September 15
Nihilit - Comienzos
Ahora que hay un bonito parón en Bh porque no tengo la cabeza como para escribir eso, comienzo una nueva historia... quién sabe con qué final.
La llegada
Llovía. Mucho antes de retirase su capucha y el agua le diera en la cara, quitandole el sudor de la frente, y le obligara a seguir corriendo hasta encontrar refugio en aquella apartada esquina de la calle 33, ya sabía lo que iba a pasar. Sonriendo, esperó unos instantes, conteniendo la respiración nervioso, mirando la calzada.
Los cristales del comercio de enfrente estallaron hacia dentro cuando el coche alunizó contra él.
Todo sucedió muy deprisa: el capó se dobló sobre sí mismo, el copiloto salió despedido hacia arriba, el cartel se descolgó sobre el coche, la alarma saltó. De entre el humo y los restos carbonizados del motor, salió ella. Sangraba profusamente por una ceja, y cojeaba de la pierna derecha, con el pantalon rasgado a tres alturas diferentes, pero se reía a carcajada limpia. La morena de metro sesenta se dejó caer al suelo, soltó varios improperios hacia el cuerpo caido en la vitrina y se alejó arrastrandose del coche unos metros antes de desmayarse.
Corriendo antes de que llegase la policía, fue a rescatar a la chica. Esto es una locura, se dijo, pero no la puedo dejar aquí. Mirando de reojo que no viniera nadie, cargó con ella a hombros y se alejó callejeando hacia dentro de la ciudad, por una zona que nunca había visitado. El sudor, la lluvia y la sangre de la chica mezclados goteando sobre su cabeza le nublaban la visión, pero una luz a lo lejos le llamó la atencion. Era verde y un extremo brillaba a intervalos, como si de un neón estropeado se tratase. Dirigiendose hacia allí, empujó la puerta con fuerza y entró. Era una pequeña tienda, en la que no parecía haber nadie excepto el dependiente, un joven negro de pelo corto y rostro inexpresivo con la mirada fija en su ordenador.
-¡Ayúdame! -sin mostrar excitación o nerviosismo alguno, él le indicó con la cabeza una puerta al final del local, tras una vitrina. Tirando un par de cajas por el camino, llevó a la chica a la habitación, que resultó ser un cuarto de baño utilizado a modo de trastero. Apartando a una cucaracha de una patada, la dejó caer en el retrete, abrió el botiquin que colgaba de la pared a modo de armario, sacó alcohol y gasas y le limpió la fea herida de la ceja. Dejandola sentada descansando, salió a ver dónde se habían metido.
El local era más bien extraño. Parecía una tienda de juegos de rol y azar pero era más bien un pequeño bazar, pues en algunos estantes habían artículos raros, como catalejos y silbatos, que parecían desentonar totalmente con el resto de material en venta. Una esfera brillaba sobre el mostrador, y se acercó poniendo sus manos encima. Del centro, surgieron pequeños rayos de electricidad estática que se lanzaron contra sus manos, divirtiendole durante un momento.
-Si te gusta, está de oferta. -mirando intrigado al dependiente, apartó los dedos del orbe.
-¿No te extraña lo que acaba de pasar?
-¿Debería? Tanto tu como yo sabíamos que esto iba a volver a pasar.
-¿A ti también te pasa? ¿Desde cuando?
-Desde hace bastante tiempo, pero he aprendido a convivir con ello.
-Pues para mi es una jodienda increible.
-Pues haz eso, jodete.
Se miraron divertidos, como dos amigos que se conocen de toda la vida. Extendiendo sus manos, se presentaron:
-Mis amigos me llaman Black.
-A mi, mi gente me llama Alsan. Bienvenido a Nihilit, hermano.