunidad.
    Unos golpes en el piso de arriba les advirtieron que no estaban solos. El techo se desplomó, y una Paula con cuerpo arácnido cayó entre los escombros. Lanzando un líquido viscoso de entre sus dientes, obligó a Ari a rodar esquivando el ataque, derritiendo el lugar donde se había encontrado la chica segundos antes.
    -Cada vez los hacen más peligrosos... -descolgando un bastón de su espalda, lo hizo girar dos veces por encima de su cabeza y un mecanismo parecido al de un reloj se activó en el extremo del mismo. La Paula arácnida saltó hacia ella, y conforme se acercaba, se fue desvaneciendo en el aire. Restos de ella cayeron al suelo, produciendo un sonido metálico. Situandose ambos sobre los escombros del techo, giró de nuevo el bastón y los restos volvieron a su sitio original, llevandoles al piso superior sin esfuerzo. En él, una cápsula abierta de tamaño humano les esperaba, sin guardias, ni vigilancia.
    -Este sitio más que un faro parece un laboratorio de experimentos... -dijo Willo buscando con la mirada el acceso al nivel superior. Un ascensor oculto en el fondo de la sala les reveló el camino. Llamaron al mismo, y se situaron a ambos lados de la puerta. Un potente chorro de ácido salió del interior conforme la puerta se abría. Suspirando, entraron en tromba a la máquina destruyendo de un golpe conjunto en la cabeza al clon arácnido. De una patada lo lanzaron fuera, y presionaron el botón del piso más alto.
    El ascensor resultó tener tracción inferior, era más un elevador que otra cosa. Mirando hacia arriba descubrieron que no tenía techo, y desde arriba empezó a caer una lluvia ácida producida por más clones. Rápidamente, trozos lisos de roca salieron disparados de la pared a su encuentro, envolviendo al ácido y cerrandose alrededor. Sin ambargo, casi fue peor el remedio que la enfermedad, pues las esferas caían impulsadas por el peso y la inercia y tuvieron que esquivarlas para no morir apedreados. Una mirada de odio fue de Ari a Willo.
    -Con tener UN enemigo es suficiente, ¿no te parece? -las puertas de los pisos superiores iban siendo sobrepasadas por el elevador, sin detenerse en ninguna. Casi al tiempo, ambos golpearon la pared con todas sus fuerzas y saltaron del aparato, para ver como terminaba su ascenso y aplastaba a los clones arácnidos del techo. Una trampa más, pensaron.
    -La cumbre no puede estar lejos -asomandose a la ventana vio las nubes bajo la torre. El sol iluminaba la parte superior, al contrario que visto desde abajo, ahora parecía ser la zona más iluminada del planeta. Una mirada hacia arriba determinó el número de pisos a superar antes de concluir el ascenso: sólo restaban tres.
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    Las escaleras ascendían sin pasar por los dos pisos que separaban el elevador de la azotea. Era algo raro, realmente, pues parecía haber habitaciones en los otros dos. Una puerta cerrada daba acceso a la última planta, que fue derribada con facilidad por un golpe seco de Willo. La estancia olía a cerrado, y sólo una luz alumbraba el sitio. Un contenedor de cristal relleno de un líquido verde llegaba del suelo al techo, con una obertura en la parte superior por la que se podía ver el cielo diurno. Una solitaria figura miraba el líquido con interés. La sangre hirvió en las venas de ambos compañeros: Preio se encontraba allí, ante sus ojos, ignorandoles completamente.
    -¡¡Tú!! -Arí puso el grito en el cielo, pero supo controlarse y no salió disparada hacia su enemigo principal. Con descaro, Preio giró la cabeza y le guiñó un ojo, señalando hacia arriba con la mano. Convertido en humo negro, atravesó el techo en dirección a la azotea. Tiempo le faltó a Willo para saltar y hacer un agujero en el techo con su puño. Ambos se situaron a los lados del mismo en el último piso de la torre, donde Preio se encontraba, de pie, con su escopeta colgada a la espalda, acompañado de una persona. Los ojos en blanco del nuevo invitado dejaban ver que no se encontraba en sus cabales, y cuando a un gesto de Preio una sombra gris les atacó desde sus brazos, se dieron cuenta que algo extraño pasaba. Alsan les estaba atacando con saña, y Preio reía a su lado.
    -¿¿Qué le has hecho?? -las miradas de Willo y Preio se encontraron durante un instante.
    -¿Yo? Nada que no quisiera hacer él mismo. -Ari esquivó otro de los golpes del lobo gris, y bastón en mano se dirigió a Preio decidida a matarle. Éste saltó por el borde de la torre, pretendiendo escapar, pero Ari le siguió, haciendo ambos una caída en picado hacia las nubes de tormenta. El combate en la azotea se volvía peligroso por momentos: si Alsan desataba el poder de Xseed, Willo tendía que darlo todo para vencerle, y se arriesgaba a la muerte de uno de los dos. Si por el contrario no lo hacía, probablemente no ganara el combate. Pasara lo que pasara, iba a tener que ponerse serio y poner en práctica todo lo nuevo que había aprendido de un tiempo a esta parte.
    Un zarpazo le devolvió a la realidad: el combate a distancia había terminado, ahora imperaba el cuerpo a cuerpo. Puesto que en velocidad no podía superar a Alsan, recurrió a su primera técnica nueva: manteniendose firme, puso todos sus músculos en tensión y los endureció como las rocas. El siguiente zarpazo rebotó contra su hombro como si de una pelota se tratara. La expresión de Alsan cambió, y una lluvia de golpes cayó sobre Willo instantes después. Todos y cada uno de ellos rebotaron, aunque de los impactos había retrocedido unos cuantos metros.
    -Así no llego a ninguna parte... no recibo daños, pero no puedo atacar. -encajó dos golpes más, y bajando el puño izquierdo, soltó un gancho que hizo salir volando a su amigo- pasaremos al plan B -dió un salto, y juntando el polvo del aire, creó una plataforma sobre la que apoyarse, y saltó de nuevo. Usando ésto, continuó la ristra de golpes propinados contra Alsan, que se retorcía del dolor, pero no tenía heridas ni manifestaba cansancio alguno. Aquello parecía funcionar mejor, pero si daba tiempo al contraataque se vería en desventaja, él no podía volar. Así pues pasó a la tercera parte de su ataque, en la que agarrando a Alsan de los tobillos lo lanzó hacia la torre a toda velocidad. Éste se giró en el aire, y cargando energía con la boca, se dispuso a disparar. Instantes después una torre de piedra le dejaba sin respiración, elevando las rocas Willo había golpeado por debajo y atrás. Ahora, dejandose caer girando sobre sí mismo, hundió el cuerpo de su amigo de un puñetazo en la columna, bajando ambos rompiendola por el centro. El golpe era de lo más contundente que tenía, y para cualquier persona era letal en el acto.
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    Rayos de luz blancos y negros surcaban los cielos ocupando el aire entre Ari y Preio. El chico parecía divertido con la situación, hasta que Ari sacó el bastón. Haciendolo girar en sentido contrario a las agujas del reloj y apuntando a Preio, Ari se acercó cada vez más a su objetivo. Extrañado por el cambio de velocidad, Preio se desvaneció en humo, y al reaparecer, seguía en el mismo sitio. Con los ojos como platos miró el bastón interesado, seguro que si se lo proponía conseguiría quitarselo. Apuntando con su escopeta sin dejar de lanzar rayos, disparó dos veces contra la punta del bastón. La primera falló, y acertó en el hombro de Ari, quien sin inmutarse, llevó su mano al sitio y cerró la herida, expulsando la bala sin dolor aparente. El segundo hizo impacto en la punta del bastón, generando una onda de flujo alrededor del mismo, atrayendo todo lo cercano.
    -!!Pero qué demonios...!! -la onda lanzó disipó momentáneamente las nubes, y el suelo del faro del fin del mundo recibió luz solar unos instantes, tras los cuales el propio faro y los 4 combatientes desaparecieron en un doblez de la realidad.
    El bastón continuó su caída hasta el suelo, donde se clavó fuertemente. Poco a poco, las nubes se fueron cerrando, dejando que el último rayo de luz iluminara el bastón unos segundos más que al resto de suelo. Tal era el poder de las Logias perdidas.
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    Una vibración en el aire y todos los vasos del estante cayeron al suelo. Dain se asustó, y se hizo un corte en el dedo con la cuchilla. Su mirada se cruzó con la de Fran: algo le había pasado a Ari, en algún lugar, a esa misma hora. Preocupados, marcaron el teléfono. Pero éste no sonó, las comunicaciones estaban cortadas, y hasta la televisión había dejado de funcionar. En las calles se escuchaban gritos de la gente, que asustada, bajaba de sus aerodeslizadores a toda prisa, pues también habían dejado de moverse. ¿Qué estaba ocurriendo?
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    Ligeia también sintió el cambio. Asomada al balcón, contempló como cientos de aerodeslizadores caían en picado con los correspondientes gritos de sus pasajeros. Sonriendo, frunció el ceño. Una logia había sido activada, era un buen motivo para moverse ella misma. De un grito, despertó a Angelus de su sueño. Adormilado, éste la siguió a la calle.
    -¡¿A dónde vamos?! -preguntó mirando su reloj, que se había detenido. Intentó hacerlo funcionar a golpes, pero fracasó en su empeño. De una mirada se quedó boquiabierto: parecía que un tornado hubiese pasado por la ciudad, Torde estaba en llamas. Mirando a la sonriente Ligeia, comprendió la situación. Arreglandose la camisa, dijo:
    -Es la hora de ponernos en marcha, ¿verdad? Pasemos a por mi hermano, y cumplamos cuanto antes esta misión que tengo ganas de acción. Esto ha sido aburrido... hasta ahora.
    Salieron corriendo bajo la luz de los edificios en llamas.
    April 16

    Blue Heaven 2 - Anxious Heart

    -Corazón ansiado-
     
    Los copos de nieve comenzaban a caer sobre el cristal delantero. El paisaje se empezaba a tornar blanco, conforme su distancia con el norte se reducía. Unas cuantas horas más y habrían llegado a Ridel, su primera parada en el camino hacia Tucker. El desierto había quedado atrás, y colinas y montañas decoraban el paisaje. Construcciones metálicas de gran envergadura aparecían aquí y allá, salpicando el paisaje con tonos azulados y marrones, simulando ser árboles en un terreno devastado.
    El silencio reinaba en el interior del vehículo. La nostalgia se había apoderado de ellos, tras largas horas de conversación, recordando viejos tiempos y contando las nuevas del último año. Ahora cada uno miraba en una dirección, contemplando la lenta caida de la nieve.
    Más adelante se veía humo, saliendo de entre unos pilares de hierro, y gente corriendo por encima de la carretera. Alejandro deceleró, y ambas mujeres dirigieron su atención al camino, percatandose de la situación. Un hombre levantó la cabeza, se cruzó en la carretera y empezó a gesticular con los brazos. A poca distancia, Alejandro detuvo el aerodeslizador, y los tres bajaron del vehículo.
     
    -¿Qúe sucede? -la primera en bajar había sido Selene, quien tras ponerse la capucha para resguardarse del frio, se acercó al hombre rápidamente.
    -Estábamos explorando el complejo industrial, cuando una avalancha se nos ha venido encima y ha sepultado a la mitad de mi equipo junto con la entrada del lugar, y aunque estamos trabajando sin descanso, no logramos avanzar a velocidad suficiente. ¿Nos echaríais una mano? -la cara del hombre era un poema. Con la nariz roja, lágrimas en los ojos y los guantes rotos de tanto cavar con las manos, dejaba ver claramente que esto era más importante que rescatar a su equipo de exploración.
    -¿Qué hay tan importante para usted ahi dentro que quiere sacarlo con tanta ansia? -Ely no esperó respuesta. Telepáticamente descubrió lo que quería saber, y a zancadas se dirigió hacia donde había caído la nieve- Si su hijo muere por su culpa, jamás se lo perdonará, ¿verdad? -el hombre rompió a llorar, desconsolado- ¡Vamos! No tenemos tiempo que perder.
     
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    -Buen trabajo, Samiel. Sin duda, esto cambia mucho las cosas. -a 004-I no le hacía gracia que le llamara Samile, pero, con voz cansada, Mita sonreia al fin. Hacía un año que estaban siendo acosados por esa pesada mujer, que aparecía siempre en el peor momento con su vestido verde y les desbarataba los planes. Por suerte, y gracias a la astucia de Preio, se habían deshecho de Alsan, no sabían hasta cuando, pero al menos de momento éste no sería una molestia. Sin embargo, la jugada les había salido cara. Del vasto ejército de clones de Paula, tan sólo quedaba un batallón de cien, y los programa de clonación estaban fallando, creando engendros monstruosos sin cerebro que les atacaban en lugar de obedecerles. Tras haber perdido durante tanto tiempo, ésta era una noticia buena, alentadora. Ahora, tendrían que aprovecharla- Formaremos dos grupos, y les perseguiremos. Vosotros dos -dijo señalando al fondo de la habitación- seguid a éstos tres al norte -lanzó unas fotos que agarraron al vuelo- con los 100 clones, mientras nosotros tres seguiremos al resto en cuanto descubramos a dónde han ido.
    Adelantandose desde el fondo de la habitación, con las fotos en la mano, Calhiel preguntó- ¿Y cómo descubriréis a dónde han ido? -su sonrisa era amplia, una de las fotos le era bien conocida, aunque él no se alegraría de verla. Sin embargo, las otras dos fotos... no entendía porqué Mita no quería ir trás éste grupo, no tenía lógica.

    -Es bien simple. Tenemos todos sus datos en nuestra base de datos. En cuanto se identifiquen para pagar cualquier cosa, les encontraremos.
    -¿Realmente crees que va a ser tan sencillo? -Calhiel seguía preguntándose por qué Mita no iba a ir con ellos. No le veía sentido- Y por cierto, ¿porqué vas tras el otro grupo y no tras este?
    -Hay una traidora entre los otros, y si la capturo podremos investigar a fondo su inteligencia artificial en busca del detalle que la ha hecho pensar tanto por si misma. Y en cuanto a la sencillez... algo me dice que va a ser muy, muy simple encontrarlos.
     
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    ...IDENTIFICACIÓN, POR FAVOR...
     
    La máquina esperaba, y la cola se hacía más grande por momentos. Introduciendo su tarjeta ID, esperó.
     
    ...IDENTIFICACIÓN DE VOZ, POR FAVOR...
     
    Las miradas de los de detrás eran agobiantes, y ésto rayaba lo absurdo, pero no tenía más remedio que contestar, si quería que saliera la tarjeta. Suspirando, dijo:

    -Vilar, Troin. ¿Porqué todas las máquinas son taaan pesadas? ¿Has de identificarte tres veces mínimo en cada sitio o qué? -Sophie miraba desde el aerodeslizador, esperando, ansiosa, a que Troin trajera la comida. Cargando las dos bolsas, se alejó rápido del autoservicio y entró al vehículo.
    -Te ha costado, ¿eh? -dijo Sophie, sacando una hamburguesa de la bolsa- Ten, Paula, come algo -Paula miraba desde el asiento trasero, indiferente, pues su cuerpo no necesitaba alimento, pero sonriendo cogió la comida, no le iba a hacer ascos a una buena hamburguesa- que seguro faltan muchas horas hasta llegar a Lingague, y no creo que antes podamos comer otra vez.
     
    El cielo despejaba, había llovido hacía muy poco. Los campos colindantes de Lingague mostraban señales de cultivo, algo que alegraba la vista, la zonas verdes cada vez se comían más terreno. Desde la aparición de la primera de las grandes bestias, la gente había comenzado a replantearse sus vidas, y apostar por el planeta era la decisión que habían tomado. Visto desde los ojos de Paula, no tenía demasiada importancia, pero desde el punto de vista de cualquiera de sus compañeros, era algo grato de ver.
     
    -Cómo ha cambiado todo de un tiempo a esta parte, ¿verdad? Quién diría que hace un año comenzó todo esto... -los tres sonrieron al unísono. Llevaban mucho tiempo entrenando sus habilidades, practicando, esperando el día en que Elena les llamase y pudieran terminar con lo empezado, y no ser un lastre en el combate, como la última vez. Ahora, tras largas horas de combate con múltiples criaturas, se encontraban en disposición de cumplir su misión. Ahora, cruzar la brecha era el primer paso a dar para ser de utilidad al grupo. Era algo pretencioso, pero en teoría con el zeddrix lo habían hecho ya, y no era nada descabellado pensar que podrían con sus propios medios. Tendrían que esperar un rato más antes de descubrirlo. Que Troin se encargara de conducir, mientras, ellas dormirían...
     
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    La persiana se levantó dejando entrar la luz del sol a raudales. Mirando hacia la cama, se sorprendió de verla blanca, sin manchas de ningún tipo. ¿Yo he dormido ahí?, pensó. Durante unos segundos se quedó mirando la habitación, bien decorada, pero extrañamente blanca. Una de las puertas daba a un cuarto de baño, impoluto. Realmente parecía que nadie hubiese entrado allí en años. Dos golpes sonaron en la puerta que daba al pasillo. Esconida tras la puerta del baño, esperó. Unos pasos se escucharon en la habiación, un cajón abrirse, ropa revuelta, un quejido y un portazo. Fuese quien fuese, se había marchado. Suspiró aliviada, estaba cansada de que la persiguieran, y esto no hacía mas que demostrarle que sabían en todo momento como encontrarla. Se dejó caer al suelo, resbalando por la pared, y se quedó dormida.
    Alguien la zarandeaba cuando despertó. Sus manos se dirigieron al bolsillo, sacando de él una esfera metálica del tamaño de una canica, que estampó en la cara de su agresor, sin mirarla, y concentrando su mente en la esferita, dijo en voz baja:
     
    -Muere.
     
    Sin embargo, nada sucedió. Abriendo los ojos, un rostro aplastado por un lado por su mano, la obserbava, desde el fondo de unos ojos marrones, con cara de pasividad absoluta. Recogiendo sus gafas de sol del suelo, se las puso sobre el pelo, y apartó con delicadeza su mano. Mientras se incorporaba, se alisó la camisa, que misteriosamente también era blanca, la levantantó en brazos y la sacó de la habitación. Llorando, ella se dejó llevar, pues era la única persona con quien sus poderes no reaccionaban. La sacó al pasillo, donde dos hombres yacían en el suelo, partidos por la mitad, y marcas profundas en las paredes mostraban que había sido de dos cortes limpios.
     
    -¿A dónde me llevas esta vez? -inquisitiva, preguntó.
    -Ellos están a punto de llegar, y por si no lo recuerdas, tenemos que unirnos a ellos en su viaje. Las órdenes son órdenes, y ya hemos llegado muy lejos sin que casi nadie se percate de que estamos aquí. Esos viejos no nos detendrán nunca.
    -Entonces perfecto. Mientras sigas controlandome, sólo me levantaré un tanto desorientada, pero todo seguiré en orden. Llévame hasta ellos, Machause.

    -Hecho, preciosa. -bajando las escaleras con la chica en brazos, Machause salío a las calles de Lingague.
     
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    La nieve caía más densa a cada momento que pasaba, y no avanzaban demasiado en la excavación. Cuanta más nieve quitaban, más nieve parecía haber, ilógicamente. Los trabajadores clavaban las palas con todas sus fuerzas, pero era casi como si retrocedieran en lugar de avanzar. Una escalofrió recorrió la espalda de Selene, lo que la hizo dejar de quitar nieve al instante. Mirando hacia arriba, el sol la cegó durante unos instantes, abriendose paso entre las nubes. Tapando la luz con su brazo, distinguió una figura subida en las vigas metálicas. El misterioso ser se escondió, pero ella ya le había visto. Corriendo hacia la columna de metal más cercana, inició su ascenso hacia la criatura, dejando a todos los trabajadores boquiabiertos, pues corría en vertical por la columna, sin sujetarse en ninguna parte. De un salto se situó frente al monstruo, y con un sólo sablazo lo partió por la mitad. Dejandose caer lentamente, bajó los 15 metros que la separaban del suelo, y dando una patada en el sitio dónde se suponía estaba la puerta atrapada bajo la nieve, la abrió. Los trabajadores entraron en tropel al sitio, rodeandola.
     
    -Un Equinox de las nieves. -dijo- Se ocultan en las zonas altas y generan ilusiones. Puesto que sólo se les ve con luz solar directa, y está nevando de verdad, las nubes ocultaban su presencia -el ceño de Ely se funció, no comprendía cómo no lo había localizado. Algo fallaba en todo esto. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando el jefe de la exploración surgió de entre la gente con un joven en brazos, y llorando de alegría les dió las gracias por todo.
     
    Desenfundando la pistola láser Alejandro le disparó en la frente. Segundos más tarde el joven despertó y de un bocado arrancó la garganta de su ya difunto padre. Con otro disparo, la vida del joven se apagó también. Escuchando los pensamientos de Alejandro, Ely levantó una cúpula energética alrededor suyo, segundos antes de que un grupo de trabajadores saliera del recinto cerrado con los ojos en blanco, echando espuma por la boca y con el pecho manchado de sangre, probablemente no propia. Una ola de viento repentina los derribó al suelo, Caminando rápidamente hacia el aerodeslizador, dejaron a aquellos pobres desgraciados a su suerte, poco podían hacer si no era acabar con ellos. Una vez en el vehículo, una última mirada les descubrió que ninguno de los restantes trabajadores había sobrevivido, y con el pesar en sus hombros, partieron hacia el norte, dejando la macabra escena a sus espaldas.
    El complejo industrial seguía la carretera hacia el norte, oscureciendo el camino con su sombra. Ninguno había pronunciado palabra desde que salieran del lugar, hasta que vieron un cartel que anunciaba que entraban en Ridel.
     
    -¿Creeis que en la ciudad habrá sucedido lo mismo? Quiero decir, que si creeis que la gente también se volverá loca y rabiosa y se estarán matando los unos a los otros -a Ely no le había gustado nada la escena, le producía arcadas recordarlo, pero la imagen del joven degollando a su padre no se le iba de la cabeza.
    -Espero realmente que no -respondió Alejandro-, pues de lo contrario no podremos pasar mucho tiempo en este sitio, y queria comprar provisiones y rellenar el depósito antes de seguir adelante, y eso tardará al menos seis horas.
    -Quizás deberíamos esperar a que se hiciese de día, pues quedan menos de dos horas para que el sol se ponga y no parece muy recomendable entrar de noche en la ciudad, y menos sin saber lo que nos podemos encontrar, ¿no os parece? -Selene hablaba con calma, pero en el fondo estaba preocupada.
     
    Decidieron que lo más sensato era esperar en las afueras de la ciudad a que se hiciese de día, y luego entrar con la luz del sol de su lado a comprobar el estado. Continuaron adelante hasta ver Ridel aparecer a lo lejos, y como ya era de noche, aparcaron en la cuneta, apagaron todas las luces, cerraron las ventanas e intentaron conciliar el sueño. Ely se ofreciño a mantenerse despierta la primera, para no quedarse del todo desprotegidos.

    El tiempo pasaba despacio, y la mente de la chica era un caos. ¿Qué había impedido que descubriera al Equinox? ¿Tanto entrenamiento no le había servido de nada? Centrada en sus pensamientos, y con la nieve cayendo, no se percató de las figuras acercándose por detrás de vehículo hasta que éstas saltaron sobre el mismo. Una docena de ojos la miraron desde el otro lado de los cristales, hambrientos, locos, espumajeando por la boca. Yo sóla puedo con ellos, se dijo. Abriendo el techo, saltó fuera del aerodeslizador, y con la vara de bo en mano, les hizo gestos para que se acercaran. Un barrido horizontal derribó a tres, tiñendo de rojo la vara. Las criaturas eran rápidas y silenciosas, y aun así Ely las veía venir facilmente. Girando sobre sí misma la vara, abrió la cabeza del cuarto, y de una estocada la quinta criatura decoró el suelo con sus sesos. Aliviada de haber acabado con todas, suspiró: debía haber sido un mal día para ella. Fue entonces cuando en un abrazo de oso el sexto y último asaltante la agarró por la espalda, inmovilizandola, y lanzó un mordisco a su cuello. Una katana se interpuso entre las fauces abiertas y el cuello de Ely, y con un giro partió la mandíbula del hombre. Un segundo tajo arrancó la cabeza de los hombros, y con la mano libre sujetó a Ely, que con el peso del cuerpo se desplomaba hacia atrás. Selene la miraba fijamente, enfadada porque hubiera peleado sóla, arriesgando su vida en el proceso.
     
    -Vuelve adentro, es mi turno de guardia -le dijo. Asustada, Ely no articuló palabra alguna, y metiendose en el aerodeslizador, se arropó con una manta, y al rato, cayó dormida.
     
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    Las capas con capucha les protegían del viento y el agua. Su balsa era rústica pero resistente, y les permitiría llegar a la isla de enfrente sin demasiados contratiempos. Impulsados por un pequeño motor acoplado a la parte de detrás, se movían lentos pero seguros. Aun sin nubes en el cielo, todo estaba oscurecido: en esa zona de Aredain reinaba la noche. En las horas de sol se podía ver levemente, un efecto climático muy potente desviava la luz y lo dejaba todo en penumbra. Sin embargo, ellos habían viajado hasta esa región recóndita esperando encontrarle, porque tras recorrerse el mundo entero en cuatro meses, todo apuntaba a que estaba allí, esperando.
     
    En el faro del fin del mundo.